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Acquittal for lack of criminality in money laundering due to non-serious prior offenseAbsolución por atipicidad en legitimación de capitales por delito precedente no grave

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OutcomeResultado

DeniedSin lugar

Most of the cassation grounds are denied and the defendant's acquittal is upheld due to lack of objective criminality of the money laundering offense.Se declara sin lugar la mayoría de los motivos de casación y se confirma la absolutoria del imputado por falta de tipicidad objetiva del delito de legitimación de capitales.

SummaryResumen

The Third Chamber of the Supreme Court of Justice analyzed the cassation appeal filed by the Public Prosecutor's Office against the acquittal of Carlos Gerardo Howden Pascall for the crime of money laundering. The Chamber determined that the acts attributed do not constitute the imputed crime, since the predicate offense committed in the United States—customs tax fraud—did not meet the classification of 'serious crime' under Costa Rican law in force at the time of the events. For money laundering to be constituted, Law 8204 required that the funds come from a 'serious crime', defined as one punishable by at least four years of imprisonment. Given that the predicate conduct only provided for a penalty of one to three years of imprisonment, this objective element of the criminal type was not met, and therefore the acquittal was upheld.La Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia analizó el recurso de casación interpuesto por el Ministerio Público contra la sentencia absolutoria dictada a favor de Carlos Gerardo Howden Pascall por el delito de legitimación de capitales. La Sala determinó que los hechos atribuidos no constituyen el delito imputado, pues el delito precedente cometido en Estados Unidos —defraudación fiscal aduanera— no alcanzaba la calificación de 'delito grave' según la legislación costarricense vigente al momento de los hechos. Para que se configure la legitimación de capitales, la Ley 8204 requería que los fondos provinieran de un 'delito grave', definido como aquel sancionado con al menos cuatro años de prisión. Dado que la conducta precedente solo tenía prevista una pena de uno a tres años de prisión, no se cumplía este elemento objetivo del tipo penal, por lo que se confirmó la absolutoria.

Key excerptExtracto clave

From all that has been said so far, it is concluded that the predicate offense in this case corresponds to the crime of customs tax fraud, in its simple form, and more precisely, it is the criminal type contained in article 215 subsection a) (in relation to numeral 214) of the General Customs Law, in its wording according to Law 7557 of October 20, 1995. (...) It follows that, even though as of January 27, 2003 (still within the temporal range of the predicate offense), any offense punishable with prison—whether at its minimum or maximum extreme—is considered a serious crime, this condition is not met in the instant case, because the maximum penalty established for the predicate offense at the time of the events is three years of imprisonment. Having determined the lack of objective criminality of the acts, there is no interest in ruling on the seventh claim of cassation.De todo lo dicho hasta ahora se obtiene, que el hecho precedente en esta causa, corresponde al delito de defraudación fiscal aduanera, en su modalidad simple, y para mayor precisión, se trata del tipo penal recogido en el artículo 215 inciso a) (en relación con el numeral 214) de la Ley General de Aduanas, en su redacción conforme a la Ley 7557 de 20 de octubre de 1995. (...) De lo que se sigue que, aún y cuando a partir del 27 de enero de 2003 (aún dentro del rango temporal del hecho precedente), se considera como delito grave, cualquiera que se sancione con pena de prisión – en su extremo mínimo o máximo – dicha condición no se cumple en el caso de marras, pues la sanción máxima establecida para el delito precedente en la época de los hechos corresponde a tres años de prisión. Al determinarse la falta de tipicidad objetiva de los hechos, carece de interés pronunciarse sobre el séptimo reclamo de casación.

Pull quotesCitas destacadas

  • "De todo lo dicho hasta ahora se obtiene, que el hecho precedente en esta causa, corresponde al delito de defraudación fiscal aduanera, en su modalidad simple, y para mayor precisión, se trata del tipo penal recogido en el artículo 215 inciso a) (en relación con el numeral 214) de la Ley General de Aduanas, en su redacción conforme a la Ley 7557 de 20 de octubre de 1995."

    "From all that has been said so far, it is concluded that the predicate offense in this case corresponds to the crime of customs tax fraud, in its simple form, and more precisely, it is the criminal type contained in article 215 subsection a) (in relation to numeral 214) of the General Customs Law, in its wording according to Law 7557 of October 20, 1995."

    Considerando III

  • "De todo lo dicho hasta ahora se obtiene, que el hecho precedente en esta causa, corresponde al delito de defraudación fiscal aduanera, en su modalidad simple, y para mayor precisión, se trata del tipo penal recogido en el artículo 215 inciso a) (en relación con el numeral 214) de la Ley General de Aduanas, en su redacción conforme a la Ley 7557 de 20 de octubre de 1995."

    Considerando III

  • "De lo que se sigue que, aún y cuando a partir del 27 de enero de 2003 (aún dentro del rango temporal del hecho precedente), se considera como delito grave, cualquiera que se sancione con pena de prisión – en su extremo mínimo o máximo – dicha condición no se cumple en el caso de marras, pues la sanción máxima establecida para el delito precedente en la época de los hechos corresponde a tres años de prisión."

    "It follows that, even though as of January 27, 2003 (still within the temporal range of the predicate offense), any offense punishable with prison—whether at its minimum or maximum extreme—is considered a serious crime, this condition is not met in the instant case, because the maximum penalty established for the predicate offense at the time of the events is three years of imprisonment."

    Considerando III

  • "De lo que se sigue que, aún y cuando a partir del 27 de enero de 2003 (aún dentro del rango temporal del hecho precedente), se considera como delito grave, cualquiera que se sancione con pena de prisión – en su extremo mínimo o máximo – dicha condición no se cumple en el caso de marras, pues la sanción máxima establecida para el delito precedente en la época de los hechos corresponde a tres años de prisión."

    Considerando III

  • "Al no existir fallo condenatorio por dicho delito, no es posible el dictado del comiso."

    "Since there is no conviction for said crime, the issuance of a forfeiture order is not possible."

    Considerando VII

  • "Al no existir fallo condenatorio por dicho delito, no es posible el dictado del comiso."

    Considerando VII

  • "Para la calificación de “grave” debe estarse a la normativa nacional, siendo un exceso que el delito resulte grave tanto bajo los parámetros del ordenamiento jurídico costarricense, como en la legislación extranjera, pues con ello se obliga a estandarizar dos sistemas de medición de las penas que pueden no tener puntos de coincidencia."

    "For the classification of “serious”, national law must be followed, and it is excessive that the crime be serious both under the parameters of the Costa Rican legal system and under foreign legislation, since this would force the standardization of two penalty measurement systems that may have no points of coincidence."

    Considerando III

  • "Para la calificación de “grave” debe estarse a la normativa nacional, siendo un exceso que el delito resulte grave tanto bajo los parámetros del ordenamiento jurídico costarricense, como en la legislación extranjera, pues con ello se obliga a estandarizar dos sistemas de medición de las penas que pueden no tener puntos de coincidencia."

    Considerando III

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Sections

Procedural marks

Review of the Document Res: 2015-01595 THIRD CHAMBER OF THE SUPREME COURT OF JUSTICE. San José, at nine hours and twenty minutes on the eighteenth of December, two thousand fifteen.

Cassation Appeal, filed in the present case against Carlos Gerardo Howden Pascall, of legal age, married, Costa Rican, bearer of identity card number 01-0514-0168, born in San José on July 30, 1959, son of Huey Howden Davis and Mirna Pascall Pascall; for the crime of Laundering of Proceeds from Drug Trafficking (Legitimación de Capitales Provenientes del Narcotráfico), committed to the detriment of The Administration of Justice (La Administración de Justicia). Participating in the decision on the appeal are the magistrates Carlos Chinchilla Sandí, Jesús Ramírez Quirós, José Manuel Arroyo Gutiérrez, Doris Arias Madrigal, and Rosibel López Madrigal, the latter serving as a substitute magistrate. Also participating in this instance are attorney Carlos Luis Ibarra García, acting as private defense counsel, and attorney Natalia Sarkis Fernández, as representative of the Public Prosecutor's Office (Ministerio Público).

Whereas:

  1. 1By judgment No. 0337-2013, handed down at fifteen hours and twenty-five minutes on the nineteenth of February, two thousand thirteen, the Sentence Appeals Court (Tribunal de Apelación de Sentencia Penal) of the Second Judicial Circuit of San José, resolved: "THEREFORE (POR TANTO): The appeal filed by the defendant personally and with the legal sponsorship of attorney Juan José Picado Herrera is granted, and the appeal filed by his private defense counsel Carlos Luis Ibarra García is partially granted. The prosecution's appeal is denied. Consequently, the conviction decreed in the proceedings is overturned, as well as the decision ordering the confiscation (comiso) of assets, and, in its place, CARLOS GERARDO HOWDEN PASCALL is ACQUITTED of all punishment and liability for the crime of MONEY LAUNDERING (LEGITIMACIÓN DE CAPITALES) that had been attributed to him, ordering the full restitution of the seized (decomisados), sequestered (secuestrados), or annotated assets, the confiscation of which is rejected; his immediate release and the cessation of any precautionary measure issued against him, unless another case prevents it.The matter is resolved without a special award for costs. In all other respects, that is, regarding the judgment's rejection of additional confiscations, its ordering the lifting of precautionary measures, and the return of other assets and files, the decision stands unchanged. NOTIFY. Rosaura Chinchilla Calderón Lilliana García Vargas Edwin Salinas Durán Judges" (sic).
  2. 2Against the preceding pronouncement, Natalia Sarkis Fernández, representative of the Public Prosecutor's Office, filed a cassation appeal.
  3. 3After the respective deliberation was conducted, the Chamber considered the questions raised in the appeal.
  4. 4The pertinent legal requirements have been observed in the proceedings.

Magistrate Chinchilla Sandí provides the report; and,

Considering:

I.The representative of the Public Prosecutor's Office, attorney Natalia Sarkis Fernández, files a cassation appeal against judgment number 337-2013, handed down by the Sentence Appeals Court of the Second Judicial Circuit of San José, at 15:28 hours, on February 20, 2013. Through this judgment, the appeals filed by attorney Juan José Picado Herrera, the defendant's private defense counsel, and by the defendant personally were granted, and the challenge filed by co-defense counsel, attorney Carlos Luis Ibarra García, was partially granted. In this matter, the *ad quem* court overturned the conviction handed down by the Trial Court (Tribunal de Juicio) of the First Judicial Circuit of San José against Carlos Gerardo Howden Pascall for the crime of money laundering, and in its place, acquitted him of all guilt and liability, on the grounds that in this matter:

  • 1)the principle of dual criminality (doble incriminación) is not satisfied;
  • 2)the sentence to be imposed on Morrison in the United States is unknown, and therefore whether it fits the definition of a "serious crime";
  • 3)the amount of the tax quota (cuota tributaria) left unpaid for each year was not individualized, which is required by the criminal definition;
  • 4)the defendant did not know that the money came from a serious crime, because "...the originating activity of the funds was legal (tobacco sales), even if the payment of taxes was not..." (f. 1210 vto.); and
  • 5)it was not the purpose of the defendant to conceal the activity from which the money came (cf. f. 1210 fte. and vto.). By resolution of this Chamber, number 1029 of 11:08 hours, on August 9, 2013, the cassation appeal filed by attorney Sarkis Fernández was admitted for a decision on its merits. The case was suspended between October 2013 and August 2015, due to an action of unconstitutionality filed against the first paragraph of Article 92 of the Tax Code of Norms and Procedures (Código de Normas y Procedimientos Tributarios) (processed in case file number 12-006522-0007-CO). The representative of the Prosecutor's Office requested that the hearing be waived, through a brief filed in this Chamber on November 11, 2013 (f. 1413).

II.First ground of the cassation appeal filed by the Prosecutor's Office: Non-observance and erroneous application of substantive legal precepts: Based on subsection b) of numeral 468 of the Criminal Procedural Code (Código Procesal Penal), the representative of the Prosecutor's Office alleges non-application of Article 69 of Law 8204 of December 26, 2001 (Law on Narcotics, Psychotropic Substances, Drugs of Unauthorized Use, Related Activities, Money Laundering, and Financing of Terrorism) and numeral 92 of Law 4755 of May 3, 1971 (Tax Code of Norms and Procedures). Likewise, she alleges erroneous application of Articles 214, 215, 216, and 220 bis of the General Customs Law (Ley General de Aduanas) (number 7557 of October 20, 1995). She points out that the acquittal decreed by the Sentence Appeals Court stems from the mistaken conception that, in this matter, for reasons of specialty, the predicate offense required by the regulations to configure money laundering corresponds to the General Customs Law (Ley General de Aduanas), and not to the Tax Code of Norms and Procedures (Código de Normas y Procedimientos Tributarios), number 4755, of May 3, 1971.

To reach this conclusion, the *ad quem* court assessed that the acts attributed to Rodney Morrison in the United States constituted, at most, the customs offense of smuggling, "...and immediately equated – it is worth noting, without legal basis – those taxes evaded by Morrison to the national taxes that the appellate court generically referred to as 'import or customs taxes'..." (f. 1268). The preceding criminal acts consisted of the indiscriminate sale of tax-exempt cigarettes, which could only be sold to indigenous persons within the Unkechaug reservation in New York. As reasons to support that we are not dealing with an offense contemplated in our General Customs Law, but rather a tax offense, the appellant lists the following elements:

  • 1)Neither in the accusation nor in the proven facts is it indicated that the United States Customs Service intervened in the activities for which Morrison is accused, or that any control activity corresponding to the customs office of entry occurred.
  • 2)No mention was made of concepts typical of Customs Law, such as waybills, "bills of lading," or airway bills. Neither do the physical or legal persons of the contract for transporting imported merchandise intervene, nor is there any mention of false value declarations.
  • 3)A partial reading was made of the normative elements of the criminal definition provided in numeral 92 of the Tax Code of Norms and Procedures, as it only analyzes the amount the defrauded tax quota (cuota tributaria) had to reach, but does not explore the modality consisting of the fraudulent use of an exemption, to the detriment of the Public Treasury. She indicates that, for purposes of the exemption, determining the tax quota left unpaid per fiscal period is not required, because "...as it involves the fraudulent use of an exemption, according to which it was not even possible for tax obligations to arise, much less for it to be accountable in 'annual quotas'..." (f. 1271). Attorney Sarkis Fernández continues reasoning that it was proven as a predicate fact that Rodney Morrison, the brother of Howden Pascall, was found guilty in the United States of making improper use of an exemption granted by the United States government to the inhabitants of the Poospatuck indigenous reservation, to acquire and sell tobacco cigarettes free from tax payments, as it was determined that Morrison – taking advantage of his wife's "indigenous" status – sold cigarettes in large quantities to people who neither lived in nor belonged to said reservation. It was also proven that, as a result of said illegal business, Morrison obtained profits reaching several million dollars. Of interest is proven fact number eight of the judgment, according to which Morrison sent large sums of money, the product of his illegal activities, to Howden Pascall, determining that between the years 2002 and 2004, the latter received more than sixteen million dollars from the former. The foregoing, in the appellant's judgment, "...dispels any doubt about the amount of harm to the (U.S.) Treasury, which far exceeds the threshold of punishability of two hundred base salaries (salarios base), which at that time was defined in Article 92 of the CNPT and which today stands at five hundred base salaries (salarios base)..." (fs. 1273-1274). Based on the foregoing, the challenger requests that, within the dual criminality analysis, the acts prior to the money laundering offense be reclassified as a serious crime, as they fit what is established in numeral 92 of the Tax Code of Norms and Procedures. Fifth ground of the challenge filed by the Prosecutor's Office: Erroneous application of substantive law, in particular, Article 69 of Law 7786 of April 30, 1998, and Article 92 of the Tax Code of Norms and Procedures: Elaborating on the reasons indicated in the first ground of cassation, attorney Sarkis Fernández alleges that the Sentence Appeals Court erroneously considered that "...in order to consider that the predicate offense was serious, it was necessary to establish the amount of the tax quota (cuota tributaria) left unpaid each year in The United States of America..." (f. 1312). She makes this assertion by arguing that, even if it were admitted that the predicate offense fits within numeral 92 of the Tax Code of Norms and Procedures, in this specific case, no evidence was provided to clarify how much the tax evasion amounted to for each fiscal year. This is because one of the objective elements of the offense provided for in the aforementioned Article 92 is that the quota left unpaid in each fiscal period exceeds two hundred base salaries. For the Public Prosecutor's Office, such a requirement responds to an incorrect interpretation of the principle of dual criminality, as what numeral 69 of Law 7786 and its subsequent amendments require, for money laundering to be configured, is that the core aspects of the accusation are the same in both legislations. She adds that: "...It should be considered that, at the time the money was transferred to Costa Rica by Morrison, the New York Prosecutor's Office was not charging Morrison only with pure and simple tax evasion, but was accusing him of having committed contract murder, assault, kidnapping, theft, robbery, extortion, and tax evasion precisely to monopolize and increase the profits from the illegal sale of cigarettes through Peace Pipe Smoke Shop. This bundle of crimes all constitute serious crimes in both the United States and Costa Rica (assault, homicide, and the illegitimate use of tax exemptions alone carry penalties exceeding five years in our country), and at the time the act of concealment occurred they were still under investigation, which means that the dual criminality requirement is perfectly satisfied..." (f. 1315). The appellant also argues that all of the profits generated by "Peace Pipe Smoke Shop" have an illicit origin, as this was considered a RICO enterprise (acronym in English for Racketeer Influenced and Corrupt Organizations Act). Therefore, it is unnecessary to differentiate which profits obtained by said company are "legitimate" and which are "illicit," since by its origin, according to U.S. law, all the income it generated is illicit, and therefore all the money sent to Howden Pascall by his brother from the United States also possesses this character.

III.For the reasons that will be stated, the first and fifth grounds of the cassation appeal filed are dismissed: Due to the close relationship of the debated aspects, the first and fifth grounds of the appeal are addressed jointly. The facts of interest in this case, attributed to Howden Pascall, occurred between the years 2000 and 2007. The preceding unlawful conduct corresponds to a criminal conviction handed down by United States courts against the brother of the accused here. These latter base or "preceding" facts would have occurred between 1999 and 2004, in accordance with the ruling of the Court of Appeals for the Second Circuit of the United States. As the Sentencing Appeals Court correctly reasons, an essential circumstance to take into consideration is that before January 10, 2002, in our country, only those who laundered (legitimara) capital derived from drug trafficking activity were criminally sanctioned, so any action aimed at concealing the origin, transferring, or converting assets derived from crimes of any other nature was atypical.

In this regard, Law number 7786 of April 30, 1998, named "Ley sobre estupefacientes, sustancias psicotrópicas, drogas de uso no autorizado y actividades conexas," regulated in Article 72: "…Shall be sanctioned with a prison sentence of eight to twenty years whoever: a) Converts, transfers, or transports assets of economic interest that proceed, directly or indirectly, from the illicit trafficking of narcotics, psychotropic substances, or related crimes, for the purpose of concealing or covering up their illicit origin, or of helping, through such conversion, transportation, or transfer, any person who has participated in the commission of one of those crimes to evade the legal consequences of their acts. b) Conceals or covers up the nature, origin, location, destination, movement, or true ownership of resources, assets, or rights related thereto, with knowledge that they proceed directly or indirectly from the illicit trafficking of narcotics, psychotropic substances, or related crimes.

The sentence shall be ten to twenty years when the previous acts are committed by employees, officials, directors, owners, or other authorized representatives of financial institutions…" (underlining supplied). It is from the comprehensive reform to the Psychotropic Substances Law, number 8204, of December 26, 2001 (effective from its publication, January 11, 2002), that the wording of the criminal offense varied substantially, to include the laundering (legitimación) of capital "that proceeds, directly or indirectly, from a serious crime (delito grave)," thereby eliminating the previous restriction according to which it was only possible to launder capital derived from illicit drug trafficking. Thus, as of January 2002, the wording of the criminal offense of interest is as follows: "…Shall be sanctioned with imprisonment of eight to twenty years: a) Whoever acquires, converts, or transmits assets of economic interest, knowing that these originate from a serious crime, or performs any other act to conceal or cover up the illicit origin or to help the person who has participated in the infractions to evade the legal consequences of their acts. b) Whoever conceals or covers up the true nature, origin, location, destination, movement, or rights over the assets or their ownership, knowing that they proceed, directly or indirectly, from a serious crime.

The sentence shall be ten to twenty years of imprisonment when the assets of economic interest originate from any of the crimes related to the illicit trafficking of narcotics, psychotropic substances, money laundering (legitimación de capitales), diversion of precursors or essential chemical substances, and related crimes…" (Law number 8204, of December 26, 2001, effective from January 11, 2002. Highlighting supplied). Having defined the normative framework under which the conduct attributed to Howden Pascall must be judged, it is necessary to analyze the prior criminal act required by the criminal offense of money laundering (legitimación de capitales). This analysis is of crucial importance, as will be analyzed later, because it must be defined whether the money received in the country by the accused originates from a "serious crime." Following the line of argument in the appeal ruling, several situations must be elucidated for this purpose.

On the one hand, it must be clear whether, to establish the predicate offense (delito precedente), reference can be made to the charges that the United States Prosecutor's Office filed against Rodney Morrison, brother of Howden Pascall, or if, on the contrary, it is necessary to abide by the criminal conduct for which he was found responsible abroad. Because this matter differs from the bulk of money laundering cases, in that there is a prior trial of Morrison in the United States, no other conclusion can be reached than respect for and adherence to the verification of facts carried out within the criminal process conducted in the foreign jurisdiction. It could not be otherwise, because the opposite would imply a violation of the principle of non bis in idem, since Morrison was tried in another country for the same facts that are of interest here to establish the predicate criminal act, and the evidence concerning that criminal process in the United States is precisely the evidentiary basis used by the Public Prosecutor's Office to prove that point.

From the documentary evidence provided, duly processed through the international criminal assistance procedure, it is established that Morrison was accused of the crimes of robbery, homicide, kidnapping, weapons possession, arson, and tax evasion, without it being clarified in the national accusatory document for which offenses he was convicted, since at that time there was only a final conviction (condena firme) for the crime of possession of illicit weapons. However, based on the documentary evidence duly incorporated into the process, and in particular, that extracted from the judicial assistance with the United States, it is possible to conclude that at the time the trial for money laundering was held in this case, Morrison's judicial situation was as follows: A) He had a materially final conviction for the crime of possession of a prohibited weapon (see folio 1192 verso of the ad quem judgment, which refers to proven fact number 7), and B) The conviction for the crime of cigarette tax evasion, handed down by a jury in May 2008, was reinstated against him.

This latter conviction, at the time the trial was held, was final regarding the imputation of charges, but a new hearing for the imposition of the sentence still had to be held (folios 1192 verso - 1193 front). C) "…final acquittal (sentencia absolutoria firme) of Morrison for the crimes of extortion, homicide, arson, etc.…" (folio 1193 front). Regarding these latter offenses, it is necessary to clarify that, although the crimes of extortion and others are mentioned as factual antecedents in the judgment, mainly by reference of witness Dianne Leonardo (folio 1195 front and verso), those imputations cannot be used in our country to establish the predicate facts of the money laundering, because the accused has a final acquittal by the jury on those charges, which was upheld, and the Public Prosecutor's Office has not alleged any error by the United States justice system in issuing said acquittal.

Rather, the judgments issued in the judicial proceeding against Morrison in the United States are provided as evidence of the predicate offense, and for that reason, we must adhere to them on that point. Although the North American system allows the judge to consider certain conduct for which the jury acquitted when setting the sentence, such a situation is prohibited in our legal system, by reason of what is established in the first paragraph of Article 39 of our Political Constitution: "…No one shall be made to suffer a penalty except for a crime, quasi-crime, or misdemeanor, sanctioned by prior law and by virtue of a final judgment (sentencia firme) issued by a competent authority, after the opportunity has been given to the accused to exercise their defense and through the necessary demonstration of guilt…" (underlining supplied). The same guarantee is provided in numeral 8.4 of the American Convention on Human Rights.

Proceeding otherwise would therefore imply disregarding the principle of res judicata (cosa juzgada) (the ad quem refers, at this point, to folio 904 of evidentiary file number 3, provided by the defense, whose official translation appears at folio 113). Of course, in accordance with the precedents of this Chamber, the existence of a judgment declaring someone responsible for the prior crime is not an unavoidable requirement for money laundering to be constituted. On multiple occasions, it has been indicated that the criminal origin of the resources can be proven within the same process followed for the money laundering, through circumstantial evidence. But this matter differs from the bulk of the cases because a judicial process was followed and a judgment was issued, which the prosecuting entity itself provides as evidence of the predicate act, and therefore, we must adhere to it regarding the specific facts for which Morrison was convicted in that country.

By virtue of the foregoing, we must only start from the fact that Rodney Morrison was convicted of a crime of weapons possession and another of smuggling (contrabando), with the imposition of the penalty for this latter conduct pending at the time of the trial. The conviction for the crime of weapons possession is of no importance, because for money laundering to be constituted, the mere existence of a prior criminal act is not enough; it must be demonstrated that the money originates from that crime. Such a nexus does not exist between the questioned money and the charge of weapons possession. Regarding the predicate act of smuggling (contrabando), for which Rodney Morrison was convicted, and its legal classification for the purposes of determining the predicate offense: It remains then to explore the conduct referred to as tax evasion (point B of the imputations detailed above), in order to determine whether it involves one of the crimes contemplated in numerals 211 to 216 of the General Customs Law (Ley General de Aduanas) (number 7559 of October 20, 1995, according to its wording before the entry into force of Law 8373 of August 18, 2003), or whether it involves the offense provided for in numeral 92 of the Code of Tax Norms and Procedures (Código de Normas y Procedimientos Tributarios) (Law 4755 of May 3, 1971).

For the purposes of delimiting the scope of the conviction, the Sentencing Appeals Court refers to the 2008 jury pronouncement, which was reinstated by judgment of the Court of Appeal for the Second Circuit of the United States, of July 2010, as recorded in documents from folios 672 to 726, of volume II of the main file, admitted as documentary evidence in the trial (see point 42 of folio 883). Although said referral is correct, as the pronouncement of the North American Court is the starting point for elucidating the predicate criminal conduct, the appeal judgment mentions the norm that, under United States law, sanctions the conduct proven against Morrison (the equivalent of the criminal offense in our legal system), when in reality that information allows for the elucidation that the conduct in question is also a crime in the United States. But for the purposes of establishing whether the conduct is a crime and its classification in Costa Rica, we must adhere not to the nomen iuris, but to the specific conduct that the jury found proven.

In this line of reasoning, we start from the premise that, effectively, the United States norm applicable to Morrison for the charge of interest here consists of "…the illegal possession – that is, without prior payment of taxes – of cigarettes, in the United States…", which constitutes, in the United States, a crime punishable by up to twenty years in prison (sentencing appeal ruling, folio 1144 verso). But, for the purposes of interest here, the factual framework (cuadro fáctico) reinstated by the ruling issued by the United States Court of Appeals is the following: "…Morrison was the managing partner of Peace Pipe Smoke Shop, which sold cigarettes on the Unkechauge Indian Nation`s Poospatuck Indian Reservation, in Mastic, New York. Peace Pipe's income originates mainly from the sale of tax-free cigarettes. Morrison advertised his cigarette sales business throughout New York City. Morrison sold some of the tax-free cigarettes at the Peace Pipe counter or through the Internet, and he also conducted large wholesale transactions frequently with individuals he called 'Big Customers'.

These sales usually involved quantities of cigarettes exceeding 60,000. In total, the income from sales to Big Customers from the year 1999 to the year 2004 amounted to more than $138 million. Peace Pipe employees usually delivered cigarettes to Big Customers in large black plastic bags to hide the items. The accounting books in which Morrison recorded Peace Pipe's sales referred to his Big Customers only by pseudonyms. At least some of Morrison's Big Customers resold the cigarettes they bought at Peace Pipe in places outside the reservation and Morrison knew what they were doing…" ("the conduct of the crime," official translation of the United States Court of Appeals ruling, folio 706, volume II of the file). Such factual framework was reiterated by the judges of the foreign Court of Appeals, stating: "…Morrison's actions went far beyond this type of conduct that could be located in some area of ambiguity.

He participated in a substantial wholesale business, with some 50,000 'Big Customers' who, jointly, bought more than $138 million in cigarettes from 1999 to 2004. He encouraged these sales by distributing flyers in New York City. Throughout this time, he knew that at least some of his 'Big Customers' were reselling the cigarettes outside the reservation…" (cf. folio 722). From the statement of prosecutor Dianne Leonardo, which was weighed by the appeal judges, it is clear that at the time of the trial for the crime of money laundering, the new "sentence" (in reality, it concerns the imposition of the penalty by the judge) for the reinstated charges against Morrison was pending. In the words of the witness, cited by the appeal judges: "…in July of this year the Court of Appeals annulled (sic) the verdict of Judge Hurley and the decision is obtained in the month of July 2012, the charges brought against him for smuggling (contrabando) were reinstated, he has not yet been given a new sentence, but he will receive this sentence for the smuggling acts, this decision of the judge establishes Morrison as guilty of the crime of smuggling, this decision confirmed (sic) the decision of the jury, there is no new trial, what the jury established in May 2008 is simply reinstated, the sentencing has not yet been done…" (see transcript of the testimony of Dianne Leonardo, in the sentencing appeal ruling, folio 1195 front).

Therefore, although the appeal ruling considers that there is no final conviction (sentencia condenatoria firme) for the predicate act, we must dissent from that conclusion, because according to the ruling issued by the Court of Appeals for the Second Circuit, just cited, and the statement of witness Leonardo, the determination of the existence of a typical, unlawful, and culpable conduct was final at the time the judgment was issued in this case, and only the sanction corresponding to said declaration of guilt remained to be determined. In relation to the charges of illegal possession and sale of cigarettes, and their correct legal classification in the country, the ad quem reasons as follows: "…he is not accused (only) of having sold cigarettes and failing to pay taxes on the sales, but of having obtained cigarette shipments without the stamp (prior to those sales) indicating that, in turn, the distributors had paid the prior taxes.

That means that, for double criminality (doble incriminación), we are not talking about what in our system would be evasion of sales tax, but about coming into possession of the object, without the payment, prior to the subsequent sale, of taxes. It is the equivalent, in our environment, of import or customs taxes. That conduct is provided for, in Costa Rica, in a special law that prevails over that general norm, even if it concurs with other tax transgressions referring to sales tax. It is the General Customs Law (Ley General de Aduanas) No. 7557 of October 20, 1995 (published in La Gaceta 212 of November 8, 1995, and in force at the date of the accused facts) which establishes: 'ARTICLE 1.- Scope of application. This law regulates the entries and exits from the national territory of goods, vehicles, and transport units; also the customs clearance (despacho aduanero) and the acts and actions derived from it or from the entries and exits, in accordance with community and international norms, whose application is the responsibility of the National Customs Service' (boldface supplied), adding numeral 223: 'Relation with offenses classified in other tax regulations.

If the conducts classified in this law also constitute a crime or an infraction established in tax legislation, the special provisions of this law shall apply provided that those conducts are related to the non-compliance with customs tax obligations or duties before the customs authority' (emphasis added). This regulation established customs crimes: initially, from its entry into force in 1995 until 2003, and subsequently from that date, when a reform was enacted, to date. Since the defendant here was attributed, improperly, with having received money from his brother as of the year 2002, which has already been said to be atypical conduct as the capital arose from alleged crimes unrelated to drug trafficking, the legislative changes that occurred in customs legislation must be taken into account again. Thus, in 2002 and until 2003, the original General Customs Law was applicable, and from that date until 2007 (when the cycle of accused facts closes), the regulations currently in force would govern…" (sentencing appeal ruling, folios 1199 verso to 1200).

At this point, a clarification is necessary: due to the diversity of the tax collection system in Costa Rica and the United States, added to the fact that the latter contains state and federal legislation on the subject of taxes, there are no absolute parallels when comparing the North American tax collection system and ours. This is a specificity of the case under review that makes the determination of whether we are facing one of the crimes provided for in the General Customs Law or in the Code of Tax Norms and Procedures even more complex. In the Costa Rican tax collection system, there is a clear difference between the taxes charged to "nationalize" the merchandise, that is, customs taxes or import tariffs, and the tax obligations that may arise after said collection, when the good is already legally possessed in the country. The former are regulated in the General Customs Law, and the latter, in the Code of Tax Norms and Procedures.

In the United States system, for the purposes of interest, the legal possession of cigarettes exceeding 360,000 units (at the time the predicate offense was committed) implied the prior payment of a fee that is deemed in advance as a sales tax, and which the seller subsequently recovers by charging it to the final customer. Such payment is evidenced by placing a stamp on each pack of cigarettes. Therefore, the crime attributed in this case to Morrison turns out to be a hybrid between our customs tariffs (established to legalize the possession of certain goods in the country) and the sales tax. We are thus faced with an apparent concurrence of norms (concurso aparente de normas), but the disjunctive about which norm to apply is resolved by our substantive law, in numeral 23 of the Penal Code. Said norm indicates: "…When the same conduct is described in several legal provisions that are mutually exclusive, only one of them shall apply, as follows: the special norm prevails over the general one, the one that entirely contains another is preferred over the latter, and the one that the law has not expressly or tacitly subordinated to another is applied instead of the accessory one…" Customs Law is a sub-specialty of Tax Law, and therefore the rule of speciality, provided to define apparent conflicts of norms, is fulfilled.

Furthermore, the Code of Tax Norms and Procedures itself expressly subordinates its application to matters not contemplated by the General Customs Law. In this sense, Article one of the Code of Tax Norms and Procedures stipulates: "…The provisions of this Code are applicable to all taxes and the legal relationships derived from them, except as regulated by special legislation (…) the provisions of this Code are for supplementary application, in the absence of an express norm…" (wording according to Law number 7900 of August 3, 1999). As anticipated, customs legislation is a specialized branch of Tax Law, dealing with the regularization of merchandise in the country (its entry, stay, and exit). Without compliance with said "entry" rules to the national market, the goods could not legally be subject to commerce. This is an important distinction, allowing the establishment that the predicate act to the money laundering, according to our legal system, is a customs crime and not a tax crime in general.

Uruguayan legislation, as in the case of Costa Rica, is characterized by containing general tax and customs norms of equal rank, which appear to overlap as they prohibit tax evasion conducts, but faced with such a situation, just as occurs in our country, the principle of speciality is given primacy: "…the crime of smuggling (contrabando) inherently contains the tax fraud (defraudación) in its objective criminal offense (…). Our repressive customs regime comprises both conducts, being bipartite: smuggling and tax fraud (defraudación tributaria). The overlapping of both reproaches implies a hypothesis of bis in idem. By the principle of specificity —in any case— it would correspond to elucidate whether the crime of smuggling has existed, but not tax fraud, which is already encompassed by smuggling. They are criminal offenses that exclude each other reciprocally and not a concurrence between several criminal classifications applied to the same conduct.

The alternative must be resolved without adding one to the other (smuggling or tax fraud), since —as GONZÁLEZ teaches— Customs Law is a set of legal norms that has individuality within fiscal Law. That individuality is distinguished by its foundations and methods, in addition to other substantive and procedural assumptions that also differentiate it…" (ALLEN, Germán: "The overlapping of the criminal offenses of smuggling and tax fraud in Uruguayan law," Published in Tribuna del Abogado, No. 180, Colegio de Abogados del Uruguay, Montevideo, October/December 2012, pp. 15-17). Returning to the case under review, it was determined that Rodney Morrison offered for sale cigarettes that were not fit for commerce, because the tax established to legitimize their sale in the state of New York had not been previously paid. These were therefore goods outside of commerce, as the requirement set for the mere possession of said good by individuals in the State of New York to be legitimate was not met.

Having defined the national legislation applicable to the conduct for which Morrison was found responsible, it is appropriate to delve into the penalty applicable to the specific customs crime under which the facts are classified, according to the moment of the commission of the facts. The General Customs Law (Ley General de Aduanas), number 7557 of October 20, 1995, in its version in force until March 4, 2004, provided in numeral 214 the basic crime of customs tax fraud (defraudación fiscal aduanera): "…Article 214.- Basic crime. Shall be punished with imprisonment of one to three years and a fine equivalent to twice the amount of the taxes left uncollected, with interest and surcharges, whoever, through simulation, maneuver, or any other form of deceit, eludes or evades totally or partially the payment of the customs tax obligation, provided that the customs value (valor aduanero) of the goods exceeds five thousand Central American pesos…".

The specific cases were provided for in numeral 215 ejúsdem: "…Specific cases of customs tax fraud. Shall incur the penalties indicated in the previous article, provided that the customs value of the goods exceeds five thousand Central American pesos: a) Whoever, without authorization from the competent body, gives a purpose different from that provided in the authorizing norm to goods benefited with exemption or franchise (exención o franquicia) or that have entered free of taxes. b) Whoever, using or declaring false information, requests or obtains preferential customs treatment. c) Whoever, using or declaring false information, justifies the fulfillment of their duties, obligations, or requirements in their capacity as beneficiary or user of a customs regime or modality, to request or obtain preferential customs treatment. d) Whoever simulates, totally or partially, an export or import operation of goods or alters the description of some, with the aim of illicitly obtaining a customs incentive or an economic benefit. e) The official, the public employee, or the notary public who falsely certifies or attests that a tax was satisfied totally or partially…" Finally, the aggravating circumstances were regulated in numeral 216 of the same Law: "…Aggravating circumstances.

The penalty shall be three to five years and the fine equivalent to three times the amount of the taxes left uncollected, with interest and surcharges, when, in any of the two previous articles, any of the following circumstances concur: a) Three or more persons participate in the act, in the capacity of authors. b) A public official participates in the capacity of author, instigator, or accomplice, in the exercise of their functions, on occasion of them, or with abuse of their position…" (highlighting supplied). The appeal judges correctly point out that it is the simple mode of commission of the criminal offenses provided in the General Customs Law that is applicable to the conduct attributed in the United States to Rodney Morrison. The "facts of the crime" are attributed to Morrison individually, and not in co-authorship. While it is true that on March 5, 2004, Law number 8373 of August 18, 2003, entered into force, which modified the criminal offenses of interest, establishing for the crime of simple customs fraud, greater penalties, which in some specific cases exceed four years of imprisonment, said regulation is not applicable to the facts that motivated Morrison's conviction, from which we must proceed.

Thus, even if we proceed from the material finality (firmeza material) of the pronouncement issued by the United States Court of Appeals, the factual framework for which Rodney Morrison was tried is temporally located "from the year 1999 to the year 2004" (cf. folio 706). Furthermore, the charging document to which we must adhere for all purposes in this case, based on the principle of correlation between accusation and judgment, is the national accusation, on the basis of which the trial was conducted. The latter places the predicate offense "…between the year 1996 and 2004…" (see folio 835), and in accordance with such delimitation, it is established in the proven factual framework (marco fáctico) that the execution of the prior criminal acts occurred "..Between the years 1996 and 2004…" (folio 846), without specification of dates. We must proceed from this temporal framing, then, to carry out the double criminality (doble incriminación) analysis.

In situations like this, where months or approximate parts of the year are not defined, and there are legislative reforms in the period of interest that force a decision on the applicable regulation, this Chamber has maintained a consistent position according to which the most beneficial interpretation for the accused must be followed. Based on the ranges of sanctions, the most beneficial legislation is, without a doubt, Law number 7557 of October 20, 1995, and not Law number 8373 of August 18, 2003 (effective from March 5, 2004).

From all that has been stated thus far, it follows that the preceding act in this case corresponds to the offense of customs tax fraud, in its simple form, and more precisely, it concerns the criminal offense set forth in Article 215 subsection a) (in relation to numeral 214) of the Ley General de Aduanas, in its wording pursuant to Law 7557 of October 20, 1995. We are faced in this case, precisely, with the improper use of a tax exemption established to regularize the possession of cigarettes, under the legislation in force in the state of New York. However respectable the legal criterion may be, on the basis of which the Trial Court considered that the preceding acts were punishable under our legal system through numeral 92 of the Código de Normas y Procedimientos Tributarios, that is not the interpretation endorsed by this Chamber. By virtue of the foregoing, the first and fifth grounds of the appeal filed by the representative of the Public Prosecutor's Office (Ministerio Público) are dismissed.

III.Second ground of the cassation appeal filed by licensed attorney Sarkis Fernández: Erroneous application of substantive law: Erroneous application of sections 14 and 30 of the Civil Code, which leads to erroneous application of article 1 of the Psychotropic Substances Law, number 7786 of April 30, 1998. Licensed attorney Sarkis Fernández points out that the ad quem requires proof of the existence of the foreign laws under which Rodney Morrison was convicted in order to accredit the predicate fact, in accordance with what is stipulated in article 30 of the Civil Code. In doing so, it disregards the principle of freedom of evidence that governs in criminal proceedings. The appellant states that “…to demonstrate the existence of foreign legislation, as in this particular case, one should not resort to article 30 of the Civil Code (…) but rather, first, to the general rules provided for in the Criminal Procedure Code itself for bringing evidence from abroad and, secondly, and no less importantly, to the Treaties on mutual legal assistance between Nations such as the United Nations Convention against Transnational Organized Crime (known as the Palermo Convention)…” (f. 1277).

She notes that it was by using international criminal assistance that documentary evidence was incorporated into this process which “…corroborates the existence of the criminal legislation and the process carried out against Rodney Morrison in the United States, as well as the charges for which he was accused and for which he was sentenced…” (ibid). She adds that another requirement found lacking by the Sentence Appeals Court, with a view to the principle of dual criminality, is the accreditation of the minimum penalty limit corresponding to the crime in the Anglo-Saxon system. Regarding this aspect, the appellant notes that from reading 18 USC 1963 RICO, which is the charge for which Morrison was convicted, “…it is evident that U.S. law does not refer to a minimum limit for this type of crime, but rather only delimits the maximum limit of 20 years in prison, for which reason the Court of Appeals (…) seeks an impossibility, since the Anglo-Saxon criminal type does not have a minimum limit for this crime, leading to the absurd requirement that the Trial Court should have established it, as if a Costa Rican court of justice had the legislative power corresponding to another State…” (f. 1280).

The prosecutor proposes that to establish when a crime should be considered “serious,” one must resort to a teleological interpretation “…that integrates what the sense is of national and international legislation against money laundering and the fight against organized crime, as well as the abstract penalty that can be imposed on the person who commits the predicate offense and, finally (…) the social harmfulness of the conduct…”. The ground is partially upheld, although this does not change the a quo’s conclusions regarding the lack of criminality of the offense: The Public Prosecutor's Office must be granted reason, insofar as the principle of freedom of evidence allows the existence and content of international regulations to be proven through any legitimate means, and in this case, the legal assistance processed by the prosecuting entity with the United States must be considered as a legal evidentiary source duly incorporated into the process.

It is from this judicial assistance that the judgment of the Court of Appeals for the Second Circuit of that nation comes, which, in fact, this Chamber has recognized in the preceding recital, constitutes valid evidence to delimit the conduct for which Rodney Morrison was found guilty. However, this concession to the Prosecutor's argument does not have the effect that the party assigns to it, because even starting from that evidentiary incorporation, as will be seen, we must conclude that in this case a “serious crime” was not configured, because alongside the principle of freedom of evidence, the principle of correlation between accusation and sentence must also be respected. Based on the wording of the offense of money laundering, in force at the time of the acts of interest here, the funds that are converted, transferred, or concealed must come from a “serious crime” (Law number 8204, published in La Gaceta number 8, of January 11, 2002).

Hence the importance of establishing which is the norm that, at the time of the acts, defined the concept of serious crime, and the implications this has regarding respect for the principle of dual criminality, which must be respected when the predicate act is committed abroad, as occurs in this case. As already stated, article 1 of Law 8204 of January 11, 2002, defined a serious crime as “conduct that constitutes a crime punishable by a deprivation of liberty of four years, at a minimum…”. The subsequent reform to the Psychotropic Substances Law that eliminates the reference to “serious crime” did not come into force until March 16, 2009, and therefore is not applicable to these acts, by virtue of the rules governing the application of criminal law over time. However, through Law number 8302, of September 12, 2002 – effective as of June 27, 2003 – the “United Nations Convention against Transnational Organized Crime,” better known as the “Palermo Convention,” was incorporated into the Costa Rican legal system.

Said instrument provides in article 2, subsection b): “…‘Serious crime’ shall mean conduct constituting an offence punishable by a maximum deprivation of liberty of at least four years or by a more severe penalty…”. In accordance with the provisions of article 7 of the Political Constitution, the Palermo Convention was incorporated into the legality framework as of June 27, 2003, and therefore, being a later law, it partially repeals the definition of serious crime contained in section 1 of Law 8204 of December 26, 2001, at least for the cases to which said international regulation applies, according to the definitions contained within the same instrument. Although the acts proven against Rodney Morrison cannot be considered organized crime, because he was convicted individually in the United States, the referred instrument extends its scope of application to money laundering activities, as derived from the relationship stated in article 3: a) and article 6 of the same.

Because the temporal location of the predicate offense, for the purposes of interest here, runs from 1999 to 2004 (without defining specific dates, according to the accusatory document and the proven facts), and the Palermo Convention was incorporated into the national legality framework as of June 2003, the indication made in the Sentence Appeal ruling is not understandable, to the effect that said instrument constitutes a law subsequent “to the accusation” that is not more favorable to the interests of the accused and therefore is inapplicable due to the principle of non-retroactivity established in sections 11 and 12 of the Criminal Code, as well as article 34 of the Constitution (see f. 1190 vto.). Rather, the entry into force of said Convention is clearly within the temporal range during which the predicate offense is considered to have been perpetrated, because said instrument entered into force on June 27, 2003, and as we said, the final temporal range from which the predicate acts must be considered is from 1999 to 2004.

Nevertheless, as indicated in the preceding recital, the criminal type applicable to the predicate act corresponds to a specific modality of tax fraud, contemplated in subsection a) of article 215 of the Criminal Code, in relation to article 214, according to its wording in force in Law 7557 of October 20, 1995. The relevant norms are the following: "…Article 214.- Basic offense. Shall be punished with imprisonment from one to three years and a fine equivalent to twice the amount of the taxes not collected, with their interest and surcharges, whoever, through simulation, maneuver, or any other form of deception, totally or partially evades or avoids the payment of the customs tax obligation, provided that the customs value of the goods exceeds five thousand Central American pesos. Article 215: “…Specific cases of customs tax fraud. Shall incur the penalties indicated in the preceding article, provided that the customs value of the goods exceeds five thousand Central American pesos: a) Whoever, without authorization from the competent authority, gives a different purpose to that provided in the authorizing norm to goods benefited by exemption or franchise or that have entered free of taxes…” (underscoring supplied).

From which it follows that, even though as of January 27, 2003 (still within the temporal range of the predicate act), any crime sanctioned with a prison sentence—at its minimum or maximum limit—is considered a serious crime, this condition is not met in the case at hand, because the maximum penalty established for the predicate offense at the time of the acts corresponds to three years of imprisonment. The position of the Public Prosecutor's Office cannot be accepted, to the effect that it is feasible to depart from the definition of serious crime contained in our regulations, which, as already indicated, uses as a differentiator the fact that it is punishable by four years of imprisonment or more. The suggestion to resort to criteria such as the affected legal interest, or the social damage caused, can be subject to parliamentary discussion for the purpose of generating reforms, but under no circumstances can the judicial operator arrogate powers exclusive to the legislator.

Finally, the issue of dual criminality remains to be addressed, which is an obligatory reference when the predicate act is committed abroad. In observance of this principle, it must be verified that the acts serving as the basis for the predicate offense are foreseen as criminal activity, both in the country where it was committed and in the country where the money laundering is being tried. Beyond said verification, this Chamber considers it excessive to demand that the conduct be considered a “serious” crime in both national legislation and foreign legislation, as this would imply extending the parameters of one's own legal system to other jurisdictional systems that may contain penalty measurement parameters very different from our own. Consider, for example, systems that do not have minimum sanctions, but only regulate the maximum amount to impose, or those that qualify the seriousness of crimes based on the affected legal interest.

On this aspect, the existence of debate in the doctrine must be conceded, but we opt to consider that the principle of dual criminality is fulfilled by verifying that the conduct constituting the predicate offense is a crime in both Costa Rica and abroad. For the classification of “serious,” one must adhere to the national regulation, it being an excess to require that the crime be serious under both the parameters of the Costa Rican legal system and foreign legislation, because this forces the standardization of two penalty measurement systems that may have no points of coincidence. Spanish legislation is very similar to Costa Rican legislation regarding the objective requirements of the offense of money laundering, as well as in the evolution of the criminal type. When analyzing in said legislation the requirements of the predicate offense and specifically the requirement that the laundered funds come from a “serious crime,” it has been said: “…it would be (…) more logical to interpret that for the crime of money laundering typified in the Spanish Criminal Code to exist, it is necessary that the underlying crime also be criminally sanctioned in the place where it was committed; this is the so-called principle of ‘dual criminality’, by virtue of which the predicate crime must be punishable both in the place of execution and in Spain.

One of the most interesting questions raised regarding this issue is that concerning the legal classification of the underlying crime committed abroad, that is, whether this must be done based on the criminal law of the country where the crime was committed or of the country where the money laundering takes place. And the question becomes more difficult to resolve if the regulations of the country where the laundering is committed require, as article 301 of the Criminal Code did until Organic Law 15/2003, that the crime from which the assets originate be a serious crime, because then the question would arise of, in the event the crime is committed abroad, where that crime must be considered serious, whether in the national territory where the laundering takes place and is tried or in the place where the crime was committed; that is, determining the regulation on the basis of which the legal classification of the predicate crime committed abroad is to be made, and whether the classification of the crime—serious at that time—must be made in accordance with the law of the place of commission or in accordance with Spanish criminal law.

If one opts for the first of the solutions, a material extension of national Criminal Law would occur, a possibility that most doctrine rejects, considering that the classification of the predicate act must be made according to the national legislation where the money laundering crime was committed...” (García López, S. (2006). “Blanqueo de capitales. Evolución del delito subyacente”. Retrieved from http://www.ief.es/documentos/recursos/publicaciones/revistas/cuadernos_formacion/05_2008/Colab_05_08.pdf. The underscoring does not correspond to the original). According to the foregoing assessments, which this Chamber adopts, it is excessive to require that the foreign nation where the predicate offense was committed have legislation similar to Costa Rican legislation regarding what is understood by serious crime. What is required, as already indicated, is to demonstrate a concrete connection between the funds being laundered and the predicate act, and of course, that the conduct in question is foreseen and sanctioned as a crime in both legislations.

Furthermore, the Prosecutor's Office's attempt to depart from the criterion established by the Costa Rican legislator to define what should be considered a “serious crime” cannot be accepted. If Law 8204 of January 11, 2002, applicable to the acts being examined here due to their time of commission, clearly defines that a serious crime is one that provides for a custodial sentence of four years “at a minimum” as a sanction, it is this definition that must prevail for the acts committed between January 11, 2002, and June 26, 2003. As of June 27, 2003, with the entry into force of Law number 8302 of September 12, 2002, the definition of “serious crime” from the Palermo Convention came into effect, according to which it suffices that the crime contains within its range of custodial sentences, four years, regardless of whether it concerns the minimum or maximum limit. What happens in the case under review is that under neither the first definition nor the second do the acts meet the characterization of “serious,” because, as already indicated, the applicable criminal type according to the time of commission of the predicate act is the General Customs Law of 1995, which provided for the conduct custodial sentences ranging from one to three years.

For all the foregoing reasons, although the prosecuting representative must be granted reason regarding the principle of freedom of evidence and the possibility of extracting data from the documents obtained through international penal assistance, as well as regarding the fact that the scope of the principle of dual criminality should not go to the extreme of requiring that the conduct of the predicate offense must also be considered serious under foreign legislation, under our own standards, such clarifications do not have the consequence of changing the final conclusion reached by the appeals judges. The predicate offense in this matter continues not to meet the classification of “serious,” and therefore, an essential objective element is lacking for the configuration of money laundering, according to its wording in force from January 11, 2002, to March 15, 2009. In summary, the present ground is partially upheld, although this does not change the a quo’s conclusions regarding the lack of criminality of the offense being tried here.

IV.Third ground of the challenge, due to the existence of contradictory precedents of the Third Chamber, in relation to the decision by the San José Court of Appeals: The Prosecutor's Office argues that the appealed acquittal judgment, number 337 of 15:25 hours, of February 19, 2012, is contradictory with the following precedents, handed down by this Chamber: a) number 183, of 15:55 hours, of March 6, 2006; b) 1105, of 12:25 hours, of September 10, 2004; c) 765, of 10:50 hours, of July 8, 2005; and d) 289, of 8:55 hours, of April 4, 1997. It bases its objection on the fact that this Chamber, in the indicated votes, has repeatedly stated “…to demonstrate that the funds being laundered originate from a predicate offense, such demonstration must be established even through circumstantial evidence, whereas in the acquittal judgment handed down by the Court of Appeals in favor of Howden Pascall, it considered it necessary and essential that, to demonstrate that the assets originate from a crime, a final and binding conviction is required…” (f. 1289).

It refers that by requiring a final and binding conviction for the predicate offense, undue requirements are being imposed for the configuration of money laundering, making the investigation of this type of crime in our country practically impossible. Fourth ground of the cassation appeal filed by licensed attorney Sarkis Fernández: Erroneous application of substantive law, specifically, articles 1 and 69 of Law 7786, reformed by Law 8204 of December 26, 2001: Returning to the arguments of the third ground of cassation, this time from the perspective of infringement of substantive law, the appellant considers that “…the Court of Appeals completely errs in its substantive basis by requiring the demonstration of the predicate crime to money laundering only by means of a final and binding conviction. We insist, it is not established in the criminal type, nor has it been required by jurisprudence, as an indispensable requirement, a conviction for the predicate crime, for example, drug trafficking or another serious crime…” (f. 1294).

Based on varied Spanish doctrine, the appellant points out that the offense of money laundering is autonomous, multi-offensive, and that for its verification, it is not required that there be a final criminal conviction for the predicate crime, as demanded by the ad quem in this case. The objections are dismissed: In the case under review, unlike what occurs in the bulk of money laundering investigations, there is a conviction in relation to the predicate crime, which occurred and was tried abroad, which is provided by the Public Prosecutor's Office itself in order to accredit said objective element of the type. Therefore, the assessment of the pronouncement of the Court of Appeals for the Second Circuit of the United States, and specifically its definition of the “criminal conduct,” is not arbitrary. It concerns the evidence provided by the prosecuting entity itself in order to accredit the point.

As already indicated, when resolving the first ground of cassation, the reference made to crimes such as extortion, homicide, or organized crime could not be proven in this case, either through the conviction or through other circumstantial evidence. By excluding them from the definition of the predicate offense, then, the judges do not incur a requirement not foreseen by the regulation, such as the existence of a prior conviction, but rather they consider that there are no elements of conviction that allow overturning the conclusions reached by the U.S. judicial system when it acquits Rodney Morrison of those charges. The manner in which the ad quem resolves is in accordance with what was indicated by Professor Francisco Castillo regarding the principle of freedom of evidence in relation to the predicate act: “…it is necessary for the Court to determine the existence of the predicate act and its typical and unlawful character, without simple suspicion that the object comes from a punishable act being sufficient.

The establishment of the evidence of the predicate act can be done by final judgment, if it was heard by a competent authority. If this evidence is lacking, the typical and unlawful character of the predicate act, which is a normative element of the money laundering type, can be proven. This proof must be made by the Judge hearing the money laundering offense in the country in accordance with the criteria of freedom of evidence and free evaluation of evidence. In any case, the establishment of the predicate act by the national Judge as a normative element of the criminal type of money laundering does not imply handing down a sentence on national soil for the predicate act that occurred abroad…” (CASTILLO GONZÁLEZ, Francisco: El delito de Legitimación de Capitales, Editorial Jurídica Continental, 1st ed., San José, 2012, pp. 93-94). As can be inferred, it is one thing for the principle of freedom of evidence to govern in Criminal Law, and quite another to try to pass off unproven U.S. charges (neither in the United States, nor in the process before us) as accredited facts with a view to establishing what the predicate act of interest for money laundering is.

By respecting the factual framework defined by the U.S. Court of Appeals, therefore, it is not disregarded that the predicate offense could be accredited through evidentiary sources other than a conviction, such as circumstantial evidence, within the money laundering case itself, a criterion that this Chamber maintains. What happens is that in the situation under review, the evidence provided to accredit the predicate act is the certified documentation regarding the judicial process followed against Morrison in the United States, and not other evidence. For all that has been said, the third ground of the challenge formulated by the representative of the Public Prosecutor's Office is dismissed.

V.Sixth ground of the appeal filed by the Prosecutor's Office: Erroneous application of substantive norms, in particular, article 69 of the Psychotropic Substances Law, as well as disregard of article 6 of the United Nations Convention against Transnational Organized Crime, number 8302 of June 27, 2003 (Palermo Convention): The appellant considers erroneous the ad quem’s criterion according to which “…to determine the existence of the money laundering offense, the matter of the criminal statute of limitations in both countries had to be analyzed, based on the annual amounts received…” (f. 1317). Citing what article 6 of the Palermo Convention indicates, licensed attorney Sarkis Fernández maintains that the only thing required by the regulation in relation to the predicate act is that the specific conduct be a crime according to the domestic law of the State where it was committed, as well as that of the corresponding interested State Party.

The appellant argues that by requiring an assessment of the statute of limitations for the predicate offense, in accordance with Costa Rican domestic law, it is confusing “…the procedural opportunity for the State to sanction a particular subject, with the existence or not of the crime…”(sic) (f. 1319). For the reasons that will be stated, the complaint is dismissed: The argumentation made by the ad quem regarding the issue of the statute of limitations is made obiter dictum, and is not determinative in establishing the lack of criminality of the conduct attributed to Carlos Howden Pascall. Therefore, even excluding the assessments relating to the statute of limitations, what is determinative for the correct resolution of this matter is that, in accordance with the very rules of the Palermo Convention cited by the appellant, the predicate offense does not meet the classification of serious, which was required in accordance with the criminal type of money laundering, in its wording in force at the time of the acts.

In relation to this point, reference is made to the reasons given when resolving the first and fifth grounds of the challenge. Consequently, the sixth ground of the cassation appeal formulated by the Public Prosecutor's Office is not admissible.

VI.In the seventh ground of the appeal, the Public Prosecutor's Office attacks the determination reached by the ad quem, to the effect that it was not possible to demonstrate in this case the concurrence of the subjective elements required by the criminal type of money laundering. However, upon resolving the first and fifth grounds of the cassation appeal heard here, the reasons were amply indicated for which this Chamber concludes that in this particular case, there is a lack of objective criminality. Since that stratum of analysis is not overcome, there is no interest whatsoever in verifying the concurrence of the cognitive and volitional elements required by the typical figure.

VII.Eighth ground of cassation: Failure to observe articles 103 and 110 of the Criminal Code, as well as numeral 87 of Law number 8204 of December 26, 2001: The appellant points out that the Sentence Appeals Court does not refute the proven fact of the Trial Court, consisting of the fact that Morrison, the accused's brother, “…transferred to the country, between 2002 and 2004, a little over sixteen million dollars, leaving some sums in his name and others in the accounts of the defendant here to whom, on July 17, 2000, he granted a general power of attorney without limit of sum for the administration and disposition of his assets…” (f. 1329). From the foregoing, the appellant derives that the ad quem holds as true that “…as a result of the illicit activities carried out by Morrison in the United States, he obtained large sums of money that are precisely those he sent via bank transfers to Banco de Costa Rica (…) therefore they must be considered assets that are the product of a crime for the purposes of articles 103 and 110 of the Criminal Code and 87 of Law 8204…” (f. 1330).

Consequently, Ms. Sarkis Fernández considers that, regardless of the circumstances relating to the culpability of the defendant Howden Pascall, the confiscation (comiso) order issued by the Trial Court in this case should have been upheld. The objection cannot be sustained: For the correct resolution of this complaint, several clarifications must be made. The first is that the rules of the Criminal Code and the Psychotropic Substances Law that regulate confiscation (comiso) cannot be applied concomitantly or simultaneously, as the appellant proposes. The regulations set forth in Law 8204 of December 26, 2001, are special and apply to the crimes provided for in the Psychotropic Substances Law, among them, money laundering (legitimación de capitales), the existence of which has been dismissed in this case. For this reason, it is only pertinent to examine whether or not numerals 103 and 110 of the Criminal Code are applicable.

Secondly, it is not true that the Sentence Appeals Court holds as true that all of the money sent to Howden Pascall by his brother via bank transfers from the United States originates from the commission of crimes. Precisely one of the reasons why, as an exercise, the ad quem considers that it would not be possible to classify the facts as the crime contemplated in numeral 92 of the Code of Tax Rules and Procedures (we already indicated that this would also not be possible, by virtue of the rules of apparent concurrence), is that no evidence was provided to the process to determine what portion of said money corresponds to the profits obtained by Morrison from the sale of cigarettes under illegal conditions. This is an issue widely discussed by the appellate judges in the acquittal judgment (cf. fs. 1196 front to 1198 back), which reflects the existence of a debate in the doctrine on the proportion of capital that is considered tainted when the predicate crime constitutes a tax offense.

Such discussion becomes more relevant when, as happens in this case, it would not be possible to affirm that the entire amount of money invested in the purchase of cigarettes was illegally obtained, since it would be only a part of it that the accused retained or failed to pay to the United States treasury, whereby the confiscation (comiso) of all the profits would seem excessive and unjustified. Thus, it could not be affirmed that all the profits obtained by Morrison come from the commercialization of cigarettes, and even if we focus on that activity, we would have to exclude the sales of cigarettes made under conditions that are considered legal or tolerated under United States law, namely: sales made within the reservation and for consumption of the indigenous population, as well as the prior capital that Rodney Morrison may have had. To this effect, the sentence appeals judges reasoned: “…not only is there no motivation, but worse yet, there is no evidence whatsoever, neither expert nor of any other kind, that states what the amount of unpaid taxes to the Government of the United States was, which is the only illicit thing about that money (and not the totality of the income arising from cigarette sales), without it being possible to presume (…) that all the transferred money is illicit, since the sale of tobacco and cigarettes, like any commercial activity, generates some profit after taxes are paid, in addition to which, as was established with the very statement of Dianne C. Leonardo (see folio 854) and of Eliécer Pascall Gordon (folio 872), the money transferred by Morrison also came from various other activities he had in that country…” (f. 1196 front).

Ultimately, under the reasoning that derives from the appellate decision, it is not possible to assert that all the money transferred to Howden Pascall corresponds to capital from criminal activities. Despite this, the ad quem points out that the confiscation (comiso) was ordered by the Trial Court over all the transferred money, without distinguishing between the amounts obtained before the atypicality of the facts, that is, before the entry into force of Law 8204, on January 11, 2002 (f. 1210 front). On this point, it states: “…the Court took all the money brought into the country, without making any division by period, which caused it to account for amounts brought in when that conduct was not a crime, that is, before 2002…” (f. 1198 front). There is a second level of analysis, in order to give a correct solution to the issue raised regarding confiscation (comiso). This concerns the way in which said concept is defined in the Costa Rican Criminal Code.

Article 103 of the same provides: “Every punishable act has civil reparation as a consequence, which shall be determined in a conviction judgment; this shall order: (…) 3) confiscation (comiso).” This is related to article 110 of the same regulatory body: “The crime produces the loss in favor of the State of the instruments with which it was committed and of the things or values originating from its commission, or that constitute for the agent a profit derived from the same crime, except for the right that the offended party or third parties may have over them...” (the underlining is added). Note that the legislator makes express reference to the “crime,” which has been determined by “conviction judgment.” In this particular case, the jurisdiction of the Costa Rican judges to issue a judgment is limited to the crime of money laundering (legitimación de capitales). However, in relation to said offense, the acquittal issued is upheld.

From which we have that it could not be affirmed that the disputed funds originate from the commission of the crime on which the Costa Rican judges issued a judgment, but rather from another (cigarette tax evasion), over which our jurisdiction has no authority to pronounce. The claim of the representative of the Public Ministry implies, then, assigning to an offense committed and sentenced abroad a consequence other than the penalty, without the Costa Rican judges possessing the authority to judge and sanction the crime in question. Costa Rican law does not provide for the concept called “extended confiscation (comiso ampliado),” which constitutes the concept through which it is possible to seize not only the assets originating from the crime tried in the country, but also “…the profits obtained by the criminal organization that are not directly related to the criminal activity subjected to trial…” (VARGAS GONZÁLEZ, Patricia: “The confiscation of profits.

Some legislative debts and excesses,” In: Criminal Law and the Constitution. Book in memory of Dr. Luis Paulino Mora Mora, volume I, collective work, San José, 2014, p. 323, the highlighting is added). As numeral 110 of the Criminal Code is drafted, applicable to this matter because it is not a crime contemplated in the Psychotropic Substances Law, it must be concluded that in our country, according to the regulation in force at the time of the facts, confiscation (comiso) is linked to or limited to the assets directly related to the crime that is the subject of conviction in the case being heard. Efforts to correct this shortcoming have given rise to various legislative projects. One of the proposals approved as law entered into force on July 22, 2009, (Law against Organized Crime, number 8754 of July 24, 2009), which involves the seizure of assets whose lawful origin cannot be justified, even without any link to a crime.

Specifically, article 20 of said Law states: “…The Contraloría General de la República, the Ministerio de Hacienda, the ICD, or the Public Ministry may file a complaint before the Civil Treasury Court for Summary Matters regarding capital increase without apparent lawful cause, with a lookback period of up to ten years, of any public official or private person, natural or juridical. Once the complaint is received, the Court shall grant the interested party a hearing for a term of twenty business days to respond and present evidence; in the same resolution, it shall order, as a precautionary measure, the seizure of assets, their registry immobilization, and all types of financial products. Against the precautionary measure, only an appeal without suspensive effect shall be admissible, which must be filed within twenty-four hours before the Contentious Administrative Collegiate Court, which shall resolve without further procedure and with priority over any other matter…”.

However, its application in practice has not been possible, and in reality, it is not an expansive concept of confiscation (comiso), but rather a process of a nature distinct from criminal law, which must be pursued in the contentious administrative jurisdiction. From what has been said so far, we can conclude that, in accordance with the legislation in force at the time of the facts, it was not possible to decouple confiscation (comiso) from the demonstration, through a judgment, of a fact that is at least typical and unlawful. The situation regulated by article 110 of the Criminal Code is confiscation (comiso) as a consequence of the wrong; and not just any wrong, but the one that is the subject of pronouncement in the specific criminal case, which corresponds, in this case, to money laundering (legitimación de capitales). As there is no conviction judgment for said crime, the issuance of confiscation (comiso) is not possible. Consequently, the eighth ground of the challenge is declared without merit.

Por tanto:

The second ground of cassation is partially granted, and the first, third, fourth, fifth, sixth, and eighth grounds of the filed challenge are denied. The partial granting of the second ground of the appeal does not have the effect of varying the acquittal issued by the Sentence Appeals Court, which is upheld. Upon determining the lack of objective typicality of the facts, there is no interest in ruling on the seventh cassation claim. Notify.- Carlos Chinchilla S.

Jesús Ramírez Q.

José Manuel Arroyo G.

Doris Arias M.

Rosibel López M. (Substitute Judge) ACABAL *110000660621PE* Int. 229-5/5-10-13

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Revisión del Documento *110000660621PE* Res: 2015-01595 SALA TERCERA DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. San José, a las nueve horas y veinte minutos del dieciocho de diciembre del dos mil quince.

Recurso de Casación, interpuesto en la presente causa seguida contra Carlos Gerardo Howden Pascall, mayor, casado, costarricense, portador de la cedula de identidad número 01-0514-0168, nacido en San José el 30 de julio de 1959, Hijo de Huey Howden Davis y de Mirna Pascall Pascall; por el delito de Legitimación de Capitales Provenientes del Narcotráfico, cometido en perjuicio de La Administración de Justicia. Intervienen en la decisión del recurso, los magistrados Carlos Chinchilla Sandí, Jesús Ramírez Quirós, José Manuel Arroyo Gutiérrez, Doris Arias Madrigal y Rosibel López Madrigal, esta última en condición de magistrada suplente. Además intervienen en esta instancia el licenciado Carlos Luis Ibarra García en su condición de defensor particular y la licenciada Natalia Sarkis Fernández, como representante del Ministerio Público.

Resultando:

  1. 1Mediante sentencia N° 0337-2013, dictada a las quince horas y veinticinco minutos del diecinueve de febrero del dos mil trece, el Tribunal de Apelación de Sentencia Penal del Segundo Circuito Judicial de San José, resolvió: “POR TANTO: Se declara con lugar el recurso interpuesto por el encartado a título personal y con el patrocinio letrado del licenciado Juan José Picado Herrera y parcialmente con lugar el incoado por su defenso particular Carlos Luis Ibarra García. Se declara sin lugar el recurso fiscal. En consecuencia, se revoca la sentencia condenatoria decretada en autos, así como la decisión de comiso de bienes decretada y, en su lugar, se ABSUELVE de toda pena y responsabilidad a CARLOS GERARDO HOWDEN PASCALL por el delito de LEGITIMACIÓN DE CAPITALES que se le ha venido atribuyendo, ordenándose la plena restitución de los bienes decomisados, secuestrados o anotados, sobre los que se rechaza su comiso; su inmediata libertad y el cese de cualquier medida cautelar emitida en su contra, si otra causa no lo impide. Se resuelve sin especial condena en costas. En lo demás, es decir, en cuanto la sentencia rechaza comisos adicionales, ordena levantamiento de medidas cautelares y devolución de otros bienes y expedientes, se mantiene incólume lo decidico. NOTIFÍQUESE. Rosaura Chinchilla Calderón Lilliana García Vargas Edwin Salinas Durán Juezas y juez” (sic).
  2. 2Contra el anterior pronunciamiento, Natalia Sarkis Fernández, representante del Ministerio Público, interpuso recurso de casación.
  3. 3Verificada la deliberación respectiva, la Sala se planteó las cuestiones formuladas en el recurso.
  4. 4En los procedimientos se han observado las prescripciones legales pertinentes.

Informa el Magistrado Chinchilla Sandí; y,

Considerando:

I.La representante del Ministerio Público, licenciada Natalia Sarkis Fernández, interpone recurso de casación contra el fallo número 337-2013, dictado por el Tribunal de Apelación de Sentencia del Segundo Circuito Judicial de San José, a las 15:28 horas, del 20 de febrero de 2013. Mediante el mismo, se declararon con lugar los recursos de apelación interpuestos por el licenciado Juan José Picado Herrera, defensor particular del encartado, así como por este en forma personal, y parcialmente con lugar la impugnación formulada por el co-defensor particular, licenciado Carlos Luis Ibarra García. En este asunto, el ad quem anuló el fallo condenatorio dictado por el Tribunal de Juicio del Primer Circuito Judicial de San José, contra Carlos Gerardo Howden Pascall, por el delito de legitimación de capitales, y en su lugar, le absolvió de toda culpa y responsabilidad, al estimar que en este asunto:

  • 1)no se cumple el principio de doble incriminación;
  • 2)que se ignora la pena a imponer a Morrison en Estados Unidos y por ello si encaja en la definición de “delito grave”;
  • 3)que no se individualizó el monto de la cuota tributaria dejada de pagar en cada año, lo que resulta exigido por el tipo penal,
  • 4)que el encartado no tenía conocimiento de que el dinero provenía de un delito grave, pues “…la actividad de origen de los fondos era lícita (venta de tabaco), aunque no lo fuera el pago de tributos…” (f. 1210 vto.) y
  • 5)que no era el fin del endilgado ocultar la actividad de la que procedía el dinero (cfr. f. 1210 fte. y vto.). Mediante resolución de esta Sala, número 1029 de las 11:08 horas, del 9 de agosto de 2013, se admitió para su conocimiento de fondo el recurso de casación presentado por la licenciada Sarkis Fernández. La causa se mantuvo suspendida entre octubre de 2013 y agosto de 2015, con motivo de la acción de inconstitucionalidad interpuesta contra el artículo 92 párrafo primero, del Código de Normas y Procedimientos Tributarios (tramitada en expediente número 12-006522-0007-CO). La representante de la Fiscalía solicitó que se prescindiera de la vista, mediante escrito presentado en esta Sala el 11 de noviembre de 2013 (f. 1413).

II.Primer motivo del recurso de casación formulado por la Fiscalía: Inobservancia y errónea aplicación de preceptos legales sustantivos: Con fundamento en el inciso b) del numeral 468 del Código Procesal Penal, la representante de la Fiscalía alega inaplicación de los artículos 69 de la Ley 8204 de 26 de diciembre de 2001 (Ley sobre estupefacientes, sustancias psicotrópicas, drogas de uso no autorizado, actividades conexas, legitimación de capitales y financiamiento al terrorismo) y el numeral 92 de la Ley 4755 de 3 de mayo de 1971 (Código de Normas y Procedimientos Tributarios). Asimismo, alega errónea aplicación de los artículos 214, 215, 216 y 220 bis de la Ley General de Aduanas (número 7557 de 20 de octubre de 1995). Señala que la absolutoria decretada por el Tribunal de Apelación de Sentencia, proviene de la concepción equivocada de que en este asunto, por razones de especialidad, el delito de base que exige la normativa para que se configure la legitimación de capitales, corresponde a la Ley General de Aduanas, y no al Código de Normas y Procedimientos Tributarios, número 4755, de 3 de mayo de 1971.

Para llegar a dicha conclusión, el ad quem valoró que los hechos imputados a Rodney Morrison en Estados Unidos configuraban a lo sumo el delito aduanero de contrabando, “…y de seguido equiparó – valga indicar, sin fundamento jurídico – esos impuestos evadidos, por Morrison a los impuestos nacionales que el Tribunal de alzada señaló genéricamente como “impuestos de importación o aduanales”…” (f. 1268). Los hechos delictivos precedentes, consistían en la venta indiscriminada de cigarrillos que se encontraban exentos de impuestos, en razón de que solo podían ser vendidos a personas indígenas, dentro de una reserva de la etnia Unkechaug en Nueva York. Como razones para sustentar que no nos encontramos ante un delito contemplado en nuestra Ley General de Aduanas, sino ante un delito fiscal, la recurrente enumera los siguientes elementos:

  • 1)Ni en la acusación, ni en los hechos probados se indica que en las actividades por las que se inculpa a Morrison, se haya dado la intervención del Servicio de Aduanas de los Estados Unidos, o alguna actividad de control que correspondiera a la aduana de ingreso.
  • 2)No se hizo mención de conceptos propios del Derecho Aduanero, como guías, "bill of landing", o cartas de porte. Tampoco intervienen las personas físicas o jurídicas del contrato de transporte de mercancía importada, ni se habla de falsas declaraciones de valor.
  • 3)Se hizo una lectura parcial de los elementos normativos del tipo penal previsto en el numeral 92 del Código de Normas y Procedimientos Tributarios, pues analiza únicamente el monto que debía alcanzar la cuota tributaria defraudada, pero no se explora la modalidad consistente en hacer uso fraudulento de una exención, en perjuicio de la Hacienda Pública. Indica que para efectos de la exención no es exigible la determinación de la cuota fiscal dejada de pagar por período fiscal, pues “…al tratarse de un uso fraudulento de una exención, según la cual ni siquiera era posible el nacimiento de obligaciones tributarias y menos aún que fuera contabilizable en “cuotas anuales”…” (f. 1271). Continúa razonando la licenciada Sarkis Fernández, que se logró acreditar como hecho precedente, que Rodney Morrison, hermano de Howden Pascall, fue hallado culpable en los Estados Unidos, de hacer uso indebido de una exención concedida por el gobierno de los Estados Unidos a los habitantes de la reserva indígena de Poospatuck, para adquirir y vender cigarillos de tabaco libres del pago de impuestos, pues se determinó que Morrison – aprovechando la condición de “indígena” de su esposa – vendía cigarrillos en grandes cantidades a personas que no habitaban ni pertenecían a dicha reserva. Quedó también probado que como resultado de dicho negocio ilegal, Morrison logró ganancias que alcanzaron varios millones de dólares. De interés resulta el hecho probado número ocho de la sentencia, según el cual, Morrison envío cuantiosas sumas de dinero producto de sus actividades ilícitas a Howden Pascall, determinándose que entre los años 2002 y 2004, este último recibió de parte del primero, más de dieciséis millones de dólares. Lo anterior, a juicio de la recurrente, “…aleja cualquier duda sobre la cuantía del perjuicio al Fisco (estadounidense) que por mucho supera el umbral de punibilidad de los doscientos salarios base, que en ese entonces estaba tipificado en el artículo 92 del CNPT y que hoy, está en quinientos salarios base…” (fs. 1273-1274). Con base en lo anterior, la impugnante solicita que dentro del examen de doble incriminación se recalifiquen como delito grave, los hechos previos al delito de legitimación de capitales, por adecuarse a lo que establece el numeral 92 del Código de Normas y Procedimientos Tributarios. Quinto motivo de la impugnación interpuesta por la Fiscalía: Errónea aplicación de la ley sustantiva, en particular, de los artículos 69 de la Ley 7786 de 30 de abril de 1998 y del artículo 92 del Código de Normas y Procedimientos Tributarios: Ahondando en las razones señaladas en el primer motivo de casación, la licenciada Sarkis Fernández alega que de manera errónea, el Tribunal de Apelación de Sentencia consideró que “…para que se pudiera considerar que el delito precedente era grave, era necesario que se estableciera el monto de la cuota tributaria dejada de pagar cada año en Los (sic) Estados Unidos de América…” (f. 1312). Tal aseveración la realiza al argumentar que, aún y cuando se admitiera que el delito precedente encuadra en el numeral 92 del Código de Normas y Procedimientos Tributarios, en la especie no se aportó prueba que permita esclarecer a cuánto ascendió la evasión de impuestos por cada año fiscal. Esto, porque uno de los elementos objetivos del delito previsto en el mencionado artículo 92, consiste en que la cuota dejada de pagar en cada período fiscal, supere los doscientos salarios base. Para el Ministerio Público, tal exigencia responde a una interpretación equivocada del principio de doble incriminación, pues lo que requiere el numeral 69 de la Ley 7786 y sus posteriores reformas, para que se configure la legitimación de capitales, es que los aspectos medulares de la imputación sean iguales en ambas legislaciones. Agrega que: “…Es de considerar, que al momento en que se trasfirió el dinero a Costa Rica por parte de Morrison, la Fiscalía de Nueva York no le estaba imputando a Morrison únicamente una evasión fiscal pura y simple, sino que se le atribuía haber cometido asesinato por encargo, asalto, secuestro hurto, robo, extorsión y evasión fiscal precisamente para monopolizar e incrementar las ganancias de la venta ilegal de cigarrillos a través de Peace Pipe Smoke Shop. Esta bolsa de delitos constituyen todos delitos graves tanto en los Estados Unidos como en Costa Rica (tan solo el asalto, el homicidio y la utilización ilegítima de exenciones fiscales tienen en nuestro país penas superiores a los cinco años), y al momento en que se dio la acción de encubrimiento todavía estaban en investigación, lo que hace que se cumpla perfectamente la doble incriminación…” (f. 1315). Aduce además la recurrente que la totalidad de las ganancias generadas por "Peace Pipe Smoke Shop" tienen un origen ilícito, al ser considerada esta como una empresa RICO (siglas en inglés para Ley sobre organizaciones influidas por la extorsión y la corrupción). Así las cosas, es innecesario diferenciar cuáles ganancias obtenidas por dicha empresa son “legítimas” y cuáles “ilícitas”, ya que por su origen, según la legislación estadounidense, todos los ingresos que generó son ilícitos, por lo que posee dicho carácter también, la totalidad del dinero enviado a Howden Pascall por su hermano, desde los Estados Unidos.

III.Por las razones que se dirán, los motivos primero y quinto de la casación incoada se declaran sin lugar: Debido a la estrecha relación de los aspectos debatidos, se conocen de manera conjunta los motivos primero y quinto del recurso. Los hechos de interés en esta causa, que se atribuyen a Howden Pascall, ocurrieron entre los años 2000 y 2007. La conducta ilícita precedente, corresponde a una condena penal efectuada por los tribunales estadounidenses, al hermano del aquí imputado. Estos últimos hechos base o “precedentes”, habrían ocurrido entre 1999 y 2004, de conformidad con el fallo de la Corte de Apelaciones para el Segundo Circuito de los Estados Unidos. Como bien razona el Tribunal de Apelación de Sentencia, una circunstancia esencial a tomar en consideración, es que antes del 10 de enero de 2002, en nuestro país, únicamente se sancionaba penalmente a quien legitimara capitales provenientes de la actividad de narcotráfico, por lo que toda acción tendente a ocultar el origen, trasladar o convertir valores provenientes de delitos de cualquier otra naturaleza, resultaba atípica.

En este sentido, la Ley número 7786 de 30 de abril de 1998, denominada “Ley sobre estupefacientes, sustancias psicotrópicas, drogas de uso no autorizado y actividades conexas”, regulaba en el artículo 72: “…Será sancionado con pena de prisión de ocho a veinte años quien: a) Convierta, transfiera o transporte bienes de interés económico que procedan, directa o indirectamente, del tráfico ilícito de estupefacientes, sustancias psicotrópicas o delitos conexos, con objeto de ocultar o encubrir su origen ilícito, o de ayudar, mediante tal conversión, transporte o transferencia, a cualquier persona que haya participado en la comisión de uno de esos delitos a eludir las consecuencias jurídicas de sus actos. b) Oculte o encubra la naturaleza, el origen, la ubicación, el destino, el movimiento o la propiedad verdadera de recursos, bienes o derechos a ellos relativos, con conocimiento de que proceden directa o indirectamente del tráfico ilícito de estupefacientes, sustancias psicotrópicas o delitos conexos.

La pena será de diez a veinte años cuando los hechos anteriores sean cometidos por empleados, funcionarios, directores, propietarios u otros representantes autorizados de las instituciones financieras…” (el subrayado es suplido). Es a partir de la reforma integral a la Ley de Psicotrópicos, número 8204, de 26 de diciembre de 2001 (vigente a partir de su publicación, el 11 de enero de 2002), que la redacción de tipo penal varió sustancialmente, para incluir la legitimación de capitales “que provienen, directa o indirectamente, de un delito grave”, con lo que se elimina la restricción anterior según la cual únicamente era posible legitimar capitales derivados del tráfico ilícito de drogas. Es así que a partir de enero de 2002, la redacción del tipo penal de interés es la siguiente: “…Será sancionado con prisión de ocho a veinte años: a) Quien adquiera, convierta o transmita bienes de interés económico, sabiendo que estos se originan en un delito grave, o realice cualquier otro acto para ocultar o encubrir el origen ilícito o para ayudar, a la persona que haya participado en las infracciones, a eludir las consecuencias legales de sus actos. b) Quien oculte o encubra la verdadera naturaleza, el origen, la ubicación, el destino, el movimiento o los derechos sobre los bienes o la propiedad de estos, a sabiendas de que proceden, directa o indirectamente, de un delito grave.

La pena será de diez a veinte años de prisión cuando los bienes de interés económico se originen en alguno de los delitos relacionados con el tráfico ilícito de estupefacientes, sustancias psicotrópicas, legitimación de capitales, desvío de precursores o sustancias químicas esenciales y delitos conexos…” (ley número 8204, de 26 de diciembre de 2001, vigente a partir del 11 de enero de 2002. El resaltado es suplido). Definido el marco normativo bajo el cual debe juzgarse la conducta atribuida a Howden Pascall, es menester analizar el hecho delictivo previo que exige el tipo penal de legitimación de capitales. Este análisis tiene una importancia crucial, como se analizará posteriormente, pues debe definirse si el dinero recibido en el país por el imputado, tiene su origen en un “delito grave”. Siguiendo la línea argumentativa del fallo de apelación, para ello deben dilucidarse varias situaciones.

Por un lado, debe tenerse claro si, para establecer el delito precedente, se puede hacer remisión a los cargos que la Fiscalía estadounidense acusó a Rodney Morrison, hermano de Howden Pascall, o si por el contrario, es menester estarse a las conductas delictivas por las que se le encontró responsable en el extranjero. Debido a que este asunto se diferencia del grueso de las causas de legitimación de capitales, el que existe un juzgamiento previo de Morrison en Estados Unidos, no puede concluirse otra cosa que el respeto y apego a la comprobación de hechos, realizado en el seno del proceso criminal desarrollado en la jurisdicción extrajera. No podría ser de otra forma, porque lo contrario implicaría la transgresión del principio de non bis in idem, ya que Morrison fue juzgado en otro país por los mismos hechos que interesan aquí para establecer el hecho delictivo precedente, y la prueba concerniente a dicho proceso penal en los Estados Unidos, es precisamente el sustento probatorio utilizado por el Ministerio Público, a fin de acreditar ese extremo.

De la prueba documental que se aporta, debidamente diligenciada a través del procedimiento de asistencia penal internacional, se tiene que Morrison fue acusado de los delitos de robo, homicidio, secuestro, portación de armas, incendio y evasión de impuestos, sin esclarecerse en la pieza acusatoria nacional, por cuáles ilícitos se le condenó, pues para ese momento únicamente se contaba con una condena firme por el delito de posesión de armas ilícitas. Sin embargo a partir de la prueba documental debidamente incorporada al proceso, y en particular, la que se extrae de la asistencia judicial con Estados Unidos, es posible concluir que para el momento en que realizó el juicio por legitimación de capitales en esta causa, la situación judicial de Morrison era la siguiente: A) Contaba con condena firme materialmente, por el delito de tenencia de arma prohibida (ver f. 1192 vto. de la sentencia del ad quem, en el que se hace referencia al hecho probado número 7), y B) Se restableció en su contra la condena por el delito de evasión de impuestos de cigarrillos, dictada por un jurado en mayo de 2008.

Esta última condena, al momento de realizarse el debate, se encontraba firme en cuanto a la imputación de cargos, pero aún debía hacerse una nueva audiencia para la imposición de la pena. (fs. 1192 vto. -1193 fte.). C)“…sentencia absolutoria firme de Morrison por los delitos de extorsión, homicidio, incendio, etc…” (f. 1193 fte.). Con respecto a estos últimos ilícitos, es menester aclarar que, aunque se mencione los delitos de extorsión y otros como antecedentes fácticos en la sentencia, principalmente por referencia de la testigo Dianne Leonardo (f. 1195 fte. y vto.), dichas imputaciones no pueden ser utilizadas en nuestro país para establecer los hechos precedentes de la legitimación de capitales, pues el sindicado posee una absolutoria firme del jurado por dichos cargos, la cual se mantuvo, y el Ministerio Público no ha alegado que un yerro de la justicia estadounidense, al dictar dicha absolutoria.

Más bien las sentencias dictadas en la causa judicial contra Morrison en los Estados Unidos, se aportan como prueba sobre el delito precedente, y en tal razón a ella debemos atenernos en dicho extremo. Aunque el sistema norteamericano permita al juez considerar ciertas conductas por las que absolvió el jurado, a la hora de fijar la pena, tal situación se encuentra prohibida en nuestro ordenamiento jurídico, en razón de lo que establece el primer párrafo del artículo 39 de nuestra Constitución Política: “…A nadie se hará sufrir pena sino por delito, cuasidelito o falta, sancionados por ley anterior y en virtud de sentencia firme dictada por autoridad competente, previa oportunidad concedida al indiciado para ejercitar su defensa y mediante la necesaria demostración de culpabilidad…” (el subrayado es suplido). La misma garantía se encuentra prevista en el numeral 8.4 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

Proceder en contrario, implicaría, por lo tanto, desconocer el principio de cosa juzgada (el ad quem remite, en este punto, al folio 904 del legajo de prueba número 3, aportado por la defensa, cuya traducción oficial consta a folio 113). Por supuesto que, acorde con los precedentes de esta Sala, la existencia de una sentencia que señale a alguien como responsable del delito previo, no es un requisito ineludible para que se configure la legitimación de capitales. En múltiples oportunidades, se ha señalado que el origen delictivo de los recursos puede acreditarse dentro del mismo proceso seguido para la legitimación, a través de prueba indiciaria. Pero este asunto se diferencia del grueso de las causas, porque se siguió un proceso judicial y se dictó sentencia, la que el propio ente fiscal aporta como prueba sobre el hecho precedente, y por, ello, debemos atenernos a ella sobre los hechos puntuales por los que Morrison fue condenado en dicho país.

En virtud de lo expuesto, únicamente debe partirse del hecho de que Rodney Morrison fue condenado por un delito de tenencia de arma y otro de contrabando, siendo que la imposición de la pena para esta última conducta, se encontraba pendiente al momento de realizarse el debate. La condena por el delito de tenencia de arma no tiene importancia, pues para que se configure la legitimación de capitales, no basta con la mera existencia de un hecho delictivo previo, sino que se debe demostrar que el dinero tiene su origen en ese delito. Tal nexo no existe entre el dinero cuestionado y el cargo de tenencia de arma. Sobre el hecho precedente de contrabando, por el que resultó condenado Rodney Morrison, y su calificación jurídica para efectos de la determinación del delito precedente: Queda por impuestos (punto B, de las imputaciones detalladas arriba), a fin de determinar si se trata de alguno de los delitos contemplados en los numerales 211 a 216 de la Ley General de Aduanas (número 7559 de 20 de octubre de 1995, según su redacción antes de la entrada en vigencia de la Ley 8373 de 18 de agosto de 2003), o si se trata del ilícito previsto en el numeral 92 del Código de Normas y Procedimientos Tributarios (Ley 4755 de 3 de mayo de 1971).

Para efectos de delimitar los alcances de la condena, el Tribunal de Apelación de Sentencia remite al pronunciamiento del jurado de 2008, el cual fue restablecido mediante sentencia de la Corte de Apelación del Segundo Circuito de los Estados Unidos, de julio de 2010, según consta en documentos de folios 672 a 726, del tomo II del expediente principal, admitida como prueba documental en el debate (ver punto 42 del f. 883). Aunque dicha remisión es correcta, pues pronunciamiento de la Corte norteamericana es el punto de partida para dilucidar la conducta delictiva precedente, la sentencia de apelación menciona la norma que, en la legislación de los Estados Unidos, sanciona la conducta acreditada a Morrison (el equivalente al tipo penal en nuestro ordenamiento jurídico), cuando en realidad dicho dato lo que permite dilucidar es que la conducta en cuestión es delito también en los Estados Unidos.

Pero para efectos de establecer si la conducta es delito y su calificación en Costa Rica, debemos atenernos no al nomen iuris, sino a la conducta puntual que tuvo por demostrada jurado. En este orden de ideas, partimos de que, efectivamente, la norma estadounidense aplicable a Morrison por el cargo que aquí interesa, consiste en “…la tenencia ilegal, -es decir, sin pago previo de impuestos- de cigarrillos, en Estado Unidos…”, lo cual constituye en Estados Unidos, un delito sancionado con hasta veinte años de prisión (fallo de apelación de sentencia, f. 1144 vto.). Pero, para los efectos que aquí interesan, el cuadro fáctico que reinstaló el fallo dictado por la Corte de Apelaciones estadounidense, es el siguiente: “…Morrison era socio gerente de Peace Pipe Smoke Shop, la cual vendía cigarrillos en al Reserva Unkechauge Indian Nation`s Poospatuck Indian Reservation, en Mastic, Nueva York.

Los ingresos de Peace Pipe se originan principalmente de la venta de cigarrillos libres de impuestos. Morrison publicitó su negocio de venta de cigarrillos por toda la ciudad de Nueva York. Morrison vendió algunos de los cigarrillos libres de impuesto en el mostrador de Peace Pipe o a través de Internet, así como él también realizó grandes transacciones al por mayor frecuentemente con individuos a quienes él llamó “Grandes Clientes”. Estas ventas usualmente involucraron cantidades de cigarrillos superiores a los 60.000. En total, los ingresos de las ventas a Grandes Clientes desde el año de 1999 hasta el año 2004 sumaron más de $138 millones. Los empleados de Peace Pipe usualmente entregaban cigarrillos a Grandes Clientes en grandes bolsas negras de plástico para ocultar los artículos. Los libros de contabilidad en los cuales Morrison registraba las ventas de Peace Pipe, hacían referencia a sus Grandes Clientes solo por medio de seudónimos.

Al menos algunos de los Grandes Clientes de Morrison revendían los cigarrillos que ellos compraban en Peace Pipe en lugares fuera de la reserva y Morrison tenía conocimiento de lo que estaban haciendo…” (“la conducta del delito”, traducción oficial del fallo de la Corte de Apelación estadounidense, f. 706, tomo II del expediente). Tal cuadro fáctico, fue reiterado por los jueces de la Corte de Apelaciones extranjera, al señalar: “…las acciones de Morrison fueron mucho más allá de éste tipo de conducta que pudiese ubicarse en alguna área de ambigüedad. Él participó en un negocio sustancial de ventas al por mayor, con unos 50 000 “Grandes Clientes” que, en forma conjunta, compraron más de $138 millones en cigarrillos desde 1999 hasta 2004. El alentó estas ventas mediante la distribución de volantes en la ciudad de Nueva York. Durante todo este tiempo, él sabía que, al menos algunos de sus “Grandes Clientes” estaban revendiendo los cigarrillos fuera de la reserva…” (cfr. f. 722).

De la declaración de la fiscal Dianne Leonardo, la cual fue ponderada por los jueces de apelación, resulta claro que al momento del juicio por el delito de legitimación de capitales, estaba pendiente de dictarse la nueva “sentencia” (en realidad se trata de la imposición de la pena por parte del juez) por los cargos restituidos en contra de Morrison. En las palabras de la testigo, citada por los jueces de apelación: “…en julio de este año la Corte de Apelación anulo (sic) el veredicto del Juez Hurley y la decisión se obtiene en el mes de julio de 2012, se reinstauraron los cargos que se le hacen en el contrabando, todavía no se le ha dado una sentencia nueva, pero él va recibir esta sentencia en los hechos de contrabando, esta decisión del juez establece a Morrison como culpable del delito de contrabando, esta decisión confirmo (sic) la decisión del jurado, no hay un juicio nuevo simplemente se reinstala lo que el jurado estableció en mayo del 2008, todavía no se ha hecho la sentencia…” (ver transcripción del testimonio de Dianne Leonardo, en fallo de apelación de sentencia, f. 1195 fte.).

Por ello, aunque el fallo de apelación estima que no existe sentencia condenatoria firme del hecho precedente, debemos disentir de tal conclusión, pues conforme al fallo dictado por la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito, que se acaba de citar, y la declaración de la testigo Leonardo, la determinación de la existencia de una conducta típica, antijurídica y culpable se encontraba firme al momento del dictado de la sentencia en esta causa, y restaba por determinar únicamente, la sanción que corresponde a dicha declaratoria de culpabilidad. En relación con los cargos de tenencia y venta ilícita de cigarrillos, y su correcta calificación jurídica en el país, razona el ad quem lo siguiente: “…no se le imputa (solo) el haber vendido cigarrillos y no tributar sobre las ventas , sino el haber obtenido los embarques de cigarrillos sin tener el sello (anterior a esas ventas) de que, a su vez, los distribuidores habían pagado los impuestos previos.

Eso significa que, para la doble incriminación, no estamos hablando de lo que en nuestro sistema sería una evasión del impuesto sobre ventas, sino de la entrada en posesión del objeto, sin el pago, previo a la venta ulterior, de tributos. Es el equivalente, en nuestro medio, a los impuestos de importación o aduanales. Esa conducta está prevista, en Costa Rica, en una ley especial que, entonces, predomina sobre aquella normativa general, aunque concurran con otras transgresiones fiscales referentes al impuesto de ventas. Se trata de la Ley General de Aduanas Nº 7557 del 20 de octubre de 1995 (publicada en La Gaceta 212 del 08 de noviembre de 1995 y vigente para la fecha de los hechos acusados) que establece: "ARTICULO 1.- Ámbito de aplicación. La presente ley regula las entradas y las salidas, del territorio nacional, de mercancías, vehículos y unidades de transporte; también el despacho aduanero y los hechos y actos que deriven de él o de las entradas y salidas, de conformidad con las normas comunitarias e internacionales, cuya aplicación esté a cargo del Servicio Nacional de Aduanas" (las negritas se suplen) agregando el numeral 223: "Relación con delitos tipificados en otras normas tributarias.

Si las conductas tipificadas en esta ley configuran también un delito o una contravención establecidos en la legislación tributaria, se aplicarán las disposiciones especiales de la presente ley siempre que esas conductas se relacionen con el incumplimiento de obligaciones tributarias aduaneras o los deberes frente a la autoridad aduanera" (el destacado es externo). Esta normativa estableció delitos aduanales : en un primer momento, desde su vigencia en 1995 y hasta el año 2003 y luego desde esa data, en que se produjo una reforma y hasta la fecha . Como al aquí encartado se le atribuyó, indebidamente, haber recibido dineros de su hermano, desde el año 2002 , lo que ya se dijo que es una conducta atípica al surgir el capital de presuntos delitos ajenos al narcotráfico, hay que tener en cuenta, otra vez, los cambios legislativos operados en la legislación aduanal. Así, en el 2002 y hasta el 2003 resultaba aplicable la Ley General de Aduanas original y a partir de esta fecha y hasta el 2007 (en que se cierra el ciclo de los hechos acusados) regiría la normativa hoy vigente…” (fallo de apelación de sentencia, fs. 1199 vto. a 1200).

En este punto es menester realizar una aclaración, y es que por lo diverso del sistema de recaudación de impuestos en Costa Rica y Estados Unidos, sumado a que el segundo contiene legislación estatal y federal en cuanto al tema de los impuestos, no existen paralelismos absolutos, a la hora de comparar el sistema de recaudación de impuestos norteamericano, y el nuestro. Esta es una especificidad de la causa bajo examen, que torna aún más compleja la determinación de si nos encontramos ante uno de los delitos previstos en la Ley General de Aduanas, o en el Código de Normas y Procedimientos Tributarios. En el sistema de recaudación de impuestos costarricense, existe una clara diferencia entre los impuestos que se cobran para “nacionalizar” la mercancía, es decir, los impuestos aduanales o aranceles de importación, y las obligaciones tributarias que pueden surgir con posterioridad a dicha recaudación, cuando ya se posee legalmente el bien en el país.

Los primeros se encuentran regulados en la Ley General de Aduanas, y los segundos, en el Código de Normas y Procedimientos Tributarios. En el sistema estadounidense, para los efectos que interesan, la posesión legal de cigarrillos que superen las 360.000 unidades (para el momento de comisión del hecho precedente), implicaba el pago previo de una tarifa que se reputa de antemano como impuesto de ventas, y que el vendedor recupera posteriormente al cargarlo al cliente final. Tal pago se acredita con la colocación de un sello en cada cajetilla de cigarrillos. Por ello, el delito que se atribuyó en este caso a Morrison, resulta ser un híbrido entre nuestros aranceles aduaneros (establecidos para legalizar la tenencia de determinados bienes en el país), y el impuesto de ventas. Nos encontramos así, ante un concurso aparente de normas, pero la disyuntiva sobre cuál norma aplicar, la resuelve nuestra ley sustantiva, en el numeral 23 del Código Penal.

Indica dicha norma: “…Cuando una misma conducta esté descrita en varias disposiciones legales que se excluyan entre sí, sólo se aplicará una de ellas, así: la norma especial prevalece sobre la general, la que contiene íntegramente a otra se prefiere a ésta y aquella que al ley no haya subordinado expresa o tácitamente a otra, se aplica en vez de la accesoria…” El Derecho aduanero, es una subespecialidad del Derecho Tributario, por lo que se cumple la regla de la especialidad, prevista para definir conflictos aparentes de normas. Además, de forma expresa el propio Código de Normas y Procedimientos Tributarios, subordina su aplicación a lo que no resulte contemplado por la Ley General de Aduanas. En este sentido, dispone el artículo primero del Código de Normas y Procedimientos Tributarios: “…Las disposiciones de este Código son aplicables a todos los tributos y las relaciones jurídicas derivadas de ellos, excepto lo regulado por la legislación especial (…) las disposiciones del presente Código son de aplicación supletoria, en defecto de norma expresa…” (redacción según ley número 7900 del 3 de agosto de 1999).

Como se adelantó, la legislación aduanera es una rama especializada de Derecho Tributario, que se ocupa de la regularización de la mercadería en el país (su entrada, permanencia y salida). Sin el cumplimiento de dichas normas “de entrada” al mercado nacional, los bienes no podrían estar sujetos al comercio de forma legal. Esta es una distinción importante, que permite establecer que el hecho previo a la legitimación, según nuestro ordenamiento jurídico, es un delito aduanero y no un delito tributario en general. La legislación uruguaya, al igual que en el caso de Costa Rica, se caracteriza por contener normas tributarias generales y aduaneras, de igual rango, que parecen superponerse en cuanto prohíben conductas de evasión fiscal, pero ante tal situación, igual que ocurre en nuestro país, se hace primar el principio de especialidad: “…el delito de contrabando de por sí contiene a la defraudación en su tipo penal objetivo (…).

Nuestro régimen represivo aduanero comprende las dos conductas, siendo bipartito: contrabando y defraudación. La superposición de ambos reproches implica una hipótesis de bis in idem. Por principio de especificidad —en todo caso— correspondería dilucidar si ha existido delito de contrabando, pero no la defraudación tributaria, que está ya abarcada por el contrabando. Son tipos penales que se excluyen recíprocamente y no un concurso entre varias calificaciones delictuales que se aplican a una misma conducta. Se ha de resolver cuál es la alternativa sin adicionarse unas a otras (contrabando o defraudación tributaria), ya que —como enseña GONZÁLEZ — el Derecho aduanero es un conjunto de normas jurídicas que tiene individualidad dentro del Derecho fiscal. Esa individualidad se distingue por sus fundamentos y métodos, además de otros supuestos de fondo y procesales que también lo diferencian…” (ALLEN, Germán: “La superposición de los tipos penales de contrabando y defraudación tributaria en la ley uruguaya”, Publicado en Tribuna del Abogado, n.º 180, Colegio de Abogados del Uruguay, Montevideo, octubre/diciembre de 2012, pp. 15-17).

Retornando al caso bajo examen, se determinó que Rodney Morrison puso a la venta cigarrillos que no eran aptos para el comercio, pues no se había cancelado previamente el impuesto establecido para legitimar su venta en el estado de Nueva York. Se trataba entonces de bienes fuera del comercio, pues se incumplió el requisito fijado para que la mera tenencia de dicho bien por parte de los particulares, en el Estado de Nueva York, fuese legítima. Definida la legislación nacional aplicable a la conducta por la que se encontró responsable a Morrison, corresponde ahondar en cuanto a la penalidad aplicable al delito aduanero específico en el que califican los hechos, según el momento de la comisión de los hechos. La Ley General de Aduanas, número 7557 de 20 de octubre de 1995, en su versión vigente hasta el 4 de marzo de 2004, disponía en el numeral 214, el delito básico de defraudación fiscal aduanera: "…Artículo 214.- Delito básico.

Será penado con prisión de uno a tres años y multa equivalente a dos veces el monto de los tributos dejados de percibir, con sus intereses y recargos, quien, mediante simulación, maniobra o cualquier otra forma de engaño, eluda o evada total o parcialmente el pago de la obligación tributaria aduanera, siempre que el valor aduanero de las mercancías supere los cinco mil pesos centroamericanos…”. Los casos específicos se encontraban previstos en el numeral 215 ejúsdem: “…Casos específicos de defraudación fiscal aduanera. Incurrirá en las penas señaladas en el artículo anterior, siempre que el valor aduanero de las mercancías supere los cinco mil pesos centroamericanos: a) Quien, sin autorización del órgano competente, dé un fin distinto del dispuesto en la norma autorizante, a mercancías beneficiadas con exención o franquicia o que hayan ingresado libres de tributos. b) Quien, utilizando o declarando información falsa, solicite u obtenga un tratamiento aduanero preferencial. c) Quien, utilizando o declarando información falsa, justifique el cumplimiento de sus deberes, obligaciones o requisitos en su condición de beneficiario o usuario de un régimen o modalidad aduanera, para solicitar u obtener un tratamiento aduanero preferencial. d) Quien, simule, total o parcialmente, una operación de exportación o importación de mercancías o altere la descripción de algunas, con el fin de obtener en forma ilícita un incentivo de carácter aduanero o un beneficio económico. e) El funcionario, el empleado público o el funcionario de la fe pública, que falsamente certifique o haga constar que se satisfizo total o parcialmente un tributo…” Finalmente, las agravantes se encontraban reguladas en el numeral 216 de la misma Ley: “…

Agravantes. La pena será de tres a cinco años y la multa equivalente a tres veces el monto de los tributos dejados de percibir, con sus intereses y recargos, cuando, en alguno de los dos artículos anteriores concurra alguna de las siguientes circunstancias: a) Intervengan en el hecho tres o más personas, en calidad de autoras. b) Intervenga en calidad de autor, instigador o cómplice, un funcionario público en ejercicio de sus funciones, con ocasión de ellas o con abuso de su cargo…" (el resaltado es suplido). Los jueces de apelación hacen ver, de manera acertada, que es la modalidad simple de comisión de los tipos penales previstos en la Ley General de Aduanas, la que resulta aplicable a la conducta atribuida en los Estados Unidos a Rodney Morrison. Los “hechos del delito”, se atribuyen a Morrison de forma individual, y no en coautoría. Si bien es cierto, el 5 de marzo de 2004, entró en vigencia la Ley número 8373 de 18 de agosto de 2003, la cual modificó los tipos penales de interés, estableciendo para el delito de defraudación aduanera simple, penalidades mayores, que en algunos supuestos específicos superan los cuatro años de prisión, dicha normativa no resulta aplicable a los hechos que motivaron la condena de Morrison, de los cuales debemos partir.

Es así que, aún si partimos de la firmeza material del pronunciamiento vertido por la Corte de Apelaciones estadounidense, el marco fáctico por el que se juzgó a Rodney Morrison se ubica temporalmente “desde el año de 1999 hasta el año 2004” (cfr. f. 706). Además, la pieza requisitoria a la que debemos atenernos para todos los efectos en esta causa, en función del principio de correlación entre acusación y sentencia, es la acusación nacional, con base en la cual se realizó el juicio. Esta última, ubica el delito precedente “…entre el año 1996 y 2004…” (ver f. 835), y de conformidad con tal delimitación, se establece en el marco fáctico probado que la ejecución de los hechos delictivos previos, se da “:..Entre los años 1996 y 2004…” (f. 846), sin especificación de fechas. De este encuadramiento temporal debemos partir, entonces, para efectuar el análisis de doble incriminación. En situaciones como ésta, en la que no se definen meses o partes del año aproximadas, y existen reformas legislativas en el período de interés, que obligan a tomar partido sobre la normativa aplicable, esta Sala ha mantenido una posición consistente según la cual, debe estarse a la interpretación más beneficiosa para el inculpado.

Partiendo de los rangos de sanciones, la legislación más beneficiosa resulta ser, sin duda, la Ley número 7557 de 20 de octubre de 1995, y no la Ley número 8373 de 18 de agosto de 2003 (vigente a partir del 5 de marzo de 2004). De todo lo dicho hasta ahora se obtiene, que el hecho precedente en esta causa, corresponde al delito de defraudación fiscal aduanera, en su modalidad simple, y para mayor precisión, se trata del tipo penal recogido en el artículo 215 inciso a) (en relación con el numeral 214) de la Ley General de Aduanas, en su redacción conforme a la Ley 7557 de 20 de octubre de 1995. Nos encontramos en este caso, precisamente, ante el aprovechamiento indebido de una exención fiscal establecida para regularizar la tenencia de los cigarrillos, según la legislación vigente en el estado de Nueva York. Por muy respetable que resulte el criterio jurídico a partir del cual, el Tribunal de Juicio estimó que los hechos precedentes los sancionaba nuestro ordenamiento a través del numeral 92 del Código de Normas y Procedimientos Tributarios, no es esa la interpretación que avala esta Sala. En virtud de lo expuesto, se declaran sin lugar los motivos primero y quinto de la impugnación presentada por la representante del Ministerio Público.

III.Segundo motivo del recurso de casación interpuesto por la licenciada Sarkis Fernández: Errónea aplicación de la ley sustantiva: Errónea aplicación de los numerales 14 y 30 del Código Civil, lo que conlleva errónea aplicación del artículo 1º de la Ley de Psicotrópicos, número 7786 de 30 de abril de 1998. Hace ver la licenciada Sarkis Fernández, que el ad quem dispone la necesidad de probar la existencia de las leyes extranjeras con base en las cuales fue condenado Rodney Morrison a efecto de acreditar el hecho precedente, de acuerdo con lo que estipula el artículo 30 del Código Civil. Con ello, desconoce el principio de libertad probatoria que rige en sede penal. Señala la recurrente que “…para demostrar la existencia de legislación extranjera, como en el caso particular, no se debe acudir al artículo 30 del Código Civil (…) sino, en primer lugar, a las reglas generales previstas en el propio Código Procesal Penal para traer prueba del extranjero y, en segundo lugar, y no menos importante, a los Tratados de asistencia judicial recíproca entre Naciones como lo es la Convención de las Naciones Unidas contra la delincuencia Organizada Trasnacional (conocida como Convención de Palermo)…” (f. 1277).

Refiere que fue utilizando la asistencia penal internacional, que se incorporó a este proceso prueba documental que “…corrobora la existencia de la legislación penal y del proceso llevado a cabo contra Rodney Morrison en los Estados Unidos, así como los cargos por los que fue acusado y por los que fue sentenciado…” (ibid). Añade que otro de los requisitos echados de menos por el Tribunal de Apelación de Sentencia, con miras al principio de doble incriminación, es la acreditación del extremo mínimo de la pena correspondiente al delito en el sistema anglosajón. Sobre tal aspecto refiere la recurrente que de la lectura del 18 USC 1963 RICO, que es el cargo por el cual resultó condenado Morrison, “…se denota que la ley estadounidense, no refiere un extremo mínimo para este tipo de delincuencia, sino que únicamente delimita el extremo máximo de 20 años de prisión, por lo cual el Tribunal de Apelaciones (…) pretende un imposible, pues al no contar el tipo penal anglosajón con un extremo mínimo de este delito, se llega al absurdo de exigir que el Tribunal de Juicio lo hubiera establecido como si un tribunal de justicia costarricense tuviera la potestad legislativa que corresponde a otro Estado…” (f. 1280).

Propone la fiscal, que para establecer cuándo un delito debe considerarse como “grave”, se debe acudir a la interpretación teleológica “…que integre cual (sic) es el sentido de la legislación nacional e internacional contra el blanqueo de capitales y la lucha contra el crimen organizado, así como la pena abstracta que se puede imponer al que comete el delito determinante y, finalmente (…) la dañosidad social de la conducta…”. El motivo se declara parcialmente con lugar, pese a lo cual, no varían las conclusiones del a quo en cuanto a la atipicidad del delito: Debe otorgarse razón al Ministerio Público, en cuanto a que el principio de libertad probatoria, permite acreditar la existencia y contenido de normativa internacional, a través de cualquier medio legítimo y en este caso, debe tenerse como fuente probatoria legal y debidamente incorporada al proceso, la asistencia legal tramitada por el ente acusador con los Estados Unidos.

Proviene de dicha asistencia judicial, la sentencia de la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de dicha nación que, de hecho, ha reconocido esta Sala en el considerando anterior, que constituye prueba válida a fin de delimitar la conducta por la cual se encontró culpable a Rodney Morrison. No obstante, esta concesión al argumento de la Fiscalía no tiene el efecto que la parte le asigna, pues aún partiendo de dicha incorporación probatoria, como se verá, debemos concluir que en la especie no se configuró un “delito grave”, pues a la par del principio de libertad probatoria, deben respetarse también el principio de correlación entre acusación y sentencia. Partiendo de la redacción del delito de legitimación de capitales, vigente en el momento de los hechos que aquí interesan, los fondos que se convierten, transmiten u ocultan, deben provenir de un “delito grave” (Ley número 8204, publicada en La Gaceta número 8, de 11 de enero de 2002).

De ahí la importancia de establecer cuál es la norma que, en el momento de los hechos, definía el concepto de delito grave, y las implicaciones que ello tiene en cuanto al respeto del principio de doble imputación, que debe respetarse cuando el hecho precedente es cometido en el extranjero, tal y como ocurre en este caso. Como ya se dijo, el artículo 1º de la Ley 8204 de 11 de enero de 2002, definía delito grave como “la conducta que constituya un delito punible con una privación de libertad de cuatro años, como mínimo…”. La reforma posterior a la Ley de Psicotrópicos que elimina la referencia a “delito grave”, no entra en vigencia sino hasta el 16 de marzo de 2009, por lo que no es aplicable a estos hechos, en virtud de las normas que regulan la aplicación de la ley penal en el tiempo. Sin embargo, mediante Ley número 8302, de 12 de septiembre de 2002 – vigente a partir del 27 de junio de 2003 – se incorporó al ordenamiento jurídico costarricense, la “Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional”, mejor conocida como “Convención de Palermo”.

Dicho instrumento dispone en el artículo 2, inciso b): “…Por "delito grave" se entenderá la conducta que constituya un delito punible con una privación de libertad máxima de al menos cuatro años o con una pena más grave…”. Con arreglo de lo que dispone el artículo 7 de la Constitución Política, la Convención de Palermo se incorporó al bloque de legalidad a partir del 27 de junio de 2003 y así las cosas, al ser ley posterior, deroga parcialmente la definición de delito grave contenida en el numeral 1º de la Ley 8204 de 26 de diciembre de 2001, al menos para los casos para los cuales aplica dicha normativa internacional, según las definiciones que contiene el mismo instrumento. Pese a que los hechos demostrados en contra de Rodney Morrison, no pueden reputarse como delincuencia organizada, en razón de que en Estados Unidos se le condenó de forma individual, el referido instrumento extiende su ámbito de aplicación, a las actividades de blanqueo de capitales, según se extrae de la relación de lo que indica el artículo 3: a) y el artículo 6 ejúsdem.

Debido a que la ubicación temporal del delito precedente, para los efectos que aquí interesan, va del año 1999 al 2004 (sin definirse fechas, según la pieza acusatoria y los hechos probados), y la Convención de Palermo se incorpora al bloque de legalidad nacional desde junio de 2003, no es entendible la indicación que se hace en el fallo de Apelación de Sentencia, en cuanto a que dicho instrumento constituye una ley posterior “a la imputación” que no resulta más favorable a los intereses del inculpado y por lo tanto, es inaplicable por el principio de irretroactividad establecido en los numerales 11 y 12 del Código Penal, así como 34 constitucional (ver f. 1190 vto.). Más bien es clara la entrada en vigencia de dicha Convención, en el rango temporal durante el cual se tiene por perpetrado el delito precedente, pues dicho instrumento entró en vigencia el 27 de junio de 2003, y como dijimos, el rango temporal final que del que debe partirse para los hechos precedentes, es de 1999, al 2004.

No obstante, como se indicó en el considerando anterior, el tipo penal aplicable al hecho precedente, corresponde a una modalidad específica de defraudación fiscal, contemplada en el inciso a) del artículo 215 del Código Penal, en relación con el artículo 214, según su redacción vigente en la Ley 7557 de 20 de octubre de 1995. Las normas de interés son las siguientes: "…Artículo 214.- Delito básico. Será penado con prisión de uno a tres años y multa equivalente a dos veces el monto de los tributos dejados de percibir, con sus intereses y recargos, quien, mediante simulación, maniobra o cualquier otra forma de engaño, eluda o evada total o parcialmente el pago de la obligación tributaria aduanera, siempre que el valor aduanero de las mercancías supere los cinco mil pesos centroamericanos. Artículo 215: “…Casos específicos de defraudación fiscal aduanera. Incurrirá en las penas señaladas en el artículo anterior, siempre que el valor aduanero de las mercancías supere los cinco mil pesos centroamericanos: a) Quien, sin autorización del órgano competente, dé un fin distinto del dispuesto en la norma autorizante, a mercancías beneficiadas con exención o franquicia o que hayan ingresado libres de tributos…” (el subrayado es suplido).

De lo que se sigue que, aún y cuando a partir del 27 de enero de 2003 (aún dentro del rango temporal del hecho precedente), se considera como delito grave, cualquiera que se sancione con pena de prisión – en su extremo mínimo o máximo – dicha condición no se cumple en el caso de marras, pues la sanción máxima establecida para el delito precedente en la época de los hechos corresponde a tres años de prisión. No puede aceptarse la posición del Ministerio Público en cuanto a que es factible separarse de la definición de delito grave que contiene nuestra normativa, la cual como ya se indicó, utiliza como diferenciador, que el hecho sea punible con cuatro años de prisión o más. La sugerencia de acudir a criterios como el bien jurídico afectado, o el daño social causado, pueden resultar sometidas a la discusión parlamentaria, a efecto de generar reformas, pero en ningún caso el operador judicial, puede arrogarse competencias exclusivas del legislador.

Finalmente, queda por abordar el tema de la doble imputación, el cual resulta de obligada referencia cuando el hecho precedente es cometido en el extranjero. En observancia de dicho principio, debe verificarse que los hechos que sirven de base al delito precedente, están previstos como actividad delictiva, tanto en el país donde se cometió, como en el país donde se juzga la legitimación de capitales. Más allá de dicha verificación, esta Sala estima que resulta excesivo exigir que la conducta sea considerada delito “grave” tanto en la legislación nacional como en el extranjero, pues ello implicaría extender los parámetros del propio ordenamiento a otros sistemas jurisdiccionales que pueden contener parámetros de medición de la pena, muy distintos al nuestro. Piénsese por ejemplo en los sistemas que no disponen de sanciones mínimas, sino que regulan únicamente el monto máximo a imponer, o los que califican la gravedad de los delitos en atención al bien jurídico afectado.

Sobre este aspecto, debe concederse la existencia de debate en la doctrina, pero optamos por considerar que el principio de doble imputación se cumple, al constatar que la conducta que configura el delito precedente, es delito tanto en Costa Rica como en el extranjero. Para la calificación de “grave” debe estarse a la normativa nacional, siendo un exceso que el delito resulte grave tanto bajo los parámetros del ordenamiento jurídico costarricense, como en la legislación extranjera, pues con ello se obliga a estandarizar dos sistemas de medición de las penas que pueden no tener puntos de coincidencia. La legislación española es muy similar a la costarricense, en lo que respecta a los requisitos objetivos del delito de legitimación de capitales, así como en la evolución del tipo. Al analizarse en dicha legislación, los requerimientos del delito precedente y en específico, la exigencia de que los fondos legitimados procedan de “delito grave”, se ha dicho: “…cabría (…) interpretar, de forma más lógica, que para que exista el delito de blanqueo de capitales tipificado en el Código Penal español, es preciso que el delito subyacente se encuentre también sancionado penalmente en el lugar de realización del mismo; es el denominado principio de "doble incriminación", en virtud del cual el delito previo ha de ser punible tanto en el lugar de ejecución como en España.

Una de las cuestiones más interesantes que se plantean con relación a este tema, es el relativo a la calificación jurídica del delito subyacente cometido en el extranjero, es decir, si la misma debe hacerse con base en la normativa penal del país de comisión del delito o del país de realización del blanqueo. Y la cuestión resulta más difícil de resolver si la normativa del país donde se comete el blanqueo exige, como lo hacía hasta la LO 15/2003 el artículo 301 del CP que el delito del que procedencia de los bienes sea un delito grave, pues entonces surgiría la cuestión de, en caso de cometerse el delito en el extranjero, dónde habría de ser considerado grave el mismo, si en el territorio nacional donde se realiza y se juzga el blanqueo o en el lugar de comisión del delito, es decir, la determinación de la normativa con base en la cual ha de realizarse la calificación jurídica del delito previo cometido en el extranjero, si la calificación del delito –grave entonces– habría de hacerse de acuerdo con el derecho del lugar de comisión o de acuerdo con el derecho penal español.

Si se opta por la primera de las soluciones se produciría una extensión material del Derecho penal nacional, posibilidad que la mayoría de la doctrina rechaza, considerando mayoritariamente que la calificación del hecho previo ha de hacerse de acuerdo con la legislación nacional donde se cometió el delito de blanqueo de capitales...” (García López, S. (2006). “Blanqueo de capitales. Evolución del delito subyacente”. Recuperado de http://www.ief.es/ documentos/recursos/publicaciones/revistas/cuadernos_formacion/05_2008/Colab_05_08.pdf. El subrayado no corresponde al original). Según las anteriores apreciaciones, que prohíja esta Cámara, resulta excesivo exigir que la nación extranjera donde se cometió el delito precedente, contenga legislación similar a la costarricense en cuanto a qué se entiende por delito grave. Lo que resulta exigible, como ya se indicó, es demostrar una conexión concreta entre los fondos objeto de legitimación y el hecho precedente, y por supuesto, que la conducta en cuestión se encuentre prevista y sancionada como delito, en ambas legislaciones.

Por otro lado, no puede aceptarse la pretensión de la Fiscalía de separarse del criterio establecido por el legislador costarricense para definir qué se debe considerar como “delito grave”. Si en la Ley 8204 de 11 de enero de 2002, aplicable a los hechos que aquí se conocen por su momento de comisión, se define con claridad que delito grave es el que prevé como sanción la pena privativa de libertad de cuatro años “como mínimo”, es esta definición la que debe privar para los hechos que se cometen entre el 11 de enero de 2002 y el 26 de junio de 2003. A partir del 27 de junio de 2003, con la entrada en vigencia de la Ley número 8302 de 12 de septiembre de 2002, entra a regir la definición de “delito grave” de la Convención de Palermo, según la cual, basta que el delito contenga dentro de su rango de pena privativa de libertad, cuatro años, sin importar si se trata del extremo mínimo o el máximo.

Lo que sucede en el caso bajo examen, es que ni con la primera definición, ni con la segunda, los hechos alcanzan la caracterización de “graves”, pues como ya se indicó, el tipo penal aplicable según el momento de comisión del hecho precedente, es la Ley General de Aduanas de 1995, que disponía para la conducta sanciones privativas de libertad que iban de uno a tres años. Por todo lo expuesto, aunque debe darse razón a la representante fiscal en cuanto al principio de libertad probatoria y la posibilidad de extraer datos a partir de los documentos obtenidos mediante asistencia penal internacional, así como en cuanto a que los alcances del principio de doble imputación no deben llevar al extremo de exigir que la conducta del delito precedente deba considerarse grave también en la legislación extranjera, bajo nuestros propios estándares, tales precisiones no tienen la consecuencia de cambiar la consecuencia final a la que llegaron los jueces de apelación.

El delito precedente en este asunto, continúa sin alcanzar la calificación de “grave” y por ello, se echa de menos un elemento objetivo esencial para que se configure la legitimación de capitales, según su redacción vigente del 11 de enero de 2002, al 15 de marzo de 2009. En síntesis, se declara parcialmente con lugar el presente motivo, pese a lo cual, no varían las conclusiones del a quo en cuanto a la atipicidad del delito que aquí se juzga.

IV.Tercer motivo de la impugnación, por existencia de precedentes contradictorios de la Sala Tercera, en relación con lo resuelto por el Tribunal de Apelaciones de San José: Arguye la Fiscalía, que la sentencia absolutoria que se recurre, número 337 de 15:25 horas, del 19 de febrero de 2012, resulta contradictoria con los siguientes precedentes, dictados por esta Sala: a) número 183, de 15:55 horas, del 6 de marzo de 2006; b) 1105, de 12:25 horas, del 10 de septiembre de 2004; c) 765, de las 10:50 horas, del 8 de julio de 2005; y d) 289, de las 8:55 horas, del 4 de abril de 1997. Fundamenta su reparo, en que esta Cámara, en los votos indicados, ha señalado repetidamente “…para demostrar que los dineros objeto de legitimación se originan en un delito previo, dicha demostración debe establecerse incluso por medio de prueba indiciaria, mientras que en la sentencia absolutoria dictada por el Tribunal de Apelación a favor de Howden Pascall, consideró necesario y esencial que, para demostrar que los bienes tienen su origen en un delito, se requiere una sentencia condenatoria con calidad de firmeza…” (f. 1289).

Refiere que al exigirse una sentencia condenatoria firme por el delito precedente, se están imponiendo requisitos indebidos para la configuración de la legitimación de capitales, haciendo prácticamente imposible la investigación de este tipo de delitos en nuestro país. Cuarto motivo del recurso de casación interpuesto por la licenciada Sarkis Fernández: Errónea aplicación de la ley sustantiva, concretamente, los artículos 1 y 69 de la Ley 7786, reformada mediante Ley 8204 de 26 de diciembre de 2001: Retomando los argumentos del tercer motivo de casación, esta vez desde la óptica de infracción a la ley sustantiva, la impugnante estima que “…el Tribunal de Apelaciones yerra por completo su fundamento de fondo, al exigir la demostración del delito previo a la legitimación de capitales, solo por medio de una sentencia condenatoria firme. Insistimos, no está establecido en el tipo penal y tampoco ha sido exigido, por jurisprudencia, como requisito indispensable una sentencia de condena por el delito previo, por ejemplo, el tráfico de drogas u otro delito grave…” (f. 1294).

Con base en variada doctrina española, la recurrente señala que el delito de legitimación de capitales es autónomo, pluriofensivo, y que no se requiere para su comprobación, que exista una sentencia penal firme sobre el delito previo, como lo exige el ad quem en esta causa. No ha lugar los reparos: En la causa bajo examen, a diferencia de lo que ocurre en el grueso de investigaciones por legitimación de capitales, existe una sentencia en relación con el delito precedente, ocurrido y juzgado en el extranjero, la cual es aportada por el propio Ministerio Público, a fin de acreditar dicho elemento objetivo del tipo. De manera que la valoración del pronunciamiento de la Corte de Apelaciones del Segundo Distrito de los Estados Unidos, y en específico, su definición de la “conducta del delito”, no es arbitraria. Se trata de la prueba aportada por el propio ente acusador, a fin de acreditar el punto.

Como se indicó ya, al resolver el primer motivo de casación, la alusión que se hace a delitos como extorsión, homicidio o crimen organizado, no pudo comprobarse en esta causa, ni a través de la sentencia ni a través de otra prueba indiciaria. Al excluirlos de la definición del delito precedente, entonces, los juzgadores no incurren en una exigencia no prevista por la normativa, como es la existencia de sentencia previa, sino que estiman que no existen elementos de convicción que permitan derrumbar las conclusiones a las que arribó el sistema judicial norteamericano, cuando absuelve a Rodney Morrison por dichos cargos. La forma como resuelve el ad quem, se ajusta a lo señalado por el profesor Francisco Castillo en cuanto al principio de libertad probatoria en relación con el hecho previo: “…es necesario que el Tribunal determine la existencia del hecho previo y su carácter típico y antijurídico, sin que baste la simple sospecha de que el objeto proviene de un hecho punible.

El establecimiento de la prueba del hecho previo puede hacerse por sentencia firme, si fue conocido por una autoridad competente. Si ésta (sic) prueba falta puede probarse el carácter típico y antijurídico del hecho previo, que es un elemento normativo del tipo de legitimación de capitales. Esta prueba debe hacerla el Juez que conoce en el país del delito de legitimación de capitales conforme a los criterios de libertad probatoria y de libre valoración de la prueba. En todo caso, el establecimiento del hecho previo por el Juez nacional como un elemento normativo del tipo penal de legitimación de lavado no implica dictar una sentencia en el suelo nacional sobre el hecho previo ocurrido en el extranjero…” (CASTILLO GONZÁLEZ, Francisco: El delito de Legitimación de Capitales, Editorial Jurídica Continental, 1ª edición, San José, 2012, pp. 93-94). Como puede inferirse, una cosa es que en el Derecho Penal rija el principio de libertad probatoria, y otra muy distinta, que se quiera hacer pasar los cargos estadounidenses no probados (ni en Estados Unidos, ni en el proceso que nos ocupa), como datos acreditados en miras a establecer cuál es el hecho precedente de interés para la legitimación de capitales.

Al respetarse el cuadro fáctico definido por la Corte de Apelaciones estadounidense, por lo tanto, no se desconoce que el delito precedente podría acreditarse a través de fuentes probatorias distintas a una sentencia, como lo es la prueba indiciaria, en el seno de la propia causa de legitimación de capitales, criterio que mantiene esta Sala. Lo que ocurre es que en la situación bajo examen, la prueba aportada para acreditar el hecho precedente, es la documentación certificada sobre el proceso judicial seguido en los Estados Unidos contra Morrison, y no otra. Por todo lo dicho, se declara sin lugar el tercer motivo de la impugnación que formula la representante del Ministerio Público.

V.Sexto motivo del recurso incoado por la Fiscalía: Errónea aplicación de normas sustantivas, en particular, del artículo 69 de la Ley de Psicotrópicos, así como inobservancia del artículo 6 de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Trasnacional, número 8302 de 27 de junio de 2003 (Convención de Palermo): La recurrente estima errado el criterio del ad quem según el cual “…para poder determinar la existencia del delito de legitimación de capitales se debió analizar el tema de la prescripción penal en ambos países, en función de los montos anuales recibidos…” (f. 1317). Con cita de lo que señala el artículo 6 de la Convención de Palermo, la licenciada Sarkis Fernádez sostiene que lo único que la normativa impone en relación con el hecho precedente, es que la conducta específica sea delito según el derecho interno del Estado en que se haya cometido, como en el correspondiente del Estado parte interesado.

Aduce la impugnante que cuando se exige valorar la prescripción del delito precedente, con arreglo del derecho interno costarricense, se está confundiendo “…la oportunidad procesal de sancionar pro parte del Estado a un sujeto en particular, con la existencia o no del delito…”(sic) (f. 1319). Por los motivos que se dirán, la queja se declara sin lugar: La argumentación que efectúa el ad quem alrededor del tema de la prescripción, se realiza a mayor abundamiento, y no resulta determinante a la hora de establecer la falta de tipicidad de la conducta atribuida a Carlos Howden Pascall. De manera que aún excluyendo las apreciaciones relativas a la prescripción, lo que resulta determinante para la correcta solución de este asunto, es que de conformidad con las propias reglas de la Convención de Palermo que cita la recurrente, el delito precedente no alcanza la calificación de grave, que era exigible de conformidad con el tipo penal de legitimación de capitales, en su redacción vigente al momento de los hechos.

En relación con este punto, se remite a las razones dadas al resolver los motivos primero y quinto de la impugnación. En consecuencia de lo indicado, no es de recibo el motivo sexto del recurso de casación que formula el Ministerio Público.

VI.En el séptimo motivo del recurso, el Ministerio Público ataca la determinación a la que arriba el ad quem, en cuanto a que no se logró demostrar en este caso, la concurrencia de los elementos subjetivos exigidos por el tipo penal de legitimación de capitales. Sin embargo, al resolverse los motivos primero y quinto del recurso de casación que aquí se conoce, se indicaron ampliamente las razones por las cuales esta Cámara concluye que en el caso particular, existe falta de tipicidad objetiva. Al no superarse dicho estrato de análisis, carece de todo interés verificar la concurrencia de los elementos cognitivo y volitivo exigidos por la figura típica.

VII.Octavo motivo de casación: Inobservancia de los artículos 103 y 110 del Código Penal, así como el numeral 87 de la Ley número 8204 de 26 de diciembre de 2001: Señala la impugnante que el Tribunal de Apelación de Sentencia no desvirtúa el hecho probado del Tribunal de Juicio, consistente en que Morrison, hermano del encartado, “…transfirió al país, entre 2002 y 2004, poco más de dieciséis millones de dólares, dejando algunas sumas a su nombre y otras en las cuentas del aquí endilgado a quien, el 17 de julio de 2000, le dio poder generalísimo sin límite de sumapara la administración y disposición de sus bienes…” (f. 1329). De lo anterior deriva la recurrente, que el ad quem tiene por cierto que “…producto de las actividades ilícitas realizadas por Morrison en Estados Unidos, éste obtuvo grandes sumas de dinero que son precisamente las que envió por medio de transferencias bancarias al Banco de Costa Rica (…) por lo que se deben considerar como bienes producto de un delito para efectos de los artículos 103 y 110 del Código Penal y 87 de la Ley 8204…” (f. 1330).

En consecuencia, la licenciada Sarkis Fernández estima que, sin importar las circunstancias relativas a la culpabilidad del enjuiciado Howden Pascall, se debió mantener la orden de comiso dictada por el Tribunal de Juicio en este caso. El reparo no puede acogerse: Para la correcta solución de esta queja, deben realizarse varias precisiones. La primera de ellas, es que no puede aplicarse de manera concomitante o simultánea, como lo plantea la recurrente, las reglas del Código Penal y de la Ley de Psicotrópicos, que regulan el comiso. La normativa prevista en la Ley 8204 de 26 de diciembre de 2001, es especial y se aplica a los delitos previstos en la Ley de Psicotrópicos, entre ellos, la legitimación de capitales, cuya existencia se ha descartado en esta causa. Por tal razón, únicamente cabe examinar si resultan aplicables o no, los numerales 103 y 110 del Código Penal. En segundo lugar, no es cierto que el Tribunal de Apelación de Sentencia tenga por cierto que la totalidad del dinero enviado a Howden Pascall por su hermano por vía de transferencias bancarias, desde los Estados Unidos, proviene de la comisión de delitos.

Precisamente una de las razones por las que, a modo de ejercicio, el ad quem estima que no sería posible encuadrar los hechos como el delito contemplado en el numeral 92 del Código de Normas y Procedimientos Tributarios (ya indicamos que ello tampoco sería posible, en virtud de las reglas del concurso aparente), es que no se aportó prueba al proceso que permita conocer qué parte de dicho dinero, corresponde a las ganancias obtenidas por Morrison, producto de la venta de cigarrillos en condiciones de ilegalidad. Se trata de un tema ampliamente discutido por los jueces de apelación en el fallo absolutorio (cfr. fs. 1196 fte. a 1198 vto.), que refleja la existencia de un debate en la doctrina sobre la proporción del capital que resulta contaminado cuando el delito precedente constituye un ilícito tributario. Tal discusión cobra mayor relevancia cuando, como sucede en este caso, no sería posible afirmar que la totalidad del dinero invertido en la compra de los cigarrillos fue ilegalmente obtenido, pues sería únicamente una parte del mismo el que retuvo o dejó de pagar al fisco estadounidense el inculpado, con lo cual el comiso sobre la totalidad de las ganancias, parecería ser excesivo e injustificado.

De manera que no podría afirmarse que todas las ganancias obtenidas por Morrison provienen de la comercialización de cigarrillos, y aún si nos centramos en dicha actividad, tendríamos que excluir las ventas de cigarrillos efectuadas en condiciones que se estiman legales o toleradas según la legislación estadounidense, a saber: las ventas efectuadas dentro de la reserva, y para consumo de la población indígena, así como el capital previo con que pudo haber contado Rodney Morrison. Al efecto razonaron los jueces de apelación de sentencia: “…no solo no existe motivación, sino, peor aún, prueba alguna, ni pericial ni de otra índole, que refiere cuál era el monto de lo dejado de pagar al Gobierno de Estados Unidos por impuestos, que es lo único ilícito de ese dinero (y no la totalidad de los ingresos surgidos de las ventas de los cigarrillos), sin que pueda presumirse (…) que lo sea todo el dinero transferido, desde que al venta de tabaco y cigarrillos, como toda actividad comercial, alguna ganancia genera, pagados los impuestos, a más de que, según se estableció con la misma declaración de Dianne C. Leonardo (ver folio 854) y de Eliécer Pascall Gordon (folio 872) el dinero transferido por Morrison también provenía de otras diversas actividades que él tenía en tal país…” (f. 1196 fte.).

En definitiva, bajo el razonamiento que deriva de la sentencia de apelación, no es posible aseverar que la totalidad de dinero transferido a Howden Pascall, corresponde a capital proveniente de actividades delictivas. A pesar de ello, hace ver el ad quem que el comiso lo ordenó el Tribunal de Juicio sobre la totalidad del dinero transferido, sin que se distinga entre los montos obtenidos antes de la atipicidad de los hechos, es decir, antes de la entrada en vigencia de la Ley 8204, el 11 de enero de 2002 (f. 1210 fte.). Sobre este punto señala: “…el Tribunal tomó todo el dinero ingresado al país, sin hacer división alguna por período, lo que hizo que contabilizara montos ingresados cuando esa conducta no era delito, es decir, antes de 2002…” (f. 1198 fte.). Existe un segundo nivel de análisis, a fin de dar una correcta solución al tema planteado del comiso. Se trata de la forma cómo se encuentra definida dicha figura en el Código Penal costarricense.

Dispone el artículo 103 ejúsdem: “Todo hecho punible tiene como consecuencia la reparación civil, que será determinada en sentencia condenatoria; esta ordenará: (…) 3) el comiso”. Esta se relaciona con el artículo 110 del mismo cuerpo normativo: “El delito produce la pérdida a favor del Estado de los instrumentos con que se cometió y de las cosas o los valores provenientes de su realización, o que constituyan para el agente un provecho derivado del mismo delito, salvo el derecho que sobre ellos tengan el ofendido o terceros...” (el subrayado es suplido). Nótese que el legislador hace remisión expresa al “delito”, el cual ha sido determinado por “sentencia condenatoria”. En el caso particular, la competencia de los jueces costarricenses para dictar sentencia, se circunscribe al delito de legitimación de capitales. Sin embargo, en relación con dicho ilícito, se mantiene la absolutoria dictada.

De lo que tenemos que no podría afirmarse que los fondos cuestionados, provienen de la realización del delito sobre el cual emitieron sentencia los jueces costarricenses, sino de otro (la evasión de impuestos de cigarrillos), sobre el cual nuestra jurisdicción no tiene competencia para pronunciarse. La pretensión de la representante del Ministerio Público, implica entonces asignar a un ilícito cometido y sentenciado en el extranjero, una consecuencia distinta a la pena, sin que los jueces costarricenses posean competencia para juzgar y sancionar el delito en cuestión. La normativa costarricense, no prevé la figura denominada “comiso ampliado”, que constituye la figura a través de la cual es posible incautar, no solo los bienes provenientes del delito juzgado en el país, sino también “…las ganancias obtenidas por la organización criminal que no se relacionan directamente con la actividad delictiva sometida a juzgamiento…” (VARGAS GONZÁLEZ, Patricia: “El comiso de las ganancias.

Algunas deudas y excesos legislativos”, En: Derecho Penal y Constitución. Libro en memoria del Dr. Luis Paulino Mora Mora, volumen I, obra colectiva, San José, 2014, p. 323, el resaltado es suplido). Tal y como se encuentra redactado el numeral 110 del Código Penal, aplicable a este asunto por no tratarse de un delito contemplado en la Ley de Psicotrópicos, debe concluirse que en nuestro país, de acuerdo con la regulación vigente en el momento de los hechos, el comiso se vincula o limita a los bienes directamente relacionados con el delito objeto de condena en la causa que se está conociendo. Los esfuerzos por corregir esta falencia, han dado lugar a diversos proyectos legislativos. Una de las propuestas aprobada como ley, entró en vigencia el 22 de julio de 2009, (Ley contra la Delincuencia Organizada, número 8754 de 24 de julio de 2009), la cual supone la incautación de los patrimonios cuyo origen lícito no sea posible justificar, incluso sin vinculación alguna a un delito.

Concretamente, señala el artículo 20 de la referida Ley: “…La Contraloría General de la República, el Ministerio de Hacienda, el ICD o el Ministerio Público podrán denunciar, ante el Juzgado Civil de Hacienda de Asuntos Sumarios, acerca del incremento de capital sin causa lícita aparente, con una retrospectiva hasta de diez años, de cualquier funcionario público o persona de derecho privado, física o jurídica. Recibida la denuncia, el Juzgado dará audiencia al interesado por el término de veinte días hábiles para contestar y evacuar la prueba; en la misma resolución ordenará, como medida cautelar, el secuestro de bienes, su inmovilización registral y de toda clase de productos financieros. Contra la medida cautelar solo cabrá recurso de apelación sin efecto suspensivo, el cual deberá ser interpuesto en el plazo de veinticuatro horas ante el Tribunal Colegiado Contencioso Administrativo, que resolverá sin más trámite y con prioridad sobre cualquier otro asunto…”.

Sin embargo, su aplicación en la práctica no ha sido posible, y en realidad no se trata de una figura ampliativa del comiso, sino de un proceso de naturaleza distinta a la penal, que debe seguirse en la jurisdicción contencioso administrativa. De lo dicho hasta ahora podemos concluir que, de conformidad con la legislación vigente en el momento de los hechos, no era posible desligar el comiso de la demostración, a través de sentencia, de un hecho al menos típico y antijurídico. La situación que regula el artículo 110 del Código Penal, es el comiso como una consecuencia del injusto; y no de cualquier injusto, sino el que es objeto de pronunciamiento en la causa penal en específico, lo que corresponde, en este caso, a la legitimación de capitales. Al no existir fallo condenatorio por dicho delito, no es posible el dictado del comiso. Consecuentemente, se declara sin lugar el octavo motivo de la impugnación.

Por Tanto:

Se declara parcialmente con lugar el segundo motivo de casación, y sin lugar los motivos primero, tercero, cuarto, quinto, sexto y octavo de la impugnación interpuesta. El acogimiento parcial del segundo motivo del recurso, no tiene el efecto de variar la absolutoria dictada por el Tribunal de Apelación de Sentencia, la cual se mantiene. Al determinarse la falta de tipicidad objetiva de los hechos, carece de interés pronunciarse sobre el séptimo reclamo de casación. Notifíquese.- Carlos Chinchilla S.

Jesús Ramírez Q.

José Manuel Arroyo G.

Doris Arias M.

Rosibel López M.

(Magistrada Suplente) ACABAL *110000660621PE* Int. 229-5/5-10-13

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        • Ley 8754 Law Against Organized Crime

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        • Ley 7557 Ley General de Aduanas
        • Ley 7786 Ley sobre estupefacientes, sustancias psicotrópicas, drogas de uso No Autorizado, actividades Conexas, legitimación de capitales y financiamiento al terrorismo
        • Ley 8204 Ley sobre estupefacientes, sustancias psicotrópicas, drogas de uso no autorizado, actividades conexas, legitimación de capitales y financiamiento al terrorismo
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