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OJ-018-2021 · 13/01/2021
OutcomeResultado
The PGR issues a non-binding opinion on the bill, pointing out defects in legislative technique and potential unconstitutionalities in the proposed penalties, without conducting any environmental analysis.La PGR emite un criterio no vinculante sobre el proyecto de ley, señalando defectos de técnica legislativa y posibles vicios de inconstitucionalidad en las penas propuestas, sin realizar un análisis ambiental del contenido.
SummaryResumen
The Office of the Attorney General reviews bill No. 21.472, which would amend the General Health Law and add a section to the Criminal Code criminalizing the falsification, adulteration, or poisoning of health-related products. The opinion holds that placing the new offenses under the chapter on public faith is inappropriate; instead, they should be integrated into the chapter on crimes against public health alongside existing articles 268–270. The bill raises concerns of proportionality and reasonableness: the triple disqualification penalty under article 380, the lack of specification of which injuries trigger the aggravated penalty, and the equation of resulting death with aggravated homicide could render the provisions unconstitutional. The Attorney General recommends adjusting legislative technique and sentencing ranges to meet constitutional standards.La Procuraduría General de la República analiza el proyecto de ley N° 21.472, que busca modificar la Ley General de Salud y adicionar una sección al Código Penal para tipificar y castigar la falsificación, adulteración o envenenamiento de productos de interés sanitario. La opinión señala que la ubicación propuesta de los nuevos tipos penales en el título de fe pública no es la más adecuada, sugiriendo que deberían integrarse en el título de delitos contra la salud pública, junto con los artículos 268 a 270 del Código Penal. Se observan problemas de proporcionalidad y razonabilidad en las penas, especialmente en la inhabilitación triple del artículo 380, la falta de definición de las lesiones que agravan la pena, y la equiparación de la muerte resultante con el homicidio calificado, lo que podría generar inconstitucionalidad. La PGR recomienda ajustar la técnica legislativa y la dosimetría penal para cumplir con los principios constitucionales.
Key excerptExtracto clave
A preliminary analysis would place us in the context that the legislator, through the bill in question, seeks to protect Public Health, which is harmed through various mechanisms, by implementing well-defined rules concerning the manufacture, distribution, transport, and storage of medical devices, medicines, food, water, or health-related products, which will henceforth be classified as adulterated or falsified products. [...] we wish to draw the proponents’ attention so that two highly relevant issues are assessed: a) the placement of the new section, which, given the similarity of the legal interests to be protected, would seem more appropriately located alongside Section IV of Title IX of the Criminal Code, which encompasses crimes against Public Health; and b) given the current existence of three articles regulating similar or complementary aspects, the possibility of integrating them into a single section should be examined, creating new legislation that covers the behaviors to be punished as well as the interests to be protected (both existing and to be created), avoiding repetitions that could lead—in the worst case scenario—to impunity due to confusion of concepts regulating the same behaviors.Un análisis previo de la propuesta, nos pondría en el contexto de que el legislador procura, con el proyecto de ley que nos ocupa, la protección de la Salud Pública que se ve lesionada a través de diversos mecanismos, implementando normas bien definidas relacionadas con la elaboración, distribución, transporte y almacenamiento de dispositivos médicos, medicamentos, alimentos, aguas o productos de interés sanitario, que en adelante serán catalogados como productos de interés adulterados o falsos. [...] queremos llamar la atención a los proponentes a fin de que se valoren dos temas de suyo relevantes: a) la localización de la nueva sección, que dada la similitud de bienes jurídicos a proteger, pareciera más adecuado situar la reforma legislativa junto a la Sección IV del Título IX del Código Penal, que engloba los delitos contra la Salud Pública y, b) ante la existencia actual de tres artículos que regulan aspectos similares o complementarios, analizar la posibilidad de integrarlos en una sola sección, creando una nueva normativa que abarque las conductas a reprimir así como los bienes a proteger (existentes y por crear), evitando reiteraciones que conduzcan –en el peor de los escenarios- a propiciar impunidad por la confusión de conceptos que regulen las mismas conductas.
Pull quotesCitas destacadas
"la localización de la nueva sección, que dada la similitud de bienes jurídicos a proteger, pareciera más adecuado situar la reforma legislativa junto a la Sección IV del Título IX del Código Penal, que engloba los delitos contra la Salud Pública"
"the placement of the new section, which, given the similarity of the legal interests to be protected, would seem more appropriately located alongside Section IV of Title IX of the Criminal Code, which encompasses crimes against Public Health"
III. Criterio de la Procuraduría General, apartado A
"la localización de la nueva sección, que dada la similitud de bienes jurídicos a proteger, pareciera más adecuado situar la reforma legislativa junto a la Sección IV del Título IX del Código Penal, que engloba los delitos contra la Salud Pública"
III. Criterio de la Procuraduría General, apartado A
"el primer párrafo del artículo 380 contiene tres tipos de sanciones, que perfectamente podrían entenderse como principales [...]lo que quebraría el equilibrio y la constitucionalidad que se le ha encontrado a la imposición de dos penas principales, en forma conjunta, pero no la cantidad de tres, que luce desproporcionado"
"the first paragraph of article 380 contains three types of sanctions, which could perfectly be understood as main penalties [...] which would break the equilibrium and constitutionality that has been found in the imposition of two main penalties jointly, but not in the number of three, which appears disproportionate"
III. Criterio de la Procuraduría General, apartado B.2
"el primer párrafo del artículo 380 contiene tres tipos de sanciones, que perfectamente podrían entenderse como principales [...]lo que quebraría el equilibrio y la constitucionalidad que se le ha encontrado a la imposición de dos penas principales, en forma conjunta, pero no la cantidad de tres, que luce desproporcionado"
III. Criterio de la Procuraduría General, apartado B.2
"no existe en nuestro ordenamiento un delito que castigue la producción de enfermedades en la persona [...] no es adecuado tratar de establecer que la producción de una enfermedad es motivo para aplicar la figura del agravamiento de la pena por el resultado"
"there is no crime in our legal system that punishes the causation of diseases in a person [...] it is not appropriate to try to establish that the causation of a disease is grounds to apply the figure of aggravated penalty by result"
III. Criterio de la Procuraduría General, apartado B.3
"no existe en nuestro ordenamiento un delito que castigue la producción de enfermedades en la persona [...] no es adecuado tratar de establecer que la producción de una enfermedad es motivo para aplicar la figura del agravamiento de la pena por el resultado"
III. Criterio de la Procuraduría General, apartado B.3
"la penalidad agravada del artículo 380 del proyecto de ley que nos ocupa, podría sostenerse que es equidistante entre los dos ejemplos recién analizados (20 a 35 años), mas no hay que perder de vista que la pena dispuesta es la misma que la del delito de homicidio calificado"
"the aggravated penalty of article 380 of the bill in question could be said to be equidistant between the two examples just analyzed (20 to 35 years), but we must not lose sight of the fact that the penalty provided is the same as for the crime of aggravated homicide"
III. Criterio de la Procuraduría General, apartado B.3
"la penalidad agravada del artículo 380 del proyecto de ley que nos ocupa, podría sostenerse que es equidistante entre los dos ejemplos recién analizados (20 a 35 años), mas no hay que perder de vista que la pena dispuesta es la misma que la del delito de homicidio calificado"
III. Criterio de la Procuraduría General, apartado B.3
Full documentDocumento completo
Legal Opinion: 018 - J of 01/13/2021 January 13, 2021 OJ-018-2021 Licenciada Daniela Agüero Bermúdez Head of Area Legislative Commissions VII Legislative Assembly Dear Licenciada:
With the approval of the Attorney General of the Republic, Dr. Julio Alberto Jurado Fernández, we refer to your official communication number AL-CJ-21472-0764-2019 dated September 2, 2019, through which you request that we issue an opinion regarding legislative bill No. 21.472, entitled "Modification of Law No. 5395, General Health Law, and Addition of Section IV Title XVI of Law No. 4573, Criminal Code."
It is evident from the analysis of the bill submitted for our consideration that its purpose is directed along two paths: the first seeks a modification to the General Health Law, Law No. 5395 of November 24, 1973, which would reform subsection b) of Article 95 and Articles 104 and 110; additionally, it would include numerals 103 bis, 104 bis, and 366 bis, and finally, would repeal Articles 111, 203, and 204 of the same regulatory body.
The second path proposed in the legislative bill is directed toward adding a section IV to title XVI of the Criminal Code, Law No. 4573, through the addition of Article 380 related to the falsification, adulteration, or poisoning of products of public interest, Article 381 concerning the commercialization of inputs for falsification or adulteration, and finally, Article 382, related to the storage, transportation, sale, or delivery of falsified, adulterated, or contraband products of sanitary interest.
This parliamentary initiative (reform to the Criminal Code and the General Health Law) stems from the urgent need assessed by our legislator to protect the right to life and health with greater severity,[1] through the creation of regulations intended to more efficiently regulate: a) the indiscriminate trade of products of sanitary interest and b) the falsification or adulteration thereof, and which finds legislative justification in the following expression:
"[...] the indiscriminate commercialization of medicines, foods, biomedical equipment and materials, as well as the falsification or adulteration of other products of sanitary interest by criminal groups -a highly lucrative business at the expense of the need of millions of people around the world- constitutes today one of the greatest threats to health and, consequently, to life."[2] The country has implemented surveillance mechanisms at the inter-institutional level to prevent the entry and distribution of falsified medicines or products of sanitary interest, among which operations in different businesses throughout the country are cited, from which it is evident that authorities have managed to locate medicinal products without a license to distribute them or that contravene sanitary specifications, with labels in a language other than Spanish, expired shelf life, among others.
As seen in the statement of legislative intent, the World Health Organization (WHO) itself maintains that the falsification of medicines surpasses the trade of illicit drugs, which undoubtedly implies the existence of criminal industries behind both the falsification and the trafficking of adulterated or falsified products, which implies assuming, without delay, the creation of repressive mechanisms to punish offenders and thus also try to protect health and life.
Before providing a response to the request sent to us, we must indicate two aspects that concern the scope of this pronouncement, since according to the Organic Law of the Office of the Attorney General of the Republic, it is not possible to issue binding opinions when what is requested is to provide a legal opinion regarding legislative bills.
The administrative jurisprudence of this Advisory Body recognizes the possibility that the Legislative Assembly may consult on aspects related to the administrative work it performs exceptionally to its main activity, in which case the opinions issued will be binding. However, in the case of consultations related to the law-promulgating task carried out by said Branch of the Republic, we are unable to issue binding opinions, as such competence falls outside what is indicated in the regulations that govern us.
However, to collaborate with this Honorable Commission, an opinion will be issued on the legislative bill under analysis, but not without first warning that, due to the foregoing, this pronouncement is a legal opinion without binding effects.
The second aspect concerns another limitation of our advisory competence and has to do with our functions. Indeed, our Organic Law establishes, specifically in Articles 1 and 3 subsection b), the legal nature and functions of this Body by providing:
"Article 1.- Legal Nature: The Office of the Attorney General of the Republic is the superior consultative, technical-legal body of the Public Administration, and the legal representative of the State in matters within its competence. It has functional and criteria independence in the performance of its functions." "Article 3.- Powers. The powers of the Office of the Attorney General of the Republic are: a)…, b) To provide reports, opinions, pronouncements, and advice on legal questions, when requested by the State, decentralized entities, other public bodies, and state enterprises." (emphasis added).
As can be seen, the competence granted to the Office of the Attorney General of the Republic is to provide reports, opinions, pronouncements, and advice on strictly legal questions that are consulted, therefore our technical authority is limited to that field of action.
If we analyze the present legislative bill, it seeks to regulate technical aspects revolving around pharmaceutical terminology, definitions of what should be understood by biomedical equipment and material and products of sanitary interest, to cite just a few examples.
Consequently, the analysis of such aspects escapes our advisory competence and, for this reason, this Body warns that the present legal opinion will be limited to the observations of legislative technique and constitutionality deemed relevant, emphatically related to the issue of the criminal offenses intended to be introduced into the legal system.
Having clarified the above, we will proceed to analyze the legislative bill consulted.
A.- Analysis of the placement intended by the legislative bill in the repressive Code.
A preliminary analysis of the proposal would place us in the context that the legislator seeks, with the legislative bill at hand, the protection of Public Health that is harmed through various mechanisms, implementing well-defined norms related to the preparation, distribution, transportation, and storage of medical devices, medicines, foods, waters, or products of sanitary interest, which will henceforth be classified as adulterated or false products of interest.
All these harmful mechanisms manifest -primarily- through schemes that use formal and informal means of public communication, hence the proponents consider that Public Trust (Fe Pública) is also damaged and decide to place the modification under comment in the section of the Criminal Code dedicated to this latter legal interest.
Even though the criminal activities intended to be combated are multi-offensive, it is indisputable that one of the preponderant legal interests to protect is health, and the statement of legislative intent emphasizes this when it states that:
"The damage caused to patients by falsified or adulterated medicines has been significantly evidenced, as these are ineffective and dangerous, posing a risk to public health and the very life of the consumer, due to the danger of not achieving the therapeutic effect and resistance in the treatment of infectious diseases." Notwithstanding the above, the legislator apparently did not take into account, at the moment of the intended placement of the new norms, the event that in the cited Code, we find a chapter that protects the right to Health, which in turn already implements a sanction related to the adulteration of foodstuffs, medicinal substances, or things destined for public use and that contains elements similar to those sought to be protected with this legislative initiative (see Articles 268, 269, and 270 of the Criminal Code contained in Section IV -crimes against public health- of Title IX called "Crimes against Common Safety").
In this understanding, we wish to draw the proponents' attention to assess two topics of significant relevance: a) the placement of the new section, which, given the similarity of legal interests to protect, seems more appropriate to situate the legislative reform alongside Section IV of Title IX of the Criminal Code, which encompasses crimes against Public Health, and b) given the current existence of three articles that regulate similar or complementary aspects[3] (without being able to affirm that they are the same concepts), to analyze the possibility of integrating them into a single section, creating new regulations that encompass the conduct to be repressed as well as the interests to protect (existing and to be created), avoiding reiterations that lead –in the worst-case scenario- to fostering impunity due to the confusion of concepts regulating the same conduct.
B.- Analytical assessment of the criminal offense proposed in Article 380.
We have deliberately chosen to analyze only some of the normative elements of the mentioned article, not only because it contains a greater number of them, but also because its structure is very similar to the following ones, that is, numerals 381 and 382. The analysis to be performed has the purpose of contributing to its correct structuring and application:
"Article 380- Falsification, adulteration, or poisoning of products of sanitary interest.
Shall be punished with imprisonment of four to ten years, disqualification (inhabilitación) from exercising commerce in the area on which the crime falls, and disqualification from the profession for the same term, anyone who poisons, adulterates, or falsifies medicines, foods, medical devices, and other products of sanitary interest. The same penalty shall apply to anyone who poisons, adulterates, or falsifies waters.
That same prison sentence shall apply to anyone who manufactures, imports, exports, distributes, stores, uses, transports, dispenses, commercializes, offers for sale, or delivers, even free of charge, by any means, including electronic or computer means, false or adulterated products of sanitary interest or products of sanitary interest without registration or without express authorization from the Ministry of Health or the Ministry of Agriculture and Livestock, as applicable.
If as a consequence of the act, injuries or the illness of a person are produced or aggravated, the penalty shall be five to fifteen years of imprisonment. If as a consequence of the same act, the death of a person results, the penalty shall be twenty to thirty-five years of imprisonment." B.1.- As a mere illustrative element, it should be noted that the protection of "products of sanitary interest," described in Article 103 bis of the present legislative bill, also receives protection under Law No. 9328 of October 19, 2015, called: "Law to Improve the Fight against Contraband," which, in addition to reforming the General Customs Law (No. 7557 of October 20, 1995), created the aggravated form of contraband; thus, subsection g) of Article 212 of the General Customs Law is observed:
"Article 212.- Aggravating factors. The penalty shall be five to fifteen years of imprisonment and a fine equivalent to four times the amount of the customs value of the goods, when in any of the circumstances set forth in Article 211 of this law, at least one of the following conducts or situations occurs:
…
Regarding disqualification, it is necessary to indicate that it is one of the penalties contained in Article 50 of our Criminal Code, which can be of a principal or accessory nature;[4] in this sense, numeral 57 of the repressive Code establishes absolute disqualification, which implies the total limitation in the exercise of certain rights, access to public office, incapacity for the exercise of professions, employments, trades, among others; and for its part, Article 58 of the Criminal Code contains special disqualification, which consists of the restriction of one or more of the rights or functions of the previous article and serves as an accessory penalty.
Despite behaving as a principal penalty and on other occasions as an accessory one (either absolute or special), the truth is that its imposition may be jointly with another principal penalty, especially deprivation of liberty. This circumstance has provoked complaints about its constitutionality, which have been settled by endorsing the so-called "joint imposition," which arises as a reinforced punitive response given the relevance of the affected legal interest:
On this subject, our Constitutional Court has stated:
"…regarding the basis of the action -for violation of the principle of 'non bis in idem' by allowing the establishment of accessory penalties of disqualification, in addition to the principal ones, for the same illegal act, the petitioner must be clear that no constitutional principle or norm prohibits establishing several different sanctions for the same act, as determined in the same process followed for this purpose. What the Constitution does prohibit is having two or more different criminal proceedings for the same act, which is different, and can be verified in those cases where punishment is imposed with imprisonment and a fine at the same time…" Resolution No. 6699-1994 of 3:03 p.m. on November 15, 1994.
"The legislator is empowered to regulate the punitive power of the State, providing, within the framework of legality, rationality, and respect for fundamental rights, the type and severity of the penalties to be imposed for the commission of a particular crime. Criminal doctrine has accepted as valid the imposition, for the same act, of two or more sanctions jointly and both as principal penalties. This does not imply either a double trial for the same act or a double sanction, but rather it is a legislative regulation that determines the severity of the penalty to be imposed. Deliberating on the convenience or inconvenience of punishing the crime of receiving stolen goods with imprisonment and a fine is not a problem of constitutionality but of criminal policy that must be defined by the legislator. In accordance with all the foregoing, this action must be declared without merit…" Resolution No. 7007-94 of 9:27 a.m. on December 2, 1994. See also No. 7007-94 of 3:51 p.m. on April 9, 1996.
Thus, from a legal and constitutional point of view, the imposition of the penalty of disqualification together with a custodial sentence is feasible, as a response to certain criminal activities and the severity of the harm to the protected legal interest, and as part of a criminal policy designed by the legislator. Notwithstanding the above, it must be noted that the first paragraph of Article 380 contains three types of sanctions,[5] which could perfectly be understood as principal (none of them is classified as an accessory penalty or special disqualification) and which can be imposed on the same offender for a single criminal act (the literal wording so provides), which would break the balance and constitutionality found for the imposition of two principal penalties jointly, but not the quantity of three, which appears disproportionate.
Regarding the punishment for poisoning, adulterating, or falsifying waters, Article 380 establishes "the same penalty," without shedding clarity on which of the three previous penalties it refers to, which deserves to be analyzed.
Continuing with the topic of the penalty of disqualification, the second paragraph establishes a series of scenarios for which, given their severity, it would be feasible to also provide the penalty under comment, but no mention exists. The commercial and other activities described in the second paragraph suggest the possibility that the offenders hold some type of license or contact with state or private institutions, for which a penalty of disqualification from those professions or trades would be completely valid.
B.3.- On the ranges of penalties to impose.
The legislative intent to impose lower extremes exceeding three years is clear, in such a way as to prevent the accused from enjoying any type of prerogative (such as the benefit of conditional suspension of the sentence) or the application of alternative measures, a circumstance we endorse.
On this matter, if we were to comment on the aggravation of the penalty provided in the third paragraph of Article 380, which doctrinally is known as the aggravation of the penalty due to the result;[6] specifically, if as a consequence of the act or the conduct described in the first and second paragraphs, injuries or illness are produced, the penalty shall be 5 to 15 years of imprisonment, and if the death of a person occurs, the penalty to impose shall be 20 to 35 years of imprisonment.
Some aspects must be assessed:
i.- the harmful consequences derived from the base conduct, whether injuries or illness, have an alarming lack of concreteness and description, because by not describing what kind of injury inflicted is what will be subject to application, there would be involved the criminal figures that protect physical integrity: we refer to the most serious injuries (lesiones gravísimas) of Article 123 of the Criminal Code (with a penalty of 3 to 10 years), the serious injuries (lesiones graves) of Article 124 ibid. (with a sanction of 1 to 6 years), and the minor injuries (lesiones leves) of Article 125, whose punishability reaches from 3 months to 1 year of imprisonment.
If we thought these were most serious injuries, the penalty would not be so unfocused (although the upper extreme exceeds by 5 years the upper extreme of Article 123 of the Criminal Code), but if it were a case of serious injuries (with imprisonment of 1 to 6 years), by not clearly establishing in Article 380 of the proposed text what type of injury would be punished, the penalty of 5 to 15 years for producing an injury of similar gravity would be absolutely disproportionate and unreasonable and, therefore, unconstitutional. The results would be even more drastic if the injury produced is a minor one (which Article 125 punishes with 3 months to 1 year of imprisonment), so we recommend that it be defined which type of the Criminal Code injuries is the one to be used in this article.
For the foregoing, it must be clearly established what kind of injuries are those that will make up the third paragraph of Article 380, as, for example, established by subsection 2) of Article 253 that typifies the crime of arson.[7] ii.- in our legal system, there is no crime that punishes the production of illnesses in a person[8] (except the spread of an infectious-contagious disease of Article 271 of the Criminal Code), rather legislative technique punishes the injuries, which in turn could come from an illness caused by a criminal conduct. The parameter of incapacities and their duration is also used. Therefore, it is not appropriate to try to establish that the production of an illness is grounds to apply the figure of aggravation of the penalty due to the result.
Even though the establishment of illnesses as a parameter for imposing criminal penalties could be endorsed, the diversity suggested by the large quantity of such, their diverse origins, their different levels of severity, etc., would make its exact determination almost impossible to form a criminal offense that meets constitutional requirements.
iii.- above, we respectfully suggested that the possibility of integrating the crimes contained in numerals 268, 269, and 270 with one or some of the crimes proposed in the bill that draws our attention be analyzed, given the similarity of protected legal interests and the criminal forms described in both groups of crimes.
Now, for the purposes of a comparative analysis, we are interested in highlighting the diverse dosimetry that the legislator has employed over time to punish the act of the death of a person that comes from or is a consequence of the realization of the base crime (the so-called crimes qualified by the result), to visualize the difference in legal criteria; by way of example, the following cases will be used:
a.- in the case of death caused by arson, the penalty is 10 to 20 years. b.- in the case of death caused by corruption of foodstuffs or medicinal substances, the penalty is 8 to 18 years. c.- in the case of death caused by the abandonment of incapacitated persons (Article 142), the penalty shall be 6 to 10 years of imprisonment. d.- in the case of death caused by an extortive kidnapping, the penalty is 35 to 50 years.
All these cases that come from diverse typologies established in the Criminal Code, which aggravate the penalty due to the result, we will compare with the scenario that the legislator intends to introduce in the third paragraph of Article 380: in the case of death caused by the falsification, adulteration, or poisoning of products of sanitary interest, the penalty shall be 20 to 35 years of imprisonment.
This comparative exercise is done with full awareness that the dosimetry of penalties is exclusively a matter of criminal policy, in the hands of the Legislative Branch; however, it is worthwhile to highlight some inconsistencies or non-uniform treatment that is customary in this type of crimes, qualified by the result, which could lead to unconstitutionality for harming the parameters of proportionality and reasonableness.
On this matter, we are briefly interested in highlighting that this type of illegal acts, according to doctrine, are those "… whose structure is composed of a basic offense committed with intent or recklessness and a result that qualifies it, in relation to it when it is enough to establish the causal relationship (objective imputation) with the agent's conduct, without it mattering whether the result was foreseen and desired; and, even if it was not foreseeable, so that the requirement of culpability is not important in relation to it." (Velásquez, Fernando. Manual de Derecho Penal, 2004, p. 325). Quote taken from the judgment of the Third Chamber of the Supreme Court of Justice, No. 1214-2007 of 9:10 a.m. on October 29, 2007.
The same Third Chamber, in older judgments, has noted a certain resistance in doctrine regarding this type of crimes qualified by the result and on this matter has held:
"According to the Statement of Legislative Intent of the current Criminal Code (Legislative Assembly, File Number 4573, Volume I), the current Article 37 reveals the legislator's purpose to banish crimes qualified by the result and other criminal forms that violated the principle of criminal legality. However, the current construction allows the survival of the figures punished in Article 37 (figures with injuries to legal interests of a heterogeneous nature) and those that have their raison d'être in the legal definition of preterintention, choosing, for that purpose, a broad definition, but limiting the existence of these hypotheses to the verification of a more serious result but to a Legal Interest of the same kind (legal injuries to homogeneous interests) … The current legislative trend goes in the direction of opposing crimes qualified by the result which, as explained, brush against the principle of culpability derived from the principle of criminal legality. Said trend is so strong that doctrinally only those crimes qualified by the result are admitted where the author intentionally executes an act but through recklessness produces a greater result, that is, the legal hypothesis of Article 32 of the Costa Rican Criminal Code." Third Chamber of the Supreme Court of Justice, Resolution 596-F-92 of 9:10 a.m. on December 11, 1992.
Now, returning to the comparative table, it is observed that there are no uniform rules for aggravating the penalty due to the result; if we take it as true that the penalty for the crime of homicide, according to Article 111 of the Criminal Code, is 12 to 18 years of imprisonment, it can be extracted that there are criminal offenses –among those used as examples- that fall below those limits (6 to 10 years in the illegal act of abandonment of incapacitated persons) and there are others that exceed them by far (35 to 50 in the case of death in the crime of extortive kidnapping).
The aggravated penalty of Article 380 of the legislative bill at hand could be argued to be equidistant between the two examples just analyzed (20 to 35 years), but we must not lose sight that the penalty provided is the same as that for the crime of qualified homicide (homicidio calificado).
Without entering into the exercise of analyzing the typological structure of qualified homicide or its phenomenological aspects (this is neither the place nor the occasion), we must pause a moment to think about the legal dynamic that occurs with the commission of the conduct established in the first and second paragraphs of Article 380 (as base crimes), to finally conclude in the death of a person. Would it be sustainable to affirm that the offender who adulterates, falsifies, or poisons a product of sanitary interest, with the surely lucrative intention of placing on the market products that did not follow the legal sanitary procedures, nor required the pharmacological tests, must receive a punishment similar to that person who adapts their conduct to one of the scenarios of the crime of qualified homicide, in the event that the death of a person occurs?
Even if one were to argue that there is eventual intent (dolo eventual) (risk assumed by the one who adulterates or poisons a product of sanitary interest, foreseeing and accepting as possible that when it is used or consumed by another person it will cause their death), the comparison of that criminal behavior with that which characterizes the commission of the crime of qualified homicide, in its various materialization options, does not seem to justify a penalty as high as the one proposed for the case of the production of the result of death in the third paragraph of Article 380.
We must recall what the longstanding jurisprudence of the Constitutional Chamber has held on the topic of the proportionality of penalties to be imposed by the legislator:
" … it is impossible for the Courts of Justice to question the penalty to impose or to impose a different penalty from the one set in the criminal offense, given that it is the law that determines it in each offense, both with regard to its modality (custodial sentence, banishment, fine, and disqualification), and regarding its amount, as it sets a minimum and a maximum, depending on the circumstances under which the crime was committed. In this sense, it must be added that this is a matter of criminal policy, in which the legislator has broad powers to establish the parameters it considers fulfill the purpose that justifies its existence. In any case, the Chamber warns that the setting of the amounts of the penalties cannot be arbitrary or capricious, as indicated previously, and everything depends on the weighing that the legislator makes of a series of supra-legal values in which certain supreme principles and values must be reflected, such as that of constitutional reasonableness…" Resolution 10.543-2001 of 2:56 p.m. on October 17, 2001.
In another order of ideas, but always with that comparative purpose,[9] perhaps another factor that should be analyzed is the penalty of Article 268 of the Criminal Code, which bears some similarities to the basic conduct of Article 380 and which establishes a penalty of 8 to 18 years of imprisonment, if the death of a person occurs:
"Corruption of foodstuffs or medicinal substances.
Shall be punished with imprisonment of three to ten years, anyone who poisons, contaminates, or adulterates, in a manner dangerous to health, waters or foodstuffs or medicinal substances, destined for public use or for use by a community.
If the act is followed by the death of a person, the penalty shall be eight to eighteen years of imprisonment." Even though the scenarios to punish are not the same, it is true that given the similarity of the protected legal interest, as well as the falsification or adulteration of foodstuffs or medicinal substances destined for public use, we respectfully suggest that this penalty parameter be taken into account with a view to the eventual enactment, as a law of the Republic, of bill 21.472, in order to achieve an appropriate uniformity of punishment.
We hereby submit the requested report.
Cordially, Lic. José Enrique Castro Marín Director Attorney JECM/vivianazv [1] An example of this is observed in article 375 of the Ley General de Salud, which considers the following conduct a contravention and punishes it as such: “Whoever knowingly imports, manufactures, trades, distributes or supplies under any title, handles or holds for those same purposes, deteriorated, contaminated, adulterated or falsified medications or food, when the act does not constitute a crime, shall be punished with a fine of ten to sixty days.” The prohibition is found in article 200 ibid.
[2] Proyecto de Ley N° 21.472, statement of grounds, fourth paragraph.
[3] According to the typology of said articles, the corruption of food or medicinal substances, the adulteration of other substances and the circulation of poisoned or adulterated substances are punished.
[4] Despite this distinction –which in practice is called either absolute or special– it is feasible to point out that the difference is merely nominative and exists only in the headings that precede them, since both imply the same sanction –deprivation or restriction– of one or more of the rights or functions established in more detail by numeral 57, without any distinction between them, since both provisions allow the deprivation or restriction of one or more rights or functions and both establish that the duration may be the same.
[5] “Shall be punished with imprisonment of four to ten years, disqualification from engaging in commerce in the area to which the crime relates and disqualification from practicing the profession for the same term…” [6] Examples of that legislative technique based on doctrinal positions are found in the Criminal Code –among several– three figures that contain that element of aggravation of the penalty by the result; we refer to the conducts of extortionate kidnapping (final paragraph of article 215 of the CP), the crime of arson (subsections 2) and 3) of article 253 ibid. and the crime of abandonment of incapacitated persons of article 142.
[7] The penalty shall be 10 to 20 years if the base act (the arson), caused …very serious injuries.
[8] The closest is the persistent weakening of health, from article 124 of the CP (serious injuries).
[9] The Sala Constitucional, since resolution 6659-1995 of 6:54 p.m. on December 5, 1995, ordered that the method of comparing articles and their penalties was framed within the criminal policy that the legislator receives in the norms.
Opinión Jurídica : 018 - J del 13/01/2021 13 de enero de 2021 OJ-018-2021 Licenciada Daniela Agüero Bermúdez Jefa de Área Comisiones Legislativas VII Asamblea Legislativa Estimada licenciada:
Con la aprobación del señor Procurador General de la República, Dr. Julio Alberto Jurado Fernández, nos referimos a su oficio número AL-CJ-21472-0764-2019 de fecha 02 de setiembre de 2019, mediante el cual nos solicita emitir criterio en relación con el proyecto legislativo N° 21.472, denominado “Modificación de la Ley N°5395, Ley General de Salud, y Adición de la Sección IV Título XVI de la Ley N°4573, Código Penal”.
Se desprende del análisis del proyecto sometido a nuestra consideración, que la finalidad del mismo se dirige en dos vías: la primera, pretende una modificación a la Ley General de Salud, Ley N° 5395 de fecha 24 de noviembre de 1973, la cual reformaría el inciso b) del artículo 95 y los artículos 104 y 110; adicionalmente, incluiría los numerales 103 bis, 104 bis y 366 bis y finalmente, derogaría los artículos 111, 203 y 204 del mismo cuerpo normativo.
La segunda vía planteada en el proyecto de ley, va dirigida en la línea de agregar una sección IV al título XVI del Código Penal, Ley N° 4573, mediante la adición del artículo 380 relacionado a la falsificación adulteración o envenenamiento de productos de interés público, el artículo 381 relativo a la comercialización de insumos para la falsificación o adulteración y por último, el artículo 382, conexo con el almacenamiento, transporte, venta o entrega de productos de interés sanitario, falsificados, adulterados o de contrabando.
Tal impulso parlamentario (reforma al Código Penal y a la Ley General de Salud), radica en la urgente necesidad valorada por nuestro legislador de tutelar con mayor severidad el derecho a la vida y la salud,[1] por medio de la creación de una normativa con la que se pretende regular de manera más eficiente: a) el comercio indiscriminado de productos de interés sanitario y b) la falsificación o adulteración de aquellos y que encuentra justificación legislativa con la siguiente “[...] la comercialización indiscriminada de medicamentos, alimentos, equipos y materiales biomédicos, así como la falsificación o adulteración de otros productos de interés sanitario por parte de grupos criminales -negocio por demás lucrativo a costa de la necesidad de millones de personas alrededor del mundo- constituye hoy en día una de las mayores amenazas para la salud y, consecuentemente, para la vida.”[2] El país ha implementado mecanismos de vigilancia a nivel interinstitucional, con el fin de prevenir el ingreso y distribución de medicamentos o productos de interés sanitario falsificados, entre los que se citan los operativos en diferentes comercios del país, de los que se desprenden que las autoridades han logrado ubicar productos medicinales sin licencia para distribuirlos o que contravienen las especificaciones sanitarias, con etiquetas en un idioma diferente al español, caducidad expirada, entre otros.
Según se desprende de la exposición de motivos, la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que la falsificación de medicamentos supera al comercio de drogas ilícitas, lo que supone, sin duda alguna, la existencia de industrias criminales detrás de tanto la falsificación como el trasiego de los productos adulterados o falsificados, lo que implica asumir, sin demora, la creación de mecanismos represivos que castiguen a los infractores y así tratar también de proteger la salud y la vida.
Antes de brindar respuesta a la petición que nos fue remitida, debemos indicar dos aspectos que versan sobre los alcances que tiene este pronunciamiento, ya que según la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República no es posible emitir dictámenes con carácter vinculante, cuando lo que se nos solicita es externar un criterio jurídico en relación con proyectos de ley.
La jurisprudencia administrativa de este Órgano Asesor, reconoce la posibilidad de que la Asamblea Legislativa pueda consultar aspectos relacionados con la labor administrativa que desempeña de manera excepcional a su actividad principal, en cuyo caso los dictámenes emitidos serán vinculantes. Sin embargo, tratándose de consultas relacionadas con la tarea promulgadora de leyes que desarrolla dicho Poder de la República, nos encontramos imposibilitados de emitir criterios vinculantes, en el tanto dicha competencia escapa a lo señalado en la normativa que nos rige.
Sin embargo, con el fin de colaborar con esa Honorable Comisión, se emitirá criterio sobre el proyecto de ley bajo análisis, no sin antes advertir que, por lo anteriormente señalado, éste pronunciamiento es una opinión jurídica sin efectos vinculantes.
El segundo aspecto atañe a otra limitación de nuestra competencia consultiva y tiene que ver con nuestras funciones. En efecto, nuestra Ley Orgánica establece, de manera específica en los artículos 1° y 3° inciso b), la naturaleza jurídica y funciones de este Órgano al disponer:
“Artículo 1.- Naturaleza jurídica: La Procuraduría General de la República es el órgano superior consultivo, técnico-jurídico, de la Administración Pública, y el representante legal del Estado en las materias propias de su competencia. Tiene independencia funcional y de criterio en el desempeño de sus funciones”.
“Artículo 3.- Atribuciones. Son atribuciones de la Procuraduría General de la República:
a)…, b) Dar informes, dictámenes, pronunciamientos y asesoramiento que, acerca de cuestiones jurídicas, le soliciten el Estado, los entes descentralizados, los demás organismos públicos y las empresas estatales.” (los subrayados nos pertenecen).
Conforme se aprecia, la competencia otorgada a la Procuraduría General de la República es brindar informes, dictámenes, pronunciamientos y asesoramiento sobre cuestiones estrictamente jurídicas que se consulten, por lo que nuestra potestad técnica queda limitada a ese campo de acción.
Si analizamos el presente proyecto de ley, este pretende regular aspectos técnicos que giran alrededor de terminología farmacéutica, definiciones sobre lo que debe entenderse por equipo y material biomédico y productos de interés sanitario, por citar solo algunos ejemplos.
En consecuencia, el análisis sobre dichos aspectos escapa de nuestra competencia consultiva y, por tal motivo, este Órgano advierte que la presente opinión jurídica se limitará a las observaciones de técnica legislativa y de constitucionalidad que se estimen relevantes, relacionadas enfáticamente al tema de los tipos penales que se pretenden introducir al ordenamiento jurídico.
Aclarado lo anterior, procederemos a analizar el proyecto de ley consultado.
A.- Análisis de la localización pretendida por el proyecto de ley en el Código represivo.
Un análisis previo de la propuesta, nos pondría en el contexto de que el legislador procura, con el proyecto de ley que nos ocupa, la protección de la Salud Pública que se ve lesionada a través de diversos mecanismos, implementando normas bien definidas relacionadas con la elaboración, distribución, transporte y almacenamiento de dispositivos médicos, medicamentos, alimentos, aguas o productos de interés sanitario, que en adelante serán catalogados como productos de interés adulterados o falsos.
Todos esos mecanismos lesivos se manifiestan –prioritariamente- mediante ardides que se valen de los medios formales e informales de comunicación pública, de ahí que los proponentes consideren que también se daña la Fe Pública y deciden instalar la modificación de comentario en la sección del Código Penal, dedicada a este último bien jurídico.
A pesar de que las delincuencias que se pretenden combatir son pluriofensivas, es indiscutible que uno de los bienes jurídicos preponderantes a proteger es la salud, y así lo recalca la exposición de motivos cuando sostiene que:
“Se ha evidenciado de modo significativo el daño que causan a los pacientes las medicinas falsificadas o adulteradas, ya que estas son ineficaces y peligrosas, suponen un riesgo para la salud pública y la vida misma del consumidor, debido al peligro de no lograr el efecto terapéutico y la resistencia en el tratamiento de las enfermedades infecciosas.” No obstante lo anterior, en apariencia no fue tomado en cuenta por el legislador al momento de la pretendida localización de las nuevas normas, el evento de que, en el Código de cita, encontramos un capítulo que tutela el derecho a la Salud, que a su vez ya implementa una sanción relacionada con la adulteración de sustancias alimenticias, medicinales o cosas destinadas al uso público y que contiene elementos similares a los que se procura proteger con la presente iniciativa de ley (véanse los artículos 268, 269 y 270 del CP contenidos en la Sección IV -delitos contra la salud pública- del Título IX denominado “Delitos contra la Seguridad Común”).
En esa inteligencia, queremos llamar la atención a los proponentes a fin de que se valoren dos temas de suyo relevantes: a) la localización de la nueva sección, que dada la similitud de bienes jurídicos a proteger, pareciera más adecuado situar la reforma legislativa junto a la Sección IV del Título IX del Código Penal, que engloba los delitos contra la Salud Pública y, b) ante la existencia actual de tres artículos que regulan aspectos similares o complementarios[3] (sin que se pueda afirmar que son los mismos conceptos), analizar la posibilidad de integrarlos en una sola sección, creando una nueva normativa que abarque las conductas a reprimir así como los bienes a proteger (existentes y por crear), evitando reiteraciones que conduzcan –en el peor de los escenarios- a propiciar impunidad por la confusión de conceptos que regulen las mismas conductas.
B.- Valoración analítica del tipo penal propuesto en el artículo 380.
Se ha escogido –en forma deliberada- analizar únicamente algunos de los elementos normativos del artículo mencionado, no sólo porque es el que contiene una mayor cantidad de ellos, sino también porque su estructura es muy similar a los siguientes, sean los numerales 381 y 382. El análisis a realizar tiene como propósito contribuir a su correcta estructuración y aplicación:
“Artículo 380- Falsificación, adulteración o envenenamiento de productos de interés sanitario.
Será reprimido con prisión de cuatro a diez años, inhabilitación para el ejercicio del comercio en el área que recaiga el delito e inhabilitación de la profesión por igual plazo, al que envenene, adultere o falsifique medicamentos, alimentos, dispositivos médicos y otros productos de interés sanitario. Igual pena se aplicará al que envenene, adultere o falsifique aguas.
Esa misma pena de prisión se aplicará al que fabrique, importe, exporte, distribuya, almacene, utilice, transporte, dispense, comercialice, ponga en venta o entregue, aun a título gratuito, por cualquier medio, incluyendo los medios electrónicos o informáticos, productos de interés sanitario falsos o adulterados o de interés sanitario sin registro o sin autorización expresa del Ministerio de Salud o del Ministerio de Agricultura y Ganadería, según corresponda.
Si como consecuencia del hecho se produjeran o agravaran lesiones o la enfermedad de alguna persona, la pena será de cinco a quince años de prisión. Si como consecuencia del mismo hecho resultara la muerte de alguna persona, la pena será de veinte a treinta y cinco años de prisión.” B.1.- Como mero elemento ilustrativo, debe anotarse que la protección de los “productos de interés sanitario”, descritos en el artículo 103 bis del presente proyecto de ley, también reciben resguardo según la Ley N° 9328 del 19 de octubre del 2015, denominada: “Ley para mejorar la lucha contra el Contrabando”, que además de reformar la Ley General de Aduanas (N° 7557 de 20 de octubre de 1995), creó la figura agravada del contrabando; así se observa el inciso g) del artículo 212 de la Ley General de Aduanas:
“Artículo 212.- Agravantes. La pena será de cinco a quince años de prisión y la multa equivalente a cuatro veces el monto del valor aduanero de las mercancías, cuando en alguna de las circunstancias situaciones:
…
Al respecto de la inhabilitación, es menester indicar que es una de las penas contenidas en el artículo 50 de nuestro Código Penal, que puede ser de carácter principal o accesoria; [4] en este sentido, el numeral 57 del Código represivo establece la inhabilitación de carácter absoluta, lo que implica la limitación total en el ejercicio de ciertos derechos, acceso a cargos públicos, incapacidad para el ejercicio de profesiones, empleos, oficios, entre otras; y por su parte, el artículo 58 del Código Penal contiene la inhabilitación especial, que consiste en la restricción de uno o más de los derechos o funciones del artículo anterior y funge como pena accesoria.
A pesar de comportarse como una pena principal y en otras ocasiones como una accesoria (o absoluta o especial), es lo cierto que es posible que su imposición sea en forma conjunta con otra pena principal, especialmente la privativa de libertad. Esta circunstancia ha provocado quejas sobre su constitucionalidad, las que han sido zanjadas avalando la llamada “imposición conjunta”, que surge como respuesta punitiva reforzada ante la relevancia del bien jurídico afectado:
Acerca del tema, nuestro Tribunal Constitucional ha dicho:
“…sobre el fundamento de la acción -de violación del principio de "non bis in idem" por permitir establecer penas accesorias de inhabilitación, además de las principales, sobre un mismo ilícito, debe el accionante tener en claro que no existe ningún principio o norma constitucional que prohíba establecer varias sanciones diferentes sobre un mismo hecho, según se determine en un mismo proceso seguido al efecto, lo que si hace la Constitución es prohibir el tener dos o más enjuiciamientos penales diferentes sobre el mismo hecho, lo cual es distinto, y se puede comprobar en aquellos casos en que se sanciona con pena de prisión y multa al mismo tiempo…” Resolución N° 6699-1994 de las 15:03 hrs. del 15 de noviembre de 1994.
“…El legislador está facultado para regular la potestad sancionatoria del Estado, disponiendo, dentro del marco de la legalidad, racionalidad y el respeto a los derechos fundamentales, la clase y gravedad de las penas que se impondrán por la comisión de un determinado delito. La doctrina penal ha aceptado como válido la imposición, para un mismo hecho, de dos o más sanciones de manera conjunta y ambas como penas principales. Esto no implica, ni un doble juzgamiento por un mismo hecho ni una doble sanción, sino que es una regulación legislativa que determina la gravedad de la pena a imponer. El deliberar sobre la conveniencia o inconveniencia de sancionar con prisión y multa el delito de receptación, no es un problema de constitucionalidad sino de política criminal que debe ser definido por el legislador. De conformidad con todo lo expuesto, se debe declarar sin lugar esta acción…” Resolución N° 7007-94 de las 09:27 horas del 2 de diciembre de 1994. Véase también la N° 7007-94 de las 15:51 horas del 9 de abril de 1996.
Entonces, desde el punto de vista legal y constitucional, es factible la imposición de la pena de inhabilitación en conjunto con una pena privativa de libertad, como respuesta a ciertas delincuencias y la gravedad del daño al bien jurídico protegido y como parte de una política criminal diseñada por el legislador. No obstante lo anterior, sí debe hacerse ver que el primer párrafo del artículo 380 contiene tres tipos de sanciones, [5] que perfectamente podrían entenderse como principales (a ninguna de ellas se le cataloga como pena accesoria o inhabilitación especial) y que pueden ser impuestas al mismo infractor por una única delincuencia (la literalidad así lo dispone), lo que quebraría el equilibrio y la constitucionalidad que se le ha encontrado a la imposición de dos penas principales, en forma conjunta, pero no la cantidad de tres, que luce desproporcionado.
En lo que atañe al castigo por envenenar, adulterar o falsificar aguas, el artículo 380 establece “la misma pena”, sin arrojar claridad a cuál de las tres penas anteriores se refiere, lo que merece ser analizado.
Siempre con el tema de la pena de inhabilitación, el párrafo segundo establece una serie de supuestos que, por su gravedad, sería viable que igualmente se dispusiera la pena de comentario, pero no existe mención alguna. Las actividades comerciales y de otra naturaleza, descritas en el párrafo segundo, sugieren la posibilidad de que los infractores ostenten algún tipo de licencia o contacto con instituciones estatales o privadas, lo que una pena de inhabilitación en esas profesiones u oficios sería totalmente válida.
B.3.- Sobre los rangos de pena a imponer.
Es clara la intención legislativa de imponer extremos menores que superen los tres años, de forma tal que le impida al acusado gozar de algún tipo de prerrogativa (tal como el beneficio de ejecución condicional de la pena) o de la aplicación de medidas alternas, circunstancia que avalamos.
Sobre el particular, si quisiéramos realizar un comentario sobre la agravación de la pena que dispone el párrafo tercero del artículo 380, que doctrinariamente se conoce como el agravamiento de la pena por el resultado;[6] concretamente, si como consecuencia del hecho o las conductas descritas en los párrafos primero y segundo se producen lesiones o enfermedad, la pena será de 5 a 15 años de prisión, y si se acaece la muerte de alguna persona, la pena a imponer será de 20 a 35 años de prisión.
Algunos aspectos deben ser valorados:
i.- las consecuencias dañosas que derivan de la conducta base, sean las lesiones o la enfermedad, tienen una alarmante falta de concreción y de descripción, ya que al no describirse qué clase de lesión inferida es la que va a ser sujeto de aplicación, ahí estarían involucradas las figuras delictivas que protegen la integridad física: nos referimos a las lesiones gravísimas del artículo 123 del CP (con una pena de 3 a 10 años), a las lesiones graves del artículo 124 ibid. (con una sanción de 1 a 6 años) y las lesiones leves del artículo 125, cuya reprochabilidad alcanza de los 3 meses al año de prisión.
Si pensáramos que fueran lesiones gravísimas, la pena no estaría tan desenfocada (aunque el extremo superior excede en 5 años el extremo superior del artículo 123 CP), pero si se tratase de las lesiones graves (con prisión de 1 a 6 años), al no establecer claramente el artículo 380 del texto propuesto qué tipo de lesión se estaría castigando, la pena de 5 a 15 años por producir una lesión de similar gravedad sería absolutamente desproporcionada e irrazonable y, por ende, inconstitucional. Los resultados serían aún más drásticos si la lesión producida es una leve (que el artículo 125 castiga con 3 meses a un año de prisión), por lo que recomendamos que se defina cuál tipo de las lesiones del Código Penal es la que va a ser utilizada en este artículo.
Por lo anterior, debe establecerse claramente qué clase de lesiones son las que van a integrar el párrafo tercero del artículo 380, como por ejemplo lo establece el inciso 2) del artículo 253 que tipifica el delito de incendio.[7] ii.- no existe en nuestro ordenamiento un delito que castigue la producción de enfermedades en la persona[8] (salvo la propagación de enfermedad infecto-contagiosa del artículo 271 CP), sino que la técnica legislativa castiga las lesiones, que a su vez podrían provenir de una enfermedad provocada por una conducta delictiva. También se emplea el parámetro de las incapacidades y su duración. Por ello, no es adecuado tratar de establecer que la producción de una enfermedad es motivo para aplicar la figura del agravamiento de la pena por el resultado.
Aún y cuando podría avalarse el establecimiento de las enfermedades como parámetro para imponer castigos penales, la diversidad que sugiere la gran cantidad de aquellas, sus diversos orígenes, sus distintos niveles de gravedad, etc., haría casi que imposible su determinación exacta para que conforme un tipo penal, cumplidor de los requerimientos constitucionales.
iii.- líneas arriba, sugerimos respetuosamente que se analizara la posibilidad de integrar los delitos contenidos en los numerales 268, 269 y 270, con alguno o algunos de los delitos propuestos en el proyecto que atrae nuestra atención, dada la similitud de bienes jurídicos protegidos y las formas delictivas descritas en ambos grupos de delincuencias.
Ahora nos interesa destacar, para efectos de un análisis comparativo, la diversa dosimetría que ha empleado el legislador, a lo largo del tiempo, para castigar el hecho de la muerte de una persona que proviene o es consecuencia de la concreción del delito base (los denominados delitos cualificados por el resultado), para visualizar la diferencia de criterios jurídicos; a manera de ejemplo se emplearán los siguientes casos:
a.- en el caso de la muerte provocada por un incendio, la pena de 10 a 20 años.
b.- en el caso de la muerte provocada por corrupción de sustancias alimenticias o medicinales, la pena de 8 a 18 años.
c.- en el caso de muerte provocada por el abandono de incapaces (artículo 142), la pena será de 6 a 10 años de prisión.
d.- en el caso de muerte provocada por un secuestro extorsivo, la pena de 35 a 50 años.
Todos esos casos que provienen de diversas tipologías establecidas en el Código Penal, que agravan la pena por el resultado, las vamos a comparar con el supuesto que pretende introducir el legislador en el párrafo tercero del artículo 380: en el caso de muerte provocada por la falsificación, adulteración o envenenamiento de productos de interés sanitario, la pena será de 20 a 35 años de prisión.
Este ejercicio comparativo lo hacemos con la plena conciencia de que la dosimetría de las penas es resorte exclusivo de la política criminal, en manos del Órgano Legislativo; no obstante, sí vale la pena resaltar algunas incongruencias o trato poco uniforme que se estila en este tipo de delitos, cualificados por el resultado, que podría conducir a una inconstitucionalidad por lesionar los parámetros de proporcionalidad y razonabilidad.
Sobre el particular, brevemente nos interesa destacar que este tipo de ilícitos, según la doctrina, son aquellos “… cuya estructura está conformada por un tipo básico cometido con dolo o imprudencia y un resultado que califica, en relación con él cuando basta con establecer la relación de causalidad (imputación objetiva) con la conducta del agente, sin que importe si el resultado fue previsto y querido; e, incluso, así no haya sido previsible, por lo que la exigencia de culpabilidad no tiene importancia en relación con él.” (Velásquez, Fernando. Manual de Derecho Penal, 2004, p. 325). Cita extraída de la sentencia de la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia, N° 1214-2007 de las 9:10 horas del 29 de octubre de 2007.
La misma Sala Tercera, en sentencias más antiguas, ha hecho ver cierta resistencia de la doctrina sobre este tipo de delitos cualificados por el resultado y sobre el particular ha sostenido:
“Según la Exposición de Motivos del actual Código Penal (Asamblea Legislativa, Expediente Número 4573, Tomo I), el actual artículo 37 revela el propósito del legislador de desterrar los delitos calificados por el resultado y otras formas delictivas que lesionaban el principio de legalidad criminal. No obstante, la actual construcción permite la supervivencia de las figuras castigadas en el artículo 37 (figuras con lesiones a bienes jurídicos de carácter heterogéneo) y aquellas que tienen su razón de ser en la definición legal de la preterintención, escogiendo, al efecto, una definición amplia, pero limitando la existencia de estas hipótesis a la verificación de un resultado más grave pero a un Bien Jurídico de la misma especie (lesiones jurídicas a bienes homogéneos) … La tendencia legislativa actual va en el sentido de adversar los delitos calificados por el resultado que como se explicó rozan con el principio de culpabilidad derivado del principio de legalidad criminal. Dicha tendencia es tan fuerte que doctrinalmente solo se admiten aquellos delitos calificados por el resultado donde el autor dolosamente ejecuta un hecho pero por imprudencia produce un resultado mayor, es decir, la hipótesis legal del artículo 32 del Código Penal costarricense.” Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia, Resolución 596-F-92 de las 9:10 horas del 11 de diciembre de 1992.
Ahora bien, retomando el cuadro comparativo, se observa que no existen reglas uniformes para agravar la pena por el resultado; si tenemos por cierto que la penalidad del delito de homicidio, según el artículo 111 del CP, es de 12 a 18 años de prisión, se puede extraer que hay tipos penales –de los utilizados como ejemplos- que se bajan de esos límites (6 a 10 años en el ilícito de abandono de incapaces) y hay otros que lo exceden con creces (35 a 50 en el caso de la muerte en el delito de secuestro extorsivo).
La penalidad agravada del artículo 380 del proyecto de ley que nos ocupa, podría sostenerse que es equidistante entre los dos ejemplos recién analizados (20 a 35 años), mas no hay que perder de vista que la pena dispuesta es la misma que la del delito de homicidio calificado.
Sin entrar en el juego de analizar la estructura tipológica del homicidio calificado ni los aspectos fenomenológicos del mismo (que no es esta la sede ni la ocasión), si debemos detenernos un momento para pensar en la dinámica jurídica que acontece con la comisión de las conductas establecidas en los párrafos primero y segundo del artículo 380 (como delitos base), para finalmente concluir en la muerte de una persona. ¿Sería sostenible afirmar que el infractor que adultera, falsifica o envenena un producto de interés sanitario, con la intención seguramente lucrativa de poner en el mercado productos que no siguieron los trámites sanitarios de ley, ni se tuvieron que realizar los exámenes farmacológicos, deba recibir el castigo similar a aquel que adecua su conducta a alguno de los supuestos del delito de homicidio calificado, en el caso de que acontezca la muerte de una persona?
Aún si se sostuviera que existe el dolo eventual (riesgo que asume el que adultera o envenena un producto de interés sanitario, previendo y aceptando como posible que al momento de que sea usado o consumido por otra persona le produzca su muerte), la comparación de ese comportamiento delictivo con el que caracteriza la comisión del delito de homicidio calificado, en sus diversas opciones de materialización, no parece justificar una pena tan elevada como la propuesta para el caso de la producción del resultado muerte en el párrafo tercero del artículo 380.
Debe recordarse lo que ha sostenido la jurisprudencia inveterada de la Sala Constitucional sobre el tema de la proporcionalidad de las penas a imponer, por parte del legislador:
" … resulta imposible para los Tribunales de Justicia el cuestionamiento de la pena a imponer o el imponer pena distinta de la fijada en el tipo penal, dado que es la ley la que determina la misma en cada tipo, tanto en lo que respecta a su modalidad (pena privativa de libertad, extrañamiento, multa y la inhabilitación), como lo relativo a su monto, en tanto fija un mínimo y un máximo, dependiendo de las circunstancias en cómo se realizó el delito. En este sentido, debe agregarse que es esta materia de política criminal, en la que el legislador tiene amplias potestades para establecer los parámetros que considere que cumplen con el propósito que justicia su existencia. En todo caso, la Sala advierte que la fijación de los montos de las penas no puede ser arbitraria ni antojadiza, como se indicó anteriormente, y todo depende de la ponderación que el legislador hace de una serie de valores supra legales en los que se debe reflejar ciertos principios y valores supremos, como el de razonabilidad constitucional…" Resolución 10.543-2001 de las 14:56 horas del 17 de octubre de 2001.
En otro orden de ideas, pero siempre con ese propósito comparativo, [9] quizás otro factor que deba ser analizado es la penalidad del artículo 268 del CP, que guarda algunas similitudes con las conductas básicas del artículo 380 y que establece una pena de 8 a 18 años de prisión, si se produjese la muerte de una persona:
“Corrupción de sustancias alimenticias o medicinales.
Será reprimido con prisión de tres a diez años, el que envenenare, contaminare o adulterare, de modo peligroso para la salud, aguas o sustancias alimenticias o medicinales, destinadas al uso público o de una colectividad.
Si el hecho fuere seguido de la muerte de alguna persona, la pena será de ocho a dieciocho años de prisión. “ Aun y cuando no son los mismos supuestos a castigar, es lo cierto que dada la similitud del bien jurídico protegido, así como la falsificación o adulteración de sustancias alimenticias o medicinales, destinadas al uso público, sugerimos respetuosamente que se tenga en cuenta ese parámetro de penalidad de cara a la eventual promulgación, como ley de la República, del proyecto 21.472, para lograr así una uniformidad de castigo adecuada.
Dejamos así rendido el informe solicitado.
Cordialmente, Lic. José Enrique Castro Marín Procurador Director JECM/vivianazv [1]Ejemplo de ello lo observamos en el artículo 375 de la Ley General de Salud, que considera contravención y la castiga como tal, la siguiente conducta: “Será reprimido con diez a sesenta días multa el que importaré a sabiendas, elaborare, comerciare, distribuyere o suministrare a cualquier título, manipulare o tuviere para esos mismos fines, medicamentos o alimentos deteriorados, contaminados, adulterados o falsificados, cuando el hecho no constituya delito.”. La prohibición se encuentra en el artículo 200 ibídem.
[2] Proyecto de Ley N° 21.472, exposición de motivos, párrafo cuarto.
[3] Según la tipología de dichos artículos, se castiga la corrupción de sustancias alimenticias o medicinales, la adulteración de otras sustancias y circulación de sustancias envenenadas o adulteradas.
[4] A pesar de esta distinción –que en la práctica se le denomina ya sea absoluta o especial– es viable señalar que la diferencia es meramente nominativa y existe sólo en los epígrafes que las antecede, pues ambas implican la misma sanción –privación o restricción– de uno o más de los derechos o funciones que establece en forma más detallada el numeral 57, sin distingo alguno entre ellas, ya que ambas disposiciones permiten privar o restringir uno o varios derechos o funciones y ambas establecen que la duración podrá ser la misma.
[5] “Será reprimido con prisión de cuatro a diez años, inhabilitación para el ejercicio del comercio en el área que recaiga el delito e inhabilitación de la profesión por igual plazo…” [6] Ejemplos de esa técnica legislativa basada en posturas doctrinales, hallamos en el Código Penal –entre varias- tres figuras que contienen ese elemento del agravamiento de la pena por el resultado; nos referimos a las conductas del secuestro extorsivo (párrafo final del artículo 215 del CP), el delito de incendio (incisos 2) y 3) del artículo 253 ibid. y el delito de abandono de incapaces del artículo 142.
[7] La pena será de 10 a 20 años si el hecho base (el incendio), causare …lesiones gravísimas.
[8] Lo más cercano es la debilitación persistente de la salud, del artículo 124 del CP (lesiones graves).
[9] La Sala Constitucional, desde la resolución 6659-1995 de las 18:54 horas del 5 de diciembre de 1995, dispuso que el método de comparación de artículos y sus penalidades estaba enmarcado dentro de la política criminal que el legislador recepta en las normas.
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