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Res. 00480-2015 Sala Tercera de la Corte · Sala Tercera de la Corte · 08/04/2015
OutcomeResultado
The cassation appeal is dismissed and the application of Article 95 of the Wildlife Conservation Law to the non-commercial transportation of sea turtle eggs is upheld.Se declara sin lugar el recurso de casación y se mantiene la aplicación del artículo 95 de la Ley de Conservación de la Vida Silvestre al transporte de huevos de tortuga marina sin fines comerciales.
SummaryResumen
The Criminal Chamber of the Supreme Court rules on an appeal against a judgment that reclassified the facts from an offense under the Sea Turtle Protection Law (Law 8325) to the crime of transporting wildlife products under Article 95 of the Wildlife Conservation Law (Law 7317). The defense argued that transporting 104 leatherback sea turtle eggs without commercial purpose had been decriminalized by the later special law, which only punishes commercial transport. The Chamber dismisses the appeal, holding that Law 8325 neither expressly nor tacitly repealed Article 95; the norms are complementary, and when the special law lacks a required element (profit motive), the general law applies under the specialty principle of Article 23 of the Penal Code. The Chamber extensively discusses constitutional and international environmental protection, the precautionary principle, and sustainable development, concluding that allowing impunity for non-commercial transport would be a regression incompatible with the fundamental right to a healthy and ecologically balanced environment.La Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia resuelve un recurso de casación contra una sentencia que recalificó los hechos de una infracción a la Ley de Protección de Tortugas Marinas (Ley 8325) al delito de trasiego de productos de animales silvestres previsto en el artículo 95 de la Ley de Conservación de la Vida Silvestre (Ley 7317). La defensa argumentó que la conducta (transporte de 104 huevos de tortuga baula sin fin comercial) había sido despenalizada por la ley especial posterior, que solo sanciona el trasiego con fines comerciales. La Sala declara sin lugar el recurso y confirma la aplicación del artículo 95, sosteniendo que la Ley 8325 no derogó expresa ni tácitamente dicha norma, que ambas son complementarias y que, cuando la ley especial no contiene todos los elementos del tipo (el ánimo de lucro), procede aplicar la ley general conforme al principio de especialidad del artículo 23 del Código Penal. Además, la Sala desarrolla extensamente la protección constitucional e internacional del ambiente, el principio precautorio y de desarrollo sostenible, para concluir que permitir la impunidad del trasiego sin fin comercial constituiría un retroceso incompatible con el derecho fundamental a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado.
Key excerptExtracto clave
It is therefore evident that the criminal norms under discussion, far from containing a logical-normative contradiction in their postulates, are complementary, making the appellant's assertion incorrect. While it is true that there is a general law–special law relationship between the Wildlife Conservation Law and the Turtle Protection Law, this does not mean that the scope of application of one limits or nullifies the other, to the point of considering an act decriminalized solely because it was not included in the later special law; thus, that argument lacks merit. Taking these elements as a starting point, although under the specialty principle it can be understood that the Wildlife Conservation Law provides general protection for wildlife, their products and byproducts, and particularly for endangered species such as leatherback turtles, and that Law 8325 specifically protects sea turtles, it cannot be ignored that this principle yields when the special law does not contain all the objective elements of the offense that the general law encompasses, as occurs in this case regarding the act of transporting products or byproducts of wildlife species without lucrative or commercial purposes.Es notorio entonces que las normas penales en discusión, lejos de contemplar una contradicción lógico normativa en sus postulados, resultan complementarias, de manera que resulta incorrecta la aseveración hecha por el impugnante. Si bien es cierto, existe una relación de norma general- norma especial, entre la Ley de Conservación de la Vida Silvestre y la Ley de Protección de Tortugas, ello no implica que se limite o anule el ámbito de aplicación de una respecto de la otra, al punto de considerar despenalizada una conducta, únicamente en razón de que la misma no fue contemplada en la ley especial posterior, por lo que dicho argumento carece de fundamento. Tomando como punto de partida estos elementos, si bien es cierto, considerando el principio de especialidad, puede entenderse que la Ley de Conservación de la Vida Silvestre contiene una protección general de la fauna silvestre, sus productos y subproductos y, en particular, especies en peligros de extinción, como ocurre en el caso de las tortugas baulas y, que la Ley 8325 resguarda de manera específica a las tortugas marinas; sin embargo, no puede soslayarse que dicho principio cede cuando la norma especial no contiene todos los elementos objetivos de tipicidad que abarca la norma general, como ocurre en el caso en estudio, en lo atinente a la acción de trasiego de productos o subproductos de especies silvestres sin fines lucrativos o comerciales.
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"no puede soslayarse que dicho principio cede cuando la norma especial no contiene todos los elementos objetivos de tipicidad que abarca la norma general, como ocurre en el caso en estudio, en lo atinente a la acción de trasiego de productos o subproductos de especies silvestres sin fines lucrativos o comerciales."
"it cannot be ignored that this principle yields when the special law does not contain all the objective elements of the offense that the general law encompasses, as occurs in this case regarding the act of transporting products or byproducts of wildlife species without lucrative or commercial purposes."
Considerando V
"no puede soslayarse que dicho principio cede cuando la norma especial no contiene todos los elementos objetivos de tipicidad que abarca la norma general, como ocurre en el caso en estudio, en lo atinente a la acción de trasiego de productos o subproductos de especies silvestres sin fines lucrativos o comerciales."
Considerando V
"es claro que no existe una sola razón de orden legal ni constitucional que permita inferir que lo que se pretendió con la promulgación de la Ley 8325 fuere despenalizar el trasiego de huevos de tortugas marinas desprovisto de fines comerciales, pues ello implicaría un retroceso en los avances logrados por la misma Ley de Conservación de la Vida Silvestre."
"it is clear that there is not a single legal or constitutional reason to infer that the intention behind enacting Law 8325 was to decriminalize the transportation of sea turtle eggs lacking commercial purpose, as that would constitute a regression in the progress achieved by the Wildlife Conservation Law itself."
Considerando VI
"es claro que no existe una sola razón de orden legal ni constitucional que permita inferir que lo que se pretendió con la promulgación de la Ley 8325 fuere despenalizar el trasiego de huevos de tortugas marinas desprovisto de fines comerciales, pues ello implicaría un retroceso en los avances logrados por la misma Ley de Conservación de la Vida Silvestre."
Considerando VI
"Es evidente que la actividad de trasiego o recolecta de huevos de tortuga marina, genera un daño ambiental importante, de la misma magnitud que si fuere para efectos comerciales o no, pues incide en el decrecimiento poblacional de la especie y, por ende, en su sostenibilidad."
"It is evident that the transportation or collection of sea turtle eggs causes significant environmental damage, as severe as if it were for commercial purposes or not, since it affects the population decline of the species and, therefore, its sustainability."
Considerando VI
"Es evidente que la actividad de trasiego o recolecta de huevos de tortuga marina, genera un daño ambiental importante, de la misma magnitud que si fuere para efectos comerciales o no, pues incide en el decrecimiento poblacional de la especie y, por ende, en su sostenibilidad."
Considerando VI
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**Sala Tercera de la Corte** **Resolution No. 00480 - 2015** **Resolution Date:** April 8, 2015, at 08:59 **Case File:** 12-000954-0472-PE **Drafted by:** Carlos Alberto Chinchilla Sandí **Type of Matter:** Cassation appeal **Analyzed by:** CENTRO DE INFORMACIÓN JURISPRUDENCIAL **International Regulations:** Acuerdo para la conservación de las tortugas marinas en la costa caribeña de Costa Rica, Nicaragua y Panamá, Convención Interamericana para la Protección y Conservación de las Tortugas Marinas, Ley N° 7906 of August 23, 1999, Convención sobre el comercio internacional de especies amenazadas de fauna y flora silvestres, CITES, Ley N° 5605, Convención sobre la conservación de las especies migratorias de animales silvestres, Convención de Bonn, International Treaty No. 8586 **Related Rulings** International regulations **Content of Interest:** **Strategic Topics:** Environmental **Type of Content:** Majority vote **Branch of Law:** Criminal Law **Topic:** Application of criminal law over time **Subtopics:** Considerations on the validity and effectiveness of norms, their temporal efficacy, and tacit and express repeal. The norm regulating the trafficking of products or byproducts of wild species without lucrative or commercial purposes was not repealed by the one regulating the trafficking of products or byproducts of sea turtles for commercial purposes.
**Topic:** Repeal of laws **Subtopics:** Considerations regarding tacit and express repeal, the validity and effectiveness of norms, and their temporal efficacy. The norm regulating the trafficking of products or byproducts of wild species without lucrative or commercial purposes was not displaced by the one regulating the trafficking of products or byproducts of sea turtles for commercial purposes.
**Topic:** Apparent concurrence of norms **Subtopics:** Concept and principles that allow delimiting which of the legal precepts is applicable. Inexistence between the criminal type regulating the trafficking of products or byproducts of wild species without lucrative or commercial purposes and the one punishing the trafficking of products or byproducts of sea turtles for commercial purposes.
**Topic:** Infraction of the wildlife conservation law **Subtopics:** The norm regulating the trafficking of products or byproducts of wild species without lucrative or commercial purposes was not repealed by the one regulating the trafficking of products or byproducts of sea turtles for commercial purposes.
**Topic:** Environment **Subtopics:** The norm regulating the trafficking of products or byproducts of wild species without lucrative or commercial purposes was not repealed by the one regulating the trafficking of products or byproducts of sea turtles for commercial purposes. Framework of legal, constitutional, and international protection and analysis regarding sustainable development and the precautionary principle. Access of Costa Ricans to a healthy and ecologically balanced environment as a fundamental right.
**Topic:** Sustainable development **Subtopics:** Analysis as a guide for environmental protection.
**Topic:** Precautionary principle in environmental matters **Subtopics:** Analysis as a guide for environmental protection.
"I.- Through resolution number 2014-01722, of 09:05 hours, on October 31, 2014, this Chamber admitted the sole ground of the cassation appeal filed by attorney Sergio Triunfo Otoya, as Public Defender of the accused Wilbert Madrigal Chevez and Nidia Madrigal Cascante, which challenged judgment number 2014-1536, of 14:05 hours, on August 21, 2014, issued by the Criminal Sentence Appeals Tribunal of the Second Judicial Circuit of San José, Goicoechea seat, wherein the appeal filed by the Public Defender was granted, the facts were reclassified to the crime of trafficking of wild animal products, contemplated in article 95 of the Wildlife Conservation Law (Ley de Conservación de la Vida Silvestre), upon which a remand was ordered for a new substantiation of the penalty and the civil aspect.
II.- In the sole ground admitted, the erroneous application of a substantive legal precept was invoked, particularly article 95 of the Wildlife Conservation Law. The appellant claims that the act that was classified as a crime by the Appeals Tribunal was actually decriminalized by a special and subsequent law, which displaced said article. Having demonstrated only the trafficking of 104 sea turtle eggs, devoid of commercial intent, the Tribunal erroneously set aside the Law for the Protection and Conservation of Sea Turtles, and instead applied the Wildlife Conservation Law, despite Law 8325 being a regulation that specifically protects the subject of sea turtles. In his view, according to this new legislation, the only punishable conduct is the commercialization of sea turtle eggs, such that, since the commercial purpose was not proven in this case, the proper course of action was the issuance of an acquittal judgment.
III.- The claims are declared without merit. In order to delimit the central issues concerning the appellant's claim, it is necessary to address several aspects related to the application of criminal law over time, the express or tacit repeal of norms, and the analysis of the apparent concurrence of norms, to then delimit the scope of criminal protection of wildlife, and particularly sea turtles.
IV.- The application of criminal law over time. The legal system is dynamic, insofar as legal norms are in a constant process of change and construction over time, hence the need arises to establish guidelines about the validity and effectiveness of norms: their temporal efficacy. Legal doctrine clearly illustrates how the dynamics of creation and extinction of criminal norms function, as follows: "Criminal laws cease to be in force through the passage of time, through their formal and express repeal, and through the collision of the norm with another norm of the same or higher hierarchical rank. (...) When the efficacy of a law is eliminated by another, it is said that the former has been repealed or abrogated. Repeal is a manifestation of a legislative act, an expression of the existence of a potentially inexhaustible legal power, which causes the ex nunc cessation of the legal efficacy of another legislatively preceding act. (...) Most cases in which a law ceases to be in force occur because there is an express act of the legislator placing the law out of effect. This can occur through express repeal, which happens when a later law expressly states that the prior law ceases to be in force. Tacit repeal occurs if the same matter regulated by the prior law is regulated in a later law of equal or superior rank. When the scope of application of both norms coincides in terms of their content, then the effect of validity is exercised by the later norm, which displaces the prior law that contradicts it partially or totally. The postulate of the unity of the legal order exists, and this axiom, which holds true for the production and continuity of the validity of the objective order, does not allow contradiction between legal norms of equal rank. This postulate likewise prohibits logically contradictory norms". (Castillo González, Francisco, Criminal Law, General Part, Volume I, 1st. Edition, Editorial Jurídica Continental, 2008, Pg. 193). These basic principles are regulated in a constitutional norm, specifically numeral 129, when it provides: "Laws are mandatory and take effect from the day they designate; in the absence of this requirement, ten days after their publication in the Official Gazette. (...) No law is abrogated or repealed except by a subsequent one; against its observance, disuse, custom, or practice to the contrary may not be alleged". Now then, following the line of reasoning of the appellant and in accordance with the aforementioned principles, the only way it can be affirmed that numeral 95 of the Wildlife Conservation Law was "displaced" by the provisions of article 6 of Law 8325 for the Protection, Conservation, and Recovery of Sea Turtles, is through a repeal, be it express or tacit, which does not occur in this case. On one hand, it is evident that Law 8325 does not contain any expressly derogatory legal provision regarding ordinal 95 of the Wildlife Conservation Law. And regarding a possible tacit repeal, this Chamber deems that it is also not verified, insofar as a collision or normative contradiction cannot be appreciated between both legal precepts: "When there is a contradiction between laws with different temporal points of origin, whose field of application from the content viewpoint does not fully coincide because the prior law only regulates a part of the scope regulated by the lex posterior, then the general principle governing the collision of norms over time comes into effect. This principle is 'lex posterior derogat legi priori'. This rule can be formulated as follows: 'A new law repeals the prior one to the extent that it is in logical-normative contradiction with the old law'." (Castillo González, Francisco, Ibid., p. 193). That is, insofar as the normative postulates of both legal provisions are not mutually exclusive, it cannot be affirmed that a tacit repeal has existed. It is notorious then that the criminal norms under discussion, far from contemplating a logical-normative contradiction in their postulates, are complementary, such that the assertion made by the appellant is incorrect. While it is true that a general norm-special norm relationship exists between the Wildlife Conservation Law and the Law for the Protection of Turtles, this does not imply that the scope of application of one is limited or nullified with respect to the other, to the point of considering a conduct decriminalized, solely by reason that it was not contemplated in the subsequent special law, so this argument lacks foundation.
V.- On the principle of speciality in the apparent concurrence of norms. In the appellant's arguments, the possible existence of an apparent concurrence of norms between article 95 of the Wildlife Conservation Law and ordinal 6 of the Law for the Protection, Conservation, and Recovery of Sea Turtles is proposed as a topic of discussion, alluding to the necessary application of the principle of speciality to elucidate this normative conflict. For these purposes, it is convenient to develop the concept of apparent concurrence of norms and the principles that allow delimiting which of the legal precepts is applicable to the specific case. "The figure of apparent concurrence of norms, for its part, entails an 'apparent' injury to various legal interests, but in reality, a single injury is verified. The immediate effect resulting from the verification of an apparent concurrence of norms is that the application of one criminal type is absorbed by another, because the first already contemplates all the criminal wrongfulness of the second. This analysis has as a starting point a series of principles that allow distinguishing the existence or not of an apparent concurrence of norms: the principle of speciality, and that of material or tacit subsidiarity." (Sala Tercera, Resolution number 471-2014, of 09:19 hours, of March 21, 2014). Under this general approach, this figure starts from the verification of a single action subject to criminal protection, and the possible application of two or more criminal provisions. In order to establish which criminal type is the one that should be applied, a series of criteria or principles have been postulated that allow delimiting the solution to this problem, and which are contained in numeral 23 of the Criminal Code, which provides: "When the same conduct is described in several legal provisions that are mutually exclusive, only one of them shall be applied, as follows: the special norm prevails over the general one, the one that integrally contains another is preferred over the latter, and that which the law has not expressly or tacitly subordinated to another is applied instead of the accessory one". The principles of speciality, subsidiarity, and alternativity come into play for these purposes, which are applied according to the factual framework that is proven. Taking these elements as a starting point, while it is true, considering the principle of speciality, it can be understood that the Wildlife Conservation Law contains general protection of wild fauna, its products and byproducts, and, in particular, species in danger of extinction, as occurs in the case of leatherback turtles, and that Law 8325 specifically safeguards sea turtles; however, it cannot be overlooked that said principle yields when the special norm does not contain all the objective elements of criminal definition that the general norm encompasses, as occurs in the case under study, regarding the action of trafficking of products or byproducts of wild species without lucrative or commercial purposes. Through the unification of jurisprudential criteria and in relation to the issue of apparent concurrence of the norms under discussion, this Chamber provided: "Consequently, according to the characteristics of the case under study, the cited article 6 of Law 8325 is the special law with respect to article 95 of Law 7317, provided that the conduct charged is integrally contained in the description of the criminal type contemplated in said norm. By reason of the foregoing, it is worth clarifying that this is not properly a tacit repeal of ordinal 95 of the Wildlife Law, but that being in the presence of an apparent concurrence of norms, it is resolved based on the principle of speciality, taking into consideration the factual framework that was proven. (...) The consulted jurisprudential criterion is unified, in the sense that when dealing with an apparent concurrence of norms in matters related to the protection and guardianship of sea turtles, the Law for the Protection, Conservation, and Recovery of Sea Turtle Populations, No. 8325, must be applied – by virtue of the principle of speciality. In matters not provided for in this special law, it shall be understood that those norms in force related to the subject matter must be applied". (The underlining is not part of the original) (Sala Tercera, Resolution number 2013-1185, of 09:00 hours of September 13, 2013). It is evident that the criterion followed by the appellant disregards basic rules for the application of the apparent concurrence of norms, because the omission of the special criminal type contained in the Law for the Protection of Sea Turtles, insofar as it only punishes trafficking for commercial purposes, does not imply that the conduct itself has been decriminalized through a subsequent special norm, if a general norm (the Wildlife Conservation Law) remains in force that does contemplate such actions, without them necessarily being carried out for a commercial purpose, as punishable. This is precisely because, according to what is mandated in ordinal 23 of the Criminal Code, the criminal norm that integrally contemplates the conduct that is proven must be heeded, according to the particular circumstances of the specific case, just as was verified in the appellate judgment under discussion.
VI.- The legal and constitutional protection of the environment and the special guardianship of sea turtle populations. It is relevant, for the resolution of this matter, to bring up the topic of the legal protection of the environment, which has been established through legal instruments not only nationally but also at the international level that the Costa Rican State has adopted, in order to delimit the objectives and commitments that were assumed with the enactment of Law 8325, and which allow the appellant's argument regarding the decriminalization of the trafficking of turtle products devoid of commercial purposes to be dismissed. Firstly, it is convenient to analyze the evolution process that our legal system has undergone, in the search for an extension of the field of action in protection of our environment. Thus, starting from the reform of article 50 of the Costa Rican Political Constitution, an important milestone is marked in the trajectory followed by the legislator, when the access of Costa Ricans to a healthy and ecologically balanced environment is granted the category of basic fundamental right. It is an aspect that the Constitutional Chamber has emphasized and extensively developed, having provided: "III.- On the fundamental right to a healthy and ecologically balanced environment. Article 50 of the Political Constitution establishes that every person has the right to a healthy and ecologically balanced environment. The right to a healthy environment has a broad content that equates to the aspiration to improve the living environment of the human being, such that it overflows the criteria of natural conservation to place itself within every sphere in which the person develops, be it family, work, or the environment in which they live. Hence it is affirmed that this is a transverse right, that is, one that moves throughout the entire legal system, modeling and reinterpreting its institutes. The environment is defined by the Royal Spanish Academy of Language as the 'set of physical circumstances that surround living beings', which further emphasizes the general character of the right. In contrast, the right to an ecologically balanced environment is a more restricted concept referring to an important part of that environment in which the human being develops, to the balance that must exist between the advancement of society and the conservation of natural resources. Both rights are expressly recognized in article 50 of the Political Constitution, which outlines the Social State of Law. The location of the right to a healthy and ecologically balanced environment within the constitutional regulations of the Social State of Law is the point from which it must be analyzed. The Social State of Law produces the phenomenon of incorporation into the fundamental text of a series of political objectives of great social relevance and the introduction of an important number of social rights that ensure the common good and the satisfaction of people's basic needs. In this perspective, the Political Constitution emphasizes that the protection of natural resources is an adequate means to protect and improve the quality of life for all, which makes necessary the intervention of public powers over factors that can alter the balance of natural resources and, more broadly, hinder the person from developing and functioning in a healthy environment. Just as the principle of the Social State of Law is of immediate application, the right to a healthy and ecologically balanced environment is also, such that it manifests in the double aspect of subjective right of persons and configuration as a goal or end of the action of public powers in general. The incidence that the right to a healthy and ecologically balanced environment has within the activity of the State finds its first reason for being in that, by definition, rights are not limited to the private sphere of individuals but also have transcendence in the very structure of the State in its role as guarantor of the same and, secondly, because the activity of the State is directed towards the satisfaction of the collective interests. The Political Constitution establishes that the State must guarantee, defend, and preserve that right. Prima facie, to guarantee is to assure and protect the right against some risk or need, to defend is to forbid, prohibit, and impede any activity that threatens the right, and to preserve is an action directed at safeguarding the right in advance from possible dangers in order to make it endure for future generations. The State must assume a double behavior of doing and not doing; on one hand, it must refrain from itself threatening the right to have a healthy and ecologically balanced environment, and on the other hand, it must assume the task of issuing measures that allow compliance with the constitutional requirements." (Judgment number 00644–99 of eleven hours twenty-four minutes of January twenty-ninth, nineteen ninety-nine; in the same sense, one can consult number 4947-2002 of nine hours twenty-four minutes of May twenty-fourth, two thousand two". (Constitutional Chamber, resolution number 2009-9604 of 18:09 hours of June 18, 2009). Under the watchword of effective compliance and respect for this fundamental right, the Costa Rican State has opted to incorporate into the legal system legal precepts that seek to broaden and extend the protection of the environment, never to limit or hinder that protection. To this end, in environmental matters, various international instruments have first been signed, implying the obligation to implement internal measures to improve prevention and sanction mechanisms for all those actions directed at endangering the environmental balance. Particularly, on the topic of sea turtle protection, which is the one relevant in this matter, important international conventions that inform this area have been adopted, such as the Convention on the Conservation of Migratory Species of Wild Animals (Convención de Bohn), the Convention on International Trade in Endangered Species of Wild Fauna and Flora (CITES), the Acuerdo para la conservación de las tortugas marinas en la costa caribeña de Costa Rica, Nicaragua y Panamá, and the Inter-American Convention for the Protection and Conservation of Sea Turtles, among others. This last international instrument marked the point of origin for the enactment of Law 8325 for the protection, conservation, and recovery of sea turtle populations, but this does not mean that before the emergence of said regulation, this species was in total abandonment. The Wildlife Conservation Law, number 7317, was preliminarily born into legal life as part of that state debt, assumed with the signing of various international conventions, as a response to a need to regulate, supervise, and sanction at the national level, all activity that had the potential to put wild flora and fauna at risk, with special emphasis on those populations that were reduced or threatened, among them sea turtles. With this law, the previous guidelines of our legal system regarding wildlife protection were framed, and very especially, of sea turtles, as an endangered species. This is an essential element that allows us to easily deduce that the legislative tendency has always been the expansion of environmental protection, under the guidance of the precautionary and sustainable development principles. Regarding the first principle, the Constitutional Chamber has provided: " IV.-PRECAUTIONARY PRINCIPLE. Constitutional justice has recognized a series of principles for environmental protection that derive in specific obligations for the Costa Rican state. In the first place, it is of relevance to rescue for the purposes of the case under review, the precautionary principle, which is found in its most general formulation in the Rio Declaration on Environment and Development, whose principle 15 provides: 'Principle 15.-In order to protect the environment, the precautionary approach shall be widely applied by States according to their capabilities. Where there are threats of serious or irreversible damage, lack of full scientific certainty shall not be used as a reason for postponing cost-effective measures to prevent environmental degradation.' The Chamber has recognized the 'precautionary principle', as a principle that obliges the State to arrange everything necessary –within the scope permitted by the Legal System– in order to prevent irreversible damage to the environment. Within this perspective, through judgment No. 1250-1999 of 11:24 hrs. of February 19, 1999, it provided: '(...) in environmental matters, a posteriori coercion is ineffective, since if the biologically and socially harmful consequences have already occurred, repression may have moral transcendence, but will hardly compensate for the damages caused to the environment'. Also, in judgment No. 132-99 of 8:18 hrs. of January 8, 1999, it was indicated: 'The principle of environmental protection is not a recommendation or an intention given by the Constitution, but rather, on the contrary, it is a right of immediate application, so there is an obligation on the part of governmental bodies to ensure compliance with the legal provisions that tend to protect the environment.' (The highlighting is not part of the original)" (Constitutional Chamber, resolution number 2005-1174, of 15:12 hours of February 8, 2005). As a complement, the principle of sustainable development is defined as follows: "Under this principle of sustainable development, the need to achieve the country's development in order to address the social and economic insufficiencies suffered is recognized. But it proclaims that development should be carried out without destroying the environment and without depleting the stocks of natural resources, allowing the use of these resources not to exceed their capacity for replenishment. (...) The principle of sustainable development –widely recognized by this Court- transcends purely environmental issues, because it stands as an objective in the field of economic science, since in addition to seeking to preserve the natural resources that support the life of human beings, it also pursues efficiency in the use of resources so that development that meets the needs of present and future generations is achieved, without compromising the availability of natural resources in general". (Constitutional Chamber, resolution number 14180-2010, of 14:35 hours of August 25, 2010). Following these basic enunciations, it is clear that there is not a single reason of a legal or constitutional nature that would allow inferring that what was intended with the enactment of Law 8325 was to decriminalize the trafficking of sea turtle eggs devoid of commercial purposes, because this would imply a setback in the advances achieved by the same Wildlife Conservation Law, which until that moment served as a containment of this type of illicit conduct. On the contrary, it is clear that, with the entry into force of Law 8325 for the protection, conservation, and recovery of the sea turtle population, continuity was given to that progressive orientation and the scope of protection that the Wildlife Conservation Law initially held was amplified. This legislation had as its main objective to declare of public interest the scientific research on sea turtles and their habitats, precisely under the premise that it is an endangered species, which presents risk factors not only of a biological nature but also of a human kind, which for a long time diminished its sustainability. Therefore, the purpose towards which the protection of sea turtles has been directed not only seeks to prohibit the commercialization of the products and byproducts of chelonians, but is directed more specifically at regulating and restricting all types of human activity carried out to the detriment of the species, this precisely in accordance with the obligations assumed on the occasion of the signing of the various conventions that have been cited. Note that within the objectives set by the Inter-American Convention for the Protection of Sea Turtles, as the legal instrument that inspired Law 8325, the restriction of all human activity that had the potential to seriously affect sea turtles was established as a priority, such that the protection was extended, not only to the turtles themselves, but also to the spawning sites and, of course, the products. It was also intended to prohibit the domestic trade of sea turtles and their products, precisely with the purpose of preventing the inadequate handling of eggs, not related to scientific purposes, due to the serious implications that this represents for the reproduction of said species. Analyzing this entire path that has been taken to achieve the environmental goals that Costa Rica has set as its guide, through this legislative process, it is possible to conclude that the interpretation made by the appellant, regarding a possible decriminalization of the action of trafficking sea turtle eggs without lucrative purposes, is absolutely unfounded.
Regardless of whether that conduct was contemplated in the special law enacted subsequently, it cannot be ignored that such actions were previously penalized through the Wildlife Conservation Law (Ley de Conservación de la Vida Silvestre), a criminal offense that remains in force to date. Nor can the efforts of the Costa Rican State, aimed at expanding the protection of sea turtles, be disregarded, especially considering that this type of actions carried out by the defendants severely and irreversibly affect sea turtle populations and imply an unavoidable breach of the fundamental right to a healthy and ecologically balanced environment. It is evident that the activity of trafficking or collecting sea turtle eggs generates significant environmental damage, of the same magnitude whether it is for commercial purposes or not, as it affects the population decline of the species and, therefore, its sustainability. The principle of legality cannot be interpreted in isolation, as the appellant intends. On the contrary, the interpretation and application of criminal laws must be consistent with the national and international, legal and constitutional legal system. It is evident that the arguments used by the challenger also ignore the legal protection mechanisms that have been implemented regarding wildlife and depart from basic principles governing environmental matters, protected at a constitutional and supra-constitutional level, making them unsustainable. Finally, it is necessary to note that the criminal judge, as an operator of the law, is compelled to rule in accordance with the law in force. This is generally provided for in Article 41 of the Political Constitution (Constitución Política) and, specifically in criminal matters, in numeral 5 of the Code of Criminal Procedure (Código Procesal Penal), which contemplates not only the independence of the jurisdictional function from other branches of the State but also subjects the judge to compliance with what is ordered by the Constitution, International Law, and the law. “In the case of the jurisdictional function, its exercise must fulfill the purpose of resolving disputes, but for this, it must be based on respect for the principle of division of powers; otherwise, the democratic functioning proper to a republican system would be called into question. When a judge arrogates the powers of the legislator, they not only endanger the functional division of the primary institutions of the State but also perform a function for which they lack the necessary democratic legitimacy. Likewise, when a judge fails to fulfill their function of applying the law, they also violate the democratic principle, as they do not heed the legal provisions deriving from popular representation, as occurs in the present case (…)” (Third Chamber (Sala Tercera), Resolution number 060-2014, of 11:52 hours on February 4, 2014). In the present matter, as there is a criminal law in force that fully contemplates the action carried out by the accused, the judge could not ignore the existence of said legal precept and leave unpunished a conduct that has been previously sanctioned as a crime.
VII.- Analysis of the specific case. The facts that were held as proven in the conviction (sentencia condenatoria) are the following: “On April 28, 2012, at 10:00 p.m., in Limón, on Matina beach, 600 meters north of the mouth of the Matina River, officers of the National Coast Guard Service (Servicio Nacional de Guardacostas) surprised and detained the defendants here WILBERT CHEVEZ GODINEZ and NIDIA YESENIA MADRIGAL CASCANTE, who, with full knowledge of their illicit actions, collected and trafficked 104 Baula sea turtle eggs, which they carried inside a black plastic bag, all without the permission of the National System of Conservation Areas (Sistema Nacional de Áreas de Conservación) of MINAET”. (Folio 6) Taking this factual framework as a starting point, and pursuant to the provisions of Article 95 of the Wildlife Conservation Law (Ley de Conservación de la Vida Silvestre), which textually sanctions: “Those who trade, negotiate, traffic, or transship wild animals, their products, and derivatives, without the respective permit from the National System of Conservation Areas (Sistema Nacional de Áreas de Conservación), shall be sanctioned as follows: a) With a fine of ten to forty base salaries or a prison sentence of one to three years, and the confiscation of the animals or products subject to the infraction, when dealing with species whose populations have been declared as reduced or in danger of extinction”. As analyzed by the Court of Appeals (Tribunal de Apelación), there is no doubt about the demonstration of the basic elements that converge for the configuration of the offense described above, and which were not the subject of controversy by the appellant in his appeal, such as the action of “transshipment (trasiego)”, which the Conservation Law (Ley de Conservación) itself, in numeral 2, defines as: “Action of moving, in place or time, a determined species or species”. In the same way, that it was an action executed by the defendants, which fell upon what are called “products” of wild animals, in this case, sea turtle eggs. Likewise, it is verified that the Baula sea turtles, according to the CITES Convention, in appendix I, which was cited previously, effectively provides that it is a species classified as endangered. Finally, it can be inferred from the conviction (sentencia condenatoria) that it was held as proven through documentation that the defendants possessed no kind of permit issued by the responsible administrative authorities to carry out this type of actions. This examination, which was prepared by the second-instance judges, leaves no halo of doubt about the appropriateness of the legal reclassification given to the proven facts, and that it constitutes a legitimate action, compliant with the law by the judges, when resolving the appeal (recurso de apelación) filed, since, as ordered by Article 465 of the Code of Criminal Procedure (Código Procesal Penal), in the appeal venue, it is the obligation of the judges to make a comprehensive assessment of what was decided in the conviction (sentencia condenatoria) and to amend the defects determined according to the applicable law, as occurred in the specific case. In this regard, the legal reclassification verified in the appeal judgment is compliant with the law, insofar as it responds precisely to that legal duty incumbent upon the judge to apply the law, taking into consideration the criminal laws in force, and making a harmonious and systematic normative interpretation according to the principles governing the matter. Consequently, the cassation appeal (recurso de casación) is dismissed, and the challenged resolution is upheld intact in all its aspects.” *120009540472PE* Res: 2015-00480 THIRD CHAMBER OF THE SUPREME COURT OF JUSTICE (SALA TERCERA DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA). San José, at eight hours and fifty-nine minutes on April eighth, two thousand fifteen.
Cassation Appeal (Recurso de Casación), filed in the present case against Nidia Madrigal Cascante, of legal age, Costa Rican, bearer of identity card number 06-0278-0376, housewife, born in Quepos on September 30, 1976, daughter of Melvin Madrigal and Aurelia Cascante, and Wilberth Chéves Godínez, of legal age, Costa Rican, bearer of identity card number 05-0328-0332, works as a warehouse assistant, born on May 29, 1982, in Guanacaste, son of Benito Chévez and Justa Godínez; for the crime of Infraction of the Law for the Protection, Conservation and Recovery of Sea Turtle Populations (Ley de Protección, Conservación y Recuperación de las Poblaciones de Tortugas Marinas), committed to the detriment of Natural Resources. The magistrates Carlos Chinchilla Sandí, Jesús Ramírez Quirós, José Manuel Arroyo Gutiérrez, Magda Pereira Villalobos, and Doris Arias Madrigal participate in the decision on the appeal. Also participating in this instance is licensed attorney Sergio Triunfo Otoya, in his capacity as appellant public defender. The representative of the Public Ministry (Ministerio Público) appeared.
Whereas (Resultando):
1.- Through judgment (sentencia) No. 2014-1536, issued at fourteen hours and five minutes on August twenty-first, two thousand fourteen, the Court of Criminal Judgment Appeals of the Second Judicial Circuit of San José, Goicoechea (Tribunal de Apelación de Sentencia Penal del Segundo Circuito Judicial de San José, Goicoechea), resolved: “THEREFORE (POR TANTO): The criminal judgment appeal (recurso de apelación de sentencia penal) is granted. The facts are reclassified to the crime of transshipment of wild animal products, contemplated in Article 95 of the Wildlife Conservation Law (Ley de Conservación de la Vida Silvestre). The referral back for the substantiation of the sanction to be imposed is ordered. The civil judgment (sentencia civil) is annulled, and referral back for new substantiation is ordered. NOTIFY.- Rafael Ángel Sanabria Rojas Ronald Salazar Murillo Olman Alberto Ulate Calderón Judges of the Court of Criminal Judgment Appeals” (sic).
2.- Against the preceding pronouncement, licensed attorney Sergio Triunfo Otoya, in his capacity as public defender, filed a Cassation Appeal (Recurso de Casación).
3.- Once the respective deliberation was verified, the Chamber addressed the questions raised in the appeal.
4.- The pertinent legal requirements have been observed in the proceedings.
Magistrate Chinchilla Sandí reports; and, Considering (Considerando):
I.- Through resolution number 2014-01722, of 09:05 hours, on October 31, 2014, this Chamber admitted the sole ground of the cassation appeal (recurso de casación) filed by licensed attorney Sergio Triunfo Otoya, as Public Defender of the accused Wilbert Madrigal Chevez and Nidia Madrigal Cascante, which challenged judgment (sentencia) number 2014-1536, of 14:05 hours, on August 21, 2014, issued by the Court of Criminal Judgment Appeals of the Second Judicial Circuit of San José, Goicoechea (Tribunal de Apelación de Sentencia Penal del Segundo Circuito Judicial de San José, sede Goicoechea), wherein the appeal (recurso de apelación) filed by the Public Defender was granted, the facts were reclassified to the crime of transshipment of wild animal products, contemplated in Article 95 of the Wildlife Conservation Law (Ley de Conservación de la Vida Silvestre), before which the referral back for new substantiation of the penalty and the civil aspect was ordered.
II.- In the sole admitted ground, the erroneous application of a substantive legal precept was invoked, particularly Article 95 of the Wildlife Conservation Law (Ley de Conservación de la Vida Silvestre). The appellant claims that the act, which was classified as a crime by the Court of Appeals, was actually decriminalized by a special and subsequent law, which displaced said article. By having only proven the transshipment of 104 sea turtle eggs, devoid of commercial intent, the Court erroneously set aside the Law for the Protection and Conservation of Sea Turtles (Ley de Protección y conservación de tortugas marinas), and instead applied the Wildlife Conservation Law (Ley de Conservación de la Vida Silvestre), despite Law 8325 being a regulation that specifically protects the subject of sea turtles. In the appellant's view, according to this new legislation, the only punishable conduct is the commercialization of sea turtle eggs, such that, given that commercial purpose was not proven in the case, the appropriate course would have been to issue an acquittal (sentencia absolutoria).
III.- The claims are dismissed. In order to delimit the central themes concerning the appellant's claim, it is necessary to address several aspects related to the application of criminal law over time, the express or tacit repeal (derogatoria) of norms, and the analysis of the apparent concurrence of norms, to then delimit the scope of criminal protection of wildlife, and particularly sea turtles.
IV.- The application of criminal law over time. The legal system is dynamic, insofar as legal norms are in a constant process of change and construction over time, which is why the need arises to establish guidelines regarding the validity and effectiveness of norms: their temporal efficacy. Legal doctrine clearly illustrates how the dynamic of creation and extinction of criminal norms works, in the following manner: “Criminal laws cease to be in force due to the passage of time, due to their formal and express repeal, and due to the collision of the norm with another norm of the same or higher hierarchical rank. (…) When the efficacy of one law is eliminated by another, it is said that the first has been repealed or abrogated. Repeal (derogación) is a manifestation of a legislative act, an expression of the existence of a potentially inexhaustible legal power, which causes the legal efficacy of another legislatively preceding act to cease ex nunc. (…) The majority of cases in which a law ceases to be in force occur because there is an express act of the legislator placing the law out of force. This can occur by express repeal (derogación expresa), which happens when a subsequent law expressly states that the previous law is out of force. Tacit repeal (derogación tácita) occurs if the same matter regulated by the previous law is regulated in a later law of equal or superior rank. When the scope of application of both norms agrees in terms of their content, then the effect of validity is exercised by the subsequent norm, which displaces the previous law that contradicts it partially or totally. There exists the postulate of the unity of the legal order, and this axiom, which is valid for the production and continuity of the validity of the objective order, does not allow contradiction between legal norms of equal rank. This postulate equally prohibits logically contradictory norms.” (Castillo González, Francisco, Criminal Law, General Part (Derecho Penal, Parte General), Volume I, 1st Edition, Editorial Jurídica Continental, 2008, p.193). These basic principles are regulated in a constitutional norm, specifically numeral 129, when it provides: “Laws are obligatory and take effect from the day they designate; failing this requirement, ten days after their publication in the Official Gazette (Diario Oficial). (…) No law is abrogated or repealed except by a subsequent one; against its observance, disuse, custom, or practice to the contrary may not be alleged.” However, following the line of reasoning of the appellant and attending to the aforementioned principles, the only way in which it can be affirmed that numeral 95 of the Wildlife Conservation Law (Ley de Conservación de la Vida Silvestre) was “displaced” by the provisions of Article 6 of Law 8325 for the Protection, Conservation and Recovery of Sea Turtles is through a repeal, whether express or tacit, which does not occur in this case. On one hand, it is clear that Law 8325 does not contain any express repealing legal provision regarding ordinal 95 of the Wildlife Conservation Law (Ley de Conservación de la Vida Silvestre). And regarding a possible tacit repeal, this Chamber considers that it is also not verified, insofar as a collision or normative contradiction cannot be appreciated between both legal precepts: “When there is a contradiction between laws with different temporal points of origin, whose field of application from the content point of view does not totally agree because the previous law only regulates a part of the scope regulated by the lex posterior, then the general principle governing the collision of norms in time comes into effect. This principle is ‘lex posterior derogat legi priori’. This rule can be formulated as follows: ‘A new law repeals the previous one insofar as it is in a logical-normative contradiction with the old law.’” (Castillo González, Francisco, Ibid., p. 193) That is, as long as the normative postulates of both legal provisions are not mutually exclusive, it cannot be affirmed that a tacit repeal has occurred. It is notable, then, that the criminal laws under discussion, far from contemplating a logical-normative contradiction in their postulates, are complementary, such that the assertion made by the challenger is incorrect. While it is true that a general norm - special norm relationship exists between the Wildlife Conservation Law (Ley de Conservación de la Vida Silvestre) and the Turtle Protection Law (Ley de Protección de Tortugas), this does not imply that the scope of application of one is limited or nullified with respect to the other, to the point of considering a conduct decriminalized solely because it was not contemplated in the subsequent special law, for which reason said argument lacks foundation.
V.- Regarding the principle of specialty in the apparent concurrence of norms. In the appellant's arguments, the possible existence of an apparent concurrence of norms is proposed as an issue for discussion between Article 95 of the Wildlife Conservation Law (Ley de Conservación de la Vida Silvestre) and ordinal 6 of the Law for the Protection, Conservation and Recovery of Sea Turtles, alluding to the necessary application of the principle of specialty to elucidate said normative conflict. For these purposes, it is convenient to develop the concept of apparent concurrence of norms and the principles that allow delimiting which of the legal precepts is applicable to the specific case. "The figure of the apparent concurrence of norms, for its part, entails an 'apparent' violation of several legal interests, but in reality, a single violation is verified. The immediate effect resulting from the verification of an apparent concurrence of norms is that the application of one criminal offense is absorbed by another, because the first already contemplates all the criminal wrongdoing of the second. This analysis has as its starting point a series of principles, which allow distinguishing the existence or not of an apparent concurrence of norms: the principle of specialty, and that of material or tacit subsidiarity." (Third Chamber (Sala Tercera), Resolution number 471-2014, of 09:19 hours, on March 21, 2014). Under this general approach, this figure starts from the verification of a single action subject to criminal protection and the possible application of two or more criminal provisions. In order to establish which criminal offense is the one that should be applied, a series of criteria or principles have been postulated that allow delimiting the solution to this problem, and which are contained in numeral 23 of the Penal Code (Código Penal), which provides: “When the same conduct is described in several legal provisions that exclude each other, only one of them shall be applied, as follows: the special norm prevails over the general one, the norm that entirely contains another is preferred over the latter, and that norm which the law has not expressly or tacitly subordinated to another is applied instead of the accessory one.” The principles of specialty, subsidiarity, and alternativity come into play for these purposes, which are applied according to the factual framework that is held as proven. Taking these elements as a starting point, while it is true, considering the principle of specialty, it can be understood that the Wildlife Conservation Law (Ley de Conservación de la Vida Silvestre) contains a general protection of wild fauna, its products and by-products, and, in particular, endangered species, as occurs in the case of leatherback turtles, and that Law 8325 specifically protects sea turtles; however, it cannot be overlooked that said principle yields when the special norm does not contain all the objective elements of typicality that the general norm encompasses, as occurs in the case under study, regarding the action of transshipment of products or by-products of wild species without lucrative or commercial purposes. Through the unification of jurisprudential criteria and in relation to the issue of apparent concurrence of norms being discussed, this Chamber ordered: “Consequently, according to the characteristics of the case under study, the cited Article 6 of Law 8325 is the special law with respect to Article 95 of Law 7317, always and when the conduct being accused is entirely contained in the description of the criminal offense contemplated in said norm. Therefore, it is worth clarifying that it is not strictly a tacit repeal of ordinal 95 of the Wildlife Law (Ley de Vida Silvestre), but rather that, being in the presence of an apparent concurrence of norms, it is resolved based on the principle of specialty, taking into consideration the factual framework that was held as proven. (…) The consulted jurisprudential criterion is unified, in the sense that when dealing with an apparent concurrence of norms in matters related to the protection and guardianship of sea turtles, the Law for the Protection, Conservation and Recovery of Sea Turtle Populations (Ley de Protección, Conservación y Recuperación de Poblaciones de Tortugas Marinas), No. 8325, shall be applied – by virtue of the principle of specialty. In matters not provided for in this special law, it is understood that those norms in force related to the issue in question must be applied.” (The underlining does not belong to the original) (Third Chamber (Sala Tercera), Resolution number 2013-1185, of 09:00 hours on September 13, 2013). It is evident that the criterion followed by the challenger disregards basic rules for the application of the apparent concurrence of norms, because the omission in the special criminal offense contained in the Law for the Protection of Sea Turtles, insofar as it sanctions only transshipment for commercial purposes, does not imply that the conduct itself has been decriminalized through a subsequent special norm, if a general norm (the Wildlife Conservation Law (Ley de Conservación de la Vida Silvestre)) remains in force that does contemplate such actions as punishable, without them necessarily being carried out for a commercial purpose. This is precisely because, according to what is regulated in ordinal 23 of the Penal Code (Código Penal), the criminal norm that fully contemplates the conduct that is accredited must be followed, according to the particular circumstances of the specific case, as was verified in the appeal judgment under discussion.
VI.- The legal and constitutional protection of the environment and the special guardianship of sea turtle populations. It is relevant, for the resolution of this matter, to bring up the issue of the legal protection of the environment, which has been verified through legal instruments not only national but also international that the Costa Rican State has adopted, in order to delimit the objectives and commitments that were assumed with the enactment of Law 8325, and which allow dismissing the appellant's argument regarding the decriminalization of the transshipment of turtle products devoid of commercial purposes. Firstly, it is convenient to analyze the evolution process that our legal system has undergone in the search for an extension of the field of action in protection of our environment. Thus, from the reform of Article 50 of the Costa Rican Political Constitution (Constitución Política), an important milestone is marked in the trajectory followed by the legislator when the access of Costa Ricans to a healthy and ecologically balanced environment is granted the category of a basic fundamental right. This is an aspect that the Constitutional Chamber (Sala Constitucional) has emphasized and extensively developed, which has ordered: “III.- Regarding the fundamental right to a healthy and ecologically balanced environment. Article 50 of the Political Constitution (Constitución Política) establishes that every person has the right to a healthy and ecologically balanced environment. The right to a healthy environment has a broad content that equates to the aspiration to improve the living environment of the human being, such that it overflows the criteria of natural conservation to place itself within every sphere in which the person develops, be it family, work, or the environment in which they live. Hence, it is affirmed that it is a transversal right, that is, one that moves throughout the entire legal system, modeling and reinterpreting its institutes. The environment is defined by the Royal Spanish Academy (Real Academia Española de la Lengua) as the ‘set of physical circumstances that surround living beings,’ which further emphasizes the general nature of the right. In contrast, the right to an ecologically balanced environment is a more restricted concept referring to an important part of that environment in which the human being develops, to the balance that must exist between the advancement of society and the conservation of natural resources. Both rights are expressly recognized in Article 50 of the Political Constitution (Constitución Política), which outlines the Social State of Law. The location of the right to a healthy and ecologically balanced environment within the constitutional regulations of the Social State of Law is the point from which it must be analyzed. The Social State of Law produces the phenomenon of incorporation into the fundamental text of a series of political objectives of great social relevance and the introduction of an important number of social rights that ensure the common good and the satisfaction of the elementary needs of people. In this perspective, the Political Constitution (Constitución Política) emphasizes that the protection of natural resources is an adequate means to protect and improve the quality of life for all, which makes necessary the intervention of public powers over factors that can alter the balance of natural resources and, more broadly, hinder the person from developing and unfolding in a healthy environment. Just as the principle of the Social State of Law is of immediate application, the right to a healthy and ecologically balanced environment is also, so that it manifests in the double aspect of a subjective right of persons and configuration as a goal or end of the action of public powers in general. The impact that the right to a healthy and ecologically balanced environment has within the activity of the State finds its first reason for being in that, by definition, rights are not limited to the private sphere of individuals but also have transcendence in the very structure of the State in its role as guarantor thereof and, secondly, because the activity of the State is directed towards the satisfaction of the interests of the community. The Political Constitution (Constitución Política) establishes that the State must guarantee, defend, and preserve that right. Prima facie, to guarantee is to secure and protect the right against some risk or need; to defend is to prohibit, prevent, and impede all activity that threatens the right; and to preserve is an action directed at safeguarding the right in advance from possible dangers to make it endure for future generations. The State must assume a double behavior of doing and not doing; on one hand, it must refrain from itself threatening the right to have a healthy and ecologically balanced environment, and on the other hand, it must assume the task of issuing measures that allow compliance with constitutional requirements." (Judgment (Sentencia) number 00644–99 of eleven hours twenty-four minutes on January twenty-ninth, nineteen ninety-nine; in the same sense, one can consult number 4947-2002 of nine hours twenty-four minutes on May twenty-fourth, two thousand two). (Constitutional Chamber (Sala Constitucional), resolution number 2009-9604 of 18:09 hours on June 18, 2009). Under the guideline of effective compliance and respect for this fundamental right, the Costa Rican State has opted to incorporate into the legal system legal precepts that seek to expand and extend the protection of the environment, never to limit or hinder that protection. To this end, in environmental matters, firstly, different international instruments have been signed, which imply the obligation to implement internal measures to improve prevention and sanction mechanisms for all those actions aimed at endangering environmental balance. Particularly, on the issue of sea turtle protection, which is what concerns us in this matter, important international conventions have been adopted that inform this subject, such as the Convention on the Conservation of Migratory Species of Wild Animals (Bonn Convention), the Convention on International Trade in Endangered Species of Wild Fauna and Flora (CITES), the Agreement for the Conservation of Sea Turtles on the Caribbean Coast of Costa Rica, Nicaragua, and Panama, and the Inter-American Convention for the Protection and Conservation of Sea Turtles, among others. This last international instrument marked the point of origin for the enactment of Law 8325 for the protection, conservation and recovery of sea turtle populations, but this does not mean that before the emergence of said regulation, this species was completely unprotected. The Wildlife Conservation Law (Ley de Conservación de la Vida Silvestre), number 7317, preliminarily came into legal life as part of that state debt, assumed with the signing of different international conventions, in response to a need to regulate, supervise, and sanction at the national level all activity that held the possibility of endangering wild flora and fauna, with special emphasis on those populations that were reduced or threatened, among them sea turtles. With this law, the preliminary guidelines of our legal system regarding the protection of wildlife, and especially sea turtles, as an endangered species, were framed. This is an essential element that allows us to easily deduce that the legislative trend has always been the expansion of protection in environmental matters, under the guidance of the precautionary and sustainable development principles. Regarding the first principle, the Constitutional Chamber (Sala Constitucional) has ordered: “ IV.- PRECAUTIONARY PRINCIPLE.
Constitutional justice has recognized a series of principles for the protection of the environment that give rise to specific obligations for the Costa Rican State. Firstly, it is relevant to highlight, for the purposes of the case under review, the precautionary principle, which is found in its most general formulation in the Rio Declaration on Environment and Development, whose Principle 15 states: "Principle 15.- In order to protect the environment, the precautionary approach shall be widely applied by States according to their capabilities. Where there are threats of serious or irreversible damage, lack of full scientific certainty shall not be used as a reason for postponing cost-effective measures to prevent environmental degradation." The Chamber has recognized the "precautionary principle" (principio precautorio) as a principle that obliges the State to do everything necessary – within the scope permitted by the Legal System – to prevent irreversible damage to the environment. From this perspective, through judgment No. 1250-1999 of 11:24 hrs. on February 19, 1999, it ruled: \"(...) in environmental matters, a posteriori coercion is ineffective, since once the biologically and socially harmful consequences have already occurred, repression may have moral significance, but it will hardly compensate for the damage caused to the environment.\" Also, judgment No. 132-99 of 8:18 hrs. on January 8, 1999, stated: \"The principle of environmental protection is not a recommendation or an intention given by the Constitution, but rather, on the contrary, it is a right of immediate application, therefore there is an obligation on the part of governmental bodies to ensure compliance with legal provisions aimed at protecting the environment.\" (The emphasis is not part of the original)" (Sala Constitucional, resolution number 2005-1174, of 15:12 hours on February 08, 2005). As a complement, the principle of sustainable development is defined as follows: "Under this principle of sustainable development, the need to achieve the country's development is recognized in order to address the social and economic insufficiencies that are suffered. But it proclaims that development be carried out without destroying the environment and without depleting the stocks of natural resources, allowing the use of these resources not to exceed their capacity for renewal. (…) The principle of sustainable development – widely recognized by this Tribunal – transcends purely environmental issues, because it stands as an objective in the field of economic science, since in addition to seeking to preserve the natural resources that support human life, it also pursues efficiency in the use of resources so that development is achieved that meets the needs of present and future generations, without compromising the availability of natural resources in general." (Sala Constitucional, resolution number 14180-2010, of 14:35 hours on August 25, 2010). Following these basic statements, it is clear that there is no legal or constitutional reason that allows inferring that the intention behind the enactment of Law 8325 was to decriminalize the trafficking of sea turtle eggs devoid of commercial purposes, as this would imply a setback in the progress achieved by the Wildlife Conservation Law (Ley de Conservación de la Vida Silvestre) itself, which until that time served to contain this type of illicit conduct. On the contrary, it is clear that, with the entry into force of Law 8325 for the Protection, Conservation and Recovery of the Sea Turtle Population, that progressive orientation was continued and the scope of protection initially held by the Wildlife Conservation Law was amplified. This legislation's main objective was to declare scientific research on sea turtles and their habitats to be of public interest, precisely under the premise that it is an endangered species, presenting risk factors not only of a biological nature, but also of a human one, which for a long time diminished its sustainability. Therefore, the purpose towards which the safeguarding of sea turtles has been directed, not only seeks to ban the commercialization of products and by-products of chelonians, but is more specifically aimed at regulating and restricting all types of human activity carried out to the detriment of the species, precisely in light of the obligations assumed on the occasion of the signing of the various conventions that have been cited. It should be noted that among the objectives outlined by the Inter-American Convention for the Protection of Sea Turtles, as a legal instrument that inspired Law 8325, the priority established was the restriction of all human activity having the potential to seriously affect sea turtles, thus extending protection not only to the turtles themselves, but also to their nesting sites and, of course, their products. The intention was also to prohibit the domestic trade of sea turtles and their products, precisely with the aim of preventing the inadequate handling of eggs, unrelated to scientific purposes, due to the serious implications this represents for the reproduction of said species. Analyzing this entire path that has been taken to achieve the environmental goals that Costa Rica has set as its north star, through this legislative process, it is possible to conclude that the interpretation made by the appellant, regarding a possible decriminalization of the action of trafficking sea turtle eggs without profit motives, is absolutely unfounded. Regardless of whether or not that conduct was contemplated in the special law enacted subsequently, it cannot be ignored that such actions were criminalized previously through the Wildlife Conservation Law, a criminal offense that remains in force to date. Nor can the efforts of the Costa Rican State, directed at expanding the protection of sea turtles, be set aside, especially considering that this type of action deployed by the defendants severely and irreversibly affects sea turtle populations, and implies an unavoidable violation of the fundamental right to a healthy and ecologically balanced environment. It is evident that the activity of trafficking or collecting sea turtle eggs generates significant environmental damage, of the same magnitude whether for commercial purposes or not, since it affects the population decline of the species and, therefore, its sustainability. The principle of legality cannot be interpreted in isolation, as the appellant intends. On the contrary, the interpretation and application of criminal norms must be in accordance with the national and international, legal and constitutional legal system. It is evident that the arguments used by the challenger also ignore the legal protection mechanisms that have been implemented in wildlife matters and depart from basic principles governing environmental matters, protected at the constitutional and supra-constitutional level, therefore they are untenable. Finally, it is necessary to note that the criminal judge, as an operator of the law, is compelled to decide in accordance with the law in force. This is provided, in a general manner, by Article 41 of the Political Constitution and, specifically, in criminal matters, by numeral 5 of the Criminal Procedure Code (Código Procesal Penal), which contemplates not only the independence of the jurisdictional function with respect to other branches of State power, but also subjects the judge to compliance with what is ordered by the Constitution, International Law, and the law. "In the case of the jurisdictional function, in its exercise the purpose of dispute resolution must be fulfilled, but to do so one must start from respect for the principle of separation of powers, otherwise the democratic functioning of a republican system itself would be jeopardized. When a judge arrogates the powers of the legislator, they not only endanger the functional division of the primary institutions of the State, but also perform a function for which they lack the necessary democratic legitimacy. Likewise, when a judge does not fulfill their function of applying the law, they also violate the democratic principle, because they do not attend to the legal provisions that derive from popular representation, as happens in the species (…)." (Sala Tercera, Resolution number 060-2014, of 11:52 hours on February 04, 2014). In the present matter, since there is a criminal norm in force that completely contemplates the action carried out by the accused, the judge could not ignore the existence of said legal precept, and leave unpunished conduct that has been previously sanctioned as a crime.
VII.- Analysis of the specific case. The facts that were held as proven in the conviction judgment are the following: “On April 28, 2012, at 10:00 p.m., in Limón, on the Matina beach, 600 meters north of the mouth of the Matina River, officers of the National Coast Guard Service (Servicio Nacional de Guardacostas) surprised and detained the defendants here, WILBERT CHEVEZ GODINEZ and NIDIA YESENIA MADRIGAL CASCANTE, who, with full knowledge of their illicit actions, collected and trafficked 104 Leatherback sea turtle eggs, which they carried inside a black plastic bag, without the permit from the National System of Conservation Areas (Sistema Nacional de Áreas de Conservación) of MINAET.” (Page 6) Taking this factual framework as a starting point, and pursuant to the provisions of Article 95 of the Wildlife Conservation Law, which textually penalizes: “Those who trade, negotiate, traffic, or transship wild animals, their products and derivatives, without the respective permit from the National System of Conservation Areas, shall be sanctioned as follows: a) With a fine of ten to forty base salaries or a prison sentence of one to three years, and the confiscation of the animals or products subject to the infraction, when dealing with species whose populations have been declared as reduced or endangered.” As analyzed by the Court of Appeal, there is no doubt about the demonstration of the basic elements that converge for the configuration of the aforementioned criminal figure, and which were not subject to controversy by the challenger in his appeal, such as the action of “transshipment” (trasiego), which the Conservation Law itself, in numeral 2, defines as: “Action of moving, changing place or time, a determined species or species.” Likewise, that it was an action executed by the defendants, which fell upon what are called “products” of wild animals, in this case, sea turtle eggs. Furthermore, it is verified that Leatherback sea turtles, according to the CITES Convention, in appendix I, which was cited previously, are indeed classified as an endangered species. Finally, it can be inferred from the conviction judgment, that it was held as proven documentarily that the accused did not hold any type of permit issued by the responsible administrative authorities to carry out this type of action. This examination, elaborated by the second instance judges, leaves no halo of doubt whatsoever about the appropriateness of the legal reclassification given to the proven facts, and that this constitutes a legitimate action, in accordance with the law, on the part of the judges when resolving the appeal filed, since, according to what is ordered by Article 465 of the Criminal Procedure Code, at the appellate level it is the obligation of the judges to make a comprehensive assessment of what was resolved in the conviction judgment and to correct the defects it determines according to the applicable law, as happened in the specific case. In this sense, the legal reclassification that is verified in the appellate ruling is in accordance with the law, as it responds precisely to that legal duty incumbent upon the judge to apply the law, taking into consideration the criminal laws in force, and making a harmonious and systematic normative interpretation according to the principles governing the matter. Consequently, the appeal in cassation (recurso de casación) is declared without merit and the challenged resolution is upheld intact in all its aspects.
Therefore (Por Tanto):
The appeal in cassation filed by Licenciado Sergio Triunfo Otoya, Public Defender of the defendants, is declared without merit and the challenged resolution is upheld intact. Notify.
Carlos Chinchilla S.
Jesús Ramírez Q.
José Manuel Arroyo G.
Magda Pereira V.
Doris Arias M.
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Sala Tercera de la Corte Clase de asunto: Recurso de casación Analizado por: CENTRO DE INFORMACIÓN JURISPRUDENCIAL Normativa Internacional: Acuerdo para la conservación de las tortugas marinas en la costa caribeña de Costa Rica, Nicaragua y Panamá, Convención Interamericana para la Protección y Conservación de las Tortugas Marinas, Ley N° 7906 del 23 de agosto de 1999, Convención sobre el comercio internacional de especies amenazadas de fauna y flora silvestres, CITES, Ley N° 5605, Convención sobre la conservación de las especies migratorias de animales silvestres, Convención de Bonn, Tratado Internacional N° 8586 Sentencias Relacionadas Normativa internacional Contenido de Interés:
Temas Estrategicos: Ambiental Tipo de contenido: Voto de mayoría Rama del Derecho: Derecho Penal Tema: Aplicación de la ley penal en el tiempo Subtemas:
Consideraciones sobre la vigencia y validez de las normas, su eficacia temporal y las derogatorias tácita y expresa. Norma que regula el trasiego de productos o subproductos de especies silvestres sin fines lucrativos o comerciales no fue derogada por la que regula el trasiego de productos o subproductos de tortugas marinas con fines comerciales.
Tema: Derogatoria de leyes Subtemas:
Consideraciones respecto a la tácita y expresa, la vigencia y validez de las normas y su eficacia temporal. Norma que regula el trasiego de productos o subproductos de especies silvestres sin fines lucrativos o comerciales no fue desplazada por la que regula el trasiego de productos o subproductos de tortugas marinas con fines comerciales.
Tema: Concurso aparente de normas Subtemas:
Concepto yprincipios que permiten delimitar cuál de los preceptos legales resulta aplicable. Inexistencia entre el tipo que regula el trasiego de productos o subproductos de especies silvestres sin fines lucrativos o comerciales y el que castiga el trasiego de productos o subproductos de tortugas marinas con fines comerciales.
Tema: Infracción a la ley de conservación de la vida silvestre Subtemas:
Norma que regula el trasiego de productos o subproductos de especies silvestres sin fines lucrativos o comerciales no fue derogada por la que regula el trasiego de productos o subproductos de tortugas marinas con fines comerciales.
Tema: Medio ambiente Subtemas:
Norma que regula el trasiego de productos o subproductos de especies silvestres sin fines lucrativos o comerciales no fue derogada por la que regula el trasiego de productos o subproductos de tortugas marinas con fines comerciales. Marco de protección legal, constitucional e internacional y análisis respecto al desarrollo sostenible y el principio precautorio. Acceso de los costarricenses a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado como derecho fundamental.
Tema: Desarrollo sostenible Subtemas:
Análisis como guía de la tutela del medio ambiente.
Tema: Principio precautorio en materia ambiental Subtemas:
Análisis como guía de la tutela del medio ambiente.
“I.- Mediante resolución número 2014-01722, de las 09:05 horas, del 31 de octubre de 2014, esta Sala admitió el motivo único del recurso de casación interpuesto por el licenciado Sergio Triunfo Otoya, como Defensor Público de los encartados Wilbert Madrigal Chevez y Nidia Madrigal Cascante, que impugnó la sentencia número 2014-1536, de las 14:05 horas, del 21 de agosto de 2014, dictada por el Tribunal de Apelación de Sentencia Penal del Segundo Circuito Judicial de San José, sede Goicoechea, en donde se declaró con lugar el recurso de apelación interpuesto por el Defensor Público, se recalificaron los hechos al delito de trasiego de productos de animales silvestres, contemplado en el artículo 95 de la Ley de Conservación de la Vida Silvestre, ante lo cual se ordenó el reenvío para nueva sustanciación de pena y en el aspecto civil.
II.- En el único motivo admitido, se invocó la errónea aplicación de un precepto legal sustantivo, particularmente el artículo 95 de la Ley de Conservación de la Vida Silvestre. Reclama que el hecho que fue calificado como delito por el Tribunal de Apelación, en realidad fue despenalizado por una ley especial y posterior, que desplazó dicho artículo. Al tener por demostrado únicamente el trasiego de 104 huevos de tortuga marina, desprovisto de un ánimo comercial, el Tribunal de manera errada , dejó de lado la Ley de Protección y conservación de tortugas marinas, y en su defecto aplicó la Ley de Conservación de la Vida Silvestre, a pesar de que la Ley 8325 es una normativa que tutela de manera específica la materia de las tortugas marinas. En su criterio, acorde con esta nueva legislación, la única conducta punible es la comercialización de los huevos de tortuga marina, de manera tal que, al no haberse comprobado en la especie el fin comercial, lo procedente era el dictado de una sentencia absolutoria.
III.- Los reclamos son declarados sin lugar. Con el objeto de delimitar los temas centrales que atañen al reclamo del recurrente, se hace necesario abordar varios aspectos relacionados con la aplicación de la ley penal en el tiempo, la derogatoria expresa o tácita de normas y el análisis del concurso aparente de normas, para luego delimitar el ámbito de protección penal de la vida silvestre, y particularmente las tortugas marinas.
IV.- La aplicación de la ley penal en el tiempo. El ordenamiento jurídico es dinámico, en la medida en que las normas jurídicas están en un proceso constante de cambio y construcción a través del tiempo, por lo que surge la necesidad de establecer lineamientos acerca de la vigencia y validez de las normas: su eficacia temporal. La doctrina ilustra de manera clara la forma en que funciona la dinámica de creación y extinción de normas penales, de la siguiente forma: “Las leyes penales dejan de estar en vigor por el paso del tiempo, por su formal y expresa derogación y por la colisión de la norma con otra norma del mismo o de superior rango jerárquico. (…) Cuando se elimina la eficacia de una ley por otra se dice que la primera ha sido derogada o abrogada. La derogación es manifestación de un acto legislativo, expresión de la existencia de un poder jurídico potencialmente inagotable, que hace cesar ex nunc la eficacia jurídica de otro acto legislativamente precedente. (…) La mayoría de los casos en que la ley deja de estar en vigencia ocurren porque hay un acto expreso del legislador poniendo a la ley fuera de vigencia. Esto puede ocurrir por derogación expresa, que sucede cuando una ley posterior expresamente dice que la ley anterior queda fuera de vigencia. La derogación tácita ocurre si la misma materia que regula la ley anterior es regulada en una ley posterior de igual o superior rango. Cuando el ámbito de aplicación de ambas normas concuerda en cuanto a su contenido, entonces el efecto de validez lo ejerce la norma posterior, que desplaza a la anterior ley que la contradice parcial o totalmente. Existe el postulado de unidad del orden jurídico y este axioma, que vale para la producción y continuidad de la validez del orden objetivo, no permite la contradicción entre normas jurídicas de igual rango. Este postulado prohíbe igualmente normas lógicamente contradictorias”. (Castillo González, Francisco, Derecho Penal, Parte General, Tomo I, 1ª. Edición, Editorial Jurídica Continental, 2008, Pág.193). Estos principios básicos, se encuentran regulados en una norma constitucional, específicamente el numeral 129, cuando dispone: “Las leyes son obligatorias y surten efectos desde el día que ellas designen; a falta de este requisito, diez días después de su publicación en el Diario Oficial. (…) La ley no queda abrogada ni derogada sino por otra posterior; contra su observancia no podrá alegarse desuso, costumbre ni práctica en contrario”. Ahora bien, siguiendo la línea de razonamiento del recurrente y atendiendo a los principios antes mencionados, la única forma en que puede afirmarse que el numeral 95 de la Ley de Conservación de la Vida Silvestre fue “desplazado” por lo dispuesto en el artículo 6 de la Ley 8325 para la Protección, conservación y recuperación de tortugas marinas, es a través de una derogatoria, sea expresa o tácita, lo cual no ocurre en la especie. Por un lado, es patente que la Ley 8325 no contiene ninguna disposición legal derogatoria expresa respecto del ordinal 95 de la Ley de Conservación de la Vida Silvestre. Y respecto de una posible derogatoria tácita, esta Sala estima que tampoco se verifica, en tanto, pues entre ambos preceptos legales no se logra apreciar que exista una colisión o contradicción normativa: “Cuando hay contradicción entre leyes con diferentes puntos temporales de nacimiento, cuyo campo de aplicación desde el punto de vista del contenido no concuerda totalmente porque la ley anterior solamente regula una parte del ámbito que regula la lex posterior, entonces entra a regir el principio general que norma la colisión de normas en el tiempo. Este principio es “lex posterior derogat legi priori”. Esta regla puede formularse de la manera siguiente: “Una nueva ley deroga a la anterior en tanto que ella esté con la vieja ley en una contradicción lógico- normativa”. (Castillo González, Francisco, Ibíd., pág. 193) Es decir, en tanto no sean excluyentes los postulados normativos de ambas disposiciones legales, no se puede afirmar que haya existido una derogatoria tácita. Es notorio entonces que las normas penales en discusión, lejos de contemplar una contradicción lógico normativa en sus postulados, resultan complementarias, de manera que resulta incorrecta la aseveración hecha por el impugnante. Si bien es cierto, existe una relación de norma general- norma especial, entre la Ley de Conservación de la Vida Silvestre y la Ley de Protección de Tortugas, ello no implica que se limite o anule el ámbito de aplicación de una respecto de la otra, al punto de considerar despenalizada una conducta, únicamente en razón de que la misma no fue contemplada en la ley especial posterior, por lo que dicho argumento carece de fundamento.
V.- Sobre el principio de especialidad en el concurso aparente de normas. En los planteamientos del recurrente, se propone como tema de discusión la posible existencia de un concurso aparente de normas entre el artículo 95 de la Ley de Conservación de la Vida Silvestre y el ordinal 6 de la ley de Protección, Conservación y Recuperación de tortugas marinas, aludiendo a la necesaria aplicación del principio de especialidad para dilucidar dicho conflicto normativo. A los efectos, resulta conveniente desarrollar el concepto de concurso aparente de normas y los principios que permiten delimitar cuál de los preceptos legales resulta aplicable al caso concreto. "La figura del concurso aparente de normas, por su parte, conlleva una lesión "aparente" de varios bienes jurídicos, pero que en la realidad se verifica una única leisón. El efecto imediato que resulta de la verificación de un concurso aparente de normas es que se absorbe la aplicación de un tipo penal por otro, porque el primero ya tiene contemplado todo el injusto penal del segundo. Este análisis tiene como punto de partida una serie de principios, que permiten distinguir la existencia o no de un concurso aparente de normas: el principio de especialidad, y el de subsidiariedad material o tácita." (Sala Tercera, Resolución número 471-2014, de las 09:19 horas, del 21 de marzo de 2014). Bajo este planteamiento general, esta figura parte de la verificación de una única acción objeto de tutela penal, y la posible aplicación de dos o más disposiciones penales. En aras de establecer cuál tipo penal es el que corresponde aplicar, se han postulado una serie de criterios o principios que permiten delimitar la solución a este problema, y que están contenidos en el numeral 23 del Código Penal, que dispone: “Cuando una misma conducta esté descrita en varias disposiciones legales que se excluyan entre sí, solo se aplicará una de ellas, así: la norma especial prevalece sobre la general, la que contiene íntegramente a otra se prefiere a ésta y aquella que la ley no haya subordinado expresa o tácitamente a otra, se aplica en vez de la accesoria”. Entran en juego a los efectos los principios de especialidad, subsidiariedad y alternatividad, que se aplican según el marco fáctico que se tenga por probado. Tomando como punto de partida estos elementos, si bien es cierto, considerando el principio de especialidad, puede entenderse que la Ley de Conservación de la Vida Silvestre contiene una protección general de la fauna silvestre, sus productos y subproductos y, en particular, especies en peligros de extinción, como ocurre en el caso de las tortugas baulas y, que la Ley 8325 resguarda de manera específica a las tortugas marinas; sin embargo, no puede soslayarse que dicho principio cede cuando la norma especial no contiene todos los elementos objetivos de tipicidad que abarca la norma general, como ocurre en el caso en estudio, en lo atinente a la acción de trasiego de productos o subproductos de especies silvestres sin fines lucrativos o comerciales. A través de la unificación de criterios jurisprudenciales y en relación con el tema de concurso aparente de las normas que se discuten, esta Sala dispuso: “En consecuencia, de acuerdo con las características del caso en estudio, el citado artículo 6 de la Ley 8325 es la ley especial respecto del artículo 95 de la Ley 7317, siempre y cuando la conducta que se acuse se encuentre contenida íntegramente en la descripción del tipo penal contemplada en dicha norma. En razón de lo anterior, valga aclarar que no se trata propiamente de una derogatoria tácita del ordinal 95 de la Ley de Vida Silvestre, sino que al estarse en presencia de un concurso aparente de normas, se resuelve con fundamento en el principio de especialidad, tomando en consideración el marco fáctico que se tuvo por probado. (…) Se unifica el criterio jurisprudencial consultado, en el sentido de que cuando se trate de un concurso aparente de normas en asuntos relacionados con la protección y tutela de tortugas marinas, deberá aplicarse la Ley de Protección, Conservación y Recuperación de Poblaciones de Tortugas Marinas, No. 8325 –en virtud del principio de especialidad. En lo no previsto en esta ley especial, se entenderá que deben aplicarse aquellas normas vigentes relacionadas con el tema en cuestión”. (El subrayado no pertenece al original) (Sala Tercera, Resolución número 2013-1185, de las 09:00 horas del 13 de setiembre de 2013). Es evidente que el criterio seguido por el impugnante desconoce reglas básicas para la aplicación del concurso aparente de normas, pues la omisión del tipo penal especial que contiene la Ley de Protección de tortugas marinas, en tanto sanciona únicamente el trasiego con fines comerciales, no implica que la conducta en sí misma haya sido despenalizada a través de una norma especial posterior, si aún mantiene vigencia una norma general (la Ley de Conservación de la Vida silvestre) que sí contempla tales acciones, sin que necesariamente se desplieguen con un fin comercial, como punibles. Ello se debe justamente a que, según lo normado en el ordinal 23 del Código Penal, debe atenderse a la norma penal que contemple íntegramente la conducta que se tiene por acreditada, según las circunstancias particulares del caso concreto, tal y como se verificó en el fallo de apelación en discusión.
VI.- La protección legal y constitucional del medio ambiente y, la tutela especial de las poblaciones de tortugas marinas. Es relevante, para la resolución del presente asunto, traer a colación el tema de la protección jurídica del medio ambiente, que se ha constatado a través de instrumentos legales no solo nacionales sino a nivel internacional que ha adoptado el Estado costarricense, con el fin de delimitar los objetivos y compromisos que fueron asumidos con la promulgación de la Ley 8325, y que permiten descartar el argumento del recurrente respecto de la despenalización del trasiego de productos de tortuga desprovisto de fines comerciales. En primer lugar, resulta conveniente analizar el proceso de evolución que ha sufrido nuestro ordenamiento jurídico, en la búsqueda de una extensión del campo de acción en resguardo de nuestro medio ambiente. Así, a partir de la reforma del artículo 50 de la Constitución Política costarricense, se marca un hito importante en la trayectoria seguida por el legislador, cuando se otorga la categoría de derecho fundamental básico el acceso de los costarricenses a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. Es un aspecto que ha enfatizado y desarrollado ampliamente la Sala Constitucional, que ha dispuesto: “III.-Sobre el derecho fundamental a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. El artículo 50 de la Constitución Política establece que toda persona tiene derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. El derecho a un ambiente sano tiene un contenido amplio que equivale a la aspiración de mejorar el entorno de vida del ser humano, de manera que desborda los criterios de conservación natural para ubicarse dentro de toda esfera en la que se desarrolle la persona, sea la familiar, la laboral o la del medio en el cual habita. De ahí que se afirme que se trata de un derecho transversal, es decir, que se desplaza a todo lo largo del ordenamiento jurídico, modelando y reinterpretando sus institutos. El ambiente es definido por la Real Academia Española de la Lengua como el ‘conjunto de circunstancias físicas que rodean a los seres vivos’, lo que recalca aún más el carácter general del derecho. En cambio el derecho a un ambiente ecológicamente equilibrado es un concepto más restringido referido a una parte importante de ese entorno en el que se desarrolla el ser humano, al equilibrio que debe existir entre el avance de la sociedad y la conservación de los recursos naturales. Ambos derechos se encuentran reconocidos expresamente en el artículo 50 de la Constitución Política, que perfila el Estado Social de Derecho. La ubicación del derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado dentro de las regulaciones constitucionales del Estado Social de Derecho es el punto a partir del cual debe éste ser analizado. El Estado Social de Derecho produce el fenómeno de incorporación al texto fundamental de una serie de objetivos políticos de gran relevancia social y de la introducción de un importante número de derechos sociales que aseguran el bien común y la satisfacción de las necesidades elementales de las personas. En esta perspectiva, la Constitución Política enfatiza que la protección de los recursos naturales es un medio adecuado para tutelar y mejorar la calidad de vida de todos, lo que hace necesaria la intervención de los poderes públicos sobre los factores que pueden alterar el equilibrio de los recursos naturales y, más ampliamente, obstaculizar que la persona se desarrolle y desenvuelva en un ambiente sano. De igual forma que el principio del Estado Social de Derecho es de aplicación inmediata, el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado también lo es, de manera que se manifiesta en la doble vertiente de derecho subjetivo de las personas y configuración como meta o fin de la acción de los poderes públicos en general. La incidencia que tiene el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado dentro de la actividad del Estado, encuentra su primera razón de ser en que por definición los derechos no se limitan a la esfera privada de los individuos sino que tienen asimismo trascendencia en la propia estructura del Estado en su papel de garante de los mismos y, en segundo término, porque la actividad del Estado se dirige hacia la satisfacción de los intereses de la colectividad. La Constitución Política establece que el Estado debe garantizar, defender y preservar ese derecho. Prima facie garantizar es asegurar y proteger el derecho contra algún riesgo o necesidad, defender es vedar, prohibir e impedir toda actividad que atente contra el derecho, y preservar es una acción dirigida a poner a cubierto anticipadamente el derecho de posibles peligros a efectos de hacerlo perdurar para futuras generaciones. El Estado debe asumir un doble comportamiento de hacer y de no hacer; por un lado debe abstenerse de atentar él mismo contra el derecho a contar con un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, y por otro lado, debe asumir la tarea de dictar las medidas que permitan cumplir con los requerimientos constitucionales." (Sentencia número 00644–99 de las once horas veinticuatro minutos del veintinueve de enero de mil novecientos noventa y nueve; en el mismo sentido se puede consultar la número 4947-2002 de las nueve horas con veinticuatro minutos del veinticuatro de mayo de dos mil dos”. (Sala Constitucional, resolución número 2009-9604 de las 18:09 horas del 18 de junio de 2009). Bajo la consigna del efectivo cumplimiento y respeto de este derecho fundamental, el Estado costarricense ha optado por incorporar en el ordenamiento jurídico preceptos legales que persiguen ampliar y extender el resguardo del medio ambiente, nunca limitar u obstaculizar esa protección. Para ello, en materia ambiental primeramente se han suscrito diferentes instrumentos internacionales, que implican la obligación de implementar medidas internas para mejorar los mecanismos de prevención y sanción de todas aquellas acciones dirigidas a poner en peligro el equilibrio ambiental. Particularmente, en el tema de la protección de las tortugas marinas, que es el que atañe en el presente asunto, se han adoptado importantes convenios internacionales que informan esta materia, tales como la Convención para la Conservación de las especies silvestres (Convención de Bohn), la Convención sobre el Comercio Internacional de especies amenazadas de flora y fauna (CITES), el Acuerdo para la conservación de las tortugas marinas en la costa caribeña de Costa Rica, Nicaragua y Panamá y, el Convenio Interamericano para la Protección y Conservación de las tortugas marinas, entre otros. Este último instrumento internacional marcó el punto de origen para la promulgación de la Ley 8325 para la protección, conservación y recuperación de las poblaciones de tortugas marinas, pero ello no significa que antes del surgimiento de dicha normativa, esta especie se haya encontrado en total desamparo. La Ley de Conservación de la Vida Silvestre, número 7317, preliminarmente nació a la vida jurídica como parte de ese adeudo estatal, asumido con la suscripción de diferentes convenios internacionales, como respuesta a una necesidad de regular, supervisar y sancionar a nivel nacional, toda actividad que ostentare la posibilidad de poner en riesgo la flora y fauna silvestre, con especial énfasis en aquellas poblaciones que estuviesen reducidas o amenazadas, entre ellas las tortugas marinas. Con esta ley se enmarcaron los lineamientos previos de nuestro ordenamiento jurídico en torno a la protección de la vida silvestre, y muy especialmente, de las tortugas marinas, como una especie en peligro de extinción. Se trata de un elemento esencial que nos permite deducir con facilidad que la tendencia legislativa siempre ha sido la expansión de la tutela en materia ambiental, bajo la dirección de los principios precautorio y de desarrollo sostenible. Respecto del primer principio, la Sala Constitucional ha dispuesto: “ IV.-PRINCIPIO PRECAUTORIO. La justicia constitucional ha reconocido una serie de principios de tutela del medio ambiente que derivan en obligaciones específicas para el estado costarricense. En primer término, resulta de relevancia rescatar para los efectos del caso que se examina, el principio de precaución, el cual se encuentra en su formulación más general en la Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo, cuyo principio 15 dispone: “Principio 15.-Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados deberán aplicar ampliamente el criterio de precaución conforme a sus capacidades. Cuando haya peligro de daño grave e irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente.” La Sala ha reconocido el “principio precautorio”, como un principio que obliga al Estado a disponer todo lo que sea necesario –dentro del ámbito permitido por el Ordenamiento Jurídico– a efecto de impedir que se produzcan daños irreversibles en el medio. Dentro de esta óptica, mediante sentencia No. 1250-1999 de las 11:24 hrs. del 19 de febrero de 1999 dispuso: " (...) en materia ambiental la coacción a posteriori resulta ineficaz, por cuanto de haberse producido ya las consecuencias biológicas y socialmente nocivas, la represión podrá tener una trascendencia moral, pero difícilmente compensará los daños ocasionados al ambiente". También, en la sentencia No. 132-99 de las 8:18 hrs. del 8 de enero de 1999 se indicó: "El principio de protección al medio ambiente no es una recomendación o una intención que da la Constitución, sino que, por el contrario, es un derecho de aplicación inmediata, por lo que existe una obligación por parte de los organismos gubernamentales de vigilar porque se cumplan las disposiciones legales que tiendan a proteger el medio ambiente." (El destacado no forma parte del original)” (Sala Constitucional, resolución número 2005-1174, de las 15:12 horas del 08 de febrero de 2005). Como complemento, el principio de desarrollo sostenible es definido de la siguiente forma: “Bajo este principio de desarrollo sostenible, se reconoce la necesidad de alcanzar el desarrollo del país en aras de atender las insuficiencias sociales y económicas que se padecen. Pero proclama que el desarrollo se realice sin destruir el medio ambiente y sin agotar las existencias de recursos naturales, permitiendo que el uso de estos recursos no sea superior a su capacidad de reposición. (…) El principio de desarrollo sostenible –ampliamente reconocido por este Tribunal- trasciende las cuestiones meramente ambientales, porque se erige como un objetivo en el ámbito de la ciencia económica, pues además de procurar preservar los recursos naturales que dan soporte a la vida de los seres humanos, también persigue la eficiencia en la utilización de los recursos para que se consiga el desarrollo que satisfaga las necesidades de las generaciones presentes y futuras, sin comprometer la disponibilidad de los recursos naturales en general”. (Sala Constitucional, resolución número 14180-2010, de las 14:35 horas del 25 de agosto de 2010). Siguiendo estos enunciados básicos, es claro que no existe una sola razón de orden legal ni constitucional que permita inferir que lo que se pretendió con la promulgación de la Ley 8325 fuere despenalizar el trasiego de huevos de tortugas marinas desprovisto de fines comerciales, pues ello implicaría un retroceso en los avances logrados por la misma Ley de Conservación de la Vida Silvestre, que hasta ese momento sirvió de contención de este tipo de conductas ilícitas. Por el contrario, es claro que, con la entrada en vigencia de la Ley 8325 para la protección, conservación y recuperación de la población de tortugas marinas, se dio continuidad a esa orientación progresiva y se amplificó el ámbito de protección que inicialmente ostentó la Ley de Conservación de la Vida Silvestre. Esta legislación tuvo como objetivo principal declarar de interés público la investigación científica sobre las tortugas marinas y sus habitats, justamente bajo la premisa de que se trata de una especie en peligro de extinción, que presenta factores de riesgo no solo de orden biológico, sino también de índole humano, lo que durante mucho tiempo desmejoró su sostenibilidad. Por tanto, la finalidad hacia la cual se ha dirigido el resguardo de las tortugas marinas, no solo pretende vedar la comercialización de los productos y subproductos de los quelonios, sino que se direcciona más concretamente a regular y restringir todo tipo de actividad humana que se desarrolle en detrimento de la especie, ello atendiendo justamente a las obligaciones asumidas con ocasión de la suscripción de los distintos convenios que se han citado. Nótese que dentro de los objetivos trazados por la Convención Interamericana para la Protección de las Tortugas Marinas, como instrumento legal que inspiró la Ley 8325, se dispuso como prioridad la restricción de toda actividad humana que tuviere el potencial de afectar gravemente a las tortugas marinas, de manera que se extendió la tutela, no solo a las tortugas en sí mismas, sino también a los lugares de desove y por supuesto, los productos. Se pretendió además prohibir el comercio doméstico de las tortugas marinas y sus productos, justamente con la finalidad de evitar el manejo inadecuado de los huevos, no relacionado con fines científicos, por las graves implicaciones que ello representa para la reproducción de dicha especie. Analizando todo este camino que se ha recorrido para alcanzar las metas ambientales que Costa Rica se ha propuesto como norte, a través de este proceso legislativo, es posible concluir que la interpretación hecha por el recurrente, sobre una posible despenalización de la acción de trasiego de huevos de tortuga marina sin fines lucrativos resulta absolutamente infundada. Independientemente de si se contempló o no esa conducta en la ley especial dictada con posterioridad, no se puede obviar que tales acciones fueron penalizadas de previo a través de la Ley de Conservación de la Vida Silvestre, tipo penal que se mantiene a la fecha vigente. Tampoco se puede dejar de lado los esfuerzos del Estado costarricense, dirigidos a ampliar la protección de las tortugas marinas, sobre todo si se considera que este tipo de acciones desplegadas por los encausados, afectan severamente y de manera irreversible las poblaciones de tortugas marinas, e implican un quebranto insoslayable al derecho fundamental a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. Es evidente que la actividad de trasiego o recolecta de huevos de tortuga marina, genera un daño ambiental importante, de la misma magnitud que si fuere para efectos comerciales o no, pues incide en el decrecimiento poblacional de la especie y, por ende, en su sostenibilidad. El principio de legalidad no puede ser interpretado de manera aislada, como lo pretende el recurrente. Por el contrario, la interpretación y aplicación de las normas penales, debe ir en concordancia con el ordenamiento jurídico nacional e internacional, legal y constitucional. Es evidente que los argumentos utilizados por el impugnante además desconocen los mecanismos de protección legal que se han implementado en el tema de vida silvestre y se apartan de principios básicos que rigen la materia ambiental, amparados a nivel constitucional y supra constitucional, por lo cual resultan insostenibles. Finalmente, resulta necesario acotar que el juez penal, como operador del derecho, se encuentra compelido a resolver conforme con la ley vigente. Así lo dispone, de manera general, el artículo 41 de la Constitución Política y, de manera específica, en materia penal, el numeral 5 del Código Procesal Penal, que contempla no solo la independencia de la función jurisdiccional respecto de otros poderes del Estado, sino que somete al juzgador al cumplimiento de lo ordenado por la Constitución, el Derecho Internacional y la ley. “En el caso de la función jurisdiccional, en su ejercicio se debe cumplir el propósito de solución de controversias, pero para ello se debe partir del respeto al principio de división de poderes, en caso contrario se pondría en entredicho el funcionamiento democrático propiamente de un sistema republicano. Cuando un juez se atribuye las potestades del legislador, no solo pone el peligro la división funcional de las instituciones primigenias del Estado, sino que también realiza una función para la cual no posee la legitimación democrática necesaria. Igualmente, cuando un juzgador no cumple su función de aplicar el derecho, también vulnera el principio democrático, pues no atiende las disposiciones legales que derivan de la representación popular, tal y como acontece en la especie (…)”. (Sala Tercera, Resolución número 060-2014, de las 11:52 horas del 04 de febrero de 2014). En el presente asunto, existiendo una norma penal vigente que contempla de manera completa la acción desplegada por los acusados, no podría el juez ignorar la existencia de dicho precepto legal, y dejar impune una conducta que ha sido previamente sancionada como delito.
VII.- Análisis del caso concreto. Los hechos que se tuvo por probados en la sentencia condenatoria son los siguientes: “El día 28 de abril de 2012, al ser las 22:00 horas, en Limón, en la playa de Matina, a 600 metros al norte de la desembocadura del Río Matina, oficiales del Servicio Nacional de Guardacostas, sorprendieron y detuvieron a los aquí imputados WILBERT CHEVEZ GODINEZ y NIDIA YESENIA MADRIGAL CASCANTE, los cuales, con pleno conocimiento de su actuar ilícito, le recolectaron y trasegaron 104 huevos de tortuga marina Baula, los cuales llevaban dentro de una bolsa de plástico negra, lo anterior sin el permiso del Sistema Nacional de Áreas de Conservación del MINAET”. (Folio 6) Tomando como punto de partida este cuadro fáctico, y a tenor de lo que dispone el artículo 95 de la Ley de Conservación de la Vida Silvestre, que textualmente sanciona: “Quienes comercien, negocien, trafiquen o trasieguen animales silvestres, sus productos y derivados, sin el permiso respectivo del Sistema Nacional de Áreas de Conservación, serán sancionados de la siguiente manera: a) Con pena de multa de diez a cuarenta salarios base o pena de prisión de uno a tres años, y el comiso de los animales o productos objeto de la infracción, cuando se trate de especies cuyas poblaciones han sido declaradas como reducidas o en peligro de extinción”. Tal y como lo analizó el Tribunal de Apelación, no cabe duda de la demostración de los elementos básicos que convergen para la configuración de la figura típica antes descrita, y que no fueron objeto de controversia por el impugnante en su recurso, tales como la acción de “trasiego”, que la misma Ley de Conservación, en el numeral 2, define como: “Acción de mudar, de lugar o de tiempo, una especie o especies determinadas”. Del mismo modo, que se trató de una acción ejecutada por los imputados, la cual recayó sobre lo que se denomina “productos” de animales silvestres, en este caso, huevos de tortugas marinas. Asimismo, se constata que efectivamente las tortugas marinas Baula, según el Convenio CITES, en el apéndice I, que fue citado con anterioridad, dispone que se trata de una especie calificada en peligro de extinción. Finalmente, se puede desprender de la sentencia condenatoria, que se tuvo por probado documentalmente que los acusados no ostentaban ninguna clase de permiso extendido por las autoridades administrativas encargadas, para realizar este tipo de acciones. Este examen, que fue elaborado por los jueces de segunda instancia, no dejan halo de duda alguna de la procedencia de la recalificación jurídica dada a los hechos probados, y que resulta una acción legítima y apegada a derecho por parte de los juzgadores al resolver el recurso de apelación incoado, toda vez que, según lo ordenado por el artículo 465 del Código Procesal Penal, en la sede de apelación es obligación de los jueces hacer una valoración integral de lo resuelto en sentencia condenatoria y, enmendar los vicios que determine según la ley aplicable, tal y como ocurrió en el caso concreto. En ese sentido, la recalificación legal que se verifica en el fallo de apelación se encuentra apegada a derecho, en tanto responde justamente a ese deber legal que le compete al juez de aplicar el derecho, tomando en consideración las leyes penales vigentes, y haciendo una interpretación normativa armónica y sistemática según los principios que rigen la materia. En consecuencia, se declara sin lugar el recurso de casación y se mantiene incólume en todos sus extremos la resolución impugnada.” ... Ver más Citas de Legislación y Doctrina Sentencias Relacionadas *120009540472PE* Res: 2015-00480 SALA TERCERA DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. San José, a las ocho horas y cincuenta y nueve minutos del ocho de abril del dos mil quince.
Recurso de Casación, interpuesto en la presente causa seguida contra Nidia Madrigal Cascante, mayor, costarricense, portadora de la cédula de identidad número 06-0278-0376, ama de casa, nacida en Quepos el 30 de septiembre de 1976, hija de Melvin Madrigal y Aurelia Cascante, y Wilberth Chéves Godínez, mayor, costarricense, portador de la cédula de identidad número 05-0328-0332, labora como asistente de bodega, nacido el 29 de mayo de 1982 en Guanacaste, hijo de Benito Chévez y Justa Godínez; por el delito de Infracción a la Ley de Protección, Conservación y Recuperación de las Poblaciones de Tortugas Marinas, cometido en perjuicio de Los Recursos Naturales. Intervienen en la decisión del recurso, los magistrados Carlos Chinchilla Sandí, Jesús Ramírez Quirós, José Manuel Arroyo Gutiérrez, Magda Pereira Villalobos y Doris Arias Madrigal. Además intervienen en esta instancia, el licenciado Sergio Triunfo Otoya, en su condición de recurrente defensor público. Se apersonó el representante del Ministerio Público.
Resultando:
1.- Mediante sentencia N° 2014-1536, dictada a las catorce horas y cinco minutos del veintiuno de agosto del dos mil catorce, el Tribunal de Apelación de Sentencia Penal del Segundo Circuito Judicial de San José, Goicoechea, resolvió: “POR TANTO: Se declara con lugar el recurso de apelación de sentencia penal. Se recalifican los hechos al delito de trasiego de productos de animales silvestres, contemplado en el artículo 95, de la Ley de Conservación de la Vida Silvestre. Se ordena el reenvío para la sustanciación de la sanción a imponer. Se anula la sentencia civil y se ordena el reenvío para nueva sustanciación. NOTÍFIQUESE.- Rafael Ángel Sanabria Rojas Ronald Salazar Murillo Olman Alberto Ulate Calderón Jueces de Tribunal de Apelación de Sentencia Penal” (sic).
2.- Contra el anterior pronunciamiento, el licenciado Sergio Triunfo Otoya en su calidad de defensor público, interpuso Recurso de Casación.
3.- Verificada la deliberación respectiva, la Sala se planteó las cuestiones formuladas en el recurso.
4.- En los procedimientos se han observado las prescripciones legales pertinentes.
Informa el magistrado Chinchilla Sandí; y,
Considerando:
I.- Mediante resolución número 2014-01722, de las 09:05 horas, del 31 de octubre de 2014, esta Sala admitió el motivo único del recurso de casación interpuesto por el licenciado Sergio Triunfo Otoya, como Defensor Público de los encartados Wilbert Madrigal Chevez y Nidia Madrigal Cascante, que impugnó la sentencia número 2014-1536, de las 14:05 horas, del 21 de agosto de 2014, dictada por el Tribunal de Apelación de Sentencia Penal del Segundo Circuito Judicial de San José, sede Goicoechea, en donde se declaró con lugar el recurso de apelación interpuesto por el Defensor Público, se recalificaron los hechos al delito de trasiego de productos de animales silvestres, contemplado en el artículo 95 de la Ley de Conservación de la Vida Silvestre, ante lo cual se ordenó el reenvío para nueva sustanciación de pena y en el aspecto civil.
II.- En el único motivo admitido, se invocó la errónea aplicación de un precepto legal sustantivo, particularmente el artículo 95 de la Ley de Conservación de la Vida Silvestre. Reclama que el hecho que fue calificado como delito por el Tribunal de Apelación, en realidad fue despenalizado por una ley especial y posterior, que desplazó dicho artículo. Al tener por demostrado únicamente el trasiego de 104 huevos de tortuga marina, desprovisto de un ánimo comercial, el Tribunal de manera errada , dejó de lado la Ley de Protección y conservación de tortugas marinas, y en su defecto aplicó la Ley de Conservación de la Vida Silvestre, a pesar de que la Ley 8325 es una normativa que tutela de manera específica la materia de las tortugas marinas. En su criterio, acorde con esta nueva legislación, la única conducta punible es la comercialización de los huevos de tortuga marina, de manera tal que, al no haberse comprobado en la especie el fin comercial, lo procedente era el dictado de una sentencia absolutoria.
III.- Los reclamos son declarados sin lugar. Con el objeto de delimitar los temas centrales que atañen al reclamo del recurrente, se hace necesario abordar varios aspectos relacionados con la aplicación de la ley penal en el tiempo, la derogatoria expresa o tácita de normas y el análisis del concurso aparente de normas, para luego delimitar el ámbito de protección penal de la vida silvestre, y particularmente las tortugas marinas.
IV.- La aplicación de la ley penal en el tiempo. El ordenamiento jurídico es dinámico, en la medida en que las normas jurídicas están en un proceso constante de cambio y construcción a través del tiempo, por lo que surge la necesidad de establecer lineamientos acerca de la vigencia y validez de las normas: su eficacia temporal. La doctrina ilustra de manera clara la forma en que funciona la dinámica de creación y extinción de normas penales, de la siguiente forma: “Las leyes penales dejan de estar en vigor por el paso del tiempo, por su formal y expresa derogación y por la colisión de la norma con otra norma del mismo o de superior rango jerárquico. (…) Cuando se elimina la eficacia de una ley por otra se dice que la primera ha sido derogada o abrogada. La derogación es manifestación de un acto legislativo, expresión de la existencia de un poder jurídico potencialmente inagotable, que hace cesar ex nunc la eficacia jurídica de otro acto legislativamente precedente. (…) La mayoría de los casos en que la ley deja de estar en vigencia ocurren porque hay un acto expreso del legislador poniendo a la ley fuera de vigencia. Esto puede ocurrir por derogación expresa, que sucede cuando una ley posterior expresamente dice que la ley anterior queda fuera de vigencia. La derogación tácita ocurre si la misma materia que regula la ley anterior es regulada en una ley posterior de igual o superior rango. Cuando el ámbito de aplicación de ambas normas concuerda en cuanto a su contenido, entonces el efecto de validez lo ejerce la norma posterior, que desplaza a la anterior ley que la contradice parcial o totalmente. Existe el postulado de unidad del orden jurídico y este axioma, que vale para la producción y continuidad de la validez del orden objetivo, no permite la contradicción entre normas jurídicas de igual rango. Este postulado prohíbe igualmente normas lógicamente contradictorias”. (Castillo González, Francisco, Derecho Penal, Parte General, Tomo I, 1ª. Edición, Editorial Jurídica Continental, 2008, Pág.193). Estos principios básicos, se encuentran regulados en una norma constitucional, específicamente el numeral 129, cuando dispone: “Las leyes son obligatorias y surten efectos desde el día que ellas designen; a falta de este requisito, diez días después de su publicación en el Diario Oficial. (…) La ley no queda abrogada ni derogada sino por otra posterior; contra su observancia no podrá alegarse desuso, costumbre ni práctica en contrario”. Ahora bien, siguiendo la línea de razonamiento del recurrente y atendiendo a los principios antes mencionados, la única forma en que puede afirmarse que el numeral 95 de la Ley de Conservación de la Vida Silvestre fue “desplazado” por lo dispuesto en el artículo 6 de la Ley 8325 para la Protección, conservación y recuperación de tortugas marinas, es a través de una derogatoria, sea expresa o tácita, lo cual no ocurre en la especie. Por un lado, es patente que la Ley 8325 no contiene ninguna disposición legal derogatoria expresa respecto del ordinal 95 de la Ley de Conservación de la Vida Silvestre. Y respecto de una posible derogatoria tácita, esta Sala estima que tampoco se verifica, en tanto, pues entre ambos preceptos legales no se logra apreciar que exista una colisión o contradicción normativa: “Cuando hay contradicción entre leyes con diferentes puntos temporales de nacimiento, cuyo campo de aplicación desde el punto de vista del contenido no concuerda totalmente porque la ley anterior solamente regula una parte del ámbito que regula la lex posterior, entonces entra a regir el principio general que norma la colisión de normas en el tiempo. Este principio es “lex posterior derogat legi priori”. Esta regla puede formularse de la manera siguiente: “Una nueva ley deroga a la anterior en tanto que ella esté con la vieja ley en una contradicción lógico- normativa”. (Castillo González, Francisco, Ibíd., pág. 193) Es decir, en tanto no sean excluyentes los postulados normativos de ambas disposiciones legales, no se puede afirmar que haya existido una derogatoria tácita. Es notorio entonces que las normas penales en discusión, lejos de contemplar una contradicción lógico normativa en sus postulados, resultan complementarias, de manera que resulta incorrecta la aseveración hecha por el impugnante. Si bien es cierto, existe una relación de norma general- norma especial, entre la Ley de Conservación de la Vida Silvestre y la Ley de Protección de Tortugas, ello no implica que se limite o anule el ámbito de aplicación de una respecto de la otra, al punto de considerar despenalizada una conducta, únicamente en razón de que la misma no fue contemplada en la ley especial posterior, por lo que dicho argumento carece de fundamento.
V.- Sobre el principio de especialidad en el concurso aparente de normas. En los planteamientos del recurrente, se propone como tema de discusión la posible existencia de un concurso aparente de normas entre el artículo 95 de la Ley de Conservación de la Vida Silvestre y el ordinal 6 de la ley de Protección, Conservación y Recuperación de tortugas marinas, aludiendo a la necesaria aplicación del principio de especialidad para dilucidar dicho conflicto normativo. A los efectos, resulta conveniente desarrollar el concepto de concurso aparente de normas y los principios que permiten delimitar cuál de los preceptos legales resulta aplicable al caso concreto. "La figura del concurso aparente de normas, por su parte, conlleva una lesión "aparente" de varios bienes jurídicos, pero que en la realidad se verifica una única leisón. El efecto imediato que resulta de la verificación de un concurso aparente de normas es que se absorbe la aplicación de un tipo penal por otro, porque el primero ya tiene contemplado todo el injusto penal del segundo. Este análisis tiene como punto de partida una serie de principios, que permiten distinguir la existencia o no de un concurso aparente de normas: el principio de especialidad, y el de subsidiariedad material o tácita." (Sala Tercera, Resolución número 471-2014, de las 09:19 horas, del 21 de marzo de 2014). Bajo este planteamiento general, esta figura parte de la verificación de una única acción objeto de tutela penal, y la posible aplicación de dos o más disposiciones penales. En aras de establecer cuál tipo penal es el que corresponde aplicar, se han postulado una serie de criterios o principios que permiten delimitar la solución a este problema, y que están contenidos en el numeral 23 del Código Penal, que dispone: “Cuando una misma conducta esté descrita en varias disposiciones legales que se excluyan entre sí, solo se aplicará una de ellas, así: la norma especial prevalece sobre la general, la que contiene íntegramente a otra se prefiere a ésta y aquella que la ley no haya subordinado expresa o tácitamente a otra, se aplica en vez de la accesoria”. Entran en juego a los efectos los principios de especialidad, subsidiariedad y alternatividad, que se aplican según el marco fáctico que se tenga por probado. Tomando como punto de partida estos elementos, si bien es cierto, considerando el principio de especialidad, puede entenderse que la Ley de Conservación de la Vida Silvestre contiene una protección general de la fauna silvestre, sus productos y subproductos y, en particular, especies en peligros de extinción, como ocurre en el caso de las tortugas baulas y, que la Ley 8325 resguarda de manera específica a las tortugas marinas; sin embargo, no puede soslayarse que dicho principio cede cuando la norma especial no contiene todos los elementos objetivos de tipicidad que abarca la norma general, como ocurre en el caso en estudio, en lo atinente a la acción de trasiego de productos o subproductos de especies silvestres sin fines lucrativos o comerciales. A través de la unificación de criterios jurisprudenciales y en relación con el tema de concurso aparente de las normas que se discuten, esta Sala dispuso: “En consecuencia, de acuerdo con las características del caso en estudio, el citado artículo 6 de la Ley 8325 es la ley especial respecto del artículo 95 de la Ley 7317, siempre y cuando la conducta que se acuse se encuentre contenida íntegramente en la descripción del tipo penal contemplada en dicha norma. En razón de lo anterior, valga aclarar que no se trata propiamente de una derogatoria tácita del ordinal 95 de la Ley de Vida Silvestre, sino que al estarse en presencia de un concurso aparente de normas, se resuelve con fundamento en el principio de especialidad, tomando en consideración el marco fáctico que se tuvo por probado. (…) Se unifica el criterio jurisprudencial consultado, en el sentido de que cuando se trate de un concurso aparente de normas en asuntos relacionados con la protección y tutela de tortugas marinas, deberá aplicarse la Ley de Protección, Conservación y Recuperación de Poblaciones de Tortugas Marinas, No. 8325 –en virtud del principio de especialidad. En lo no previsto en esta ley especial, se entenderá que deben aplicarse aquellas normas vigentes relacionadas con el tema en cuestión”. (El subrayado no pertenece al original) (Sala Tercera, Resolución número 2013-1185, de las 09:00 horas del 13 de setiembre de 2013). Es evidente que el criterio seguido por el impugnante desconoce reglas básicas para la aplicación del concurso aparente de normas, pues la omisión del tipo penal especial que contiene la Ley de Protección de tortugas marinas, en tanto sanciona únicamente el trasiego con fines comerciales, no implica que la conducta en sí misma haya sido despenalizada a través de una norma especial posterior, si aún mantiene vigencia una norma general (la Ley de Conservación de la Vida silvestre) que sí contempla tales acciones, sin que necesariamente se desplieguen con un fin comercial, como punibles. Ello se debe justamente a que, según lo normado en el ordinal 23 del Código Penal, debe atenderse a la norma penal que contemple íntegramente la conducta que se tiene por acreditada, según las circunstancias particulares del caso concreto, tal y como se verificó en el fallo de apelación en discusión.
VI.- La protección legal y constitucional del medio ambiente y, la tutela especial de las poblaciones de tortugas marinas. Es relevante, para la resolución del presente asunto, traer a colación el tema de la protección jurídica del medio ambiente, que se ha constatado a través de instrumentos legales no solo nacionales sino a nivel internacional que ha adoptado el Estado costarricense, con el fin de delimitar los objetivos y compromisos que fueron asumidos con la promulgación de la Ley 8325, y que permiten descartar el argumento del recurrente respecto de la despenalización del trasiego de productos de tortuga desprovisto de fines comerciales. En primer lugar, resulta conveniente analizar el proceso de evolución que ha sufrido nuestro ordenamiento jurídico, en la búsqueda de una extensión del campo de acción en resguardo de nuestro medio ambiente. Así, a partir de la reforma del artículo 50 de la Constitución Política costarricense, se marca un hito importante en la trayectoria seguida por el legislador, cuando se otorga la categoría de derecho fundamental básico el acceso de los costarricenses a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. Es un aspecto que ha enfatizado y desarrollado ampliamente la Sala Constitucional, que ha dispuesto: “III.-Sobre el derecho fundamental a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. El artículo 50 de la Constitución Política establece que toda persona tiene derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. El derecho a un ambiente sano tiene un contenido amplio que equivale a la aspiración de mejorar el entorno de vida del ser humano, de manera que desborda los criterios de conservación natural para ubicarse dentro de toda esfera en la que se desarrolle la persona, sea la familiar, la laboral o la del medio en el cual habita. De ahí que se afirme que se trata de un derecho transversal, es decir, que se desplaza a todo lo largo del ordenamiento jurídico, modelando y reinterpretando sus institutos. El ambiente es definido por la Real Academia Española de la Lengua como el ‘conjunto de circunstancias físicas que rodean a los seres vivos’, lo que recalca aún más el carácter general del derecho. En cambio el derecho a un ambiente ecológicamente equilibrado es un concepto más restringido referido a una parte importante de ese entorno en el que se desarrolla el ser humano, al equilibrio que debe existir entre el avance de la sociedad y la conservación de los recursos naturales. Ambos derechos se encuentran reconocidos expresamente en el artículo 50 de la Constitución Política, que perfila el Estado Social de Derecho. La ubicación del derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado dentro de las regulaciones constitucionales del Estado Social de Derecho es el punto a partir del cual debe éste ser analizado. El Estado Social de Derecho produce el fenómeno de incorporación al texto fundamental de una serie de objetivos políticos de gran relevancia social y de la introducción de un importante número de derechos sociales que aseguran el bien común y la satisfacción de las necesidades elementales de las personas. En esta perspectiva, la Constitución Política enfatiza que la protección de los recursos naturales es un medio adecuado para tutelar y mejorar la calidad de vida de todos, lo que hace necesaria la intervención de los poderes públicos sobre los factores que pueden alterar el equilibrio de los recursos naturales y, más ampliamente, obstaculizar que la persona se desarrolle y desenvuelva en un ambiente sano. De igual forma que el principio del Estado Social de Derecho es de aplicación inmediata, el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado también lo es, de manera que se manifiesta en la doble vertiente de derecho subjetivo de las personas y configuración como meta o fin de la acción de los poderes públicos en general. La incidencia que tiene el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado dentro de la actividad del Estado, encuentra su primera razón de ser en que por definición los derechos no se limitan a la esfera privada de los individuos sino que tienen asimismo trascendencia en la propia estructura del Estado en su papel de garante de los mismos y, en segundo término, porque la actividad del Estado se dirige hacia la satisfacción de los intereses de la colectividad. La Constitución Política establece que el Estado debe garantizar, defender y preservar ese derecho. Prima facie garantizar es asegurar y proteger el derecho contra algún riesgo o necesidad, defender es vedar, prohibir e impedir toda actividad que atente contra el derecho, y preservar es una acción dirigida a poner a cubierto anticipadamente el derecho de posibles peligros a efectos de hacerlo perdurar para futuras generaciones. El Estado debe asumir un doble comportamiento de hacer y de no hacer; por un lado debe abstenerse de atentar él mismo contra el derecho a contar con un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, y por otro lado, debe asumir la tarea de dictar las medidas que permitan cumplir con los requerimientos constitucionales." (Sentencia número 00644–99 de las once horas veinticuatro minutos del veintinueve de enero de mil novecientos noventa y nueve; en el mismo sentido se puede consultar la número 4947-2002 de las nueve horas con veinticuatro minutos del veinticuatro de mayo de dos mil dos”. (Sala Constitucional, resolución número 2009-9604 de las 18:09 horas del 18 de junio de 2009). Bajo la consigna del efectivo cumplimiento y respeto de este derecho fundamental, el Estado costarricense ha optado por incorporar en el ordenamiento jurídico preceptos legales que persiguen ampliar y extender el resguardo del medio ambiente, nunca limitar u obstaculizar esa protección. Para ello, en materia ambiental primeramente se han suscrito diferentes instrumentos internacionales, que implican la obligación de implementar medidas internas para mejorar los mecanismos de prevención y sanción de todas aquellas acciones dirigidas a poner en peligro el equilibrio ambiental. Particularmente, en el tema de la protección de las tortugas marinas, que es el que atañe en el presente asunto, se han adoptado importantes convenios internacionales que informan esta materia, tales como la Convención para la Conservación de las especies silvestres (Convención de Bohn), la Convención sobre el Comercio Internacional de especies amenazadas de flora y fauna (CITES), el Acuerdo para la conservación de las tortugas marinas en la costa caribeña de Costa Rica, Nicaragua y Panamá y, el Convenio Interamericano para la Protección y Conservación de las tortugas marinas, entre otros. Este último instrumento internacional marcó el punto de origen para la promulgación de la Ley 8325 para la protección, conservación y recuperación de las poblaciones de tortugas marinas, pero ello no significa que antes del surgimiento de dicha normativa, esta especie se haya encontrado en total desamparo. La Ley de Conservación de la Vida Silvestre, número 7317, preliminarmente nació a la vida jurídica como parte de ese adeudo estatal, asumido con la suscripción de diferentes convenios internacionales, como respuesta a una necesidad de regular, supervisar y sancionar a nivel nacional, toda actividad que ostentare la posibilidad de poner en riesgo la flora y fauna silvestre, con especial énfasis en aquellas poblaciones que estuviesen reducidas o amenazadas, entre ellas las tortugas marinas. Con esta ley se enmarcaron los lineamientos previos de nuestro ordenamiento jurídico en torno a la protección de la vida silvestre, y muy especialmente, de las tortugas marinas, como una especie en peligro de extinción. Se trata de un elemento esencial que nos permite deducir con facilidad que la tendencia legislativa siempre ha sido la expansión de la tutela en materia ambiental, bajo la dirección de los principios precautorio y de desarrollo sostenible. Respecto del primer principio, la Sala Constitucional ha dispuesto: “ IV.-PRINCIPIO PRECAUTORIO. La justicia constitucional ha reconocido una serie de principios de tutela del medio ambiente que derivan en obligaciones específicas para el estado costarricense. En primer término, resulta de relevancia rescatar para los efectos del caso que se examina, el principio de precaución, el cual se encuentra en su formulación más general en la Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo, cuyo principio 15 dispone: “Principio 15.-Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados deberán aplicar ampliamente el criterio de precaución conforme a sus capacidades. Cuando haya peligro de daño grave e irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente.” La Sala ha reconocido el “principio precautorio”, como un principio que obliga al Estado a disponer todo lo que sea necesario –dentro del ámbito permitido por el Ordenamiento Jurídico– a efecto de impedir que se produzcan daños irreversibles en el medio. Dentro de esta óptica, mediante sentencia No. 1250-1999 de las 11:24 hrs. del 19 de febrero de 1999 dispuso: " (...) en materia ambiental la coacción a posteriori resulta ineficaz, por cuanto de haberse producido ya las consecuencias biológicas y socialmente nocivas, la represión podrá tener una trascendencia moral, pero difícilmente compensará los daños ocasionados al ambiente". También, en la sentencia No. 132-99 de las 8:18 hrs. del 8 de enero de 1999 se indicó: "El principio de protección al medio ambiente no es una recomendación o una intención que da la Constitución, sino que, por el contrario, es un derecho de aplicación inmediata, por lo que existe una obligación por parte de los organismos gubernamentales de vigilar porque se cumplan las disposiciones legales que tiendan a proteger el medio ambiente." (El destacado no forma parte del original)” (Sala Constitucional, resolución número 2005-1174, de las 15:12 horas del 08 de febrero de 2005). Como complemento, el principio de desarrollo sostenible es definido de la siguiente forma: “Bajo este principio de desarrollo sostenible, se reconoce la necesidad de alcanzar el desarrollo del país en aras de atender las insuficiencias sociales y económicas que se padecen. Pero proclama que el desarrollo se realice sin destruir el medio ambiente y sin agotar las existencias de recursos naturales, permitiendo que el uso de estos recursos no sea superior a su capacidad de reposición. (…) El principio de desarrollo sostenible –ampliamente reconocido por este Tribunal- trasciende las cuestiones meramente ambientales, porque se erige como un objetivo en el ámbito de la ciencia económica, pues además de procurar preservar los recursos naturales que dan soporte a la vida de los seres humanos, también persigue la eficiencia en la utilización de los recursos para que se consiga el desarrollo que satisfaga las necesidades de las generaciones presentes y futuras, sin comprometer la disponibilidad de los recursos naturales en general”. (Sala Constitucional, resolución número 14180-2010, de las 14:35 horas del 25 de agosto de 2010). Siguiendo estos enunciados básicos, es claro que no existe una sola razón de orden legal ni constitucional que permita inferir que lo que se pretendió con la promulgación de la Ley 8325 fuere despenalizar el trasiego de huevos de tortugas marinas desprovisto de fines comerciales, pues ello implicaría un retroceso en los avances logrados por la misma Ley de Conservación de la Vida Silvestre, que hasta ese momento sirvió de contención de este tipo de conductas ilícitas. Por el contrario, es claro que, con la entrada en vigencia de la Ley 8325 para la protección, conservación y recuperación de la población de tortugas marinas, se dio continuidad a esa orientación progresiva y se amplificó el ámbito de protección que inicialmente ostentó la Ley de Conservación de la Vida Silvestre. Esta legislación tuvo como objetivo principal declarar de interés público la investigación científica sobre las tortugas marinas y sus habitats, justamente bajo la premisa de que se trata de una especie en peligro de extinción, que presenta factores de riesgo no solo de orden biológico, sino también de índole humano, lo que durante mucho tiempo desmejoró su sostenibilidad. Por tanto, la finalidad hacia la cual se ha dirigido el resguardo de las tortugas marinas, no solo pretende vedar la comercialización de los productos y subproductos de los quelonios, sino que se direcciona más concretamente a regular y restringir todo tipo de actividad humana que se desarrolle en detrimento de la especie, ello atendiendo justamente a las obligaciones asumidas con ocasión de la suscripción de los distintos convenios que se han citado. Nótese que dentro de los objetivos trazados por la Convención Interamericana para la Protección de las Tortugas Marinas, como instrumento legal que inspiró la Ley 8325, se dispuso como prioridad la restricción de toda actividad humana que tuviere el potencial de afectar gravemente a las tortugas marinas, de manera que se extendió la tutela, no solo a las tortugas en sí mismas, sino también a los lugares de desove y por supuesto, los productos. Se pretendió además prohibir el comercio doméstico de las tortugas marinas y sus productos, justamente con la finalidad de evitar el manejo inadecuado de los huevos, no relacionado con fines científicos, por las graves implicaciones que ello representa para la reproducción de dicha especie. Analizando todo este camino que se ha recorrido para alcanzar las metas ambientales que Costa Rica se ha propuesto como norte, a través de este proceso legislativo, es posible concluir que la interpretación hecha por el recurrente, sobre una posible despenalización de la acción de trasiego de huevos de tortuga marina sin fines lucrativos resulta absolutamente infundada. Independientemente de si se contempló o no esa conducta en la ley especial dictada con posterioridad, no se puede obviar que tales acciones fueron penalizadas de previo a través de la Ley de Conservación de la Vida Silvestre, tipo penal que se mantiene a la fecha vigente. Tampoco se puede dejar de lado los esfuerzos del Estado costarricense, dirigidos a ampliar la protección de las tortugas marinas, sobre todo si se considera que este tipo de acciones desplegadas por los encausados, afectan severamente y de manera irreversible las poblaciones de tortugas marinas, e implican un quebranto insoslayable al derecho fundamental a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. Es evidente que la actividad de trasiego o recolecta de huevos de tortuga marina, genera un daño ambiental importante, de la misma magnitud que si fuere para efectos comerciales o no, pues incide en el decrecimiento poblacional de la especie y, por ende, en su sostenibilidad. El principio de legalidad no puede ser interpretado de manera aislada, como lo pretende el recurrente. Por el contrario, la interpretación y aplicación de las normas penales, debe ir en concordancia con el ordenamiento jurídico nacional e internacional, legal y constitucional. Es evidente que los argumentos utilizados por el impugnante además desconocen los mecanismos de protección legal que se han implementado en el tema de vida silvestre y se apartan de principios básicos que rigen la materia ambiental, amparados a nivel constitucional y supra constitucional, por lo cual resultan insostenibles. Finalmente, resulta necesario acotar que el juez penal, como operador del derecho, se encuentra compelido a resolver conforme con la ley vigente. Así lo dispone, de manera general, el artículo 41 de la Constitución Política y, de manera específica, en materia penal, el numeral 5 del Código Procesal Penal, que contempla no solo la independencia de la función jurisdiccional respecto de otros poderes del Estado, sino que somete al juzgador al cumplimiento de lo ordenado por la Constitución, el Derecho Internacional y la ley. “En el caso de la función jurisdiccional, en su ejercicio se debe cumplir el propósito de solución de controversias, pero para ello se debe partir del respeto al principio de división de poderes, en caso contrario se pondría en entredicho el funcionamiento democrático propiamente de un sistema republicano. Cuando un juez se atribuye las potestades del legislador, no solo pone el peligro la división funcional de las instituciones primigenias del Estado, sino que también realiza una función para la cual no posee la legitimación democrática necesaria. Igualmente, cuando un juzgador no cumple su función de aplicar el derecho, también vulnera el principio democrático, pues no atiende las disposiciones legales que derivan de la representación popular, tal y como acontece en la especie (…)”. (Sala Tercera, Resolución número 060-2014, de las 11:52 horas del 04 de febrero de 2014). En el presente asunto, existiendo una norma penal vigente que contempla de manera completa la acción desplegada por los acusados, no podría el juez ignorar la existencia de dicho precepto legal, y dejar impune una conducta que ha sido previamente sancionada como delito.
VII.- Análisis del caso concreto. Los hechos que se tuvo por probados en la sentencia condenatoria son los siguientes: “El día 28 de abril de 2012, al ser las 22:00 horas, en Limón, en la playa de Matina, a 600 metros al norte de la desembocadura del Río Matina, oficiales del Servicio Nacional de Guardacostas, sorprendieron y detuvieron a los aquí imputados WILBERT CHEVEZ GODINEZ y NIDIA YESENIA MADRIGAL CASCANTE, los cuales, con pleno conocimiento de su actuar ilícito, le recolectaron y trasegaron 104 huevos de tortuga marina Baula, los cuales llevaban dentro de una bolsa de plástico negra, lo anterior sin el permiso del Sistema Nacional de Áreas de Conservación del MINAET”. (Folio 6) Tomando como punto de partida este cuadro fáctico, y a tenor de lo que dispone el artículo 95 de la Ley de Conservación de la Vida Silvestre, que textualmente sanciona: “Quienes comercien, negocien, trafiquen o trasieguen animales silvestres, sus productos y derivados, sin el permiso respectivo del Sistema Nacional de Áreas de Conservación, serán sancionados de la siguiente manera: a) Con pena de multa de diez a cuarenta salarios base o pena de prisión de uno a tres años, y el comiso de los animales o productos objeto de la infracción, cuando se trate de especies cuyas poblaciones han sido declaradas como reducidas o en peligro de extinción”. Tal y como lo analizó el Tribunal de Apelación, no cabe duda de la demostración de los elementos básicos que convergen para la configuración de la figura típica antes descrita, y que no fueron objeto de controversia por el impugnante en su recurso, tales como la acción de “trasiego”, que la misma Ley de Conservación, en el numeral 2, define como: “Acción de mudar, de lugar o de tiempo, una especie o especies determinadas”. Del mismo modo, que se trató de una acción ejecutada por los imputados, la cual recayó sobre lo que se denomina “productos” de animales silvestres, en este caso, huevos de tortugas marinas. Asimismo, se constata que efectivamente las tortugas marinas Baula, según el Convenio CITES, en el apéndice I, que fue citado con anterioridad, dispone que se trata de una especie calificada en peligro de extinción. Finalmente, se puede desprender de la sentencia condenatoria, que se tuvo por probado documentalmente que los acusados no ostentaban ninguna clase de permiso extendido por las autoridades administrativas encargadas, para realizar este tipo de acciones. Este examen, que fue elaborado por los jueces de segunda instancia, no dejan halo de duda alguna de la procedencia de la recalificación jurídica dada a los hechos probados, y que resulta una acción legítima y apegada a derecho por parte de los juzgadores al resolver el recurso de apelación incoado, toda vez que, según lo ordenado por el artículo 465 del Código Procesal Penal, en la sede de apelación es obligación de los jueces hacer una valoración integral de lo resuelto en sentencia condenatoria y, enmendar los vicios que determine según la ley aplicable, tal y como ocurrió en el caso concreto. En ese sentido, la recalificación legal que se verifica en el fallo de apelación se encuentra apegada a derecho, en tanto responde justamente a ese deber legal que le compete al juez de aplicar el derecho, tomando en consideración las leyes penales vigentes, y haciendo una interpretación normativa armónica y sistemática según los principios que rigen la materia. En consecuencia, se declara sin lugar el recurso de casación y se mantiene incólume en todos sus extremos la resolución impugnada.
Por Tanto:
Se declara sin lugar el recurso de casación planteado por el Licenciado Sergio Triunfo Otoya, Defensor Público de los encartados y se mantiene incólume la resolución impugnada. Notifíquese.
Carlos Chinchilla S.
Jesús Ramírez Q.
José Manuel Arroyo G.
Magda Pereira V.
Doris Arias M.
ACABAL *120009540472PE* Int. 1024-5/12-10-14 Clasificación elaborada por CENTRO DE INFORMACIÓN JURISPRUDENCIALdel Poder Judicial. Prohibida su reproducción y/o distribución en forma onerosa.
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