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Res. 00760-2025 Tribunal Agrario · Tribunal Agrario · 11/08/2025
OutcomeResultado
The Court affirmed the claimant’s better right to the parcels under Maleku customary law, but vacated the costs award and ordered that the judgment be communicated through an interpreter.El Tribunal confirmó el mejor derecho del actor sobre los terrenos conforme al Derecho Consuetudinario Maleku, pero revocó la condenatoria en costas y ordenó comunicar la sentencia mediante intérprete.
SummaryResumen
The Agrarian Court affirmed that the dispute over two parcels in the Maleku Indigenous Territory of Guatuso had to be resolved under Maleku customary law rather than exclusively through the possession rules of ordinary civil law. It found that the claimant, the former holder’s foster son, had established the better right because the cultural expert evidence and actions of the Indigenous Development Association supported the decision to transfer the parcels to him; biological kinship was not a controlling requirement. The Court rejected the defendants’ claim that this conclusion discriminated against them as women and held that neither their alleged co-possession nor the asserted land exchange had been proven. It also denied the requested nullity and maintained the orders requiring the defendants to refrain from entering the parcels and to restore damaged or removed fences and gates. It nevertheless vacated the costs award based on the reinforced principles of free legal assistance and access to justice for Indigenous persons represented by public defenders. The judgment must be communicated through an Indigenous-language interpreter.El Tribunal Agrario confirmó que el conflicto sobre dos terrenos situados en el Territorio Indígena Maleku de Guatuso debía resolverse conforme al Derecho Consuetudinario Maleku y no exclusivamente mediante las reglas posesorias del derecho civil común. Consideró acreditado el mejor derecho del actor, hijo de crianza del anterior tenedor, porque la prueba cultural y las actuaciones de la Asociación de Desarrollo Indígena respaldaron la decisión de transmitirle los inmuebles, sin que el parentesco biológico constituyera un requisito determinante. El Tribunal rechazó que esa conclusión discriminara a las demandadas por ser mujeres y estimó que no se había probado su alegada coposesión ni el intercambio de terrenos invocado. También rechazó la nulidad solicitada y mantuvo las órdenes de abstenerse de ingresar a los fundos y reponer cercas y portillos. Sin embargo, eliminó la condenatoria en costas, atendiendo al principio reforzado de gratuidad y acceso a la justicia de las personas indígenas patrocinadas por la Defensa Pública. Ordenó comunicar la sentencia mediante intérprete de la lengua indígena.
Key excerptExtracto clave
XIII. – Regarding passive standing, the appellants are likewise incorrect. Regardless of whether the defendants were co-possessors—which was not duly proven—together with Mr. Gregorio Cruz before his death, or whether they continued working on the land underlying this claim, that circumstance is irrelevant to this case because, as reiterated, the rules of possession governing ordinary law do not apply; instead, the customary law of the Maleku Indigenous population applies. In summary, the claimant established active and passive standing and the substantive right required for the action protecting land tenure. The objection is therefore rejected. XV. – Finally, the fifth ground of appeal concerns the trial court’s award of costs in connection with the non-application of Article 56 of the Agrarian Jurisdiction Law. On this point, the appellants are correct. This Court has developed a line of precedent concerning the imposition of litigation costs when the persons involved have litigated with the assistance of the Public Defense Service and are also Indigenous persons. The alleged nullity is denied. The appealed judgment is reversed solely as to the award of costs. Instead, the proceeding is resolved without a special award of costs. In all other respects, the judgment is affirmed regarding the matters appealed. This judgment and its effects must be communicated to the Indigenous persons involved, so that they may understand what has been decided, through the interpreter appointed in the record or another interpreter who can translate it into the language of their Indigenous community. Once this judgment becomes final, the trial court shall communicate it accordingly.XIII. – En relación con la legitimación pasiva, tampoco lleva razón las apelantes. Independientemente de si las demandadas fueron o no coposeedoras -lo cual tampoco se probó debidamente- junto con el señor Gregorio Cruz, antes de su muerte, o bien, se hayan mantenido realizando labores en los terrenos base de esta demanda, resulta irrelevante para el caso, por cuanto, se reitera, no procede aplicar las reglas de la posesión que rigen en el derecho común, sino el Derecho Consuetudinario de la población indígena Maleku. En síntesis, la parte actora sí logró acreditar los presupuestos de legitimación activa, pasiva y derecho, con respecto a la acción de defensa de la tenencia de tierra. Por esas razones, se censura el reclamo. XV. - Por último, el quinto agravio tiene relación con la condenatoria en costas que sancionó el Juzgado con respecto a la inaplicación del artículo 56 de la Ley de la Jurisdicción Agraria. En este extremo tiene razón la parte recurrente. Este Tribunal ha venido estableciendo una línea de criterio en torno a la imposición de costas del proceso cuando las personas han litigado al amparo de la Defensa Pública y a su vez son personas indígenas. Se rechaza la nulidad invocada. Se revoca el fallo apelado, únicamente en cuanto a la condenatoria en costas. En su lugar, se resuelve el proceso sin especial condenatoria en costas. En lo demás, se confirma la sentencia en lo que ha sido objeto de apelación. Debe comunicarse esta sentencia y sus alcances a las personas indígenas intervinientes, para la comprensión de lo aquí resuelto, lo anterior mediante el intérprete nombrado en autos o cualquier otro u otra para la traducción al idioma propio de su comunidad indígena. Comuníquese de esta forma a través del Juzgado una vez firme esta resolución.
Pull quotesCitas destacadas
"El hecho de que una nueva integración de la Asociación cambie de parecer, debe de analizarse con suma prudencia, bajo las reglas y costumbres de la comunidad."
"The fact that a newly constituted board of the Association changes its position must be examined with great caution under the community’s rules and customs."
Considerando XII
"El hecho de que una nueva integración de la Asociación cambie de parecer, debe de analizarse con suma prudencia, bajo las reglas y costumbres de la comunidad."
Considerando XII
"Además, son reconocidas como autoridad en esas comunidades armonizados junto con otras figuras representativas acorde al Derecho Consuetudinario indígena."
"They are also recognized as authorities in those communities, operating alongside other representative institutions in accordance with Indigenous customary law."
Considerando XII
"Además, son reconocidas como autoridad en esas comunidades armonizados junto con otras figuras representativas acorde al Derecho Consuetudinario indígena."
Considerando XII
"De la prueba analizada de forma integral, se debe concluir que en este caso en concreto la decisión comunitaria no beneficia a las demandadas por cuanto la última voluntad del causante fue dejarle ambos inmuebles a su hijo de crianza, sea el actor."
"From the evidence assessed as a whole, it must be concluded that, in this specific case, the community decision does not favor the defendants because the decedent’s final wish was to leave both properties to his foster son, the claimant."
Considerando XIV
"De la prueba analizada de forma integral, se debe concluir que en este caso en concreto la decisión comunitaria no beneficia a las demandadas por cuanto la última voluntad del causante fue dejarle ambos inmuebles a su hijo de crianza, sea el actor."
Considerando XIV
"El Poder Judicial deberá facilitar, sin costo alguno, la asistencia de personas intérpretes y traductoras en todos los procesos en que participe una persona indígena que requiera esta asistencia y no pueda cubrir los costos."
"The Judiciary must provide, at no cost, the assistance of interpreters and translators in every proceeding involving an Indigenous person who requires such assistance and cannot afford it."
Considerando XVI
"El Poder Judicial deberá facilitar, sin costo alguno, la asistencia de personas intérpretes y traductoras en todos los procesos en que participe una persona indígena que requiera esta asistencia y no pueda cubrir los costos."
Considerando XVI
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CASE FILE:
PROCEEDING:
ORDINARY PLAINTIFF:
JAHIRO CRUZ SILVA DEFENDANT:
ELICIA CRUZ CRUZ DECISION N° N° 2025000760 TRIBUNAL AGRARIO. SEGUNDO CIRCUITO JUDICIAL DE SAN JOSÉ.- At twenty hours and forty-eight minutes on once de agosto de dos mil veinticinco.- ORDINARY PROCEEDING brought by JAHIRO CRUZ SILVA, of legal age, married once, farmer, an Indigenous Maleku person, resident of Territorio Indígena Guatuso, holder of identity card number uno - mil doscientos cincuenta y seis - seiscientos siete; against ELICIA CRUZ CRUZ, of legal age, married once, homemaker, an Indigenous Maleku person, residing at the same address as the foregoing, holder of identity card number dos - trescientos catorce - setecientos sesenta y seis; ISABEL CRISTINA CRUZ LACAYO, of legal age, single, homemaker, an Indigenous Maleku person, resident of the same Indigenous territory, holder of identity card number dos - cuatrocientos veintidós - ochocientos diecisiete. The ASOCIACIÓN DE DESARROLLO INTEGRAL DE LA RESERVA INDÍGENA DE GUATUSO, legal entity identification number tres - cero cero dos - cero sesenta y un mil setecientos cuarenta y seis, represented by Alfredo Acosta Blanco, of legal age, holder of identity card number dos - trescientos cincuenta y cinco - setecientos sesenta, participates as an interested party.
Attorney Ana Cristina Hernández Steller acts as public defender for the plaintiff; attorney Dennis Paniagua Navarro, Bar Association member number veintisiete mil ciento setenta y seis, acts for the defendants. Heard before the Juzgado Civil y Trabajo del Segundo Circuito Judicial de Alajuela, Sede Upala (Agrarian Matters).
Drafted by Judge López Barrantes; and,
WHEREAS:
The plaintiff filed an ordinary action, valued at the sum of cinco millones de colones, requesting that the judgment declare the following: “1.- That the undersigned is the lawful possessor as owner of two parcels of land described in the first factual allegation of this action, namely: ...Parcels located within the Reserva Indígena de Guatuso, which are not registered in my name with the Registro Público de la Propiedad because they are situated in Palenque El Sol de La Reserva Indígena de San Rafael de Guatuso, which is the first district of canton fifteen, Guatuso, in the Province of Alajuela. The first measures approximately CINCO MANZANAS. It is used as pastureland, and I had divided it into smaller paddocks. It does not yet have a cadastral survey plan (plano catastrado). It is bounded to the north by Arnoldo Rojas, to the south by Isabel Cruz Lacayo, to the east by Francisco Elizondo, and to the west by Jimmy Acosta Acosta.
The second measures approximately TRES HECTAREAS and is divided into two paddocks. It does not yet have a cadastral survey plan. It is bounded to the north and south by Pedro Elizondo, to the east by Francisco Elizondo, and to the west by the undersigned, Jahiro Cruz Silva, and Isidro Acosta. As stated, the properties do not yet have survey plans and are divided into cattle paddocks, and I acquired them many years ago. 2.- That the undersigned acquired one of those properties by a gift made to me by my uncle Gregorio Cruz Cruz c.c. Cruz Lacayo, through public deed NUMERO (sic) SETENTA Y NUEVE recorded in the notarial protocol of notary public LOLITA ARIAS SÁNCHEZ; the donated land measures approximately CINCO MANZANAS and is described in the first factual allegation of this action, while I acquired the other parcel through a possessory document (documento posesorio) issued by the Asociación de Desarrollo Integral de la Reserva Indígena de Guatuso, certifying that I am the lawful possessor of at least TRES HECTÁREAS DE TERRENO, as described in the first factual allegation of this action. 3.- That, once my superior right of possession (mejor derecho de posesión) over the parcels described in the first factual allegation of this action has been declared, the co-defendants be ordered not to enter my properties whenever they wish, as they have done for at least five years, when our land-tenure problems began. 4.- That, consequently, if the co-defendants continue committing acts of dispossession (actos de despojo) against the properties in my possession, they may be prosecuted for the offense of disobedience of authority, for which purpose certified copies of the pertinent record shall be transmitted to the Ministerio Público. 5.- The co-defendants shall restore the boundary fences and gates to their former locations, as they have damaged them through the acts of interference they committed. 6.- That, if the co-defendants refuse to restore the fences and gates to their proper locations, the undersigned be authorized to do so at their expense, and they shall pay the resulting cost. 7.- That the defendants be ordered to pay the procedural costs and attorney’s fees in the event they oppose this action.” (See Electronic Case File, images: 107 a 116) II- RESPONSE TO THE COMPLAINT. The defendants Elicia Cruz Cruz and Isabel Cruz Lacayo responded to the complaint in a timely and proper manner, without raising defenses. (See Electronic Case File, images: 160 a 172).
Judge Armando Guevara Rodríguez of the Juzgado Civil y Trabajo del Segundo Circuito Judicial de Alajuela, Sede Upala (Agrarian Matters), in judgment number 2022000122, issued at quince horas cuarenta y siete minutos del treinta de mayo de dos mil veintidós, ruled: “WHEREFORE: In accordance with all the foregoing considerations and the legal and doctrinal authorities cited, the complaint is granted as follows, and shall be understood to be denied as to all matters not expressly granted: The plaintiff has a superior right of possession than the co-defendants over the parcels at issue. Namely, parcels located within the Reserva Indígena de Guatuso, which are not registered in my name with the Registro Público de la Propiedad because they are situated in Palenque El Sol de La Reserva Indígena de San Rafael de Guatuso, which is the first district of canton fifteen, Guatuso, in the Province of Alajuela.
The first measures approximately CINCO MANZANAS. It is used as pastureland, and I had divided it into smaller paddocks. It is bounded to the north by Arnoldo Rojas, to the south by Isabel Cruz Lacayo, to the east by Francisco Elizondo, and to the west by Jimmy Acosta Acosta. The second measures approximately TRES HECTÁREAS. It is bounded to the north and south by Pedro Elizondo, to the east by Francisco Elizondo, and to the west by the undersigned, Jahiro Cruz Silva, and Isidro Acosta.
The respondent filed an appeal, expressly stating the grounds on which it was based, to refute the trial court’s position (see electronic case file, images 567 to 580). The grounds for appeal (agravios) are as follows: 1- Erroneous assessment of the evidence. The appellants allege that the Court deemed active standing (legitimación activa) established based on a document transferring title to the five-manzana parcel of land located within the Reserva Indígena de Guatuso, in the area known as Palenque, first district San Rafael, fifteenth canton Guatuso. The parcel has no survey plan but is bounded to the north by Arnoldo Rojas, to the south by Isabel Cruz Lacayo, to the west by Francisco Elizondo, and to the west by Jimmy, whose surnames are not specified. Regarding the other property (fundo) in dispute, which measures three hectares and is bounded to the north and south by Pedro Elizondo, to the east by Francisco Elizondo, and to the west by the claimant Jahiro Cruz Silva and Isidro Acosta, they contend that the Court deemed the claimant’s right established through the possession (posesión) granted to him by the local ADI.
They object that those documents do not, by themselves, establish the claimant’s possession of the properties; on the contrary, they state that the documents were executed without the knowledge of those who actually possessed the property together with Mr. Gregorio Cruz Cruz, referring to the respondents. They further object that the other document was issued by an ADI with a different membership from the one that had already granted that right to the respondents, which, they argue, demonstrates the fluctuating nature of that administrative body’s decisions. This is compounded by the fact that the ADI in existence at the time of trial remained neutral and did not state which of the two parties should be granted the right of possession (derecho de posesión). They question the existence of three different positions taken by the ADI del Territorio Indígena Maleku de Guatuso. They therefore assert that its decisions depend on the date of issuance and the composition of its board: one granted possession to the respondents (with Santos Marín as president); another granted possession to the claimant (whose composition is unknown because the name of the signing president does not appear); and another made no determination as to which party should hold the right of possession over the second parcel (with Alfredo Acosta Blanco as president).
Regarding passive standing (legitimación pasiva), they maintain that the evidence was not properly analyzed. They state that they proved at trial that the respondents occupied the disputed parcels because they had possessed them together with their brother Gregorio Cruz Cruz. They explain that they worked and improved the land jointly. They refer to the testimony of José Aniceto Blanco Vela and Eliécer Cruz Vela, who, they state, testified regarding the possession exercised by the respondents together with Mr. Cruz Cruz. They believe that the judgment under appeal improperly assessed the deed of gift (escritura de donación), because although it acknowledged Mr. Cruz Cruz’s possible intent regarding the five-hectare property when he donated it to someone whom he regarded as a family member, this does not establish that the claimant possessed the property when Mr. Gregorio Cruz died. Accordingly, it is likewise impossible to establish that the claimant was unlawfully dispossessed (despojo ilegítimo).
They allege that the claimant held no right of possession over that specific property because, as it was an unregistered property (fundo sin inscribir), possession of it serves as title. Along those lines, they assert that an examination of the evidence shows that the respondents were lawfully working the land when the deed was executed and held one-third of the total possession of the property, an aspect that, they object, was not assessed at first instance. They state that an action to establish a better right to possession (acción de mejor derecho de posesión) is based on a longer period of possession and better use of the land from an agrarian perspective, meaning productive activity and the use of natural resources. They argue that the ADI’s recognition of the claimant’s possession does not mean that the requirements for an action to establish a better right to possession were also satisfied with respect to the second parcel, which measures three hectares.
They insist that the Association’s issuance of a document recognizing the claimant as possessor, without conducting an investigation, is inconsistent with the requirements for establishing a better right to agrarian possession (mejor derecho de posesión agraria), because, they state, that action lies in favor of the person who performs material acts of effective possession (actos materiales de posesión efectiva) over the property, as they claim to have established through testimonial evidence (prueba testimonial). In their opinion, the Association lacks the capacity to resolve land-possession disputes, given its changing position on this particular matter. Regarding the cultural expert evidence (peritaje cultural), they state that it could not be used to grant the claimant the right of possession because it focused on examining matters relating to the worldview and traditional thought of the Maleku culture concerning the inheritance of property, rather than issues of land possession and use.
This specifically concerns the five-hectare property, which, they state, was neither gifted during Mr. Cruz Cruz’s lifetime nor addressed in a testamentary document (documento testamentario) demonstrating an intention that it be granted to the claimant. Instead, they state that the ADI unilaterally decided to grant it under a right of possession when, they contend, it had already been given to the respondents. On that specific point, they explain that the ADI constituted as of the date of trial did not ratify that possession. For that reason, they assert that it cannot be deemed to have been granted in accordance with Mr. Gregorio Cruz Cruz’s wishes, as held in the judgment under appeal, because the respondents’ presence on the land does not constitute unlawful possession (posesión ilegítima). They therefore state that, if appropriate, judicial estate proceedings (proceso sucesorio judicial) should have been instituted, rather than the declaratory action (acción declarativa) chosen by the claimant.
With regard to this ground for appeal, they contend that consideration must be given to the testimony of José Aniceto Blanco Vela, who was president of the ADI when the land was granted to the decedent (causante), Gregorio Cruz, and who, they state, emphatically affirmed that the respondents jointly possessed the property with him. They also state that don Gregorio intended the property to pass to his sisters and that there was even an initial written submission to the ADI while Santos Marín was president. They state that this witness clearly knew the properties and had never seen the claimant working the land. They challenge the validity of the gift made by don Gregorio to the claimant because it lacked the ADI’s approval. They likewise state that Eliécer Cruz Marín’s testimony confirms who exercised agrarian possession (posesión agraria) over the property after don Gregorio’s death, namely, the respondents.
He also testified that they never saw the claimant perform any work on the land. In addition, they state that the witness Cruz Marín confirmed that don Gregorio wanted his lands to pass to his sisters. They challenge the witnesses offered by the claimant, including Ángel Silva Silva, because, they state, he made value judgments and expressed opinions concerning the dispute, thereby demonstrating a serious interest in favoring the claimant. They also state that this witness testified that the respondent Isabel Cruz kept cattle on the property and that the ADI was in complete disarray because, whenever its presidency changed, documents were taken away and lost. They therefore maintain that the credibility of an ADI to grant a right of possession is highly questionable. They contend that the improper assessment of the evidence caused them serious prejudice in the judgment. 2- Erroneous application of substantive law (derecho sustantivo).
They explain that the judgment correctly defines the action to establish a better right to possession; however, it neither examines in depth nor determines whether the requirements were satisfied in light of the factual circumstances submitted for adjudication. They state that it was established that the respondents were not unlawful possessors and that, when don Gregorio died, he left no testamentary document specifying how his estate was to be divided. They therefore contend that the institution of estate proceedings (proceso sucesorio) should have been ordered. They object that the judgment granted the claim based on don Gregorio’s last wishes rather than on a better right to possession, which is the relief sought here. They state that don Jahiro never possessed the disputed properties and that there is no evidence that he did. In support of their position, they cite Voto 31-93 of the Sala Primera de la Corte Suprema de Justicia, as well as articles 264, subsection 1, 277 to 286, 300, 301, 306, 307, 317 to 319, and 322 of the Código Civil.
They state that those provisions were improperly applied because they concern the protection of a person who has performed superior effective, stable, and specific possessory acts (actos posesorios) over property from which that person was dispossessed through a lease conferring an inferior right, rather than rights derived from an inheritance document regarding the five-hectare property or from a document issued by a body they characterize as subjective and biased regarding the three-hectare property. 3- Failure to observe supraconstitutional rights (derechos supraconstitucionales) in furtherance of women’s equality. The appellants allege that the challenged judgment fails to analyze international human-rights law, specifically the principle of equality between men and women and, in particular, the principle of nondiscrimination against women. They state that the judgment characterized them merely as custodians of don Gregorio’s possession, thereby demeaning them as though they had simply been his workers, when, on the contrary, they actively devoted their personal effort and sacrificed time with their families to transform the land from scrubland into highly productive property.
They explain that the claimant does not depend on those properties because he is an educator and earns his livelihood through his profession. Along those lines, they assert that the case was not decided with due sensitivity to the provisions of article 4 of the Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los campesinos y otras personas que trabajan en zonas rurales. They state that preference is being given to two documents that, they reiterate, are incompatible with a better right to possession. They argue that this makes no sense at a time when the notion of the man as the sole provider and head of the household has become entirely obsolete, having always been a sexist and unequal interpretation. They state that the judgment departs from a proper assessment of the respondents’ connection to the land beyond purely economic considerations, because their use and exploitation of these properties are essential to reaffirming their identity as Indigenous persons.
They cite article 14, subsection 1, of the Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer. They conclude that the failure to apply supraconstitutional rules (normas supraconstitucionales) deprives the respondents of possession of the properties, harming their financial circumstances because they depend on those properties, lack higher education, and would consequently be forced to seek poorly paid work. 4- Lack of legal grounds (falta de fundamentación). In this section, they state that the respondent answered the complaint, but without legal representation. They note, however, that when the public defense assumed representation of those women, it made every effort to establish the defenses of lack of a legally enforceable right (falta de derecho), lack of active standing, and lack of passive standing. Nevertheless, they state that the judgment under appeal did not address those defenses, even though it was required to do so.
It cites Voto 58-1994 of the First Chamber of the Supreme Court of Justice. It explains that, in light of that omission, it is unclear why the existence of the right and standing (legitimación) were deemed established. 5- Failure to apply Article 56 of the Agrarian Jurisdiction Law (Ley de la Jurisdicción Agraria) when ordering the defendants to pay costs (costas). On this point, it states that the defendants had sufficient grounds to litigate and did not do so abusively or in bad faith; therefore, it asserts that the adjudicator was required to conduct a comprehensive analysis of the award of costs under Article 56 of the Agrarian Jurisdiction Law, weighing the steps taken, the amount in controversy, and the parties’ financial circumstances. It argues that, had that provision been applied, each party should have borne its own costs or, alternatively, the reduction of up to five percent should have been applied. In the relief sought on appeal, it requests that the appeal be admitted, that the complaint be dismissed, and that the defenses of lack of a right and lack of standing, both as plaintiff and defendant, be upheld.
Established facts 1 and 2 are upheld, as they faithfully reflect the evidence (probanzas) contained in the case file (expediente). However, with respect to the first, the testimonies (testimonios) of Pedro Elizondo Elizondo and Ángel Antonio Silva Silva are added as evidence, as is the cultural expert report (peritaje cultural) appearing in images 433 to 443 and its supplement in frames 464 to 468.
Established fact 3 is amended to read as follows: The Asociación de Desarrollo Indígena de Guatuso recognizes the possessory right (derecho posesorio) of Jahiro Cruz Silva with respect to the three-hectare property (inmueble), whose boundaries (colindancias) are Pedro Elizondo to the north and south, Arnoldo Rojas to the east, and Jahiro Cruz Silva to the west, located at Escuela Palenque el Sol, approximately to the north, which belonged to Gregorio Cruz Cruz.
Number 4 is deleted because it constitutes a legal assessment (apreciación jurídica).
This Court adds the following: 5/ Mr. Jahiro Cruz Silva and Ms. Elicia Cruz Cruz and Isabel Cristina Cruz Lacayo are Indigenous persons (a fact not disputed by the parties. In addition, there is documentary evidence (prueba documental), including the certification issued by the Asociación de Desarrollo Indígena de Guatuso, the motion for review (recurso de revisión) decided by that Association under number 545-557, and a certification issued by the local entity on 7 de octubre de 2024, appearing in images 6, 25 to 27, 66 to 78, and 92, in which the parties to this matter are recognized as Indigenous persons). 6/ Mr. Jahiro Cruz Silva lived during his childhood and adolescence on the two parcels of land in dispute, together with his family unit, namely Mr. Gregorio Cruz Cruz, Don Gregorio’s wife, and his cousins (testimonies of Pedro Elizondo Elizondo and Ángel Antonio Silva Silva, and documentary evidence consisting of a certification issued by the Asociación de Desarrollo Indígena de Guatuso on 28 de agosto de 2013, image 6, establishing that Don Jahiro lived with Don Greogorio’s family). 7/ The minor Hanzel Barrera Lazo is not an Indigenous person (statement by the defendants in fact 4 of the answer to the complaint (contestación de la demanda), image 162, as well as the opinion expressed by the Asociación de Desarrollo Indígena de Guatuso in the decision on motion for review number 545-557, appearing in images 66 and 78). 8/ The Asociación Indígena de Guatuso recognized Mr.
Jahiro Cruz Silva as the person holding tenure (tenencia) over the two parcels of land at issue in the dispute, one of which measures three hectares and the other five hectares (document issued by the Asociación de Desarrollo Indígena de Guatuso in the decision on motion for review number 545-557, appearing in images 66 and 78).
This ordinary action (demanda ordinaria) was brought by Mr. Jahiro Cruz Silva against Elicia Cruz Cruz and Isabel Cruz Lacayo (see images 107 to 116 of the electronic case file). In summary, the plaintiff (actor) states that he possesses two parcels of land located within the Indigenous territory of San Rafael de Guatuso (Maleku). The first was donated to him by Mr. Gregorio Cruz, and the second, measuring three hectares, was awarded to him by the Asociación de Desarrollo Indígena. Both properties are used for agriculture and livestock farming. He explains that, following the death of his uncle Gregorio Cruz, the defendants (accionadas) have harassed him and interfered with the possession (posesión) that he claims to exercise over both parcels, despite being advised that he has documents identifying him as the possessor of the property. He states that he worked the land even before Don Gregorio’s death, exercising joint possession.
He reports that, as a result of these problems, he filed a criminal complaint (denuncia penal) with the Fiscalía de Guatuso, which was processed under case number 13-200290-0630-PE. However, those proceedings resulted in a final dismissal (sobreseimiento definitivo), and he was instructed to pursue his claim through civil or agrarian proceedings (vía civil o agraria). He explains that after that decision the defendants ceased interfering with him, but resumed their interference three months before the complaint was filed. The defendants, for their part, denied the allegations in their answer to the complaint (frames 160 to 172). They deny that the plaintiff possessed the parcels and also challenge the validity of the deed of conveyance (escritura de traspaso) through which he obtained one of them. They explain that both parcels have remained in their possession through the work they perform on them.
They assert that while their brother was alive (referring to Don Gregorio), they were the ones who helped him work the land. With respect to the deed, they state that it resulted from a bad-faith scheme (maniobra de mala fe) by the plaintiff, who allegedly deceived their brother regarding a possible attachment (embargo) arising from a debt he owed to a banking institution. They further explain that the property—without specifying which one—had been the subject of a transaction with Don Gregorio while he was alive, in which they exchanged a lot that they state is located within the five-hectare property for another lot they owned, in accordance with Indigenous customs. They complain that the plaintiff has refused to recognize that transaction even though they have exercised possession over the lot for more than ten years. They further state that the transaction occurred after the deed was executed and that, despite this, Don Jahiro never raised any objection.
They assert that it is untrue that the plaintiff planted agricultural crops on the parcels; rather, they did so because of the possession that, as they state, they exercised jointly with the plaintiff. They also state that the plaintiff abandoned Don Gregorio for many years and that, in fact, the minor Hamzel Barrego Lazo accompanied them in farm work and, upon being left without support following their brother’s death, they took him in. In this regard, they state that the Asociación acted in a racist and discriminatory manner by dispossessing that minor of the land because he was not an Indigenous person, even though they maintain that their brother wished to recognize him as his son. They admit the fact concerning the criminal complaint and its final resolution.
This Court will first address the challenges concerning procedural matters. In this respect, according to the summary provided by this Court in recital IV (considerando IV), point 4, the party argues that the judgment lacks a statement of reasons because the Trial Court did not rule on the defenses (excepciones), which, the party maintains, are not merely categorized as such but are actually prerequisites for an action to proceed before a court. The appellant is not correct in this respect. A review of the judgment shows that the adjudicator prepared a list of established facts, identifying the evidence on which those findings were based (see recital I (considerando I)), and also provided reasoning regarding disputed facts that were not proven in the proceedings (recital II (considerando II)). The adjudicator also analyzed the cultural expert evidence (recital III (Considerando III)) and the parties’ respective positions concerning the dispute (recital IV).
The merits of the matter were decided in recital V. That section shows that the adjudicator characterized the action as one seeking a superior right of possession (mejor derecho de posesión) and analyzed both the plaintiff’s standing (legitimación activa) and the defendants’ standing (legitimación pasiva). Indeed, some of the substantive grounds for appeal (agravios de fondo) concern the party’s disagreement with the decision and assessment set forth in the judgment. Recital VI analyzed the evidence, namely the parties’ statements, testimonial evidence, and documentary evidence. Finally, recital VII set forth the conclusions and the decision that was subsequently included in the operative portion (parte dispositiva) of the judgment. Accordingly, this Court finds no ground for nullity (vicio de nulidad) based on the judgment’s alleged lack of reasoning, and the ground for appeal is therefore rejected as unfounded.
With respect to the grievances listed as 1 and 2 in recital IV (considerando IV) of this judgment, because they are related, they will be resolved jointly. In summary, the challenge concerns the improper assessment of the evidence and the erroneous application of the law that the appellants allege were reflected in the decision under appeal. Before ruling on these challenges, it is necessary to make certain observations concerning the system of indigenous collective property (propiedad colectiva indígena) and the differences involved in resolving these land-tenure (tenencia de tierra) matters in light of customary law. In this regard, this Court has been considering the scope of indigenous property (propiedad indígena) because of its importance and connection to these Indigenous peoples. On this point, Voto 20240000293, of 19 de marzo de 2024, stated: “Indigenous property, in turn, serves a distinct function in society, and its structure is likewise different because of the manner in which that right is exercised collectively.
It thus transcends the productive nature, or the use and enjoyment of property, which normally characterize ownership, to encompass other cultural and human aspects that are fundamentally relevant to the substance of the legal regime governing indigenous territories.” One of the purposes of indigenous property is to preserve Indigenous culture and heritage so they may be passed on to future generations; this establishes a distinguishing element with respect to the rules governing traditional property. In other words, by virtue of the application of Indigenous customary law, the rules governing the hierarchy of norms vary when judicial disputes involving Indigenous persons are resolved and the conflict arises within their territories. In this regard, legal scholarship states that: “... in disputes that must be resolved through customary law, the hierarchy changes. Custom then assumes priority status.
Yet this was not contemplated in any written rule governing sources of law, precisely because Indigenous peoples and their culture were rendered invisible; this is a problem that has historically existed in Costa Rica, particularly in the formal legal and regulatory sphere (local legislation) ... But when we speak of customary law, we are referring to something broader, since it is a concept that connects custom with worldview (the manner of seeing and interpreting the world) and values. It is therefore not an isolated or specific standard, but rather a comprehensive system of rules through which disputes are resolved in the various spheres of life. This system is characterized by its oral transmission and its connection to the community’s social identity. For Indigenous peoples, it focuses on collective rights, group solidarity, flexible procedures, and respect for environmental balance ...” (Alpízar Rodríguez, R. (2025).
Aspectos básicos de la interculturalidad y la pluriculturalidad: su impacto en las fuentes del Derecho privado costarricense en relación con el Derecho consuetudinario indígena. Sapientia, 16(1), 71–94. https://doi.org/10.54138/27107566.644). In addition, we must recall that our Political Constitution (Constitución Política) underwent a constitutional amendment to Article 1 (Ley N° 9305 del 24 de agosto de 2015), recognizing Costa Rica as a democratic, free, independent, multiethnic, and pluricultural Republic. This amendment unquestionably entails a change in the State’s perspective, which the administration of justice must take into account when hearing, deciding, and enforcing matters submitted to its jurisdiction (the doctrine of Article 153 of the Constitución Política), while respecting the cultural diversity that exists in our country and applying the rules specific to these communities in light of the worldview and customs they have maintained for a long time and that are intended to be preserved for future generations.
This is also reflected in Convention 169 of the International Labour Organization, in Articles 1, 5(a) and (b), 7, 8, 9, 12, 13, and 17, to mention only a few, which emphasize the duty of States to respect Indigenous customs and worldviews in matters such as the resolution of disputes and the manner in which rights are transferred within the community. Likewise, the American Convention on Indigenous Peoples, in Articles 3, 4, 5, 9, 11, 13, 15, 25, and 26, requires respect for the traditional structures governing these peoples. At the domestic level, we also have the Ley de Acceso a la Justicia de los pueblos indígenas de Costa Rica (N°9593), Article 1 of which provides: “The Costa Rican State shall guarantee access to justice for the Indigenous population, taking into account their ethnic, socioeconomic, and cultural circumstances, Indigenous law insofar as it does not violate human rights, and their worldview.” This entire body of law seeks to ensure respect for the autonomy of Indigenous communities and the practices and customs governing these peoples, and to promote sensitivity when these cases are heard, in accordance with the worldview of the Indigenous peoples.
It is also important to clarify that each people, ethnic group, and territory may differ in the manner in which it resolves disputes, transfers rights, and applies internal sanctions; therefore, it is not appropriate to standardize a specific rule for all such peoples, as doing so would contravene international human-rights provisions, our own Constitution, and the domestic laws governing this subject.
X.Cultural expert evidence (peritaje cultural) is essential and must, of course, be assessed together with the other evidence in order to resolve disputes, bearing in mind that “... before applying national legislation to resolve the conflict under examination in these proceedings, it is first necessary to determine whether the persons involved are in fact Indigenous and, if so, what the customs or customary law (derecho consuetudinario) of the Indigenous persons of the Comunidad Indígena Ngöbe Buglé are. In this case, it is particularly important to have an anthropological cultural expert assessment (peritaje cultural antropológico) to help provide relevant information for judicial decision-making regarding the resolution that should be given to this conflict....” In the case at hand, the Court, on its own motion, ordered a cultural expert assessment to be conducted (images 433 to 443), which analyzed how territories are transferred and how families develop, as well as the relationship between them for purposes of distributing the territories.
The evidence analyzes the circumstances of the Indigenous Maleku population in light of the difficulties they face due to social imbalance, the loss of their lands and culture, the decline in their population, and the loss of the figure of the cacique as the principal authority. The report stated: “After the reserve was established, over the years much greater pressure began to arise, which is (sic) leading people to compete for land; consequently, younger people are now failing, in the first instance, to respect internal Indigenous authorities and, whenever any problem arises, they resort to Costa Rican law, thereby creating a series of difficulties. First, the ADI (Asociación de Desarrollo Indígena) has authority over all the landholdings; therefore, there should be no land-tenure (tenencia de tierra) problems, since the territory is communally, rather than privately, owned. The land was allocated to families that would work it and produce their goods there.
According to tradition, when people were nearing death, they expressed their wishes as to who should continue holding their land. It made no difference whether that person was a son or daughter, a brother or sister, or, as occurred in many cases, someone to whom they entrusted its use because that person had worked alongside them during their lifetime. If no such wishes had been expressed, the ADI was responsible for granting the right to use the land and, acting on the advice of its members, would grant that right to someone....” The report also provides context by explaining that many people disagree with the decisions of the Asociación de Desarrollo and therefore resort to the courts. The expert emphasized that the Maleku ethnic group distrusts its own ability to resolve problems and thus seeks more qualified persons to do so. The report cites the case of Eustaquio Castro, who was gravely ill; for that reason, it recounts that members of the Asociación approached him to ascertain his final wishes regarding the land, which, according to the report, he duly expressed.
However, when he died, his own brothers approached the Asociación to inquire how the matter of the land would be decided, and that body informed them of the decedent’s wishes, but they refused to accept them. The expert assessment also explained the kinship system (sistema de parentesco) and its influence on the territories, indicating that it is bilateral; thus, it is unlike other traditional systems of descent (filiación) in which either the maternal or paternal lineage prevails. In this case, the report states, it resembles that of other societies in which social dispersion necessitates strengthening family relationships for the purpose of cultural survival. In this regard, the report stated: “... The importance of this system concerns the manner of transferring territories, which could be done to any son or daughter, irrespective of gender or whether that person was the firstborn; the most common practice is for land to pass from a father (sic) who is male to a son who is male.
There are likewise many cases in which the land may be transferred to a stepson or to another person’s child who was cared for from childhood and regarded as one’s own child.... Therefore, in response to the question submitted for expert assessment, the kinship system imposes no restriction preventing a godchild from being the beneficiary of the land if this was the deceased person’s wish, and that decision carries greater weight and confers greater rights even than any family tie, such as that of siblings or biological children....” Regarding the legal recourse used by the Maleku population in cases involving land disputes, the expert assessment stated: “... The Maleku persons whom I interviewed for this case unanimously issued an appeal to the judicial authorities, and it concerns legality itself: the right to have their autonomy respected; the right to have their traditional decision-making practices respected; respect for national law with regard to Indigenous legislation; the rights established under international law and ratified by Costa Rica; and, finally, their human rights as a human group living in vulnerable conditions....” The cultural expert assessment was supplemented, as reflected in images 464 to 468 of the digital case file.
The matters addressed included how the transfer of property is determined and the legal and representative scope and implications of foster parents (padres de crianza). Regarding the first matter, the expert concluded: “This question involved an in-depth analysis of how Maleku culture has transferred common property with respect to its territories. The analysis is based on the history of the community and explains the historical changes since past centuries that have shaped the social changes surrounding the issue. It is based on sociocultural history because the question concerns the past, historical and cultural practices, and their transformations leading to the forms and practices accepted today.” As to the other matter, the expert determined that foster parents may decide, of their own volition, that their stepchildren will continue to be responsible for the land granted to them, provided that they are Indigenous persons, since otherwise they would not be eligible to inherit the land.
In that same supplemental assessment, the expert was asked: “Regarding the manner of inheriting land under possession (posesión), according to your research into Maleku culture, whether or not it was necessary, in order for the wishes of the testator—here, the now-deceased Gregorio Cruz Cruz—to be valid, for them to have been known to the then-members of the ADI (Asociación de Desarrollo Integral de la Reserva Indigena (sic))(Indígena), or for those wishes to have been recorded in the minutes contained in the session books maintained for that purpose by that entity. Or whether it was sufficient for the community as a whole, in this case the Maleku community, to have known the testator’s wishes.” On this point, the expert answered that the influence of Costa Rican culture has increasingly led Indigenous persons to resort to legal authorities in order to create a record concerning land tenure.
He further stated that there is a contradiction among the persons interviewed, who, on the one hand, ask that Indigenous laws be respected but, on the other, accept notarial instruments (escrituras de notarios) to give legal effect to the wishes of deceased persons. However, he mentioned having interviewed Mr. Emigdio Cruz on this issue, who responded that, ideally, people should go to the ADI to create a record of land transfers (traspasos de terrenos), but that executing a public notarial instrument (escritura pública notarial) is also a viable option.
XI.The defendants appeal the judgment, alleging that the court found standing (legitimación activa) to have been established on the basis of a document transferring ownership, which, they contend, is not an appropriate means of proving possessory acts (actos posesorios). They also challenge the fact that this document was executed without taking into account the co-possession (coposesión) that they claim to have exercised while Don Gregorio was alive, and they object to what they describe as the fluctuating decisions of the Asociación de Desarrollo. Regarding passive standing (legitimación pasiva), they state that they have held the land through the co-possession that they claim to have exercised with their brother Gregorio and that, moreover, they have a stronger possessory claim than the plaintiff. They also disagree with the weight given to the cultural expert report (peritaje cultural), arguing that it was analyzed solely from the Indigenous worldview and traditional thought, without considering the elements of a Publician action (acción publiciana), also known as an action based on a superior right of possession (mejor derecho de posesión).
On these issues, the parties are advised, as stated in the preceding recital (considerando), that because the dispute arises within an Indigenous territory and involves members of that community, it cannot be resolved under the ordinary rules of private law, contained primarily in the Código Civil, which are inspired and grounded in values and rules different from those of Indigenous Customary Law (Derecho Consuetudinario Indígena). Regardless of whether the parties or the Court characterized this action as a Publician action, the fact remains that the issue of tenure (tenencia) over the two parcels of land that are the subject of these proceedings must be resolved in accordance with the solution provided by Customary Law for this specific case, since each case must also be analyzed in its own context. Based on the foregoing, this dispute could instead be characterized as one concerning the protection of Indigenous land tenure, for which the following elements must be established: standing—the claimant must be Indigenous and must legitimately possess the land in question, that is, in compliance with the rules adopted by the particular community to determine how each of its members or family groups may exercise tenure over a specific area of the Indigenous territory.
In this case, according to the cultural expert report, the decisions made by the community authorities in accordance with the community’s own rules of transfer must be respected; passive standing—the defendant must be the party improperly interfering with tenure by failing to respect the community recognition conferred upon the plaintiff regarding the disputed land, so that the plaintiff may exercise the attribute of possession of collectively owned Indigenous property (propiedad colectiva indígena); identity of the property (identidad del bien)—in this case, the claimed parcel must be located within Indigenous territory, and the property claimed by the plaintiff must be the same property affected by the defendant’s interference; right (derecho)—in cases such as this one, no individual subjective right (derecho subjetivo individual) is in dispute, nor may relief be granted on that basis; what is protected is the exercise of the attribute of possession of collectively owned Indigenous property, and the internal rules and customs of the Indigenous community must therefore be applied to safeguard the land tenure conferred upon one of its members; present interest (interés actual)—the plaintiff must have a legitimate and current reason or interest when filing the claim, which must also continue to exist when the dispute is decided, and judicial intervention must be necessary to bring the alleged interference to an end.
Accordingly, the appellants are incorrect in asserting that the evidence was improperly weighed and the law erroneously applied, for the reasons explained above. It should be noted that the plaintiff did establish standing by proving, first, that he is an Indigenous member of the Maleku community and, second, that he is entitled to the properties in accordance with the traditional practices and rules of the Indigenous community. In this regard, it is undisputed that all parties involved are Indigenous members of the Maleku community; this is also established by various documents admitted into the case file, including the certification issued by the Asociación de Desarrollo Indígena de Guatuso, the petition for review decided by that Asociación under number 545-557, and a certification issued by the local entity on 7 de octubre de 2024, shown in images 6, 25 to 27, 66 to 78, and 92. Those same documents establish that the plaintiff was recognized by the Asociación de Desarrollo Indígena de Guatuso as the person entitled to hold tenure over the two disputed parcels because he was Don Gregorio Cruz’s foster son, a fact also established by the testimony of Pedro Elizondo Elizondo and Ángel Antonio Silva Silva.
In other words, the community’s Indigenous authorities did recognize him in this regard, and that recognition accords with the community’s internal rules, with no evidence disproving this point. It is now appropriate to assess, within the context of the Maleku Indigenous community, the issue of land transfers and which internal body has authority to settle any disputes that may arise within the community regarding that issue. After evaluating the cultural expert evidence, this Court finds that the community’s internal order was followed: first, because Don Gregorio’s wishes were respected, as further confirmed in public deed number 79 executed before notary Lolita Arias Sánchez; and second, because the Asociación is the body that represents the community internally. Although there may be objections to that body’s conduct, particularly as a result of changes in its membership, in this specific case this does not warrant reversing the decision under appeal.
In this regard, it must be emphasized that this appellate body is not treating this item of evidence—the public deed—as a means of acquiring possession, as would ordinarily be done under general law, but rather as an additional item of evidence confirming the final wishes of a member of the Maleku Indigenous community concerning the transfer of tenure over the properties he held, in accordance with the community’s current traditions, given that custom evolves. During the proceedings, the defendants alleged that Don Gregorio had been pressured and deceived, and they offered the testimony of Eliecer Marín Blanco and Aniceto Blanco Vela in support of that allegation. However, after assessing both testimonies together with those of Pedro Elizondo and Ángel Antonio Silva, this Chamber finds that the alleged circumstances were not established. Pedro Elizondo testified that he owns land adjoining Don Jahiro’s property, formerly Don Gregorio’s, and stated that Don Gregorio had decided during his lifetime to give the land to the plaintiff because of the affection between them arising from the plaintiff’s status as his foster son.
The witness Ángel Silva stated the same. Indeed, it is important to note that he is Don Gregorio’s son, and he stated that this had been his father’s wish. He even emphasized that his immediate family, including himself, had made no claim, in order to respect his father’s final wishes. Elicer Marín Blanco stated that Don Gregorio had informed her that he wanted to leave the Miraley property to his sisters and that he had exchanged a lot with those relatives. However, this Court does not find her testimony credible because, although she was a neighbor who testified that she often spoke with Don Gregorio, the fact remains that through the aforementioned public deed Don Gregorio formalized his final wishes concerning one of the parcels. The witness Aniceto Blanco Vela testified that he had served as president of the Asociación, that the land had been awarded to Don Gregorio, that his sisters—the defendants—helped him with the work, and that after he died they continued working on the disputed parcels.
He stated that he had never seen Jairo working on the property and that the decedent had transferred the land to Jahiro to avoid a bank attachment. He even stated that Don Gregorio regarded a boy named Hamzel as his son, that the boy is in the defendants’ care, and that he is not Indigenous, as the defendants themselves acknowledge in their answer. That testimony is likewise not credible because, although Don Aniceto is separated from Doña Elicia, he testified that they remain married, and an interest in the case may therefore be presumed. Moreover, he denies that Don Jahiro worked on the land, which contradicts the testimony of Don Ángel, Don Gregorio’s son. Accordingly, because Don Ángel is a member of the immediate family, this Court affords greater credibility to his testimony, as he has direct knowledge of events within his family. These considerations are significant because the examinations show that the case was approached as a possessory matter to be decided under the legal rules governing individual private agricultural possession, whereas the relevant issue in this type of Indigenous dispute is to determine the applicable rules governing land tenure at the relevant time, in light of the circumstances of the particular case—that is, to identify the rules and customs of the Indigenous community applicable to the specific dispute.
For that reason, this Court finds that the plaintiff has standing because he is Indigenous and has the community’s approval, through the Asociación de Desarrollo, to hold tenure over the disputed parcels.
XII.Another claim raised in the appeal concerns the fluctuating decisions of the Asociación de Desarrollo. On this matter, this Court has recognized the autonomy of Indigenous peoples to resolve their own disputes and the enforceability that may be accorded to the internal decisions or agreements of the bodies empowered to do so (see Voto 599-2018). In the case under review, it cannot be ignored that the Asociación de Desarrollo Indígena de Guatuso faces several problems due to changes in the membership of its boards of directors. However, this appellate body cannot allow those changes to influence the resolution of the specific case under consideration. That is, in this case, as explained in the preceding recital (considerando), in which the cultural expert evidence (peritaje cultural) was analyzed, a Maleku Indigenous person holding land may decide who will inherit it upon that person’s death, regardless of whether the heir is a son or daughter; the heir may be a stepson or stepdaughter, or even a person whom the landholder raised as such.
That is what occurred in this case, and the Asociación confirmed it both in the certification issued on 28 de agosto de 2013 (image 6) and in the decision on motion for reconsideration (recurso de revisión) number 545-557, appearing in images 66 and 78. The fact that a newly constituted Asociación changes its position must be analyzed with the utmost caution, in accordance with the community’s rules and customs. For those reasons, this aspect of their claim must fail. In addition, it must be clarified to the appellants that the Asociaciones de Desarrollo Indígena are not administrative bodies, since they are private in nature and were established to serve as an instrument for coordinating governmental, municipal, and community efforts in carrying out projects of common interest that contribute to a country’s economic and social development: “… Notwithstanding their designation as being of public interest and the privileges and exemptions granted to them by the Ley sobre el Desarrollo de la Comunidad, such associations are governed by private law and its principles.
These include the principle of ‘freedom of contract’ (autonomía de voluntad), under which private parties may do anything that is not prohibited by law …” (Dictamen C-014-1999, Procuraduría General de la República). In the case of the Asociaciones Indígenas, they were created to exercise the rights and fulfill the obligations referred to in Article 2 of the Ley Indígena (Article 3 of the Reglamento a la Ley Indígena). They are also recognized as authorities in those communities, acting in harmony with other representative figures in accordance with Indigenous customary law (Derecho Consuetudinario indígena).
XIII.The appellants are likewise incorrect regarding standing as defendants (legitimación pasiva). Regardless of whether the defendants were co-possessors (coposeedoras)—which was also not duly proven—with Mr. Gregorio Cruz before his death, or whether they continued performing work on the land underlying this action, this is irrelevant to the case because, it bears repeating, the rules of possession (posesión) governing ordinary law do not apply; rather, the customary law of the Maleku Indigenous population applies. In short, the plaintiff did establish the requirements for standing as plaintiff (legitimación activa), standing as defendants, and entitlement to relief (derecho) with respect to the action to defend land tenure (acción de defensa de la tenencia de tierra). For those reasons, this claim is rejected.
XIV.The third ground of appeal concerns the alleged failure to observe supra-constitutional rights (derechos supraconstitucionales) in support of women’s equality. The appellants contend that, by considering the public deed of donation (escritura pública de donación) from Mr. Gregorio Cruz to the plaintiff concerning one of the parcels, the judgment minimizes women’s rights and infringes upon those women’s equality with men. The appellants are also incorrect regarding this claim. First, as has been explained, customary law applies to Indigenous disputes. Under those rules, the cultural expert evidence determined that land may be transferred to a son, daughter, stepson, stepdaughter, or another family member. Therefore, the ruling in the judgment under appeal respects those internal rules and cannot, for that reason, be characterized as discriminatory or contrary to fundamental rights. Moreover, the party examination (declaración de parte) of Ms.
Isabel shows that she holds another parcel within the Indigenous community. Likewise, when those defendants answered the complaint, they stated: “... we indicate that, with respect to this property, the undersigned Isabel Cruz Lacayo had exchanged land in accordance with Indigenous culture, and I therefore transferred a lot belonging to me in exchange for another lot located within the 5 hectares mentioned by the defendant herein .... ” (images 160 to 172). Apart from the fact that this exchange was not proven, that statement demonstrates that Maleku custom does not discriminate against women. From the evidence analyzed as a whole, it must be concluded that, in this specific case, the community decision does not benefit the defendants because the decedent’s final wishes were to leave both properties to his foster son, namely, the plaintiff. This objection must be rejected as unfounded.
XV.Lastly, the fifth ground of appeal concerns the award of costs (condenatoria en costas) imposed by the Trial Court with respect to the non-application of Article 56 of the Ley de la Jurisdicción Agraria. On this point, the appellants are correct. This Court has developed a consistent line of precedent concerning the imposition of litigation costs (costas del proceso) when persons have litigated with the assistance of the Defensa Pública and are also Indigenous persons. Voto 2024000440 of 07 de mayo de 2024 held: “... In this regard, it is observed that, in this case, both parties litigated with the assistance of the Defensa Pública (appearances in images 24 and 108 of the electronic case file), such that the record does not show that the defendant actually incurred attorney’s fees (costas personales). In addition, it is observed that both parties are Indigenous persons who litigated with the assistance of the Defensa Pública.
On this matter, Article 7 of Ley No. 9593 de Acceso a la Justicia de los Pueblos Indígenas de Costa Rica provides that ‘in judicial proceedings in which an Indigenous person requires legal assistance and cannot afford the costs, the administration of justice shall provide, free of charge, the assistance of a public defender specializing in Indigenous law and in the relevant subject matter,’ thereby reinforcing the principle that services shall be provided free of charge to these populations. In the case at bar (subjúdice), that provision must be incorporated into the application of Article 55 of the Ley de Jurisdicción Agraria, which establishes the possibility of exempting a party from costs under certain circumstances. Therefore, consistent with the State’s duty to guarantee access to justice for the Indigenous population ‘taking into consideration their socioeconomic circumstances’ (Article 1 of Ley No.9593), the appropriate course is to reverse that aspect of the judgment and rule without a specific award of costs.
Moreover, it should be noted that the State has assumed responsibility for providing the service for the purposes of the aforementioned law; accordingly, ordering Indigenous persons to pay costs would be inconsistent with those purposes ...”. Based on the foregoing, this body deems it appropriate to maintain that criterion and, consequently, to reverse the Trial Court’s award of costs.
XVI.Considering that an interpreter was requested in this matter to translate for the defendants what occurred during the trial hearing, it is also necessary to appoint one to communicate and explain this judgment (see the precedent issued by this Court in Voto 592-F-2020). This is in compliance with the Reglas Prácticas para Facilitar el Acceso a la Justicia de las Poblaciones Indígenas, approved by the Consejo Superior del Poder Judicial in Sesión N° 77-08 of 14 de octubre del año 2008, as well as Circular de la Secretaría General de la Corte No. 44-09 sobre la Intervención de Intérpretes de Lenguas Indígenas en los Procesos Judiciales, and taking into consideration the Reglas de Brasilia, in order to implement a policy of strengthening the public service that our Institution provides to Indigenous users. The legal basis for this is Article 28 of Convenio N° 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes and Ley 9593: Acceso a la justicia de los pueblos indígenas de Costa Rica, Article 6 of which specifically states: “Right to a State-funded interpreter and translator.
The Poder Judicial shall provide, at no cost, the assistance of interpreters and translators in all proceedings involving an Indigenous person who requires such assistance and cannot afford the costs. Efforts shall be made to ensure that Indigenous women are assisted by interpreters of the same gender. These assistants shall be appointed from an official list, with due respect for the customs and cultural norms of the Indigenous person. Nevertheless, the Indigenous person may appoint an interpreter whom that person trusts.” Once this decision becomes final, it shall be communicated in this manner through the Trial Court.
POR TANTO:
The asserted nullity (nulidad) is rejected. The judgment under appeal is reversed solely with respect to the award of costs. In its place, the proceedings are resolved without a specific award of costs. In all other respects, the judgment is affirmed as to the matters appealed. This judgment and its effects must be communicated to the Indigenous persons participating in the proceedings so that they may understand what has been decided herein, through the interpreter appointed in the record or any other interpreter who can translate it into the language of their Indigenous community. Once this decision becomes final, it shall be communicated in this manner through the Trial Court.
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GEISON LOPEZ BARRANTES - DECIDING JUDGE ???????????????
RUTH ALPIZAR RODRÍGUEZ - DECIDING JUDGE ???????????????
ALEXANDRA ALVARADO PANIAGUA - DECIDING JUDGE
EV Generación de Machote: E:\GESTION-JUDICIAL\SERVIDOR DE ARCHIVOS\MODELOS\CIVIL\TGTRIB009.dpj ????????????????
ORDINARIO ACTOR/A:
JAHIRO CRUZ SILVA DEMANDADO/A:
ELICIA CRUZ CRUZ VOTO N° N° 2025000760 TRIBUNAL AGRARIO. SEGUNDO CIRCUITO JUDICIAL DE SAN JOSÉ.- A las veinte horas cuarenta y ocho minutos del once de agosto de dos mil veinticinco.- PROCESO ORDINARIO establecido por JAHIRO CRUZ SILVA, mayor, casado una vez, agricultor, persona indígena Maleku, vecino del Territorio Indígena Guatuso, con cédula de identidad número uno - mil doscientos cincuenta y seis - seiscientos siete; contra ELICIA CRUZ CRUZ, mayor, casada una vez, ama de casa, persona indígena Maleku, igual domicilio que el anterior, con cédula de identidad dos - trescientos catorce - setecientos sesenta y seis; ISABEL CRISTINA CRUZ LACAYO, mayor, soltera, ama de casa, persona indígena Maleku, vecina del mismo territorio indígena, con cédula de identidad dos - cuatrocientos veintidós - ochocientos diecisiete. Interviene como parte interesada la ASOCIACIÓN DE DESARROLLO INTEGRAL DE LA RESERVA INDÍGENA DE GUATUSO, cédula jurídica tres - cero cero dos - cero sesenta y un mil setecientos cuarenta y seis, representada por Alfredo Acosta Blanco, mayor, cédula de identidad dos - trescientos cincuenta y cinco - setecientos sesenta.
Actúa como defensora pública de la parte actora, la letrada Ana Cristina Hernández Steller; de las demandadas, el licenciado Dennis Paniagua Navarro, colegiado veintisiete mil ciento setenta y seis. Tramitado ante el Juzgado Civil y Trabajo del Segundo Circuito Judicial de Alajuela, Sede Upala (Materia Agraria).
Redacta el juez López Barrantes; y,
CONSIDERANDO:
La parte actora interpuso demanda ordinaria, estimada en la suma de cinco millones de colones, solicitando que en sentencia se declare lo siguiente: «1.- Que el suscrito soy legítimo poseedor en calidad de propietario de dos terrenos que se describen en el hecho primero de esta acción, a saber: ...Terrenos que se localizan dentro de la Reserva Indígena de Guatuso, no están inscritas ante el Registro Público de la Propiedad a mi nombre, ya que se ubican en Palenque El Sol de La Reserva Indígena de San Rafael de Guatuso, que es distrito primero, del cantón quince Guatuso, de la Provincia de Alajuela. El primero mide aproximadamente CINCO MANZANAS. Dedicado a repastos y lo tenía dividido en áreas menores para apartos. No tiene plano catastrado aún. Colinda al norte con Arnoldo Rojas, al sur con Isabel Cruz Lacayo, al este con Francisco Elizondo y al oeste con Jimmy Acosta Acosta. El segundo mide aproximadamente TRES HECTAREAS y está dividido en dos apartos.
No tiene plano catastrado aun. Colinda al norte y sur con Pedro Elizondo, al este con Francisco Elizondo y al oeste con el suscrito Jahiro Cruz Silva e Isidro Acosta. Los inmuebles como reitero no cuentan con plano aún y está dividido en apartos para ganado y los adquirí hace muchos años. 2.- Que el suscrito adquirí uno de los dichos inmuebles por donación que me hizo mi tío Gregorio Cruz Cruz c.c. Cruz Lacayo, mediante escritura pública NUMERO (sic) SETENTA Y NUEVE del protocolo de la notaria pública LOLITA ARIAS SÁNCHEZ, cuyo terreno donado mide las CINCO MANZANAS EN APROXIMACIÓN y se describe en hecho primero de esta acción y el otro terreno lo adquirí por documento posesorios, extendido por la Asociación de Desarrollo Integral de la Reserva Indígena de Guatuso, que da fe que soy el legítimo poseedor de al menos TRES HECTÁREAS DE TERRENO, que se describe en hecho primero de esta acción. 3.- Que una vez declarado mi mejor derecho de posesión sobre dichos terrenos descritos en el hecho primero de esta acción, se le prevenga a las codemandadas que no pueden introducirse a mis fundos cuantas veces quieran, tal y como lo han hecho desde hace al menos cinco años, que fue cuando empezamos a tener problemas de tenencia de tierras. 4.- Que por consiguiente las codemandadas en caso de seguir con actos de despojo sobre los fundos de mi posesión, podrán ser procesadas por el delito de desobediencia a la autoridad, para lo cual se testimoniaran piezas ante el Ministerio Público. 5.- Deberán las coaccionadas reponer las cercas de colindancia y portillos por donde estaban, mismos que me han dañado con los actos perturbatorios por ellas perpetrados. 6.- Que en caso de negativa de las coaccionadas a reponer las cercas y portillos por donde debe ser, se autorice al suscrito a ponerlos pero a costa de ellas, quienes deberán pagar el costo que ello conlleve. 7.- Que se condene a las accionadas al pago las (sic) costas procesales y personales en caso de oposición a la presente acción».
(Ver Expediente Electrónico imágenes: 107 a 116) II- CONTESTACIÓN DE DEMANDA. Las demandadas Elicia Cruz Cruz e Isabel Cruz Lacayo, contestaron la demanda en tiempo y forma, sin interponer excepciones. (Ver Expediente Electrónico imágenes: 160 a 172).
El juez Armando Guevara Rodríguez del Juzgado Civil y Trabajo del Segundo Circuito Judicial de Alajuela, Sede Upala (Materia Agraria) en sentencia número 2022000122, de las quince horas cuarenta y siete minutos del treinta de mayo de dos mil veintidós, resolvió: «POR TANTO: De conformidad con todo lo anteriormente considerado y citas legales y doctrinales hechas se declara con lugar la demanda incoada de la siguiente manera, entendiéndose denegada en todo aquello que no se diga: Que el actor tiene un mejor derecho de posesión que las codemandadas sobre los terrenos en litis. A saber Terrenos que se localizan dentro de la Reserva Indígena de Guatuso, no están inscritas ante el Registro Público de la Propiedad a mi nombre, ya que se ubican en Palenque El Sol de La Reserva Indígena de San Rafael de Guatuso, que es distrito primero, del cantón quince Guatuso, de la Provincia de Alajuela. El primero mide aproximadamente CINCO MANZANAS. Dedicado a repastos y lo tenía dividido en áreas menores para apartos. Colinda al norte con Arnoldo Rojas, al sur con Isabel Cruz Lacayo, al este con Francisco Elizondo y al oeste con Jimmy Acosta Acosta. El segundo mide aproximadamente TRES HECTÁREAS. Colinda al norte y sur con Pedro Elizondo, al este con Francisco Elizondo y al oeste con el suscrito Jahiro Cruz Silva e Isidro Acosta.
La parte accionada interpuso recurso de apelación con indicación expresa de las razones en que se apoya, para refutar la tesis del juzgado de instancia (ver el expediente electrónico imágenes 567 a 580). Los agravios son los siguientes: 1- Errónea valoración de la prueba. Acusa que el Juzgado tuvo por acreditada la legitimación activa con base en un documento de traslado de dominio con respecto al terreno que mide cinco manzanas, el cual está situado dentro de la Reserva Indígena de Guatuso, en el sector conocido como Palenque, distrito primero San Rafael, cantón quince Guatuso, el cual no cuenta con plano, pero, colinda al norte con Arnoldo Rojas, al sur con Isabel Cruz Lacayo, al oeste con Francisco Elizondo y al oeste con Jimmy, sin precisar sus apellidos. Sobre el otro fundo en litis, el cual mide tres hectáreas, colinda al norte y sur con Pedro Elizondo, al este con Francisco Elizondo y al oeste con el accionante Jahiro Cruz Silva e Isidro Acosta, sostiene que esa entidad lo tuvo por acreditado por medio de la posesión que le fue otorgada por la ADI local.
Protesta que esos documentos no acreditan por sí sola la posesión del actor sobre los bienes, y por el contrario, menciona que se hicieron sin conocimiento de quienes verdaderamente poseían el fundo junto con el señor Gregorio Cruz Cruz, refiriéndose a las accionadas; y el otro documento emitido por la ADI con una integración distinta a la que ya había otorgado ese derecho a las demandadas, dejando ver, según expone, lo fluctuante de las decisiones de ese órgano administrativo, eso sumado al hecho que la ADI existente al momento de realizar el debate se mantuvo neutral, sin referirse a cuál de las dos partes se le debería de dar el derecho de posesión. Cuestiona que, existen tres criterios de la ADI del Territorio Indígena Maleku de Guatuso, por ello, afirma que dependiendo de la fecha en que se emitan y de la integración de su junta, a saber, una que da la posesión a las demandadas (integradas por Santos Marín como presidente), otra que da la posesión al actor (de la cual se desconoce integración debido a que no existe nombre del presidente firmante) y otra que no emite pronunciamiento alguno sobre a quién le debería corresponder el derecho de posesión sobre el segundo terreno (integrada por Alfredo Acosta Blanco como presidente).
Acerca de la legitimación pasiva, opina que no hubo un análisis correcto de la prueba. Establece que lograron comprobar en juicio que la causa por la cual las demandadas ocupaban los terrenos en litis lo es porque eran quiénes lo poseían junto con su hermano Gregorio Cruz Cruz. Explica que, conjuntamente trabajaban la tierra y la mejoraban. Remite a los testimonios de José Aniceto Blanco Vela y Eliécer Cruz Vela, quienes dicen declararon sobre la posesión ejercida por las accionadas junto con el señor Cruz Cruz. Estima que el fallo recurrido realizó una indebida valoración de la escritura de donación, pues si bien acepta una posible voluntad del señor Cruz Cruz, sobre el inmueble de cinco hectáreas, al donarlo a quien consideró como familiar suyo, afirma que, no demuestra que el actor era quien tenía la posesión de este terreno para cuando se da la muerte del señor Gregorio Cruz, por ello, tampoco es posible establecer que hubo un despojo ilegítimo en contra del actor.
Acusa que el accionante no ostentó ningún derecho de posesión sobre esa finca propiamente, puesto que, al tratarse de un fundo sin inscribir, la posesión que se ejerce sobre él vale por título. En esa línea, afirma que del examen de la prueba se determina que las demandadas se encontraban trabajando el terreno de forma legítima para el momento en que se confeccionó esa escritura, teniendo un tercio de la posesión total del terreno, aspecto que reprocha no se valoró en primera instancia. Menciona que la acción de mejor derecho de posesión se compone por una mayor cantidad de tiempo en poder y un mejor aprovechamiento de la tierra, pero, desde el punto de vista agrario, es decir, bajo una actividad productiva y la utilización de los recursos naturales. Reclama que el hecho de que la ADI le reconociera la posesión al actor, no significa que concurriera también la acción de mejor derecho de posesión sobre el segundo terreno, cuya medida lo es de tres hectáreas.
Insiste en que, el hecho de la que Asociación extendiera el documento reconociendo al actor como poseedor, sin llevar a cabo una investigación al respecto, contradice los presupuestos para demostrar un mejor derecho de posesión agraria, en virtud de que esta acción, dice, procede a favor de aquella persona que realice actos materiales de posesión efectiva sobre el bien, como menciona lo acreditó a través de la prueba testimonial. En su opinión, expresa que la Asociación no tiene capacidad para solucionar los problemas de posesión de tierra, dada el cambio de criterio que ha tenido en torno a este asunto en particular. Acerca de la prueba de peritaje cultural manifiesta no pudo ser usado para otorgarle el derecho de posesión al accionante, puesto que, éste se enfocó en examinar aspectos relacionados a la cosmovisión y el pensamiento tradicional de la cultura Maleku, sobre la herencia de los bienes y no sobre temas de posesión y uso de la tierra, específicamente sobre la finca que mide cinco hectáreas, del cual reza no se realizó ningún tipo de donación en vida ni existió documento testamentario para demostrar la intención de que se le otorgara al actor, por el contrario, expresa que fue la ADI la que unilateralmente decidió otorgarlo bajo un derecho de posesión, cuando manifiesta ya se le había entregado a las demandadas.
Explica en ese punto en concreto, que la ADI constituida a la fecha del juicio no ratificó esa posesión, por ese motivo, afirma que no puede tenerse como otorgado por voluntad del señor Gregorio Cruz Cruz como lo sostuvo el fallo apelado, puesto que, al estar las demandadas en el terreno no gozan de una posesión ilegítima, por esa razón, señala que tuvo que abrirse un proceso sucesorio judicial si fuese el caso, no una acción declarativa como la escogida por el actor. Sobre este agravio considera debe de valorarse lo declarado por José Aniceto Blanco Vela, quien fue presidente de la ADI para cuando se le entregó la tierra al causante Gregorio Cruz, el cual, dice fue enfático en afirmar que las demandadas eran quienes conjuntamente ejercían la posesión con dicho señor. Además, de que era la voluntad de don Gregorio que el bien le quedara a sus hermanas, e incluso, dice hubo una primera nota a la ADI, estando presidente Santos Marín.
Menciona que este testigo fue claro en conocer las fincas y nunca haber visto al actor trabajando la tierra. Cuestiona la validez de la donación que don Gregorio le hizo al actor por no contar con el visto bueno de la ADI. Asimismo, refiere que con la declaración de Eliécer Cruz Marín se ratifica quienes ejercieron posesión agraria sobre el bien después de la muerte de don Gregorio, es decir, las demandadas. Además, de que nunca vieron al actor realizar trabajos en el terreno. Sumado a lo anterior, manifiesta que el testigo Cruz Marín ratificó que don Gregorio quería que sus tierras les quedaran a sus hermanas. Cuestiona los testigos ofrecidos por la parte actora, sea Ángel Silva Silva, por cuanto menciona realizó juicios de valor y opiniones sobre el conflicto, por ello, menciona que demostró un serio interés para favorecer al actor. Asimismo, expresa que ese testigo declaró que la demandada Isabel Cruz tenía ganado dentro de la finca, además, de que la ADI era un completo desorden, puesto que al cambiar de presidencia se llevaban los documentos y se perdían, por lo que, reza que la credibilidad de una ADI para otorgar un derecho de posesión está más que entredicha.Con la indebida valoración de la prueba considera que se le causa un serio agravio en la sentencia. 2- Errónea aplicación del derecho sustantivo.
Explica que la sentencia define correctamente la acción de mejor derecho de posesión; sin embargo, no profundiza, ni tampoco interpreta si los presupuestos fueron o no cumplidos conforme al cuadro fáctico sometido a debate. Refiere a que aún y cuando se logró demostrar que las demandadas no eran poseedoras ilegítimas y de fallecer don Gregorio no dejó ningún documento testamentario para establecer la forma de dividir su herencia, por ello, considera tuvo que haberse ordenado la apertura de un proceso sucesorio. Cuestiona que la sentencia acogió la demanda por la última voluntad de don Gregorio y no por un mejor derecho de posesión lo cual es el reclamo acá planteado. Dice que don Jahiro nunca ejerció posesión sobre los bienes en conflicto, y sobre tal menciona no existe prueba. En apoyo a su tesis cita el Voto 31-93, de la Sala Primera de la Corte Suprema de Justicia, así como, los artículos 264, inciso 1, 277 a 286, 300, 301, 306, 307, 317 a 319 y 322, del Código Civil, los cuales, dice fueron indebidamente aplicados dado que manifiesta tienen que ver con la defensa de quien ha realizado mejores actos posesorios efectivos, estables y concretos sobre un bien despojado por alquiler con derecho inferior y no con los derechos obtenidos de un documento sucesorio, esto sobre la finca de cinco hectáreas, ni del documento emitido por un órgano el cual califica subjetivo y parcializado, referente a la finca de tres hectáreas. 3- Inobservancia de derechos supraconstitucionales en pro de la igualdad de la mujer.
Acusan las apelantes que la sentencia impugnada es omisa en cuanto al análisis de derechos internacionales en el tema de derechos humanos, en específico, en cuanto al principio de igualdad entre hombres y mujeres, pero, en especial, cita el de no discriminación hacia la mujer. Lo anterior, dice al calificarlas en el fallo como simples depositarias de la posesión de don Gregorio, denigrando de esa forma a una especie de trabajadoras de él, cuando, por el contrario, refiere a que se encontraban de forma activa con esfuerzo personal sacrificando el tiempo junto a su familia, convirtiendo el terreno de tacotales a bienes altamente productivos. Explica que el actor no depende de esos bienes, puesto que es educador y vive pleno de su profesión. En esa línea, afirma que el caso no se resolvió con sensibilidad con respecto a lo enunciado en el artículo 4 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los campesinos y otras personas que trabajan en zonas rurales.
Expresa que se está privilegiando dos documentos que reitera sin incompatibles con un mejor derecho de posesión, lo cual, dice no tiene lógica en tiempos en donde la prevalencia del hombre como único proveedor y cabeza de hogar ha quedado totalmente obsoleto al haber sido siempre una interpretación machista y desigual. Reza que la sentencia se aleja de una adecuada valoración con respecto al vínculo que tienen las demandadas con los terrenos, más allá de un tema meramente económico, el uso y la explotación que ellas hacen de estos fundos resultan fundamentales para reafirmar su pertenencia como personas indígenas. Cita el artículo 14, inciso 1, de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer. Concluye que, al omitirse la aplicación de normas supraconstitucionales, se está privando a las demandadas a la posesión de los fundos, con perjuicio de su economía al depender de estos, en virtud de no contar con formación superior, y como consecuencia de eso tener que buscar oficios no bien renumerados. 4- Falta de fundamentación.
En este apartado expresa que la demanda fue contestada por la accionada; pero, sin patrocinio letrado. Empero, hace saber que cuando la defensa pública asumió la representación de dichas señoras realizó todos los esfuerzos para demostrar las excepciones de falta de derecho, falta de legitimación activa y pasiva. No obstante, indica que la sentencia apelada no se refirió a dichas defensas las cuales son obligatorias hacerlo. Menciona el Voto 58-1994, de la Sala Primera de la Corte Suprema de Justicia. Explica que, ante esa omisión se desconoce porque razón se tuvo por acreditado la concurrencia del derecho, así como la legitimación. 5- Inaplicación del artículo 56 de la Ley de la Jurisdicción Agraria al condenar a las demandadas al pago de costas. Sobre este punto refiere que las demandadas tuvieron motivos suficientes para litigar, no lo hicieron bajo ningún tipo de abuso o mala fe, por lo tanto, afirma que era imperativo para la persona juzgadora realizar un análisis amplio sobre la condenatoria en costas del artículo 56 de la Ley de la Jurisdicción Agraria, ponderando las diligencias efectuadas, cuantía del proceso y situación económica de las partes.
Protesta que de haberse aplicado esa norma, lo ideal era que cada parte asumiera sus costas, o bien, aplicar la disminución de hasta un cinco por ciento. Como petitoria del recurso, solicita se admita y se declare sin lugar la demanda, acogiendo las excepciones de falta de derecho, legitimación activa y pasiva.
Se avalan los hechos probados 1 y 2, al ser fiel reflejo de las probanzas que existen en el expediente. Sin embargo, con respecto al primero como medio de prueba se agregan los testimonios de Pedro Elizondo Elizondo y Ángel Antonio Silva Silva, así como el peritaje cultural visible en las imágenes 433 a 443, y su ampliación en cuadros 464 a 468.
Se modifica el hecho probado 3, para que se lea así: La Asociación de Desarrollo Indígena de Guatuso reconoce el derecho posesorio a favor de Jahiro Cruz Silva, con respecto al inmueble de tres hectáreas cuyas colindancias son al norte y al sur con Pedro Elizondo, a este con Arnoldo Rojas, al oeste con Jahiro Cruz Silva, ubicado en la Escuela Palenque el Sol, aproximadamente hacia el norte que perteneció a Gregorio Cruz Cruz.
Se censura el número 4, al tratarse de una apreciación jurídica.
Por parte de esta Instancia se adicionan los siguientes: 5/ El señor Jahiro Cruz Silva y las señoras Elicia Cruz Cruz e Isabel Cristina Cruz Lacayo, son personas indígenas (hecho no controvertido por las partes. Además, se cuenta con prueba documental como lo es la constancia emitida por la Asociación de Desarrollo Indígena de Guatuso, y el recurso de revisión que fue resuelto por dicha Asociación número 545-557, y una constancia emitida por el ente local el 7 de octubre de 2024, visible en las imágenes 6, 25 a 27, 66 a 78 y 92, en donde se reconoce a las partes de este asunto como personas indígenas). 6/ El señor Jahiro Cruz Silva vivió durante su infancia y adolescencia en los dos terrenos en conflicto, esto junto a su núcleo familiar, sea el señor Gregorio Cruz Cruz, la esposa de don Gregorio, y sus primos (testimonios de Pedro Elizondo Elizondo y Ángel Antonio Silva Silva, y documental consistente en una constancia emitida por la Asociación de Desarrollo Indígena de Guatuso, del 28 de agosto de 2013, imagen 6, en donde se establece que don Jahiro vivió junto a la familia de don Greogorio). 7/ El menor Hanzel Barrera Lazo no es persona indígena (declaración de las demandadas en el hecho 4 de la contestación de la demanda, imagen 162, así como criterio vertido por la Asociación de Desarrollo Indígena de Guatuso, en la resolución del recurso de revisión número 545-557, visible en imágenes 66 y 78). 8/ La Asociación Indígena de Guatuso reconoció al señor Jahiro Cruz Silva como la persona que ostenta la tenencia de los dos terrenos objeto del conflicto, el cual uno mide tres hectáreas y el otro cinco hectáreas (documental emitido por la Asociación de Desarrollo Indígena de Guatuso, en la resolución del recurso de revisión número 545-557, visible en imágenes 66 y 78).
La presente demanda ordinaria la formula el señor Jahiro Cruz Silva en contra de Elicia Cruz Cruz e Isabel Cruz Lacayo (ver imágenes 107 a 116, del expediente electrónico). En resumen, refiere el actor que es poseedor de dos terrenos situados dentro del territorio indígena de San Rafael de Guatuso (Maleku). El primero le fue donado por el señor Gregorio Cruz y el segundo cuya medida lo es de tres hectáreas se lo adjudicó la Asociación de Desarrollo Indígena. Ambos inmuebles son dedicados a la agricultura y ganadería. Explica que después del fallecimiento de su tío Gregorio Cruz, las accionadas han estado molestando y perturbando la posesión que dice ejerce en ambos terrenos, eso pese a las advertencias de que él tiene documentos que lo acreditan como poseedor del inmueble. Manifiesta que los terrenos han sido trabajados por él, incluso antes de la muerte de don Gregorio, ejerciendo una posesión conjunta.
Informa que a raíz de esos problemas interpuso una denuncia penal ante la Fiscalía de Guatuso, la cual fue tramitada con el número de expediente 13-200290-0630-PE. Empero, en esa instancia se dictó un sobreseimiento definitivo en donde se le instó a acudir a la vía civil o agraria a presentar el reclamo. Explica que después de esa decisión las accionadas no lo volvieron a perturbar, pero, tres meses atrás de haber presentado la demanda iniciaron de nuevo con las perturbaciones. Por su parte, las accionadas contestaron la demanda de forma negativa (cuadros160 a 172). Niegan que el actor haya poseído los terrenos y además cuestionan la validez de la escritura de traspaso en donde obtuvo uno de ellos. Explican que ambos fundos se han encontrado bajo su posesión a través de trabajos que realizan en éstos. Rezan que cuando su hermano estaba en vida (se refieren a don Gregorio), eran ellas quienes le colaboraban con los trabajos en los terrenos.
Con respecto a la escritura indican se trató de una maniobra de mala fe por parte del actor, al supuestamente engañar a su hermano con respecto a un posible embargo que podía tener dada una deuda que mantenía con una entidad bancaria. Por otro lado, explican que la propiedad (sin precisar cuál), había sido negociada con don Gregorio cuando estaba en vida, en donde realizaron un cambio de un lote que citan están inmerso dentro de la finca de cinco hectáreas por otro lote de su propiedad y conforme a las costumbres indígenas. Reclaman que el actor no ha querido reconocer ese negocio pese a que han ejercido posesión por más de diez años sobre éste. Sumado a ello, indican que ese negocio fue posterior a la escritura, y pese a eso don Jahiro nunca mostró reclamo alguno. Expresan que no es cierto que el actor haya sembrado productos agrícolas en los terrenos, sino más bien han sido ellas, dada la posesión que mencionan realizaron juntamente con el actor.
Además, manifiestan que el actor abandono por muchos años a don Gregorio, y que de hecho el menor Hamzel Barrego Lazo, los acompaño en labores de campo y al quedar desamparado dada la muerte de su hermano, ellas lo acogieron. En ese aspecto, indica que la Asociación ha actuado de forma racista y discriminatoria al despojar a ese menor del terreno por no ser persona indígena pese a que indican fue voluntad de su hermano reconocerlo como hijo. Admiten el hecho referente a la denuncia penal y a su resolución final.
Este Tribunal procederá en primer orden a resolver los agravios vinculados a la forma. En este aspecto, de acuerdo con el resumen que hizo esta Instancia en el considerando IV, punto 4, la parte alega que el fallo carece de fundamentación en virtud de que el Juzgado no resolvió las excepciones, las cuales, dice más allá de ser catalogadas como tales son en realidad presupuestos necesarios para que una acción proceda en sede judicial. En ese aspecto, no lleva razón la parte recurrente. De la lectura de la sentencia se extrae que la persona juzgadora elaboró un elenco de hechos probados indicando el medio de prueba que le permitió arribar al mismo (ver considerando I), y también razonó sobre hechos controvertidos que no fueron acreditados en el proceso (considerando II). Asimismo, realizó un análisis de la prueba de peritaje cultural (considerando III) y las posiciones que tuvieron las partes en torno al conflicto (considerando IV).
Ahora bien, en el considerando V resolvió el fondo del asunto. En ese apartado se logra visualizar que la persona juzgadora identificó la acción como de mejor derecho de posesión y analizó tanto la legitimación activa, así como la pasiva. De hecho, parte de los agravios de fondo son referidos a la inconformidad que la parte tiene con respecto a la decisión y valoración plasmada en la sentencia. En el considerando VI, se realizó un análisis de la prueba, sea de la declaración de parte, las testimoniales y la documental. Por último, en el considerando VII se establecieron las conclusiones y la decisión que luego fue consignada en la parte dispositiva de la sentencia. Por lo anterior, no encuentra este Tribunal ningún vicio de nulidad por falta de fundamentación de la sentencia y por ende el agravio se rechaza por infundado.
Con respecto a los agravios enumerados en el considerando IV de esta sentencia como 1 y 2, al estar vinculados, se procederán a resolverlos de forma conjunta. En síntesis, la protesta recae en la indebida valoración de la prueba y la errónea aplicación del derecho que apuntan las recurrentes se consignaron en la pieza apelada. Previo a resolver estos embates resulta preciso realizar algunas consideraciones en torno al régimen de la propiedad colectiva indígena y las diferencias que existen al momento de resolver estos temas de tenencia de tierra a la luz del Derecho Consuetudinario. En ese orden de ideas, este Tribunal ha venido reflexionando sobre los alcances de la propiedad indígena en razón de la importancia y vínculo que tiene para estas poblaciones originarias. En ese aspecto, en el Voto 20240000293, del 19 de marzo de 2024, se indicó: "La propiedad indígena tiene a su vez una función distinta en la sociedad y su estructura lo es también diversa, debido a la forma como se ejerce ese derecho colectivamente.
De esta forma se trasciende de la naturaleza productiva, o del uso y goce de un bien, como aspectos normalmente caracterizadores del dominio, para integrar otros aspectos culturales y humanos esencialmente relevantes en el contenido del régimen jurídico de los territorios indígenas". Dentro de los fines de la propiedad indígena lo es la preservación de su cultura y legado, con el fin de transmitirlo a las futuras generaciones, lo cual, a partir de ese motivo se establece un elemento diferenciador con respecto a las reglas que se regulan a la propiedad tradicional. Es decir, en virtud de la aplicación del Derecho Consuetudinario indígena las reglas del sistema de jerarquía de normas varían al momento de resolver disputas judiciales en donde participan estas personas y el conflicto se contextualice dentro de sus territorios. En ese sentido, se afirma por parte de la doctrina que: "... tratándose de conflictos que deben resolverse a través del Derecho consuetudinario, la jerarquía cambia.
La costumbre pasa entonces a tener rango prioritario. Pero ello no fue contemplado en ninguna norma escrita que regulase el tema de las fuentes normativas, precisamente por la invisibilidad de las poblaciones indígenas y su cultura; problema que históricamente ha sucedido en Costa Rica, especialmente en lo que respecta al plano jurídico normativo formal (legislación local) ... Pero cuando hablamos de Derecho consuetudinario, estamos hablando de algo más amplio, dado que es un concepto que relaciona la costumbre con la cosmovisión (manera de ver e interpretar el mundo) y los valores. No se trata entonces de una pauta aislada o específica, sino de un sistema integral de reglas, por medio del cual se dan soluciones a las controversias en los diversos ámbitos de la vida. Dicho sistema se caracteriza por su transmisión oral y por su relación con la identidad social de la comunidad. Tratándose de poblaciones indígenas, se enfoca en derechos colectivos, en la solidaridad grupal, en trámites flexibles y en el respeto del equilibrio ambiental ..." (Alpízar Rodríguez, R. (2025).
Aspectos básicos de la interculturalidad y la pluriculturalidad: su impacto en las fuentes del Derecho privado costarricense en relación con el Derecho consuetudinario indígena. Sapientia, 16(1), 71–94. https://doi.org/10.54138/27107566.644). Sumado a lo anterior, debemos de recordar que nuestra Constitución Política sufrió una reforma constitucional en su artículo 1 (Ley N° 9305 del 24 de agosto de 2015), en donde se reconoce que Costa Rica es una República democrática, libre, independiente, multiétnica y pluricultural. Sin duda alguna este reforma conlleva a un cambio de visión de Estado, el cual, la administración de justicia debe de valorar al momento de conocer, resolver y ejecutar los asuntos sometidos a su jurisdicción (doctrina del artículo 153 de la Constitución Política), bajo el respeto de la diversidad cultural que existe en nuestro país aplicando reglas propias de estos sectores a la luz de la cosmovisión y costumbres que han tenido durante mucho tiempo y que se busca preservarlas para las futuras generaciones.
Lo anterior, también lo encontramos en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, en sus artículos 1, 5, inciso a y b, 7, 8, 9, 12, 13, 17, solo por mencionar algunos, en donde se recalca el deber de los estados de respetar las costumbres y cosmovisión indígena en temas como lo son la resolución de sus conflictos y la forma de transmitir los derechos dentro de la comunidad. Asimismo, la Convención Americana sobre Pueblos Indígenas en los cardinales 3, 4, 5, 9, 11, 13, 15, 25 y 26, establece el respeto a las estructuras tradicionales que rigen a estas poblaciones. Por su parte, a nivel interno contamos con la Ley de Acceso a la Justicia de los pueblos indígenas de Costa Rica (N°9593), la cual, en su artículo 1 establece: "El Estado costarricense deberá garantizar el acceso a la justicia a la población indígena tomando en consideración sus condiciones étnicas, socioeconómicas y culturales, tomando en consideración el derecho indígena siempre y cuando no transgreda los derechos humanos, así como tomando en cuenta su cosmovisión".
Todo este sistema normativo pretende que se respete la autonomía de las comunidades indígenas, su uso y costumbre que rige en estas poblaciones, y se sensibilice a la hora de conocer estas causas bajo la cosmovisión de vida de los pueblos originarios. Asimismo, es relevante aclarar que cada población, etnia y territorio, pueden diferir en la forma de resolver sus controversias, transmitir sus derechos, y aplicar sanciones internas, por lo que no es plausible estandarizar una regla en concreto para todas las poblaciones, pues eso iría en contra de las disposiciones internacionales de derechos humanos, la misma Constitución nuestra, y las leyes internas que rigen esta materia.
X.La prueba de peritaje cultural resulta vital valorarla, eso sí, en conjunto con los demás elementos de prueba para resolver las disputas tomando en cuenta que "... antes de aplicar la legislación nacional para dar solución al conflicto sometido a análisis en este proceso, es preciso conocer primero si efectivamente las personas involucradas son indígenas, y en tal caso, cuáles son las costumbres o el derecho consuetudinario de las personas indígenas de la Comunidad Indígena Ngöbe Buglé. Resulta de particular interés en este caso, disponer de un peritaje cultural antropológico que coadyuve en ofrecer información relevante para la toma de decisiones en sede judicial sobre la solución que debe darse a este conflicto...”. En el caso de marras, el Juzgado de forma oficiosa ordenó la práctica de un peritaje cultural (imágenes 433 a 443), en donde se analizó la forma de transmisión de los territorios y el desarrollo familiar, así como el vínculo en entre estos para la distribución de los territorios.
La prueba analiza la situación de la población indígena Maleku desde la problemática que tienen en virtud del desequilibrio social, pérdida de sus terrenos, su cultura, la disminución de su población y la pérdida de la figura del cacique como poder principal. El informe consignó: " Después de que la reserva se conformó a los años empezó a generarse mucha más presión la cual esta (sic) llevando a las personas a una competencia por los terrenos, por lo cual ahora las personas más jóvenes no están respetando en primera instancia las autoridades internas indígenas, por lo que ante cualquier problema acuden a las leyes costarricenses generando una serie de problemáticas. En Primer lugar la ADI(Asociación de Desarrollo Indígena) es la que tiene potestad de todos las propiedades del terreno, por lo tanto no deberían existir problemas de tenencia de tierra dado que el territorio es de propiedad comunal y no privada.
La repartición de las tierras se hacía por familias que las trabajaran y produjeran sus bienes, según la tradición las personas cuando estaban cerca de su muerte expresaban una voluntad sobre quien debería continuar con su terreno, esta voluntad es indiferente si se trataba a un hijo o una hija, o sus hermanos o hermanas o bien como se dio en muchos casos delegaba el uso a una persona que había trabajado con la persona durante su vida. Si no existía tal voluntad la encargada de dar el beneficio para usar los terrenos era la ADI que entendiendo bajo el consejo de sus miembros brindaba a alguna persona ese beneficio ...". Asimismo, el informe pone en contexto que muchas personas no están conforme con las decisiones de la Asociación de Desarrollo y de esa forma acuden a los tribunales, resaltando la persona perita que la etnia maleku desconfía la capacidad misma de resolver problemas, por lo cual, buscan personas más capacitadas para hacerlo.
Se cita el caso de Eustaquio Castro, el cual se encontraba muy enfermo, por ese motivo, relata que los miembros de la Asociación acudieron a él con el fin de verificar cuál sería su última voluntad con relación al terreno, lo cual, refiere así lo hizo. Empero, al momento de su fallecimiento se dio la situación de que sus propios hermanos acudieron a la Asociación con el fin de consultar como iba a quedar la resolución del terreno, y este órgano les manifestó la voluntad del causante, sin embargo, no lo quisieron aceptar. También, el peritaje explicó el sistema de parentesco y su influencia en los territorios, indicando lo es bilineal, por lo que, no es tradicional como otros sistemas de filiación en donde prevalece el linaje sobre la madre o el padre, en este caso, dice, es parecido a otras sociedades en donde hay una dispersión social que obliga a fortalecer las relaciones familiares con el propósito de supervivencia cultural.
En ese sentido, el informe consignó: "... La importancia con este sistema refiere a la forma de delegar los territorios los cuales podía hacerse en sin importar a cualquier hijo o hija sin importar el género o si es el primogénito, lo más usual es que se de Padre (sic) hombre a hijo hombre. Igualmente se da muchos casos que pueda delegarse el terreno a un hijastro o bien a algún hijo de otra persona que haya cuidado desde niño y considere como su hijo ... Por lo tanto y respondiendo a la pregunta del peritaje, no existe restricción alguna por el sistema de parentesco a que un ahijado sea el beneficiario del terreno si existe la voluntad del fallecido y esta decisión es más valiosa y otorga más derecho incluso sobre cualquier lazo de familia como hermanos o bien hijos propios ...". El peritaje consignó sobre la solución legal que brindan la población maleku ante los casos de disputa de tierra: "...
Las personas Malekus que he entrevistado para este caso han sido coincidentes en hacer una llamado a las autoridades judiciales y tiene que ver con el misma legalidad. El Derecho a que se les respete su autonomía, el derecho a que se les respete sus formas tradicionales de tomar decisiones, el respeto al derecho nacional en cuanto la legislación indígena, el derecho internacional contemplado y ratificado por Costa Rica y finalmente el derecho humano como grupo humano en condiciones vulnerables ...". El peritaje cultural fue ampliado según se desprende de las imágenes 464 a 468 del expediente digital. Dentro de los aspectos consignados lo fue la forma de determinar la transmisión de bienes y los alcances e implicaciones legales y representativas de los padres de crianza. Sobre el primer aspecto se dictaminó: “En esta pregunta se hizo un análisis profundo en como la cultural maleku ha transmitido los bienes comunes en cuanto sus territorios, se hace esta con base a la historia de la comunidad explicando los cambios históricos desde siglos pasados que han determinado los cambios sociales en torno al tema, se hace basado en la historia sociocultural dado que se esta (sic) preguntando sobre el pasado, sobre las formas históricas y culturales y sus transformaciones hasta llegar a las formas y prácticas hoy en día aceptadas”.
Acerca del otro punto, determinó que los padres de crianza deciden por la propia voluntad que sean los hijastros quienes continúen a cargo del terreno que se les ha otorgado, siempre y cuando sean personas indígenas, pues de lo contrario no podrían ser sujetos para heredar los terrenos. En esa misma ampliación al perito se le consultó: “En relación con la forma de heredar los terrenos bajo posesión según su investigación en la cultura Maleku, si era necesario, o no, que la voluntad del testador en este caso del ahora difunto Gregorio Cruz Cruz fuera del conocimiento de los miembros de la ADI (Asociación de Desarrollo Integral de la Reserva Indigena (sic))(Indígena) de ese momento, para que tuviera valides (validez), o bien, que esta voluntad quedara plasmada en las actas de los libros de las sesiones que para esos efectos llevaba dicha en(dad. O bien, si era suficiente con que la colectividad en este caso la comunidad Maleku conociera de la voluntad del testador”.
El perito en este punto contestó que la influencia de la cultura costarricense ha motivado a cada día las personas indígenas recurran a las instancias legales en busca de dejar constancia en torno a la tenencia de las tierras. Además, dijo que existe una contradicción entre las personas entrevistadas, quiénes por un lado piden se respete las leyes indígenas, pero, por otro lado, aprueban escrituras de notarios para legalizar las voluntades de las personas que fallecen. Empero, menciona haber entrevistado a don Emigdio Cruz sobre ese tema, respondiendo que lo ideal es que las personas acudan a la ADI para dejar constancia de los traspasos de terrenos, pero, también es viable hacerlo mediante escritura pública notarial.
XI.La parte demandada recurre el fallo alegando que la sentencia tuvo por comprobada la legitimación activa con base en un documento en donde se trasladó el dominio, los cuales, menciona no es un medio idóneo de prueba para acredita los actos posesorios. Asimismo, cuestiona que ese documento se hizo sin tomar en cuenta una coposesión que dicen ejercían cuando don Gregorio se encontraba en vida, y protestando por lo fluctuantes que dice son las decisiones de la Asociación de Desarrollo. Sobre la legitimación pasiva señala que, han ostentado los terrenos a través de esa coposesión que refieren llevaban a cabo con su hermano Gregorio, además, de mantener un acto posesorio mejor que el del actor. También, se muestran inconformes por la valoración que se le dio al peritaje cultural, por cuanto, sostienen que se analizó solo desde la cosmovisión y pensamiento tradicional indígena, obviando el análisis de los presupuestos de la acción publiciana o de mejor derecho de posesión.
En estos extremos, se le hace saber a las partes como se indicó en el considerando anterior que al estar el conflicto inmerso dentro de un territorio indígena, y participar personas de esa comunidad, no puede resolverse con las reglas de la normativa privada común, contenidas básicamente en el Código Civil y que se inspiran y fundamentan en valores y reglas diferentes a las del Dercho Consuetudinario Indígena. Independientemente que las partes, o bien, el Juzgado haya denominado esta acción como publiciana, lo cierto es que debe resolver el problema de la tenencia de los dos terrenos objeto del proceso, con la solución que resulte del Derecho Consuetudinario para este caso concreto; dado que cada caso debe además analizarse según su contexto. Con base en lo anterior, podríamos más bien calificar este conflicto como de protección de la tenencia de la tierra indígena, en donde se deben acreditar los siguientes presupuestos: legitimación activa, la persona reclamante debe de ser indígena, y el terreno en cuestión lo debe poseer de manera legítima, es decir, respetando las reglas que la comunidad particular tenga al respecto para definir cómo debe ejercerse la tenencia de un área concreta del territorio indígena por cada uno de sus individuos o grupos familiares.
En este caso, según el peritaje cultural, debe respetarse lo que se haya dispuesto por las autoridades comunitarias de la población según las reglas propias de transmisión; legitimación pasiva, la parte accionada debe ser quien perturba la tenencia en forma indebida, al no respetar el reconocimiento comunitario que le fue conferido a la parte accionante sobre el terreno en disputa, para que ejerza el atributo de posesión de la propiedad colectiva indígena; identidad del bien, en este caso el fundo reclamado debe de encontrarse en territorio indígena, y lo reclamado por la parte actora debe de ser lo mismo que es objeto de la perturbación ejercida por la parte accionada; derecho, en casos como el presente, no está en disputa un derecho subjetivo individual ni se puede otorgar tutela en ese sentido; lo que se protege es el ejercicio del atributo de posesión de la propiedad colectiva indígena, por lo que deben de aplicarse las reglas y costumbres internas de la población indígena, para salvaguardar la tenencia de la tierra que le ha sido conferida a uno de sus integrantes; interés actual, la parte actora debe tener motivo o interés legítimo y vigente a la hora de plantear la demanda, el cual debe de existir también cuando se resuelva el conflicto, siendo necesaria la intervención del sistema judicial para que cese la perturbación reclamada.
Así las cosas, no lleva razón la parte apelante en cuanto a que se valoró indebidamente la prueba y se aplicó erróneamente el derecho conforme a lo explicado. Nótese que la parte actora si logró cumplir con la legitimación activa al acreditar, primero, ser persona indígena de la comunidad Maleku, y por otro lado, ser acreedor de los bienes respetando el uso tradicional y las reglas de la comunidad indígena. En ese sentido, no es hecho controvertido que todas las partes intervinientes son personas indígenas de la comunidad Maleku, esto además, se comprueba con diversas documentales que fueron incorporadas al expediente, como lo son la constancia emitida por la Asociación de Desarrollo Indígena de Guatuso, y el recurso de revisión que fue resuelto por dicha Asociación número 545-557, y una constancia emitida por el ente local el 7 de octubre de 2024, visible en las imágenes 6, 25 a 27, 66 a 78 y 92.
En esas mismas documentales se determina que el actor fue reconocido por parte de la Asociación de Desarrollo Indígena de Guatuso como la persona que debe ostentar la tenencia de los dos terrenos en disputa, esto al ser hijo de crianza de don Gregorio Cruz, lo cual, también se acreditó con los testimonios de Pedro Elizondo Elizondo y Ángel Antonio Silva Silva. Es decir, si hubo un reconocimiento de las autoridades indígenas de la comunidad sobre ese punto; reconocimiento que respeta las reglas internas de la comunidad, sin que exista prueba que desvirtué ese aspecto. Ahora bien, conviene valorar en el contexto de la población indígena Maleku el tema de la transmisión de terrenos y cuál es el órgano interno legitimado para dirimir las diferencias que puedan existir a lo interno de la comunidad sobre ese tema. Valorada la prueba de peritaje cultural considera este Tribunal que se cumplió el orden interno de la comunidad, primero, al respetarse la voluntad de don Gregorio, la cual fue incluso ratificada en la escritura pública número 79, de la notaria Lolita Arias Sánchez, y segundo, por ser la Asociación el órgano que los representa internamente.
Aunque puedan existir inconformidades sobre el actuar de ese órgano, especialmente derivadas de los cambios de integración, para el caso concreto no es un aspecto que conlleve revocar lo resuelto en la sentencia apelada. En este particular debe resaltarse que este órgano de apelación no está valorando esta probanza -la escritura pública- como un medio de adquisición de la posesión como normalmente se hace en el derecho común, sino que constituye un medio de prueba más en el cual se ratifica la última voluntad de un integrante de la comunidad indígena Maleku en relación con la transmisión de la tenencia de los bienes que tenía, conforme a sus tradiciones actuales (dado que la costumbre es un factor que evoluciona). La parte accionada durante la demanda alegó que don Gregorio fue presionado y engañado y para eso aportó los testimonios de Eliecer Marín Blanco y Aniceto Blanco Vela, empero, valorados ambos, en conjunto con los testimonios de Pedro Elizondo y Ángel Antonio Silva, considera esta Cámara no se logra acreditar dicha situación.
En el caso de Pedro Elizondo declaró ser colindante de don Jahiro, anteriormente de don Gregorio, y expresó que dicha persona dispuso en vida darle el terreno al actor, esto dado el cariño que ambos se tenían por ser hijo de crianza. El testigo Ángel Silva expresó lo mismo, de hecho, es importante establecer que él es hijo de don Gregorio, y mencionó que esa fue la voluntad de su padre, y hasta recalcó que su núcleo familiar directo como lo es él, no ha presentado reclamo alguno para respetar la última voluntad de su padre. Elicer Marín Blanco dijo que don Gregorio le informó que quería dejarle la finca Miraley a sus hermanas, y citó que él hizo un cambio de lote con dichas parientes. Empero, este Tribunal no le da credibilidad a esta declaración por cuanto es una vecina que refirió en su testimonio que conversaba a menudo con don Gregorio, pero, lo cierto es que con la escritura pública referida don Gregorio culminó su última voluntad sobre uno de los terrenos.
El testigo Aniceto Blanco Vela declaró que fue presidente de la Asociación, que los terrenos le fueron entregados a don Gregorio, y que sus hermanas, sean las demandadas, le ayudaban con los trabajos, y cuando él falleció ellas siguieron ejerciendo labores en los fundos en disputa. Expresó que nunca vio a Jairo trabajando la finca, y que el causante le hizo el traspaso del terreno a Jahiro para evitar un embargo bancario. Hasta mencionó que don Gregorio quería a un niño de nombre Hamzel como su hijo, el cual está al cuido de las accionadas, y quién además no es persona indígena, tal y como lo aceptan las mismas demandadas en la contestación. Ese testimonio tampoco merece credibilidad en virtud de que don Aniceto, aunque está separado de doña Elicia, declaró que siguen siendo esposos, por lo cual, se presume existe un interés en el caso, además, niega que don Jahiro haya trabajado en el terreno, lo cual es contradictorio con lo declarado por don Ángel, hijo de don Gregorio.
Por ello, al ser don Ángel parte del núcleo familiar directo este Tribunal le brinda mayor credibilidad a su declaración por tener conocimiento directo de lo acontecido en su núcleo familiar. Estos aspectos son valiososos porque de los interrogatorios, se desprende se abordó el caso como un tema de índole posesorio a resolverse con las reglas legales que rigen la posesión agraria privada individual, cuando lo importante en este tipo de conflictos indígenas, es determinar cuáles son sus reglas de tenencia de terrenos para una época dada, en función del contexto del caso concreto, es decir, determinar las reglas y costumbres de la comunidad indígena aplicables al caso concreto. Por ese motivo, para esta Instancia si existe legitimación activa por parte del actor al ser persona indígena y contar con el aval de la comunidad, por medio de la Asociación de Desarrollo, para ostentar la tenencia de los terrenos en disputa.
XII.Otro de los reclamos expuestos en el recurso lo es lo fluctuante de las decisiones de la Asociación de Desarrollo. Sobre el tema, este Tribunal ha venido reconociendo con respecto a la autonomía de los pueblos indígenas para resolver sus propios conflictos y la ejecutoriedad que puedan tener las resoluciones o acuerdos internos de los órganos facultados para hacerlo (ver Voto 599-2018). En el caso bajo estudio, es innegable obviar que la Asociación de Desarrollo Indígena de Guatuso enfrenta varios problemas debido a los cambios de personas integrantes de las juntas directivas. Sin embargo, no resulta viable para este órgano de apelación que esos cambios influyan para resolver el caso en concreto en análisis. Es decir, en este caso como se explicó en el considerando anterior y en donde se analizó la prueba de peritaje cultural, es factible que una persona indígena maleku, tenedor o tenedora de una tierra, decida a quién le va a heredar una vez que haya fallecido, sin ser relevante si es hijo o hija, puede ser un hijastro o hijastra, o incluso, una persona que haya críado como tal.
En este caso, así fue, y la Asociación lo ratificó tanto en la constancia expedida el 28 de agosto de 2013 (imagen 6) y la resolución del recurso de revisión número 545-557, visible en imágenes 66 y 78. El hecho de que una nueva integración de la Asociación cambie de parecer, debe de analizarse con suma prudencia, bajo las reglas y costumbres de la comunidad. Por esas razones, en ese extremo perecerá su reclamo. Sumado a lo anterior, resulta preciso aclararle a las apelantes que las Asociaciones de Desarrollo Indígena no son un órgano administrativo, puesto que, su naturaleza es privada y constituidas con el objeto de servir de instrumento de concertación de los esfuerzos gubernamentales, municipales y comunales, en la realización de proyectos de interés común que contribuyan al desarrollo económico y social de un país, “… No obstante la declaratoria de interés público y de los privilegios y exoneraciones que les brinda la Ley sobre el Desarrollo de la Comunidad, tales asociaciones se rigen por el derecho privado y los principios de éste.
Entre ellos, el principio de la "autonomía de voluntad", de conformidad con el cual, los particulares pueden realizar todo aquello que no esté prohibido por la ley …” (Dictamen C-014-1999, Procuraduría General de la República). En el caso de las Asociaciones Indígenas fueron creadas para el ejercicio de los derechos y el cumplimiento de las obligaciones referidas en el artículo 2 de la Ley Indígena (artículo 3, del Reglamento a la Ley Indígena). Además, son reconocidas como autoridad en esas comunidades armonizados junto con otras figuras representativas acorde al Derecho Consuetudinario indígena.
XIII.En relación con la legitimación pasiva, tampoco lleva razón las apelantes. Independientemente de si las demandadas fueron o no coposeedoras -lo cual tampoco se probó debidamente- junto con el señor Gregorio Cruz, antes de su muerte, o bien, se hayan mantenido realizando labores en los terrenos base de esta demanda, resulta irrelevante para el caso, por cuanto, se reitera, no procede aplicar las reglas de la posesión que rigen en el derecho común, sino el Derecho Consuetudinario de la población indígena Maleku. En síntesis, la parte actora sí logró acreditar los presupuestos de legitimación activa, pasiva y derecho, con respecto a la acción de defensa de la tenencia de tierra. Por esas razones, se censura el reclamo.
XIV.El tercer agravio tiene que ver con la supuesta inobservancia de derechos supraconstitucionales en pro de la igualdad de la mujer. Exponen las recurrentes que el fallo, al valorar escritura pública de donación de don Gregorio Cruz al actor, sobre uno de los terrenos, minimiza los derechos de las mujeres, lesiona la igualdad que tienen dichas mujeres con respecto a los hombres. En este otro reclamo tampoco tiene razón las apelantes. En primer orden, conforme se ha venido explicando en conflictos indígenas rige la aplicación del Derecho Consuetudinario. Bajo esas reglas, el peritaje cultural determinó que la transmisión de los terrenos puede ser a un hijo, hija, hijastro, hijasta, o alguna persona integrante de la familia. Por ende, lo decido en la sentencia apelada, respeta dichas reglas internas y no por ello se puede calificar esa decisión de discriminatoria o contraria a derechos fundamentales.
Además, en la declaración de parte que se le practicó a doña Isabel se extrae que dicha persona ostenta otro terreno dentro de la comunidad indígena. Asimismo, cuando dichas accionadas contestaron la demanda sostuvieron: "... indicamos que en esta propiedad la suscrita Isabel Cruz Lacayo había realizado un intercambio de terreno conforme a la cultura indígena y entonces le cedí un lote de mi propiedad a cambio de otro lote que recae dentro de esas 5 hectáreas que menciona el aquí demandado .... " (imágenes 160 a 172). Aparte de que no se probó ese intercambio, lo dicho evidencia que en la costumbre Maleku no se discrimina a las mujeres. De la prueba analizada de forma integral, se debe concluir que en este caso en concreto la decisión comunitaria no beneficia a las demandadas por cuanto la última voluntad del causante fue dejarle ambos inmuebles a su hijo de crianza, sea el actor. Esta protesta debe rechazarse por infundada.
XV.Por último, el quinto agravio tiene relación con la condenatoria en costas que sancionó el Juzgado con respecto a la inaplicación del artículo 56 de la Ley de la Jurisdicción Agraria. En este extremo tiene razón la parte recurrente. Este Tribunal ha venido estableciendo una línea de criterio en torno a la imposición de costas del proceso cuando las personas han litigado al amparo de la Defensa Pública y a su vez son personas indígenas. En el Voto 2024000440 del 07 de mayo de 2024 se dispuso: "... En este orden de ideas, se observa que en la especie ambas partes litigaron con el patrocinio de la Defensa Pública (apersonamientos en imágenes 24 y 108 del expediente electrónico), de forma tal que de los autos no se deriva, se hayan generado realmente costas personales a la parte demandada. Aunado a lo anterior, se observa, ambas partes son personas indígenas que han litigado con el patrocinio de la Defensa Pública.
Sobre el particular, el ordinal 7 de la Ley No. 9593 de Acceso a la Justicia de los Pueblos Indígenas de Costa Rica, dispone que “en aquellos procesos judiciales en que una persona indígena requiera asistencia letrada y no pueda cubrir los costos, la administración de justicia proveerá la asistencia de una persona defensora pública especializada en derecho indígena y en la materia de competencia de forma gratuita”, de forma tal que existe un reforzamiento del principio de gratuidad para estas poblaciones. En el subjúdice, tal norma debe de ser integrada en la aplicación del ordinal 55 de la Ley de Jurisdicción Agraria que estatuye la posibilidad de eximir en costas bajo ciertas circunstancias. De ahí que en consonancia con el deber del Estado de garantizar el acceso a la justicia a la población indígena “tomando en consideración sus condiciones socioeconómicas” (artículo 1 de la Ley No.9593), lo procedente es revocar ese aspecto del fallo para resolver sin especial condenatoria.
Además, nótese que es el Estado el que ha asumido la prestación del servicio, para los fines de la citada ley, de ahí que sea discordante con los mismos el condenar a las personas indígenas a pagarle costas ...". Con fundamento en lo anterior, considere este órgano mantener ese criterio y en consecuencia, revocar de la sentencia la condenatoria en costas impuesta por el Juzgado.
XVI.Tomando en consideración que en este asunto se solicitó una persona intérprete con el fin de traducir lo sucedido durante la audiencia de juicio a las demandadas, resulta necesario se nombre también para la comunicación y comprensión de esta sentencia (ver precedente emitido por este Tribunal en el Voto 592-F-2020). Lo anterior es en cumplimiento de las Reglas Prácticas para Facilitar el Acceso a la Justicia de las Poblaciones Indígenas, aprobadas por el Consejo Superior del Poder Judicial en la Sesión sesión N° 77-08 del 14 de octubre del año 2008, así como la Circular de la Secretaría General de la Corte No. 44-09 sobre la Intervención de Intérpretes de Lenguas Indígenas en los Procesos Judiciales, y tomando en consideración las Reglas de Brasilia, con el fin de cumplir con una política de fortalecimiento en la prestación del servicio público que nuestra Institución brinda a los usuarios y usuarias indígenas.
Teniendo su fundamento jurídico el artículo 28 del Convenio N° 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes y la Ley 9593: Acceso a la justicia de los pueblos indígenas de Costa Rica, que específicamente en el artículo 6 dice: " Derecho a una persona intérprete y traductora costeada por el Estado. El Poder Judicial deberá facilitar, sin costo alguno, la asistencia de personas intérpretes y traductoras en todos los procesos en que participe una persona indígena que requiera esta asistencia y no pueda cubrir los costos. Se deberá propiciar que las mujeres indígenas sean atendidas por intérpretes de mismo género. Estos auxiliares serán nombrados de una lista oficial, respetándose las costumbres y las normas culturales de la persona indígena. No obstante, la persona indígena podrá nombrar a una persona intérprete de su confianza". Comuníquese de esta forma a través del Juzgado una vez firme esta resolución.
POR TANTO:
Se rechaza la nulidad invocada. Se revoca el fallo apelado, únicamente en cuanto a la condenatoria en costas. En su lugar, se resuelve el proceso sin especial condenatoria en costas. En lo demás, se confirma la sentencia en lo que ha sido objeto de apelación. Debe comunicarse esta sentencia y sus alcances a las personas indígenas intervinientes, para la comprensión de lo aquí resuelto, lo anterior mediante el intérprete nombrado en autos o cualquier otro u otra para la traducción al idioma propio de su comunidad indígena. Comuníquese de esta forma a través del Juzgado una vez firme esta resolución.
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GEISON LOPEZ BARRANTES - JUEZ/A DECISOR/A ???????????????
RUTH ALPIZAR RODRÍGUEZ - JUEZ/A DECISOR/A ???????????????
ALEXANDRA ALVARADO PANIAGUA - JUEZ/A DECISOR/A
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