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Res. 04672-2019 Sala Constitucional · Sala Constitucional · 15/03/2019

Res. 04672-2019 Sala ConstitucionalRes. 04672-2019 Sala Constitucional

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    Revisión del Documento *190026950007CO* Res. Nº 2019004672 SALA CONSTITUCIONAL DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. San José, a las nueve horas quince minutos del quince de marzo de dos mil diecinueve .

    Recurso de amparo presentado por MARCO VINICIO LEVY VIRGO, cédula de identidad 0700690314, a favor de SÍ MISMO Y DE LA ASOCIACIÓN DE DESARROLLO PARA LA ECOLOGÍA, contra el MINISTERIO DE AMBIENTE Y ENERGÍA.

    Resultando:

    1.- Por escrito presentado en la Secretaría de esta Sala a las 17:09 horas del 16 de febrero del 2019 el recurrente presenta recurso de amparo contra el Ministerio de Ambiente y Energía. Manifiesta que mediante oficio AEL-083-2018 de 11 de diciembre de 2018 con fecha de recibido del 13 del mismo mes planteó gestión ante la Dirección de Geología y Minas del Ministerio de Ambiente y Energía, mediante la cual indicó que: “(…) se sirvan brindarnos un informe conteniendo las pruebas técnicas, además de las condiciones fácticas y legales en las cuales se sustentaron sus autoridades, para autorizar la masiva extracción minera que actualmente se realiza en el Río San Andrés de la provincia de Limón. Especialmente, es de nuestro interés verificar el cumplimiento de la tasa de extracción de materiales autorizada a través de los Perfiles Topográficos realizados de previo a la extracción minera, debido a que es importante señalar que esos perfiles topográficos registran cómo varía el fondo del río en el área de la concesión y con ello, se puede verificar si se ha dado una sobre explotación o no del material mineral que se extrae del río. En caso de que se estuviera dando una sobre explotación del material mineral, eso podría tener consecuencias ambientales en las márgenes del río y también aguas arriba, dado que podría producir un fenómeno conocido como “erosión regresiva”, por lo que resulta pertinente tener claro que las actividades mineras, tanto por el Código de Minería, como por la Ley Orgánica del Ambiente, deben realizar una Evaluación de Impacto Ambiental (sic) de previo al inicio de las actividades extractivas. Una vez que se obtiene la Viabilidad Ambiental, sus dependencias están obligadas a cumplir con un proceso de control y seguimiento ambiental en el que deben demostrar –en el caso específico de una extracción mineral en un cauce fluvial-, que no están provocando daños ambientales a un área calificada como ambientalmente frágil, según lo establece el Reglamento General de Procedimientos de Evaluación de Impacto Ambiental. En razón de que la principal acción impactante de esta actividad minera en particular es modificar el fondo del cauce del río, es precisamente esa acción la que con más detalle se debe vigilar y controlar ambientalmente. Lo anterior es de suma urgencia, con el propósito de descartar que la masiva extracción que hoy se realiza en el Ríos San Andrés, no provoque daños de difícil o imposible reparación durante las lluvias de los meses de diciembre y enero (…)”. Señala que con ocasión de su gestión, se paralizaron las obras de extracción de materiales en el Río San Andrés; pero sin que de previo hayan respondido a su gestión, se reanudaron las obras de extracción en el citado afluente. Reclama que a la fecha de interposición de este recurso las autoridades recurridas no han dado respuesta a su gestión y además no se han ejecutado las obras correspondientes con el fin de regular la extracción de minerales del Río San Andrés, ubicado en el cantón central de Limón. Estima que las omisiones cometidas por las autoridades del Ministerio de Ambiente y Energía, resultan contrarias al Derecho de la Constitución y por consiguiente, lesivas de sus derechos fundamentales. Solicita que se declare con lugar el recurso.

    2.- Por resolución de las 13:40 horas del 19 de febrero del 2019 se le dio curso al presente amparo y se le solicitó informe al MINISTRO Y AL DIRECTOR DE LA DIRECCIÓN DE GEOLOGÍA Y MINAS, AMBOS DEL MINISTERIO DE AMBIENTE Y ENERGÍA (ver registro electrónico).

    3.- Informa bajo juramento Ileana María Boschini López en calidad de Directora de la Dirección de Geología y Minas del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) (ver registro electrónico) que los escritos del recurrente denominados AEL-083-2018 de fecha 13 de diciembre del 2018 y AEL-016-2018 de fecha 08 de febrero del 2019, han sido debidamente atendidos mediante oficio DGM-RNM-135-2019 de fecha 19 de febrero del 2019 -notificado el 25 de febrero del 2019 al correo electrónico [email protected] que fue el medio señalado para recibir notificaciones-. El recurrente presentó no solo los escritos físicamente, sino que también los envió vía correo electrónico y vía mensaje de Whatsapp al celular personal de la Directora e incluso los envió a otras instituciones. De manera que se denota un abuso del derecho de petición, pretendiendo que la Administración resuelva a su antojo o beneficio cada una de las peticiones que formula, sin valorar, la situación concreta de cada expediente. Solicita que se declare sin lugar el recurso.

    4.- Informa bajo juramento Carlos Manuel Rodríguez Echandi en su calidad de Ministro de Ambiente y Energía (ver registro electrónico) que se adhiere a lo informado por la Directora de la Dirección de Geología y Minas del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE). Solicita que se declare sin lugar el recurso.

    5.- Por escrito presentado en la Secretaría de esta Sala a las 00:00 horas del 13 de marzo del 2019 el recurrente presenta réplica de los informes rendidos por las autoridades recurridas (ver registro electrónico).

    6.- En los procedimientos seguidos se han observado las prescripciones legales.

    Redacta el Magistrado Chacón Jiménez; y,

    Considerando:

    I.- OBJETO DEL RECURSO: El recurrente alega que mediante oficio AEL-083-2018 de 11 de diciembre de 2018 con fecha de recibido del 13 del mismo mes planteó gestión ante la Dirección de Geología y Minas del Ministerio de Ambiente y Energía, mediante la cual indicó que: “(…) se sirvan brindarnos un informe conteniendo las pruebas técnicas, además de las condiciones fácticas y legales en las cuales se sustentaron sus autoridades, para autorizar la masiva extracción minera que actualmente se realiza en el Río San Andrés de la provincia de Limón. Especialmente, es de nuestro interés verificar el cumplimiento de la tasa de extracción de materiales autorizada a través de los Perfiles Topográficos realizados de previo a la extracción minera, debido a que es importante señalar que esos perfiles topográficos registran cómo varía el fondo del río en el área de la concesión y con ello, se puede verificar si se ha dado una sobre explotación o no del material mineral que se extrae del río. En caso de que se estuviera dando una sobre explotación del material mineral, eso podría tener consecuencias ambientales en las márgenes del río y también aguas arriba, dado que podría producir un fenómeno conocido como “erosión regresiva”, por lo que resulta pertinente tener claro que las actividades mineras, tanto por el Código de Minería, como por la Ley Orgánica del Ambiente, deben realizar una Evaluación de Impacto Ambiental (sic) de previo al inicio de las actividades extractivas. Una vez que se obtiene la Viabilidad Ambiental, sus dependencias están obligadas a cumplir con un proceso de control y seguimiento ambiental en el que deben demostrar –en el caso específico de una extracción mineral en un cauce fluvial-, que no están provocando daños ambientales a un área calificada como ambientalmente frágil, según lo establece el Reglamento General de Procedimientos de Evaluación de Impacto Ambiental. En razón de que la principal acción impactante de esta actividad minera en particular es modificar el fondo del cauce del río, es precisamente esa acción la que con más detalle se debe vigilar y controlar ambientalmente. Lo anterior es de suma urgencia, con el propósito de descartar que la masiva extracción que hoy se realiza en el Ríos San Andrés, no provoque daños de difícil o imposible reparación durante las lluvias de los meses de diciembre y enero (…)”.Reclama que a la fecha de interposición de este recurso las autoridades recurridas no han dado respuesta a su gestión y además no se han ejecutado las obras correspondientes con el fin de regular la extracción de minerales del Río San Andrés, ubicado en el cantón central de Limón.

    II.-HECHOS PROBADOS: De importancia para la decisión de este asunto, se estiman como debidamente demostrados los siguientes hechos, sea porque así han sido acreditados o bien porque el recurrido haya omitido referirse a ellos según lo prevenido en el auto inicial:

    • a)Que mediante oficio AEL-083-2018 de 11 de diciembre de 2018 con fecha de recibido del 13 del mismo mes el recurrente planteó gestión ante la Dirección de Geología y Minas del Ministerio de Ambiente y Energía, mediante la cual indicó que: “(…) se sirvan brindarnos un informe conteniendo las pruebas técnicas, además de las condiciones fácticas y legales en las cuales se sustentaron sus autoridades, para autorizar la masiva extracción minera que actualmente se realiza en el Río San Andrés de la provincia de Limón. Especialmente, es de nuestro interés verificar el cumplimiento de la tasa de extracción de materiales autorizada a través de los Perfiles Topográficos realizados de previo a la extracción minera, debido a que es importante señalar que esos perfiles topográficos registran cómo varía el fondo del río en el área de la concesión y con ello, se puede verificar si se ha dado una sobre explotación o no del material mineral que se extrae del río. En caso de que se estuviera dando una sobre explotación del material mineral, eso podría tener consecuencias ambientales en las márgenes del río y también aguas arriba, dado que podría producir un fenómeno conocido como “erosión regresiva”, por lo que resulta pertinente tener claro que las actividades mineras, tanto por el Código de Minería, como por la Ley Orgánica del Ambiente, deben realizar una Evaluación de Impacto Ambiental (sic) de previo al inicio de las actividades extractivas. Una vez que se obtiene la Viabilidad Ambiental, sus dependencias están obligadas a cumplir con un proceso de control y seguimiento ambiental en el que deben demostrar –en el caso específico de una extracción mineral en un cauce fluvial-, que no están provocando daños ambientales a un área calificada como ambientalmente frágil, según lo establece el Reglamento General de Procedimientos de Evaluación de Impacto Ambiental. En razón de que la principal acción impactante de esta actividad minera en particular es modificar el fondo del cauce del río, es precisamente esa acción la que con más detalle se debe vigilar y controlar ambientalmente. Lo anterior es de suma urgencia, con el propósito de descartar que la masiva extracción que hoy se realiza en el Ríos San Andrés, no provoque daños de difícil o imposible reparación durante las lluvias de los meses de diciembre y enero (…)” (ver registro electrónico).
    • b)Que mediante oficio DGM-RNM-135-2019 de fecha 19 de febrero del 2019 emitido por el Ministerio de Ambiente y Energía le brindó respuesta al recurrente -oficio notificado a las 9:54 horas del 25 de febrero del 2019 al correo electrónico [email protected](ver registro electrónico).
    • c)Que a las 10:15 horas del 27 de febrero del 2019 se notificó la resolución de curso al Ministro de Ambiente y Energía (ver registro electrónico).
    • d)Que a las 14:30 horas del 22 de febrero del 2018 se notificó la resolución de curso a la Directora de la Dirección de Geología y Minas del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE)(ver registro electrónico).

    III.- SOBRE EL CASOCONCRETO: De los informes rendidos por las autoridades recurridas los cuales son dados bajo la solemnidad del juramento con las consecuencias legales que ello implica se desprende que mediante oficio AEL-083-2018 de 11 de diciembre de 2018 con fecha de recibido del 13 del mismo mes el recurrente planteó gestión ante la Dirección de Geología y Minas del Ministerio de Ambiente y Energía, mediante la cual indicó que: “(…) se sirvan brindarnos un informe conteniendo las pruebas técnicas, además de las condiciones fácticas y legales en las cuales se sustentaron sus autoridades, para autorizar la masiva extracción minera que actualmente se realiza en el Río San Andrés de la provincia de Limón. Especialmente, es de nuestro interés verificar el cumplimiento de la tasa de extracción de materiales autorizada a través de los Perfiles Topográficos realizados de previo a la extracción minera, debido a que es importante señalar que esos perfiles topográficos registran cómo varía el fondo del río en el área de la concesión y con ello, se puede verificar si se ha dado una sobre explotación o no del material mineral que se extrae del río. En caso de que se estuviera dando una sobre explotación del material mineral, eso podría tener consecuencias ambientales en las márgenes del río y también aguas arriba, dado que podría producir un fenómeno conocido como “erosión regresiva”, por lo que resulta pertinente tener claro que las actividades mineras, tanto por el Código de Minería, como por la Ley Orgánica del Ambiente, deben realizar una Evaluación de Impacto Ambiental (sic) de previo al inicio de las actividades extractivas. Una vez que se obtiene la Viabilidad Ambiental, sus dependencias están obligadas a cumplir con un proceso de control y seguimiento ambiental en el que deben demostrar –en el caso específico de una extracción mineral en un cauce fluvial-, que no están provocando daños ambientales a un área calificada como ambientalmente frágil, según lo establece el Reglamento General de Procedimientos de Evaluación de Impacto Ambiental. En razón de que la principal acción impactante de esta actividad minera en particular es modificar el fondo del cauce del río, es precisamente esa acción la que con más detalle se debe vigilar y controlar ambientalmente. Lo anterior es de suma urgencia, con el propósito de descartar que la masiva extracción que hoy se realiza en el Ríos San Andrés, no provoque daños de difícil o imposible reparación durante las lluvias de los meses de diciembre y enero (…)”. Se acreditó que mediante oficio DGM-RNM-135-2019 de fecha 19 de febrero del 2019 emitido por el Ministerio de Ambiente y Energía le brindó respuesta al recurrente -oficio notificado a las 9:54 horas del 25 de febrero del 2019 al correo electrónico [email protected]. En conclusión, la gestión incoada por el recurrente el 11 de diciembre del 2018 fue resuelta el 19 de febrero de 2019, pero no fue motivado sino haste el 25 de febrero del 2019. Ante ese panorama y tomando en cuenta que la respuesta se generó con posterioridad a la notificación de la resolución de curso del presente amparo, lo que ocurrió el 22 de febrero del 2019, lo procedente es declarar con lugar el recurso sin especial condenatoria en costas.

    IV.-SOBRE LA CONDENATORIA EN COSTAS, DAÑOS Y PERJUICIOS DE CONFORMIDAD CON EL ARTÍCULO 52 DE LA LEY DE LA JURISDICCIÓN CONSTITUCIONAL: Sobre la condenatoria en costas, daños y perjuicios de conformidad con el artículo 52 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional. Bajo una mejor ponderación, la mayoría de la Sala considera que, en el sub examine, de conformidad con lo dispuesto en el párrafo 1° del artículo 52 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional (“Si, estando en curso el amparo, se dictare resolución, administrativa o judicial, que revoque, detenga o suspenda la actuación impugnada, se declarará con lugar el recurso únicamente para efectos de indemnización y de costas, si fueren procedentes”), la estimatoria debe serlo sin especial condenatoria en costas, daños y perjuicios, con base en las siguientes consideraciones. Si bien hay un texto expreso en la ley que obliga a que la parte dispositiva del fallo indique que se declara con lugar el recurso, cuando estando en curso del amparo se resuelva el agravio, no menos cierto es que ese mismo párrafo in fine refiere que la estimatoria se dicta “únicamente para efectos de indemnización y de costas, si fueren procedentes”. Se subraya que la Ley indica “si fueren procedentes”, lo cual significa que la procedencia o improcedencia de la indemnización y costas depende de una valoración, apreciación o ponderación del Tribunal. En casos como este, el contenido de la pretensión de la persona amparada y la conducta de la autoridad recurrida de reconocer aquella, sugieren que los menoscabos, lesiones o alteraciones alegados no están referidos de modo directo a una repercusión en un derecho constitucional de evidente naturaleza patrimonial (como sí ocurriría, por ejemplo, con una afectación al derecho al salario). Para disipar cualquier duda al respecto, es importante destacar lo dispuesto en el artículo 51 de la misma Ley de la Jurisdicción Constitucional, cuando dispone que: “toda resolución que acoja el recurso condenará en abstracto a la indemnización de los daños y perjuicios causados y al pago de las costas del recurso, y se reservará su liquidación para la ejecución de sentencia”, donde no se prevé la posibilidad de valorar si procede o no lo concerniente a indemnización y costas. Los principios del Derecho Constitucional, los del Público y Procesal General o, en su caso, los del Derecho Internacional o Comunitario y, además, por su orden, la Ley General de la Administración Pública y el Código Procesal Contencioso Administrativo y los demás códigos procesales, son fuente supletoria para la aplicación e interpretación de las normas de la Ley de la Jurisdicción Constitucional -cfr. artículo 14-. Para la jurisdicción contencioso-administrativa, el legislador estableció un precepto plenamente aplicable al caso por analogía, en el artículo 197 del Código Procesal Contencioso Administrativo, que responde a la lógica procesal en cualquier materia. En todo caso, la parte afectada del sub lite preserva la posibilidad de acudir, si a bien lo tiene, a un proceso de conocimiento a fin de demostrar que ha sufrido algún tipo de menoscabo. Con base en lo anterior, es criterio de mayoría resolver este recurso sin condenatoria en costas, daños y perjuicios.

    V.-VOTO SALVADO DE LA MAGISTRADA HERNÁNDEZ LÓPEZ, SOBRE LAS CONSECUENCIAS ECONÓMICAS DERIVADAS DE DECLARAR CON LUGAR ESTE RECURSO. Coincido con la mayoría de la Sala en la decisión tomada respecto de la existencia de una lesión a los derechos fundamentales en este caso, la cual ha sido corregida con ocasión de la intervención de la Sala; no obstante, me separo de su decisión en relación con el tema de las consecuencias económicas de dicha declaratoria.

    La jurisdicción constitucional a cargo de este Tribunal en materia de amparo y hábeas corpus -la jurisdicción de la libertad como se le denomina- es especial porque su finalidad no es la del juez tradicional que dirime un conflicto entre dos partes, enfrentadas por una disputa legal. Su materia es de orden público, y su objetivo es brindar protección judicial a las personas en el ejercicio de sus derechos fundamentales de manera tal que no se perturbe su disfrute por actos de quien, de hecho o de derecho, realiza ejercicios concretos de autoridad, capaces de vulnerarlos.

    Esa vocación protectora de la jurisdicción constitucional se concreta en un diseño procesal también peculiar, célere y gratuito en donde se impone a la autoridad pública recurrida la simple rendición de “un informe” sobre lo actuado en el caso denunciado (artículos 43, 44, 45 y 46 de la LJC). Así que no se trata técnicamente de un litigio y acorde con ello, se entregan a la Sala Constitucional amplios poderes para orientar el curso del proceso de amparo o de hábeas corpus, tanto respecto de la posibilidad de requerir información a otras autoridades sobre lo sucedido, como respecto del manejo amplio de la prueba que pueda servir para aclarar lo sucedido. Tal marco procesal de la jurisdicción de la libertad, donde no existen dos partes antagónicas enfrentadas de modo que lo que gane una lo pierda la otra, impone alejarnos de las soluciones que para estas últimas cuestiones han sido previstos en sistemas procesales como el civil, el contencioso o el laboral.

    En lo que ahora interesa, la Ley de la Jurisdicción Constitucional regula en sus artículos 46 y siguientes, tres aspectos concretos del ejercicio de la función jurisdiccional de protección de derechos fundamentales, a cargo de la Sala: a) el primer aspecto es el atinente a la declaración que debe hacerse de la existencia o inexistencia de la violación (artículos 46 y 47 LJC); b) el segundo, regula de forma cuidadosa las potestades de las que goza el Tribunal para revertir los efectos jurídicos de la infracción a los derechos fundamentales y restaurar, de la forma más efectiva, su ejercicio (artículos 49 y 50 LJC); c) el tercer aspecto, (artículo 51 LJC) dispone reglas sobre las consecuencias económicas de tales procesos de amparo y habeas corpus, de manera tal que –ante la constatación de una lesión parte de la Sala-exista una restauración del disfrute de tales derechos y, además, una efectiva indemnización de los daños y gastos ocasionados, como parte del derecho a una justicia efectiva en cuanto a la reparación de las consecuencias dañosas generadas por las autoridades que resulten infractoras, las cuales no son sólo para efectos de la tutela judicial efectiva de la parte accionante, sino también con un fin disuasorio para que el Estado, no incurra en el futuro en las acciones que dieron base a la estimatoria del recurso, tema regulado en el artículo 50 de la ley de la Jurisdicción Constitucional.

    En este último aspecto, la Ley en su artículo 51 ordena a la Sala que “toda resolución que acoja el recurso condenará en abstracto a la indemnización de los daños y perjuicios causados y al pago de las costas del recurso…”. Este es el sistema general que regula los temas del ámbito indemnizatorio, para los casos que la mayoría identifica como “forma natural o normal de terminación del proceso, donde hay pronunciamiento sobre el fondo del asunto y reconocimiento de los hechos que han vulnerados los derechos fundamentales…”; en tales casos, dentro de los que se cuenta el que ahora se decide, la Sala ha tenido por comprobado el agravio y de allí la necesidad de una condenatoria en costas daños y perjuicios, que se apoya en el concepto antes citado de una tutela efectiva de los derechos de las personas y en la noción de que la Administración debe hacerse responsable por los daños y gastos que ocasione con su actuar inconstitucional. No cambia en nada esta conclusión por el hecho de que al conocer y resolver el amparo, “hubieren cesado los efectos del acto reclamado” (artículo 50) pues tal caso forma parte integral del sistema general de condenatoria automática en costas daños y perjuicios, por entenderse que el proceso ha terminado de forma normal y se ha constatado la violación.

    Dentro de este marco general sencillo y claro -y carente de minusvalías o vacíos- la disposición del artículo 52 de la Ley encaja perfectamente como un caso de excepción, aplicable únicamente en los casos en que la Sala no ha conocido, ni se ha pronunciado sobre el fondo del reclamo, es decir -como lo dice la mayoría- en aquellas situaciones de “terminación anormal del proceso”. Pero las condiciones y alcances para decretar esa forma de conclusión están delimitados como suma precisión por parte del legislador; en primer lugar, los presupuestos de hecho para la aplicación de esta norma, están claramente descritos, de modo que la Sala debe comprobar: 1) que el amparo está en curso; 2) que exista una resolución administrativa o judicial (que debe entenderse en su sentido estrictamente formal); y 3) que en tal resolución se disponga incuestionablemente la revocación, la detención o la suspensión de la actuación impugnada. Se trata de conceptos sumamente acotados, cuyo ámbito de aplicación debe además ser interpretado restringidamente, no solo en atención a la regla de que las excepciones en derecho deben interpretarse de forma restrictiva, sino porque las consecuencias de aplicar tal excepción generan indiscutiblemente una disminución en el derecho fundamental de las personas a lograr una efectiva tutela judicial frente a los daños recibidos con la lesión a sus derechos constitucionales. En conclusión, únicamente en tales limitados casos y luego de confirmado por el Tribunal todo lo anterior, a la luz de una lectura restrictiva de sus alcances, estaríamos ante la necesidad de dejar de lado el sistema general de condenatoria automática en costas daños y perjuicios, y ejercitar -como jueces- nuestra discreción jurídica para decidir si se ordena el pago de tales extremos o no.

    En este caso, el ejercicio anterior obliga a concluir la inaplicabilidad del artículo 52 de LJC, pues, por una parte, el Tribunal se ha pronunciado sobre el fondo del asunto, ha reconocido con su declaración una lesión a derechos fundamentales y determinado quién ha sido su autor; en nada se asemeja lo anterior una “terminación anormal del proceso”. Por otra parte, tampoco se verifican los requisitos del artículo 52 recién citado, ya que no existe una “resolución administrativa o judicial” formalmente emitida y en la cual, de manera expresa se revoque, detenga o suspenda el acto que origina la violación de derechos constitucionales; Por todo ello, es procedente aplicar lo dispuesto en los artículos 50 y 51 de la LJC y disponer -como consecuencia de haberse comprobado la violación- la condenatoria en daños, perjuicios y costas causados, en calidad de consecuencias económicas del proceso.

    Pero incluso, aún si dejásemos de lado la condena automática en daños, perjuicios y costas, despreciando los razonamientos anteriores, lo cierto es que los hechos probados de este caso han llevado a la Sala a declarar la existencia de una afectación en el ejercicio de los derechos fundamentales del amparado, que, como acción dañosa que es, lleva aparejada una presunción de surgimiento de daños y perjuicios económicos -cuya determinación concreta no le toca a la Sala-, y no se aprecia en el expediente mérito alguno que convenza para exonerar a la autoridad recurrida de cubrir la efectiva reparación de las consecuencias dañinas de sus actos, según el principio general dispuesto expresamente en la ley.

    VI.- VOTO SALVADO PARCIAL DEL MAGISTRADO SALAZAR ALVARADO, ÚNICAMENTE EN RELACIÓN CON LA NO CONDENATORIA EN COSTAS, DAÑOS Y PERJUICIOS A LA PARTE RECURRIDA.

    Si bien coincido con el resto de la Sala en declarar con lugar el recurso, me separo del criteriode mayoría en cuanto exime de condenar a la parte recurrida al pago de las costas, daños y perjuicios derivados de la lesión producida a los derechos fundamentales de la parte tutelada.

    La Ley de la Jurisdicción Constitucional, en el artículo 52, dispone que:

    “Si, estando en curso el amparo, se dictare resolución, administrativa o judicial, que revoque, detenga o suspenda la actuación impugnada, se declarará con lugar el recurso únicamente para efectos de indemnización y de costas, si fueren procedentes”.

    Por otra parte, en el artículo 51 ibídem, se establece que:

    “...toda resolución que acoja el recurso condenará en abstracto a la indemnización de los daños y perjuicios causados y al pago de las costas del recurso, y se reservará su liquidación para la ejecución de sentencia”.

    Esta última norma establece el sistema general que regula lo relativo al tema de la indemnización y el pago de las costas, y que la mayoría denomina “forma natural o normal de terminación del proceso, donde hay pronunciamiento sobre el fondo del asunto y reconocimiento de los hechos que han vulnerado los derechos fundamentales…”.

    En criterio de la mayoría, el artículo 51, de cita, regula los supuestos en los que la Sala ha tenido por comprobado el agravio; y, como consecuencia, surge la necesidad de una condenatoria en costas, daños y perjuicios. Sin embargo, a juicio del suscrito, de la interpretación sistemática de ambas normas, se concluye que, tanto en los casos en que este Tribunal Constitucional constate una lesión a algún derecho fundamental; y, por ende, declare con lugar el recurso, como en aquellos en los que la Administración, por decisión propia, restituya a la persona agraviada en el goce de sus derechos fundamentales, una vez que tenga conocimiento del amparo -supuesto contemplado en el artículo 52, referido-, por imperio de los artículos 50 y 51, de la ley citada, la consecuencia necesaria e ineludible es la condenatoria al infractor a la indemnización de los daños y perjuicios causados y del pago de las costas del recurso. Esta regla no es más que el reconocimiento, a la parte que ha sufrido una vulneración en sus derechos fundamentales, del derecho a una tutela judicial efectiva en torno a la reparación de las consecuencias dañosas derivadas de las actuaciones u omisiones de las autoridades infractoras; y, como medio disuasivo, a fin de que el Estado no incurra nuevamente en las acciones que dieron base a la estimatoria del recurso, tema regulado en el artículo 50, de la ley que rige esta jurisdicción. De modo, que ya sea que la Sala haya tenido por comprobado el agravio y haya entrado a conocer el fondo del asunto, o que la violación haya cesado por decisión de la propia autoridad recurrida, una vez que tuvo conocimiento de la tramitación del amparo, con restitución en el goce de los derechos fundamentales a favor del agraviado (artículo 52), siempre, en cualesquiera de esos supuestos, surge la imperiosa necesidad de una condenatoria en costas, daños y perjuicios al infractor, cuyo fundamento se encuentra en los principios de tutela de los derechos de las personas y en el de que la Administración debe hacerse responsable por los daños y perjuicios que ocasione con su actuar inconstitucional.

    Así, el hecho de que al momento de conocerse y resolverse con lugar el amparo, los efectos del acto impugnado ya hubieren cesado, en los términos de lo dispuesto en los artículos 50 y 52, de la ley de cita, no enerva la procedencia de la condenatoria en costas, daños y perjuicios, pues tal caso forma parte integral del sistema general de condenatoria necesaria en esos extremos, que contiene la Ley de la Jurisdicción Constitucional.

    Por otra parte, es claro que el artículo 52, mencionado, se aplica únicamente en los casos en que la Sala, aun cuando no ha conocido, ni se ha pronunciado sobre el fondo del reclamo, ha constatado la vulneración que en sus derechos fundamentales ha sufrido la parte amparada, en virtud de la restitución, que, en el goce de esos derechos, ha acordado a su favor la Administración; situación que, tal y como la afirma la mayoría de la Sala, implica una“terminación anormal del proceso”.

    El legislador estableció y delimitó, de forma precisa, las condiciones en las cuales esta Sala puede decretar esa forma de conclusión anormal del proceso de amparo, así como sus alcances, a saber: 1) que el amparo esté en curso, es decir, que la Administración haya sido debidamente notificada de la resolución que dio curso al amparo; y, 2) que exista una resolución administrativa o judicial que disponga, de forma indubitable, la revocación, detención o suspensión de la actuación impugnada violatoria de derechos fundamentales. Ciertamente, la norma en cuestión contempla una excepción al sistema general de condenatoria en costas, daños y perjuicios, no obstante la estimatoria del recurso, al disponer que, en los casos allí regulados, se declarará con lugar el recurso “únicamente para efectos de indemnización y de costas, si fueren procedentes”. Como excepción que es, debe ser interpretada restrictivamente; es decir, que solo procede en los supuestos estrictamente contemplados en la norma, no solo por la regla de que las excepciones en derecho deben interpretarse de forma restrictiva, sino también porque las consecuencias de aplicar tal excepción implican, sin lugar a dudas, un menoscabo en el derecho fundamental de las personas a obtener una efectiva tutela judicial frente a los daños y perjuicios sufridos con la lesión a sus derechos constitucionales.

    En mi criterio, tal excepción se debe interpretar en el sentido de que, de conformidad con el sistema general de condenatoria automática en costas, daños y perjuicios ante una violación a derechos fundamentales, esa condenatoria es siempre procedente, aún en el caso de que la parte recurrida dicte una resolución, administrativa o judicial, que revoque, detenga o suspenda la actuación impugnada, a menos que conste de manera indubitable y clara que en el caso concreto no se causó perjuicio alguno capaz de ser indemnizado. Solo y únicamente en tales supuestos podría eximirse a la Administración recurrida del pago de dichos extremos. Como en este caso, no existe elemento alguno que desvirtúe la presunción del surgimiento, para la parte amparada, de daños y perjuicios económicos derivados de las actuaciones impugnadas -cuya determinación concreta no le corresponde a esta jurisdicción-, la estimatoria de este recurso debe implicar, necesariamente, la condenatoria en costas, daños y perjuicios, y así lo declaro.

    VII.- DOCUMENTACIÓN APORTADA AL EXPEDIENTE: Se previene a las partes que de haber aportado algún documento en papel, así como objetos o pruebas contenidas en algún dispositivo adicional de carácter electrónico, informático, magnético, óptico, telemático o producido por nuevas tecnologías, éstos deberán ser retirados del despacho en un plazo máximo de 30 días hábiles contados a partir de la notificación de esta sentencia. De lo contrario, será destruido todo aquel material que no sea retirado dentro de este plazo, según lo dispuesto en el "Reglamento sobre Expediente Electrónico ante el Poder Judicial", aprobado por la Corte Plena en sesión N° 27-11 del 22 de agosto del 2011, artículo XXVI y publicado en el Boletín Judicial número 19 del 26 de enero del 2012, así como en el acuerdo aprobado por el Consejo Superior del Poder Judicial, en la sesión N° 43-12 celebrada el 3 de mayo del 2012, artículo LXXXI.

    Por tanto:

    De conformidad con lo dispuesto en el artículo 52 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional, se declara con lugar el recurso, sin especial condenatoria en costas, daños y perjuicios. La Magistrada Hernández López salva parcialmente el voto y dispone la condenatoria en daños, perjuicios y costas de conformidad con los artículos 50 y 51 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional. El Magistrado Salazar Alvarado salva parcialmente el voto y ordena también la condenatoria en daños, perjuicios y costas a la parte recurrida, de conformidad con lo dispuesto en los artículos 50, 51 y 52, de la Ley de la Jurisdicción Constitucional.

    Fernando Castillo V.

    Paul Rueda L.

    Nancy Hernández L.

    Luis Fdo. Salazar A.

    Jorge Araya G.

    Marta Eugenia Esquivel R.

    Mauricio Chacón J.

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    Revisión del Documento *190026950007CO* Res. Nº 2019004672 SALA CONSTITUCIONAL DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. San José, a las nueve horas quince minutos del quince de marzo de dos mil diecinueve .

    Recurso de amparo presentado por MARCO VINICIO LEVY VIRGO, cédula de identidad 0700690314, a favor de SÍ MISMO Y DE LA ASOCIACIÓN DE DESARROLLO PARA LA ECOLOGÍA, contra el MINISTERIO DE AMBIENTE Y ENERGÍA.

    Resultando:

    1.- Por escrito presentado en la Secretaría de esta Sala a las 17:09 horas del 16 de febrero del 2019 el recurrente presenta recurso de amparo contra el Ministerio de Ambiente y Energía. Manifiesta que mediante oficio AEL-083-2018 de 11 de diciembre de 2018 con fecha de recibido del 13 del mismo mes planteó gestión ante la Dirección de Geología y Minas del Ministerio de Ambiente y Energía, mediante la cual indicó que: “(…) se sirvan brindarnos un informe conteniendo las pruebas técnicas, además de las condiciones fácticas y legales en las cuales se sustentaron sus autoridades, para autorizar la masiva extracción minera que actualmente se realiza en el Río San Andrés de la provincia de Limón. Especialmente, es de nuestro interés verificar el cumplimiento de la tasa de extracción de materiales autorizada a través de los Perfiles Topográficos realizados de previo a la extracción minera, debido a que es importante señalar que esos perfiles topográficos registran cómo varía el fondo del río en el área de la concesión y con ello, se puede verificar si se ha dado una sobre explotación o no del material mineral que se extrae del río. En caso de que se estuviera dando una sobre explotación del material mineral, eso podría tener consecuencias ambientales en las márgenes del río y también aguas arriba, dado que podría producir un fenómeno conocido como “erosión regresiva”, por lo que resulta pertinente tener claro que las actividades mineras, tanto por el Código de Minería, como por la Ley Orgánica del Ambiente, deben realizar una Evaluación de Impacto Ambiental (sic) de previo al inicio de las actividades extractivas. Una vez que se obtiene la Viabilidad Ambiental, sus dependencias están obligadas a cumplir con un proceso de control y seguimiento ambiental en el que deben demostrar –en el caso específico de una extracción mineral en un cauce fluvial-, que no están provocando daños ambientales a un área calificada como ambientalmente frágil, según lo establece el Reglamento General de Procedimientos de Evaluación de Impacto Ambiental. En razón de que la principal acción impactante de esta actividad minera en particular es modificar el fondo del cauce del río, es precisamente esa acción la que con más detalle se debe vigilar y controlar ambientalmente. Lo anterior es de suma urgencia, con el propósito de descartar que la masiva extracción que hoy se realiza en el Ríos San Andrés, no provoque daños de difícil o imposible reparación durante las lluvias de los meses de diciembre y enero (…)”. Señala que con ocasión de su gestión, se paralizaron las obras de extracción de materiales en el Río San Andrés; pero sin que de previo hayan respondido a su gestión, se reanudaron las obras de extracción en el citado afluente. Reclama que a la fecha de interposición de este recurso las autoridades recurridas no han dado respuesta a su gestión y además no se han ejecutado las obras correspondientes con el fin de regular la extracción de minerales del Río San Andrés, ubicado en el cantón central de Limón. Estima que las omisiones cometidas por las autoridades del Ministerio de Ambiente y Energía, resultan contrarias al Derecho de la Constitución y por consiguiente, lesivas de sus derechos fundamentales. Solicita que se declare con lugar el recurso.

    2.- Por resolución de las 13:40 horas del 19 de febrero del 2019 se le dio curso al presente amparo y se le solicitó informe al MINISTRO Y AL DIRECTOR DE LA DIRECCIÓN DE GEOLOGÍA Y MINAS, AMBOS DEL MINISTERIO DE AMBIENTE Y ENERGÍA (ver registro electrónico).

    3.- Informa bajo juramento Ileana María Boschini López en calidad de Directora de la Dirección de Geología y Minas del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) (ver registro electrónico) que los escritos del recurrente denominados AEL-083-2018 de fecha 13 de diciembre del 2018 y AEL-016-2018 de fecha 08 de febrero del 2019, han sido debidamente atendidos mediante oficio DGM-RNM-135-2019 de fecha 19 de febrero del 2019 -notificado el 25 de febrero del 2019 al correo electrónico [email protected] que fue el medio señalado para recibir notificaciones-. El recurrente presentó no solo los escritos físicamente, sino que también los envió vía correo electrónico y vía mensaje de Whatsapp al celular personal de la Directora e incluso los envió a otras instituciones. De manera que se denota un abuso del derecho de petición, pretendiendo que la Administración resuelva a su antojo o beneficio cada una de las peticiones que formula, sin valorar, la situación concreta de cada expediente. Solicita que se declare sin lugar el recurso.

    4.- Informa bajo juramento Carlos Manuel Rodríguez Echandi en su calidad de Ministro de Ambiente y Energía (ver registro electrónico) que se adhiere a lo informado por la Directora de la Dirección de Geología y Minas del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE). Solicita que se declare sin lugar el recurso.

    5.- Por escrito presentado en la Secretaría de esta Sala a las 00:00 horas del 13 de marzo del 2019 el recurrente presenta réplica de los informes rendidos por las autoridades recurridas (ver registro electrónico).

    6.- En los procedimientos seguidos se han observado las prescripciones legales.

    Redacta el Magistrado Chacón Jiménez; y,

    Considerando:

    I.- OBJETO DEL RECURSO: El recurrente alega que mediante oficio AEL-083-2018 de 11 de diciembre de 2018 con fecha de recibido del 13 del mismo mes planteó gestión ante la Dirección de Geología y Minas del Ministerio de Ambiente y Energía, mediante la cual indicó que: “(…) se sirvan brindarnos un informe conteniendo las pruebas técnicas, además de las condiciones fácticas y legales en las cuales se sustentaron sus autoridades, para autorizar la masiva extracción minera que actualmente se realiza en el Río San Andrés de la provincia de Limón. Especialmente, es de nuestro interés verificar el cumplimiento de la tasa de extracción de materiales autorizada a través de los Perfiles Topográficos realizados de previo a la extracción minera, debido a que es importante señalar que esos perfiles topográficos registran cómo varía el fondo del río en el área de la concesión y con ello, se puede verificar si se ha dado una sobre explotación o no del material mineral que se extrae del río. En caso de que se estuviera dando una sobre explotación del material mineral, eso podría tener consecuencias ambientales en las márgenes del río y también aguas arriba, dado que podría producir un fenómeno conocido como “erosión regresiva”, por lo que resulta pertinente tener claro que las actividades mineras, tanto por el Código de Minería, como por la Ley Orgánica del Ambiente, deben realizar una Evaluación de Impacto Ambiental (sic) de previo al inicio de las actividades extractivas. Una vez que se obtiene la Viabilidad Ambiental, sus dependencias están obligadas a cumplir con un proceso de control y seguimiento ambiental en el que deben demostrar –en el caso específico de una extracción mineral en un cauce fluvial-, que no están provocando daños ambientales a un área calificada como ambientalmente frágil, según lo establece el Reglamento General de Procedimientos de Evaluación de Impacto Ambiental. En razón de que la principal acción impactante de esta actividad minera en particular es modificar el fondo del cauce del río, es precisamente esa acción la que con más detalle se debe vigilar y controlar ambientalmente. Lo anterior es de suma urgencia, con el propósito de descartar que la masiva extracción que hoy se realiza en el Ríos San Andrés, no provoque daños de difícil o imposible reparación durante las lluvias de los meses de diciembre y enero (…)”.Reclama que a la fecha de interposición de este recurso las autoridades recurridas no han dado respuesta a su gestión y además no se han ejecutado las obras correspondientes con el fin de regular la extracción de minerales del Río San Andrés, ubicado en el cantón central de Limón.

    II.-HECHOS PROBADOS: De importancia para la decisión de este asunto, se estiman como debidamente demostrados los siguientes hechos, sea porque así han sido acreditados o bien porque el recurrido haya omitido referirse a ellos según lo prevenido en el auto inicial:

    • a)Que mediante oficio AEL-083-2018 de 11 de diciembre de 2018 con fecha de recibido del 13 del mismo mes el recurrente planteó gestión ante la Dirección de Geología y Minas del Ministerio de Ambiente y Energía, mediante la cual indicó que: “(…) se sirvan brindarnos un informe conteniendo las pruebas técnicas, además de las condiciones fácticas y legales en las cuales se sustentaron sus autoridades, para autorizar la masiva extracción minera que actualmente se realiza en el Río San Andrés de la provincia de Limón. Especialmente, es de nuestro interés verificar el cumplimiento de la tasa de extracción de materiales autorizada a través de los Perfiles Topográficos realizados de previo a la extracción minera, debido a que es importante señalar que esos perfiles topográficos registran cómo varía el fondo del río en el área de la concesión y con ello, se puede verificar si se ha dado una sobre explotación o no del material mineral que se extrae del río. En caso de que se estuviera dando una sobre explotación del material mineral, eso podría tener consecuencias ambientales en las márgenes del río y también aguas arriba, dado que podría producir un fenómeno conocido como “erosión regresiva”, por lo que resulta pertinente tener claro que las actividades mineras, tanto por el Código de Minería, como por la Ley Orgánica del Ambiente, deben realizar una Evaluación de Impacto Ambiental (sic) de previo al inicio de las actividades extractivas. Una vez que se obtiene la Viabilidad Ambiental, sus dependencias están obligadas a cumplir con un proceso de control y seguimiento ambiental en el que deben demostrar –en el caso específico de una extracción mineral en un cauce fluvial-, que no están provocando daños ambientales a un área calificada como ambientalmente frágil, según lo establece el Reglamento General de Procedimientos de Evaluación de Impacto Ambiental. En razón de que la principal acción impactante de esta actividad minera en particular es modificar el fondo del cauce del río, es precisamente esa acción la que con más detalle se debe vigilar y controlar ambientalmente. Lo anterior es de suma urgencia, con el propósito de descartar que la masiva extracción que hoy se realiza en el Ríos San Andrés, no provoque daños de difícil o imposible reparación durante las lluvias de los meses de diciembre y enero (…)” (ver registro electrónico).
    • b)Que mediante oficio DGM-RNM-135-2019 de fecha 19 de febrero del 2019 emitido por el Ministerio de Ambiente y Energía le brindó respuesta al recurrente -oficio notificado a las 9:54 horas del 25 de febrero del 2019 al correo electrónico [email protected](ver registro electrónico).
    • c)Que a las 10:15 horas del 27 de febrero del 2019 se notificó la resolución de curso al Ministro de Ambiente y Energía (ver registro electrónico).
    • d)Que a las 14:30 horas del 22 de febrero del 2018 se notificó la resolución de curso a la Directora de la Dirección de Geología y Minas del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE)(ver registro electrónico).

    III.- SOBRE EL CASOCONCRETO: De los informes rendidos por las autoridades recurridas los cuales son dados bajo la solemnidad del juramento con las consecuencias legales que ello implica se desprende que mediante oficio AEL-083-2018 de 11 de diciembre de 2018 con fecha de recibido del 13 del mismo mes el recurrente planteó gestión ante la Dirección de Geología y Minas del Ministerio de Ambiente y Energía, mediante la cual indicó que: “(…) se sirvan brindarnos un informe conteniendo las pruebas técnicas, además de las condiciones fácticas y legales en las cuales se sustentaron sus autoridades, para autorizar la masiva extracción minera que actualmente se realiza en el Río San Andrés de la provincia de Limón. Especialmente, es de nuestro interés verificar el cumplimiento de la tasa de extracción de materiales autorizada a través de los Perfiles Topográficos realizados de previo a la extracción minera, debido a que es importante señalar que esos perfiles topográficos registran cómo varía el fondo del río en el área de la concesión y con ello, se puede verificar si se ha dado una sobre explotación o no del material mineral que se extrae del río. En caso de que se estuviera dando una sobre explotación del material mineral, eso podría tener consecuencias ambientales en las márgenes del río y también aguas arriba, dado que podría producir un fenómeno conocido como “erosión regresiva”, por lo que resulta pertinente tener claro que las actividades mineras, tanto por el Código de Minería, como por la Ley Orgánica del Ambiente, deben realizar una Evaluación de Impacto Ambiental (sic) de previo al inicio de las actividades extractivas. Una vez que se obtiene la Viabilidad Ambiental, sus dependencias están obligadas a cumplir con un proceso de control y seguimiento ambiental en el que deben demostrar –en el caso específico de una extracción mineral en un cauce fluvial-, que no están provocando daños ambientales a un área calificada como ambientalmente frágil, según lo establece el Reglamento General de Procedimientos de Evaluación de Impacto Ambiental. En razón de que la principal acción impactante de esta actividad minera en particular es modificar el fondo del cauce del río, es precisamente esa acción la que con más detalle se debe vigilar y controlar ambientalmente. Lo anterior es de suma urgencia, con el propósito de descartar que la masiva extracción que hoy se realiza en el Ríos San Andrés, no provoque daños de difícil o imposible reparación durante las lluvias de los meses de diciembre y enero (…)”. Se acreditó que mediante oficio DGM-RNM-135-2019 de fecha 19 de febrero del 2019 emitido por el Ministerio de Ambiente y Energía le brindó respuesta al recurrente -oficio notificado a las 9:54 horas del 25 de febrero del 2019 al correo electrónico [email protected]. En conclusión, la gestión incoada por el recurrente el 11 de diciembre del 2018 fue resuelta el 19 de febrero de 2019, pero no fue motivado sino haste el 25 de febrero del 2019. Ante ese panorama y tomando en cuenta que la respuesta se generó con posterioridad a la notificación de la resolución de curso del presente amparo, lo que ocurrió el 22 de febrero del 2019, lo procedente es declarar con lugar el recurso sin especial condenatoria en costas.

    IV.-SOBRE LA CONDENATORIA EN COSTAS, DAÑOS Y PERJUICIOS DE CONFORMIDAD CON EL ARTÍCULO 52 DE LA LEY DE LA JURISDICCIÓN CONSTITUCIONAL: Sobre la condenatoria en costas, daños y perjuicios de conformidad con el artículo 52 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional. Bajo una mejor ponderación, la mayoría de la Sala considera que, en el sub examine, de conformidad con lo dispuesto en el párrafo 1° del artículo 52 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional (“Si, estando en curso el amparo, se dictare resolución, administrativa o judicial, que revoque, detenga o suspenda la actuación impugnada, se declarará con lugar el recurso únicamente para efectos de indemnización y de costas, si fueren procedentes”), la estimatoria debe serlo sin especial condenatoria en costas, daños y perjuicios, con base en las siguientes consideraciones. Si bien hay un texto expreso en la ley que obliga a que la parte dispositiva del fallo indique que se declara con lugar el recurso, cuando estando en curso del amparo se resuelva el agravio, no menos cierto es que ese mismo párrafo in fine refiere que la estimatoria se dicta “únicamente para efectos de indemnización y de costas, si fueren procedentes”. Se subraya que la Ley indica “si fueren procedentes”, lo cual significa que la procedencia o improcedencia de la indemnización y costas depende de una valoración, apreciación o ponderación del Tribunal. En casos como este, el contenido de la pretensión de la persona amparada y la conducta de la autoridad recurrida de reconocer aquella, sugieren que los menoscabos, lesiones o alteraciones alegados no están referidos de modo directo a una repercusión en un derecho constitucional de evidente naturaleza patrimonial (como sí ocurriría, por ejemplo, con una afectación al derecho al salario). Para disipar cualquier duda al respecto, es importante destacar lo dispuesto en el artículo 51 de la misma Ley de la Jurisdicción Constitucional, cuando dispone que: “toda resolución que acoja el recurso condenará en abstracto a la indemnización de los daños y perjuicios causados y al pago de las costas del recurso, y se reservará su liquidación para la ejecución de sentencia”, donde no se prevé la posibilidad de valorar si procede o no lo concerniente a indemnización y costas. Los principios del Derecho Constitucional, los del Público y Procesal General o, en su caso, los del Derecho Internacional o Comunitario y, además, por su orden, la Ley General de la Administración Pública y el Código Procesal Contencioso Administrativo y los demás códigos procesales, son fuente supletoria para la aplicación e interpretación de las normas de la Ley de la Jurisdicción Constitucional -cfr. artículo 14-. Para la jurisdicción contencioso-administrativa, el legislador estableció un precepto plenamente aplicable al caso por analogía, en el artículo 197 del Código Procesal Contencioso Administrativo, que responde a la lógica procesal en cualquier materia. En todo caso, la parte afectada del sub lite preserva la posibilidad de acudir, si a bien lo tiene, a un proceso de conocimiento a fin de demostrar que ha sufrido algún tipo de menoscabo. Con base en lo anterior, es criterio de mayoría resolver este recurso sin condenatoria en costas, daños y perjuicios.

    V.-VOTO SALVADO DE LA MAGISTRADA HERNÁNDEZ LÓPEZ, SOBRE LAS CONSECUENCIAS ECONÓMICAS DERIVADAS DE DECLARAR CON LUGAR ESTE RECURSO. Coincido con la mayoría de la Sala en la decisión tomada respecto de la existencia de una lesión a los derechos fundamentales en este caso, la cual ha sido corregida con ocasión de la intervención de la Sala; no obstante, me separo de su decisión en relación con el tema de las consecuencias económicas de dicha declaratoria.

    La jurisdicción constitucional a cargo de este Tribunal en materia de amparo y hábeas corpus -la jurisdicción de la libertad como se le denomina- es especial porque su finalidad no es la del juez tradicional que dirime un conflicto entre dos partes, enfrentadas por una disputa legal. Su materia es de orden público, y su objetivo es brindar protección judicial a las personas en el ejercicio de sus derechos fundamentales de manera tal que no se perturbe su disfrute por actos de quien, de hecho o de derecho, realiza ejercicios concretos de autoridad, capaces de vulnerarlos.

    Esa vocación protectora de la jurisdicción constitucional se concreta en un diseño procesal también peculiar, célere y gratuito en donde se impone a la autoridad pública recurrida la simple rendición de “un informe” sobre lo actuado en el caso denunciado (artículos 43, 44, 45 y 46 de la LJC). Así que no se trata técnicamente de un litigio y acorde con ello, se entregan a la Sala Constitucional amplios poderes para orientar el curso del proceso de amparo o de hábeas corpus, tanto respecto de la posibilidad de requerir información a otras autoridades sobre lo sucedido, como respecto del manejo amplio de la prueba que pueda servir para aclarar lo sucedido. Tal marco procesal de la jurisdicción de la libertad, donde no existen dos partes antagónicas enfrentadas de modo que lo que gane una lo pierda la otra, impone alejarnos de las soluciones que para estas últimas cuestiones han sido previstos en sistemas procesales como el civil, el contencioso o el laboral.

    En lo que ahora interesa, la Ley de la Jurisdicción Constitucional regula en sus artículos 46 y siguientes, tres aspectos concretos del ejercicio de la función jurisdiccional de protección de derechos fundamentales, a cargo de la Sala: a) el primer aspecto es el atinente a la declaración que debe hacerse de la existencia o inexistencia de la violación (artículos 46 y 47 LJC); b) el segundo, regula de forma cuidadosa las potestades de las que goza el Tribunal para revertir los efectos jurídicos de la infracción a los derechos fundamentales y restaurar, de la forma más efectiva, su ejercicio (artículos 49 y 50 LJC); c) el tercer aspecto, (artículo 51 LJC) dispone reglas sobre las consecuencias económicas de tales procesos de amparo y habeas corpus, de manera tal que –ante la constatación de una lesión parte de la Sala-exista una restauración del disfrute de tales derechos y, además, una efectiva indemnización de los daños y gastos ocasionados, como parte del derecho a una justicia efectiva en cuanto a la reparación de las consecuencias dañosas generadas por las autoridades que resulten infractoras, las cuales no son sólo para efectos de la tutela judicial efectiva de la parte accionante, sino también con un fin disuasorio para que el Estado, no incurra en el futuro en las acciones que dieron base a la estimatoria del recurso, tema regulado en el artículo 50 de la ley de la Jurisdicción Constitucional.

    En este último aspecto, la Ley en su artículo 51 ordena a la Sala que “toda resolución que acoja el recurso condenará en abstracto a la indemnización de los daños y perjuicios causados y al pago de las costas del recurso…”. Este es el sistema general que regula los temas del ámbito indemnizatorio, para los casos que la mayoría identifica como “forma natural o normal de terminación del proceso, donde hay pronunciamiento sobre el fondo del asunto y reconocimiento de los hechos que han vulnerados los derechos fundamentales…”; en tales casos, dentro de los que se cuenta el que ahora se decide, la Sala ha tenido por comprobado el agravio y de allí la necesidad de una condenatoria en costas daños y perjuicios, que se apoya en el concepto antes citado de una tutela efectiva de los derechos de las personas y en la noción de que la Administración debe hacerse responsable por los daños y gastos que ocasione con su actuar inconstitucional. No cambia en nada esta conclusión por el hecho de que al conocer y resolver el amparo, “hubieren cesado los efectos del acto reclamado” (artículo 50) pues tal caso forma parte integral del sistema general de condenatoria automática en costas daños y perjuicios, por entenderse que el proceso ha terminado de forma normal y se ha constatado la violación.

    Dentro de este marco general sencillo y claro -y carente de minusvalías o vacíos- la disposición del artículo 52 de la Ley encaja perfectamente como un caso de excepción, aplicable únicamente en los casos en que la Sala no ha conocido, ni se ha pronunciado sobre el fondo del reclamo, es decir -como lo dice la mayoría- en aquellas situaciones de “terminación anormal del proceso”. Pero las condiciones y alcances para decretar esa forma de conclusión están delimitados como suma precisión por parte del legislador; en primer lugar, los presupuestos de hecho para la aplicación de esta norma, están claramente descritos, de modo que la Sala debe comprobar: 1) que el amparo está en curso; 2) que exista una resolución administrativa o judicial (que debe entenderse en su sentido estrictamente formal); y 3) que en tal resolución se disponga incuestionablemente la revocación, la detención o la suspensión de la actuación impugnada. Se trata de conceptos sumamente acotados, cuyo ámbito de aplicación debe además ser interpretado restringidamente, no solo en atención a la regla de que las excepciones en derecho deben interpretarse de forma restrictiva, sino porque las consecuencias de aplicar tal excepción generan indiscutiblemente una disminución en el derecho fundamental de las personas a lograr una efectiva tutela judicial frente a los daños recibidos con la lesión a sus derechos constitucionales. En conclusión, únicamente en tales limitados casos y luego de confirmado por el Tribunal todo lo anterior, a la luz de una lectura restrictiva de sus alcances, estaríamos ante la necesidad de dejar de lado el sistema general de condenatoria automática en costas daños y perjuicios, y ejercitar -como jueces- nuestra discreción jurídica para decidir si se ordena el pago de tales extremos o no.

    En este caso, el ejercicio anterior obliga a concluir la inaplicabilidad del artículo 52 de LJC, pues, por una parte, el Tribunal se ha pronunciado sobre el fondo del asunto, ha reconocido con su declaración una lesión a derechos fundamentales y determinado quién ha sido su autor; en nada se asemeja lo anterior una “terminación anormal del proceso”. Por otra parte, tampoco se verifican los requisitos del artículo 52 recién citado, ya que no existe una “resolución administrativa o judicial” formalmente emitida y en la cual, de manera expresa se revoque, detenga o suspenda el acto que origina la violación de derechos constitucionales; Por todo ello, es procedente aplicar lo dispuesto en los artículos 50 y 51 de la LJC y disponer -como consecuencia de haberse comprobado la violación- la condenatoria en daños, perjuicios y costas causados, en calidad de consecuencias económicas del proceso.

    Pero incluso, aún si dejásemos de lado la condena automática en daños, perjuicios y costas, despreciando los razonamientos anteriores, lo cierto es que los hechos probados de este caso han llevado a la Sala a declarar la existencia de una afectación en el ejercicio de los derechos fundamentales del amparado, que, como acción dañosa que es, lleva aparejada una presunción de surgimiento de daños y perjuicios económicos -cuya determinación concreta no le toca a la Sala-, y no se aprecia en el expediente mérito alguno que convenza para exonerar a la autoridad recurrida de cubrir la efectiva reparación de las consecuencias dañinas de sus actos, según el principio general dispuesto expresamente en la ley.

    VI.- VOTO SALVADO PARCIAL DEL MAGISTRADO SALAZAR ALVARADO, ÚNICAMENTE EN RELACIÓN CON LA NO CONDENATORIA EN COSTAS, DAÑOS Y PERJUICIOS A LA PARTE RECURRIDA.

    Si bien coincido con el resto de la Sala en declarar con lugar el recurso, me separo del criteriode mayoría en cuanto exime de condenar a la parte recurrida al pago de las costas, daños y perjuicios derivados de la lesión producida a los derechos fundamentales de la parte tutelada.

    La Ley de la Jurisdicción Constitucional, en el artículo 52, dispone que:

    “Si, estando en curso el amparo, se dictare resolución, administrativa o judicial, que revoque, detenga o suspenda la actuación impugnada, se declarará con lugar el recurso únicamente para efectos de indemnización y de costas, si fueren procedentes”.

    Por otra parte, en el artículo 51 ibídem, se establece que:

    “...toda resolución que acoja el recurso condenará en abstracto a la indemnización de los daños y perjuicios causados y al pago de las costas del recurso, y se reservará su liquidación para la ejecución de sentencia”.

    Esta última norma establece el sistema general que regula lo relativo al tema de la indemnización y el pago de las costas, y que la mayoría denomina “forma natural o normal de terminación del proceso, donde hay pronunciamiento sobre el fondo del asunto y reconocimiento de los hechos que han vulnerado los derechos fundamentales…”.

    En criterio de la mayoría, el artículo 51, de cita, regula los supuestos en los que la Sala ha tenido por comprobado el agravio; y, como consecuencia, surge la necesidad de una condenatoria en costas, daños y perjuicios. Sin embargo, a juicio del suscrito, de la interpretación sistemática de ambas normas, se concluye que, tanto en los casos en que este Tribunal Constitucional constate una lesión a algún derecho fundamental; y, por ende, declare con lugar el recurso, como en aquellos en los que la Administración, por decisión propia, restituya a la persona agraviada en el goce de sus derechos fundamentales, una vez que tenga conocimiento del amparo -supuesto contemplado en el artículo 52, referido-, por imperio de los artículos 50 y 51, de la ley citada, la consecuencia necesaria e ineludible es la condenatoria al infractor a la indemnización de los daños y perjuicios causados y del pago de las costas del recurso. Esta regla no es más que el reconocimiento, a la parte que ha sufrido una vulneración en sus derechos fundamentales, del derecho a una tutela judicial efectiva en torno a la reparación de las consecuencias dañosas derivadas de las actuaciones u omisiones de las autoridades infractoras; y, como medio disuasivo, a fin de que el Estado no incurra nuevamente en las acciones que dieron base a la estimatoria del recurso, tema regulado en el artículo 50, de la ley que rige esta jurisdicción. De modo, que ya sea que la Sala haya tenido por comprobado el agravio y haya entrado a conocer el fondo del asunto, o que la violación haya cesado por decisión de la propia autoridad recurrida, una vez que tuvo conocimiento de la tramitación del amparo, con restitución en el goce de los derechos fundamentales a favor del agraviado (artículo 52), siempre, en cualesquiera de esos supuestos, surge la imperiosa necesidad de una condenatoria en costas, daños y perjuicios al infractor, cuyo fundamento se encuentra en los principios de tutela de los derechos de las personas y en el de que la Administración debe hacerse responsable por los daños y perjuicios que ocasione con su actuar inconstitucional.

    Así, el hecho de que al momento de conocerse y resolverse con lugar el amparo, los efectos del acto impugnado ya hubieren cesado, en los términos de lo dispuesto en los artículos 50 y 52, de la ley de cita, no enerva la procedencia de la condenatoria en costas, daños y perjuicios, pues tal caso forma parte integral del sistema general de condenatoria necesaria en esos extremos, que contiene la Ley de la Jurisdicción Constitucional.

    Por otra parte, es claro que el artículo 52, mencionado, se aplica únicamente en los casos en que la Sala, aun cuando no ha conocido, ni se ha pronunciado sobre el fondo del reclamo, ha constatado la vulneración que en sus derechos fundamentales ha sufrido la parte amparada, en virtud de la restitución, que, en el goce de esos derechos, ha acordado a su favor la Administración; situación que, tal y como la afirma la mayoría de la Sala, implica una“terminación anormal del proceso”.

    El legislador estableció y delimitó, de forma precisa, las condiciones en las cuales esta Sala puede decretar esa forma de conclusión anormal del proceso de amparo, así como sus alcances, a saber: 1) que el amparo esté en curso, es decir, que la Administración haya sido debidamente notificada de la resolución que dio curso al amparo; y, 2) que exista una resolución administrativa o judicial que disponga, de forma indubitable, la revocación, detención o suspensión de la actuación impugnada violatoria de derechos fundamentales. Ciertamente, la norma en cuestión contempla una excepción al sistema general de condenatoria en costas, daños y perjuicios, no obstante la estimatoria del recurso, al disponer que, en los casos allí regulados, se declarará con lugar el recurso “únicamente para efectos de indemnización y de costas, si fueren procedentes”. Como excepción que es, debe ser interpretada restrictivamente; es decir, que solo procede en los supuestos estrictamente contemplados en la norma, no solo por la regla de que las excepciones en derecho deben interpretarse de forma restrictiva, sino también porque las consecuencias de aplicar tal excepción implican, sin lugar a dudas, un menoscabo en el derecho fundamental de las personas a obtener una efectiva tutela judicial frente a los daños y perjuicios sufridos con la lesión a sus derechos constitucionales.

    En mi criterio, tal excepción se debe interpretar en el sentido de que, de conformidad con el sistema general de condenatoria automática en costas, daños y perjuicios ante una violación a derechos fundamentales, esa condenatoria es siempre procedente, aún en el caso de que la parte recurrida dicte una resolución, administrativa o judicial, que revoque, detenga o suspenda la actuación impugnada, a menos que conste de manera indubitable y clara que en el caso concreto no se causó perjuicio alguno capaz de ser indemnizado. Solo y únicamente en tales supuestos podría eximirse a la Administración recurrida del pago de dichos extremos. Como en este caso, no existe elemento alguno que desvirtúe la presunción del surgimiento, para la parte amparada, de daños y perjuicios económicos derivados de las actuaciones impugnadas -cuya determinación concreta no le corresponde a esta jurisdicción-, la estimatoria de este recurso debe implicar, necesariamente, la condenatoria en costas, daños y perjuicios, y así lo declaro.

    VII.- DOCUMENTACIÓN APORTADA AL EXPEDIENTE: Se previene a las partes que de haber aportado algún documento en papel, así como objetos o pruebas contenidas en algún dispositivo adicional de carácter electrónico, informático, magnético, óptico, telemático o producido por nuevas tecnologías, éstos deberán ser retirados del despacho en un plazo máximo de 30 días hábiles contados a partir de la notificación de esta sentencia. De lo contrario, será destruido todo aquel material que no sea retirado dentro de este plazo, según lo dispuesto en el "Reglamento sobre Expediente Electrónico ante el Poder Judicial", aprobado por la Corte Plena en sesión N° 27-11 del 22 de agosto del 2011, artículo XXVI y publicado en el Boletín Judicial número 19 del 26 de enero del 2012, así como en el acuerdo aprobado por el Consejo Superior del Poder Judicial, en la sesión N° 43-12 celebrada el 3 de mayo del 2012, artículo LXXXI.

    Por tanto:

    De conformidad con lo dispuesto en el artículo 52 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional, se declara con lugar el recurso, sin especial condenatoria en costas, daños y perjuicios. La Magistrada Hernández López salva parcialmente el voto y dispone la condenatoria en daños, perjuicios y costas de conformidad con los artículos 50 y 51 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional. El Magistrado Salazar Alvarado salva parcialmente el voto y ordena también la condenatoria en daños, perjuicios y costas a la parte recurrida, de conformidad con lo dispuesto en los artículos 50, 51 y 52, de la Ley de la Jurisdicción Constitucional.

    Fernando Castillo V.

    Paul Rueda L.

    Nancy Hernández L.

    Luis Fdo. Salazar A.

    Jorge Araya G.

    Marta Eugenia Esquivel R.

    Mauricio Chacón J.

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