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Res. 36953-2024 Sala Constitucional · Sala Constitucional · 11/12/2024
OutcomeResultado
The Chamber flatly dismissed the unconstitutionality action for lack of standing, as no diffuse or collective interest was established, and no prior case existed.La Sala rechazó de plano la acción de inconstitucionalidad por falta de legitimación del accionante, al no configurarse un interés difuso ni colectivo, y no existir asunto previo.
SummaryResumen
The Constitutional Chamber flatly rejected an unconstitutionality action brought by a citizen against Article 2(13) of the Regulation to the Real Estate Tax Law, which defines 'place destined for worship'. The plaintiff argued the definition unjustifiably restricted the tax exemption to liturgical activities alone, excluding related uses such as religious education and pastoral work, thereby violating equality and religious freedom. He claimed to be acting in defense of diffuse and collective interests. The Chamber found the challenged norm was of direct individual application to clearly identifiable religious organizations, and thus did not constitute a diffuse interest. Neither did the plaintiff prove representation of a collective entity. Consequently, he lacked standing to bring the action without a prior pending case. The action was therefore summarily dismissed as inadmissible, with a dissenting vote from a magistrate who deemed the rejection premature and would have ordered a preliminary warning.La Sala Constitucional rechazó de plano una acción de inconstitucionalidad presentada por un ciudadano contra el artículo 2, inciso 13, del Reglamento a la Ley de Impuesto sobre Bienes Inmuebles, que define 'lugar destinado a culto'. El accionante alegaba que dicha definición restringía injustificadamente la exoneración tributaria solo a actividades litúrgicas, excluyendo usos conexos como educación religiosa y labores pastorales, y que ello vulneraba la igualdad y libertad de culto. Argumentó actuar en defensa de intereses difusos y colectivos. La Sala determinó que la norma impugnada era de aplicación individual directa sobre organizaciones religiosas plenamente identificables, por lo que no configuraba un interés difuso. Tampoco acreditó el accionante representación de un ente colectivo. En consecuencia, carecía de legitimación para plantear la acción sin un asunto previo. Se rechazó de plano la acción por inadmisible, con voto salvado de un magistrado que consideró prematuro el rechazo y ordenaba prevención.
Key excerptExtracto clave
Based on the foregoing considerations, this Court notes that Article 2(13) of the Regulation to the Real Estate Tax Law, here challenged, provides as follows: “ARTICLE 2.- Definitions. For all purposes, when the Law or this Regulation uses the following terms, they shall be understood as indicated below: (...) 13) Place destined for worship: It is the land and/or building where a group of people meet or gather to render worship to what they consider divine or sacred, in a continuous, permanent and known manner, through songs, adorations, supplications, offerings and gifts...”. From the above, it is evident that this provision is susceptible to individual application and directly affects the legal sphere of clearly identifiable persons, namely, in this case, those religious organizations or individuals who destine certain real estate to worship, and who seek a tax exemption on religious grounds. The plaintiff himself acknowledges that, by not being exempt, those tax burdens "are already being applied by various municipalities, as evidenced by multiple administrative resolutions," so those actions can be challenged and may generate an administrative claim that, during the exhaustion of administrative remedies or judicial proceedings, gives rise to a prior case. Furthermore, this is not a case of a diffuse interest, diluted in society, because in this case it is possible to clearly identify the religious groups advocating for this exemption, and these are precisely those who, for the reasons argued by the plaintiff, would not be composed of those who profess the Catholic religion, nor even of those who profess no worship or religion whatsoever. Consequently, in accordance with the above-cited jurisprudential precedents, this Chamber finds that the plaintiff lacks direct standing to bring this action in defense of diffuse interests.Con base en las anteriores consideraciones, observa este Tribunal que el artículo 2 inciso 13 del Reglamento a la Ley del Impuesto sobre Bienes Inmuebles, aquí impugnado, dispone lo siguiente: “ARTÍCULO 2.- De las definiciones. Para todos los efectos, cuando la Ley o este Reglamento utilicen los siguientes términos, deben entenderse como a continuación se indica: (…) 13) Lugar destinado a culto: Es el terreno y/o edificación en donde se reúne o congrega el grupo de personas para rendir culto a lo que considere divino o sagrado, en forma continua, permanente y conocida, mediante cantos, adoraciones, súplicas, ofrendas y dones…”. A partir de lo anterior, es evidente que esa disposición es susceptible de aplicación individual y de incidir directamente en la esfera jurídica de personas plenamente identificables, sea, en este caso, aquellas organizaciones religiosas o particulares que destinan determinados bienes inmuebles al culto, y que pretendan una exoneración tributaria por motivos religiosos. El propio accionante reconoce que, al no ser exonerados, esas cargas tributarias “ya están siendo aplicadas por diversas municipalidades, como consta en múltiples resoluciones administrativas”, de modo que esas actuaciones pueden ser impugnadas y generar un reclamo administrativo que, en fase de agotamiento de la vía administrativa o en vía judicial, genere un asunto base. De otro lado, no estamos ante el supuesto de un interés difuso, que se encuentre diluido en la sociedad, porque en este caso es posible identificar claramente los grupos religiosos que aboguen por esta exoneración, y que son precisamente aquellos que, por las razones esgrimidas por el accionante, no estarían constituidos por aquellas personas que profesan la religión católica, e incluso por aquellos que no profesan culto o religión alguna. En consecuencia, conforme a los antecedentes jurisprudenciales precitados, esta Sala estima que el accionante carece de legitimación directa para plantear esta acción en defensa de intereses difusos.
Pull quotesCitas destacadas
"El interés difuso no puede ser tan amplio y genérico que se confunda con el derecho a velar por la legalidad constitucional (lo que supondría la instauración tácita de acción popular no contemplada por la Ley de la Jurisdicción Constitucional); pero tampoco puede ser tan concreto que permita el reclamo individual, pues, en tal caso, la legitimación derivaría de ese reclamo."
"The diffuse interest cannot be so broad and generic that it is confused with the right to safeguard constitutional legality (which would entail the tacit introduction of a popular action not provided for in the Constitutional Jurisdiction Law); but neither can it be so concrete that it allows an individual claim, because in that case, standing would derive from that claim."
Considerando II
"El interés difuso no puede ser tan amplio y genérico que se confunda con el derecho a velar por la legalidad constitucional (lo que supondría la instauración tácita de acción popular no contemplada por la Ley de la Jurisdicción Constitucional); pero tampoco puede ser tan concreto que permita el reclamo individual, pues, en tal caso, la legitimación derivaría de ese reclamo."
Considerando II
"Es evidente que esa disposición es susceptible de aplicación individual y de incidir directamente en la esfera jurídica de personas plenamente identificables, sea, en este caso, aquellas organizaciones religiosas o particulares que destinan determinados bienes inmuebles al culto, y que pretendan una exoneración tributaria por motivos religiosos."
"It is evident that this provision is susceptible to individual application and directly affects the legal sphere of clearly identifiable persons, namely, in this case, those religious organizations or individuals who destine certain real estate to worship, and who seek a tax exemption on religious grounds."
Considerando II
"Es evidente que esa disposición es susceptible de aplicación individual y de incidir directamente en la esfera jurídica de personas plenamente identificables, sea, en este caso, aquellas organizaciones religiosas o particulares que destinan determinados bienes inmuebles al culto, y que pretendan una exoneración tributaria por motivos religiosos."
Considerando II
"Tanto la interpretación de los artículos 78 y 79 como la del propio 80 de la Ley que rige esta jurisdicción, debe ser amplia en beneficio de quienes acuden a esta Sala, de modo que el acceso a la justicia constitucional no resulte innecesariamente limitado."
"The interpretation of Articles 78, 79 and 80 of the Law governing this jurisdiction must be broad for the benefit of those who resort to this Chamber, so that access to constitutional justice is not unnecessarily limited."
Voto salvado del magistrado Rueda Leal
"Tanto la interpretación de los artículos 78 y 79 como la del propio 80 de la Ley que rige esta jurisdicción, debe ser amplia en beneficio de quienes acuden a esta Sala, de modo que el acceso a la justicia constitucional no resulte innecesariamente limitado."
Voto salvado del magistrado Rueda Leal
Full documentDocumento completo
**File:** 24-033458-0007-CO **Ruling:** 036953-24 of December 11, 2024 **Type of matter:** Unconstitutionality action **Challenged norm:** Regulation to the Law on Real Estate Taxes, article 2, subsection 13, regarding the Regulation to the Law on Real Estate Taxes.
**Dispositive part:** The action is flatly rejected. Magistrate Cruz Castro records a note. Magistrate Rueda Leal issues a dissenting vote and orders the notice provided for in Article 80 of the Law of Constitutional Jurisdiction to be made.
...
**Related Rulings** **Content of Interest:** **Type of content:** Majority vote **Branch of Law:** 6. LAW OF CONSTITUTIONAL JURISDICTION ANNOTATED WITH JURISPRUDENCE **Topic:** 075- Prior matter pending resolution in judicial or administrative channels **Subtopics:** NOT APPLICABLE.
**ARTICLE 75 OF THE LAW OF CONSTITUTIONAL JURISDICTION** "(…) I.- Regarding the formal admissibility requirements of the action. The unconstitutionality action is a process with specific formalities, which must be satisfied so that the Chamber can validly hear the merits of the challenge. In this regard, Article 75 of the Law of Constitutional Jurisdiction establishes the admissibility requirements for an unconstitutionality action. First, it requires the existence of a prior matter pending resolution, either in judicial channels or in the procedure to exhaust the administrative channel, in which the unconstitutionality has been invoked as a reasonable means to protect the right or interest considered injured. In the second and third paragraphs, the law exceptionally establishes requirements where the prior matter is not required, when by the nature of the matter, there is no individual and direct injury, or it concerns the defense of diffuse or collective interests, or when it is directly filed by the Comptroller General of the Republic, the Attorney General of the Republic, the Prosecutor General of the Republic, and the Ombudsperson.
II.- Regarding the non-compliance with the admissibility requirements in this unconstitutionality action. In the sub examine, the plaintiff justified their standing basically on all the assumptions of direct standing in the second paragraph of Article 75 of the Law of Constitutional Jurisdiction, concluding the following: 'the prior case pending resolution will not be necessary when by the nature of the matter there is no individual and direct injury, or it concerns the defense of diffuse interests, or those that concern the community as a whole.' They stated that, based on Articles 73 and 75 of the Law of Constitutional Jurisdiction, any affected citizen or group in Costa Rica by a general norm that infringes fundamental rights may file an unconstitutionality action. Furthermore, they indicate that these allow acting in defense of diffuse or collective interests as in the norm in question, 'when the nature of the case so requires, as in this matter where Article 2, subsection 13 of the Regulation to the Law on Real Estate Taxes affects fundamental rights guaranteed by the Political Constitution.' They emphasize that the challenged article introduces restrictions that limit the scope of the tax exemption for real estate intended for religious activities, indirectly affecting not only specific religious organizations but also the community, by restricting their right of access to spaces and infrastructure that form an integral part of their religious practice. They argue that this affectation to the community justifies any citizen acting in defense of these fundamental rights, since the Regulation to the Law on Real Estate Taxes, particularly in its Article 2, subsection 13, limits the concept of 'culto' (worship), which generates two types of affectations detailed below: a. Direct violation of religious organizations that must assume additional unjustified tax burdens, due to the restrictive interpretation of the concept of worship. b. Indirect violation of citizens who benefit from the infrastructure and related services offered by these organizations. This double affectation, in their opinion, reinforces the standing of any Costa Rican citizen to file this action in defense of the general interest. They indicate that the regulatory definition unjustifiably restricts the tax exemption only to properties used exclusively for liturgical acts, excluding essential related activities such as religious education and pastoral work. This limitation, in their opinion, causes an additional tax burden for religious organizations, violating their right to equal treatment and indirectly affecting citizens who benefit from these services. They affirm, literally, the following: 'In the present case, the regulatory norm directly affects religious organizations by imposing additional tax burdens on properties that fulfill essential functions for religious practice. These burdens are already being applied by various municipalities, as recorded in multiple administrative resolutions. The affectation is not hypothetical, but real and current, since the citizens who form part of these communities see their access to religious and related services limited, due to this restrictive interpretation that could lead to the closure of facilities where they provide other types of social assistance, such as marriage courses, psychological counseling, Christmas activities for families at social risk, etc. It is therefore clear that there is a real and tangible affectation in the collection of these charges. This makes it clear that an ordinary citizen is directly affected because the regulation introduces unequal treatment in the tax exemption of religious properties. This translates into a reduction of resources available for community benefit activities, such as education and social assistance, which many religious organizations provide to the community. This additional economic burden impacts all beneficiaries of these services, demonstrating that the impact exceeds those directly involved and reaches society in general.' Given the plaintiff's arguments, it is pertinent to cite what this Tribunal has indicated regarding this type of direct standing invoked by the plaintiff:
'(…) II.- Regarding diffuse interests and the standing of the plaintiffs in the case under study. The plaintiffs state that their standing comes from the defense of diffuse interests regarding the protection of the right to a healthy and ecologically balanced environment. In this regard, it should be noted that, as already mentioned, the assumptions of the second paragraph of Article 75 of the Law of Constitutional Jurisdiction constitute exceptions to the rule contained in the first paragraph of the same article, which must be carefully analyzed in each specific case. A diffuse interest has been understood as that interest related to a right or legal situation of a special and particular nature, which may be shared by other persons, with all the interested parties forming a specific group or category. Thus, the violation of that right can affect everyone in general or each one in particular, hence any member of the community can file the action to protect the right considered injured. In this regard, the reiterated jurisprudence of the Chamber indicates that:
"It has been indicated that it is a special type of interest, whose manifestation is less concrete and individualizable than that of the collective interest just defined in the preceding recital, but which cannot be so broad and generic that it is confused with the right recognized to all members of society to ensure constitutional legality, since the latter - as has been repeatedly stated - is excluded from the current constitutional review system. It is therefore an interest distributed among each of the administered, mediate if one wishes, and diluted, but no less verifiable for this reason, for the defense, in this Chamber, of certain constitutional rights of singular relevance for the adequate and harmonious development of society. It is the special characteristics of these rights themselves, and not the particular situation of the subjects who may hold them, that is the key to distinguishing and determining the presence of so-called diffuse interests, as stated in various resolutions such as 03705-93 at fifteen hours on July thirtieth for the right to the environment, number 05753-93 at fourteen hours forty-five on November ninth of that same year for the defense of the historical heritage, and number 00980-91 at thirteen thirty on May twenty-fourth, nineteen ninety-one for electoral matters." –see ruling number 360-90- From this definition, it is possible to consider that the diffuse interest consists of an eminently subjective element, relating to its belonging or ownership of the interest, and another objective element, related to the incidence of the good on society, which distinguishes it from other legal situations. In relation to the former - the subjective - it is clear that it is diffused within a non-individualized human group, which co-participates in the enjoyment of the legal good object of the interest, but whose conformation does not result from an identifiable, encompassable set of subjects with relatively clear contours, as does occur in the collective interest. And from the objective perspective, it must be clarified that not every 'diffused' interest acquires the legal category of 'diffuse interest', but only those imbued with a profound social relevance, whose assessment results from the circumstances of each case –see, among others, rulings numbers 2006-15960 and 2014-4904-. In this sense, just as it has been said that this interest cannot be so broad and generic that it is confused with the right to ensure constitutional legality - which would entail the tacit establishment of a popular action not contemplated by the Law of Constitutional Jurisdiction - neither can it be so concrete that it allows an individual claim, because in such a case, standing would derive from that claim –see, among others, rulings numbers 2008-13442, 2009-300 and 2009-9201-. Thus, examples of such interests are the right to a healthy and harmonious environment, the defense of the historical heritage, electoral matters, the defense of the right to health, and the oversight of public funds. Therefore, in the case under study, where the plaintiffs refer their standing regarding the defense of diffuse interests in matters of protection of a healthy and ecologically balanced environment, what corresponds is to rule as indicated in the following recitals.
(…)
In the action now heard, the same plaintiffs challenge the same norms of Articles 50 and 51 of the Regulation in question, as well as Article 52 of the same instrument, and although, beyond the sustainability of breeding farms (zoocriaderos), this action focuses on ex situ conservation and environmental education issues - which were also pointed out in that action - the truth is that the same definition by this Chamber regarding standing, as provided in the cited ruling, is fully applicable in this new action. Note that, certainly, as the Attorney General's Office clearly points out and the Minister of Environment and Energy emphatically states, the questioned norm is totally susceptible to individual application and to directly influencing the legal sphere of singular and identifiable persons, who exercise a specific activity, subject to the regulation indicated in the Wildlife Conservation Law and its regulation. Thus, it is clear that contrary to the alleged defense of diffuse interests, what is at stake is some degree of disagreement with the subjection to which they must submit for the regulation of the activity they exercise or intend to exercise; note that as the report of the Minister of Environment and Energy well states, the plaintiffs are directly related as founders, managers, or employees of various companies related to the exhibition of wild fauna or its tourist promotion. Thus, it is unfeasible to allege presumed conservation and environmental education problems, to use the figure of diffuse interests and thereby promote a direct unconstitutionality action bypassing the strict admissibility requirements indicated in the Law of Constitutional Jurisdiction, as indicated in recitals II and III of this resolution.
Under this understanding, and taking into consideration the identity of the plaintiffs and the challenged norm, it is clear that the precedent of ruling 2018-18563 is fully applicable to this action now heard, from which it must necessarily be concluded that, as on that previous occasion, the plaintiffs lack standing to file this process, making it inadmissible to hear and rule on the aspects raised. Therefore, the appropriate action is to dismiss this action" (the underlining does not belong to the original text). (Ruling No. 2021-002185 at 12:51 p.m. on February 3, 2021) In a similar vein, in ruling No. 2021-011994 at 4:30 p.m. on May 26, 2021, this Chamber ordered that:
"(…) It is reiterated that a diffuse interest cannot be so broad and generic that it is confused with the right to ensure constitutional legality (which would entail the tacit establishment of a popular action not contemplated by the Law of Constitutional Jurisdiction); but neither can it be so concrete that it allows an individual claim, because, in such a case, standing would derive from that claim (…)".
Based on the foregoing considerations, this Tribunal observes that Article 2, subsection 13 of the Regulation to the Law on Real Estate Taxes, challenged here, provides the following:
"ARTICLE 2.- Definitions. For all purposes, when the Law or this Regulation uses the following terms, they must be understood as indicated below:
(…)
From the foregoing, it is evident that this provision is susceptible to individual application and to directly influencing the legal sphere of fully identifiable persons, that is, in this case, those religious organizations or individuals who allocate specific real estate to worship, and who seek a tax exemption for religious reasons. The plaintiff himself acknowledges that, by not being exempted, these tax burdens "are already being applied by various municipalities, as recorded in multiple administrative resolutions," so that these actions can be challenged and generate an administrative claim that, in the phase of exhausting the administrative channel or in the judicial channel, generates a base case. On the other hand, we are not facing the assumption of a diffuse interest, that is diluted in society, because in this case it is possible to clearly identify the religious groups that advocate for this exemption, and which are precisely those that, for the reasons argued by the plaintiff, would not consist of those persons who profess the Catholic religion, and even those who do not profess any worship or religion. Consequently, in accordance with the aforementioned jurisprudential precedents, this Chamber considers that the plaintiff lacks direct standing to file this action in defense of diffuse interests.
Now, regarding the defense of collective interests, this Chamber has stated the following:
"(…) III.- Regarding corporate interests. As a second ground for standing, the plaintiff alleges the defense of collective interests, a situation contemplated in the second paragraph of Article 75 of the Law of Constitutional Jurisdiction. The norm provides: "…[T]he prior case pending resolution will not be necessary when by the nature of the matter there is no individual and direct injury, or it concerns the defense of diffuse interests, or those that concern the community as a whole…". In this regard, it is pertinent to note that the Chamber has specified that through the expression 'interests that concern the community as a whole,' the legislator intended to refer to the standing held by a corporate entity, when acting through its representatives in defense of the rights and interests of the persons who form its associative base, and provided that it involves challenging norms or provisions that affect that core of rights or interests that constitutes the reason for being and the unifying factor of the group. As of ruling 2006-9170 at sixteen hours thirty-six minutes on June twenty-eighth, two thousand six, this Tribunal resumed a previous criterion, according to which corporate entities are authorized to directly request the declaration of unconstitutionality of a norm, when it directly affects the sphere of action of the entity and its members, without it being relevant that the norm is susceptible to directly affecting the rights of the members. In this case, however, this thesis is not applicable, because the plaintiff does not come in representation of an organization that, by its nature or purposes, or whose members, may be affected by the questioned Agreement. On the other hand, the plaintiff cannot unilaterally assume de facto representation of any person or professional organization." (Vote No. 2014-020446 at 09:30 a.m. on December 17, 2014).
Based on the aforementioned criterion, the plaintiff is also not legitimized to file this action in defense of the collective interests of certain religious organizations or a specific group of persons who form part of an association, given that the actor does not appear in representation of any formally organized and identified community, for which they hold legal representation, and is therefore unable to act in defense of corporate interests. For the reasons stated, the plaintiff lacks standing in the assumptions invoked in this process. Hence, the action is inadmissible and its flat rejection is appropriate. (…)" The impact is not hypothetical, but real and current, since the citizens who form part of these communities see their access to religious and related services limited, due to this restrictive interpretation that could lead to the closure of facilities in which they provide other types of social assistance, such as marriage courses, psychological counseling, Christmas activities for families at social risk, etc. It warns that there is a real and tangible impact in the collection of these charges, which, in its opinion, makes it clear that an ordinary citizen is directly affected because the regulation introduces unequal treatment in the tax exemption of religious properties. This translates into a reduction of resources available for community benefit activities, such as education and social assistance, which many religious organizations provide to the community. This additional economic burden affects all beneficiaries of said services, demonstrating that the impact exceeds those directly involved and reaches society in general. It concludes its argument regarding standing, indicating that the prior pending case will not be necessary when, by the nature of the matter, there is no individual and direct injury, or it involves the defense of diffuse interests, or those that concern the community as a whole. To contextualize the alleged unconstitutionality, it refers that Article 4, subsection g) of Law 7509 establishes differentiated treatment between the properties of the Catholic Church and those of other religious denominations, unjustifiably favoring the former. While the properties of the Catholic Church, including those destined for administrative activities, enjoy tax exemption, the properties of other denominations are only exempt if they are exclusively dedicated to worship. What this concludes is that the article and the subsection of the aforementioned regulation violate the principle of equality enshrined in Articles 33 and 75 of the Political Constitution, which guarantee equal treatment among religions and freedom of worship. Furthermore, international norms such as Article 18 of the International Covenant on Civil and Political Rights and Article 12 of the American Convention on Human Rights, which prohibit any form of religious discrimination, are contravened. It cites an excerpt from judgment no. 00133 - 2022 of 08:35 hours on March 30, 2022, of the Administrative Appeals Tribunal. It argues that in this specific situation, the interpretation given to the word worship is literal to the definitions previously given, which were causing economic harm to a group of citizens, since the payment of the tax in question is applied in an inaccurate manner because it does not clearly define to the public administration what may be exempt from the tax or not, practically leaving the application of the tax on real estate to the discretion of the institution. In this specific case, it points out that it can be noticed that applying this tax in the way it is applied in some situations can become discriminatory, a situation that finds its prohibition in constitutional Article 33. This also leads it to mention judgment 1994-633 on tax equality. It warns that the change in criteria of the Administrative Appeals Tribunal is clearly noticeable in this resolution, where it agrees with the appellant that the interpretation that the respondent was giving to Article 2, subsection 13) of the Regulations on the Real Estate Tax Law was erroneous and that it was applying an illegal tax to the respondent, which at the same time is discriminatory, since other groups of equals were exempted from tax on their properties one hundred percent, regardless of whether said properties were used entirely for worship or not. It considers the principle of legal reserve in tax matters (Article 121, subsection 13 of the Political Constitution) to be violated. It indicates that the principle of legal reserve provides that only the Legislative Assembly has competence to regulate the essential elements of taxes, such as the taxable person, the tax base, the taxable event, and exemptions. The restrictive interpretation of the regulation introduces unequal treatment among different religious organizations, by conditioning the exemption only to properties dedicated exclusively to liturgical activities, without considering that related activities (such as religious education, spiritual formation, or pastoral work) are an integral part of the exercise of worship. This generates unjustified discrimination and breaks the principle of equality under equivalent conditions. It also refers to an impact on freedom of worship (Article 75 of the Political Constitution). The restrictive definition of the concept of "worship" limits the full exercise of this fundamental right, by excluding properties that, although not used exclusively for liturgical acts, are essential for the religious life of the communities. It considers that legal uncertainty and administrative discretion (Article 18 of the Political Constitution) exist. The ambiguity and restrictiveness of the regulation generates legal uncertainty, allowing municipalities to apply subjective or disparate criteria when determining which properties qualify as places of worship. This jeopardizes the uniform compliance with the regulations, since Article 18 of the Political Constitution establishes that Costa Ricans must contribute to public expenses, something that must be equitable for all. As a central argument, it indicates that Article 2, subsection 13, of the Regulation introduces a distinction that is not contemplated in the law, violating the principle *ubi lex non distinguit nec nos distinguere debemus*. The law does not differentiate between specific areas within properties destined for worship, nor does it exclude related uses such as offices or religious formation spaces. Therefore, the regulation cannot impose restrictions that the legislator did not foresee, as this exceeds its regulatory power and generates unequal and arbitrary treatment. The spirit of the legislator is clear in protecting properties destined for worship, including their essential related functions. Any restrictive interpretation affects the uniform application of the norm and undermines fundamental rights guaranteed by the Constitution. 2.- Article 9 of the Law of Constitutional Jurisdiction empowers the Chamber to reject outright or on the merits, at any time, even from its filing, any motion submitted for its consideration that proves to be manifestly improper, or when it considers that there are sufficient elements of judgment to reject it, or that it involves the simple reiteration or reproduction of a prior, identical or similar, rejected motion.
Justice Castillo Víquez writes; and,
Considering:
I.- Regarding the formal prerequisites for admissibility of the action. The action of unconstitutionality is a process with certain formalities, which must be satisfied in order for the Chamber to be able to validly hear the merits of the challenge. In that sense, Article 75 of the Law of Constitutional Jurisdiction establishes the prerequisites for the admissibility of the action of unconstitutionality. In the first place, the existence of a prior matter pending resolution is required, whether in judicial proceedings, or in the procedure to exhaust the administrative remedy, in which the unconstitutionality has been invoked as a reasonable means to protect the right or interest that is considered injured. In the second and third paragraphs, the law establishes, on an exceptional basis, prerequisites under which the prior matter is not required, when, by the nature of the matter, there is no individual and direct injury, or it involves the defense of diffuse or collective interests, or when it is filed directly by the Comptroller General of the Republic, the Attorney General of the Republic, the Prosecutor General of the Republic, and the Ombudsman.
II.- Regarding the failure to comply with the admissibility requirements in this action of unconstitutionality. In the case under examination, the plaintiff justified its standing basically on all the cases of direct standing in the second paragraph of Article 75 of the Law of Constitutional Jurisdiction, upon concluding the following: “the prior pending case will not be necessary when, by the nature of the matter, there is no individual and direct injury, or it involves the defense of diffuse interests, or those that concern the community as a whole.” It referred that, based on Articles 73 and 75 of the Law of Constitutional Jurisdiction, any affected citizen or collective in Costa Rica, by a norm of a general nature that infringes fundamental rights, may file an action of unconstitutionality. In addition, it points out that they allow acting in defense of diffuse or collective interests, as in the norm in question, “when the nature of the case so requires, as in this matter where Article 2, subsection 13 of the Regulation to the Real Estate Tax Law affects fundamental rights guaranteed by the Political Constitution.” It highlights that the challenged article introduces restrictions that limit the scope of the tax exemption for real estate destined for religious activities, indirectly affecting not only specific religious organizations, but also the community, by restricting their right of access to spaces and infrastructure that form an integral part of their religious practice. It argues that this impact on the community justifies any citizen acting in defense of these fundamental rights, since the Regulation to the Real Estate Tax Law, particularly in its Article 2, subsection 13, limits the concept of "worship," which generates two types of impacts detailed below: a. Direct violation to religious organizations that must assume additional unjustified tax burdens, due to the restrictive interpretation of the concept of worship. b. Indirect violation to citizens who benefit from the infrastructure and related services offered by said organizations. This double impact, in its opinion, reinforces the standing of any Costa Rican citizen to file this action in defense of the general interest. It indicates that the regulatory definition unjustifiably restricts the tax exemption solely to properties used exclusively for liturgical acts, excluding essential related activities such as religious education and pastoral work. Said limitation, in its opinion, causes an additional tax burden for religious organizations, violating their right to equal treatment and indirectly affecting the citizens who benefit from these services. It literally affirms the following: “In the present case, the regulatory provision directly affects religious organizations by imposing additional tax burdens on properties that fulfill essential functions for religious practice. These charges are already being applied by various municipalities, as recorded in multiple administrative resolutions. The impact is not hypothetical, but real and current, since the citizens who form part of these communities see their access to religious and related services limited, due to this restrictive interpretation that could lead to the closure of facilities in which they provide other types of social assistance, such as marriage courses, psychological counseling, Christmas activities for families at social risk, etc. It is clear, then, that there is a real and tangible impact in the collection of these charges. This makes it clear that an ordinary citizen is directly affected because the regulation introduces unequal treatment in the tax exemption of religious properties. This translates into a reduction of resources available for community benefit activities, such as education and social assistance, which many religious organizations provide to the community. This additional economic burden affects all beneficiaries of said services, demonstrating that the impact exceeds those directly involved and reaches society in general.” Having seen the arguments of the plaintiff, it is pertinent to cite what this Tribunal has indicated in relation to this type of direct standing invoked by the plaintiff:
“(…) II.- Regarding diffuse interests and the standing of the plaintiffs in the case under study. The plaintiffs state that their standing comes from the defense of diffuse interests regarding the protection of the right to a healthy and ecologically balanced environment. In this regard, it is worth noting that, as already mentioned, the cases in the second paragraph of Article 75 of the Law of Constitutional Jurisdiction constitute exceptions to the rule contained in the first paragraph of the same article, which must be carefully analyzed in each specific case. Diffuse interest has been understood as that interest related to a right or legal situation of a special and particular nature, which can be shared by other persons, all the interested parties forming a specific group or category. Thus, the violation of that right can affect everyone in general or each one in particular, hence any member of the community can file the action to protect the right deemed injured. On this matter, the reiterated case law of the Chamber indicates that:
\"It has been pointed out that it is a special type of interest, whose manifestation is less concrete and individualizable than the collective one just defined in the preceding considering, but which cannot become so broad and generic that it is confused with the right recognized to all members of society to watch over constitutional legality, since this latter right -as has been repeatedly stated- is excluded from the current system of constitutional review. It is therefore an interest distributed in each of the administered parties, mediate if you will, and diluted, but no less verifiable for that reason, for the defense, in this Chamber, of certain constitutional rights of singular relevance for the adequate and harmonious development of society. It is the special characteristics of these rights in themselves, and not the particular situation before them of the subjects who may hold them, the key to distinguishing and determining the presence of so-called diffuse interests, as has been stated in different resolutions such as 03705-93 at three o'clock in the afternoon of July thirtieth for the right to the environment, number 05753-93 at two forty-five in the afternoon of November ninth of that same year for the defense of historical heritage, and number 00980-91 at one thirty in the afternoon of May twenty-fourth, nineteen ninety-one for electoral matters.\" –see judgment number 360-90- From this definition, it is possible to estimate that the diffuse interest is composed of an eminently subjective element, relating to its ownership or entitlement to the interest, and an objective one, related to the incidence of the good on society, which distinguishes it from other legal situations. In relation to the first - the subjective - it is clear that it is diffused among a non-individualized human group, which co-participates in the enjoyment of the legal good object of the interest, but whose composition does not result from an identifiable, encompassable set of subjects with relatively clear contours, as does occur with the collective interest. And from the objective perspective, it must be clarified that not every \"diffused\" interest acquires the legal category of \"diffuse interest,\" but only those imbued with profound social relevance, whose assessment results from the circumstances of each case –see, among others, judgments numbers 2006-15960 and 2014-4904-. In this sense, just as it has been said that this interest cannot be so broad and generic that it is confused with the right to watch over constitutional legality - which would imply the tacit establishment of a popular action not contemplated by the Law of Constitutional Jurisdiction -, neither can it be so concrete that it allows individual claim, since in such a case, standing would derive from that claim –see, among others, judgments numbers 2008-13442, 2009-300 and 2009-9201-. Thus, examples of such interests are the right to a healthy and harmonious environment, the defense of historical heritage, electoral matters, the defense of the right to health, and the oversight of public funds. Therefore, in the case under study, where the plaintiffs refer their standing regarding the defense of diffuse interests in matters of protection of a healthy and ecologically balanced environment, what corresponds is to rule as indicated in the following considerings.
(…)
In the action now being heard, the same plaintiffs challenge the same norms of Articles 50 and 51 of the Regulation in question, as well as Article 52 of the same instrument, and although, beyond the sustainability of captive breeding facilities (zoocriaderos), in this action they focus on issues of ex situ conservation and environmental education - which was also pointed out in that previous action -, the fact is that this Chamber's own definition on standing, as provided in the cited judgment, is fully applicable to this new action. Note that, certainly, as the Attorney General's Office clearly points out and the Minister of Environment and Energy emphatically states, the regulatory provision questioned is indeed totally susceptible to individual application and to directly affecting the legal sphere of singular and identifiable persons, who carry out a specific activity, subject to the regulation established in the Wildlife Conservation Law and its regulation. Thus, it is clear that contrary to the alleged defense of diffuse interests, what is at stake is some degree of disagreement with the subjection to which they must submit for the regulation of the activity they carry out or intend to carry out; note that as the report of the Minister of Environment and Energy well states, the plaintiffs are directly related as founders, managers, or employees of various companies related to the exhibition of wildlife or its tourist promotion. Therefore, it is unfeasible to allege supposed conservation and environmental education problems, to use the figure of diffuse interests and thereby promote a direct action of unconstitutionality, bypassing the strict admissibility requirements set forth in the Law of Constitutional Jurisdiction, as indicated in considerings II and III of this resolution.
In light of this understanding, and taking into consideration the identity of the plaintiffs and the regulatory provision questioned, it is clear that the precedent of judgment 2018-18563 is fully applicable to this action now being heard, from which it must necessarily be concluded that, as on that prior occasion, the plaintiffs lack standing to file this process, and it is therefore improper to hear and rule on the aspects raised. Consequently, the appropriate action is to dismiss this action” (the underlining does not correspond to the original). (Judgment no. 2021-002185 of 12:51 hours on February 3, 2021) In a similar sense, in judgment no. 2021-011994 of 4:30 p.m. on May 26, 2021, this Chamber ordered that:
“(…) It is reiterated that the diffuse interest cannot be so broad and generic that it is confused with the right to watch over constitutional legality (which would imply the tacit establishment of a popular action not contemplated by the Law of Constitutional Jurisdiction); but neither can it be so concrete that it allows individual claim, since, in such a case, standing would derive from that claim (…)”.
Based on the foregoing considerations, this Tribunal observes that Article 2, subsection 13 of the Regulation to the Real Estate Tax Law, challenged herein, provides the following:
“ARTICLE 2.- Definitions. For all purposes, when the Law or this Regulation use the following terms, they shall be understood as indicated below:
(…)
From the foregoing, it is evident that this provision is susceptible to individual application and to directly affecting the legal sphere of fully identifiable persons, that is, in this case, those religious organizations or individuals who destine specific real estate to worship, and who seek a tax exemption for religious reasons. The plaintiff himself acknowledges that, by not being exempted, these tax burdens “are already being applied by various municipalities, as recorded in multiple administrative resolutions,” so that those actions can be challenged and generate an administrative claim that, in the phase of exhausting the administrative remedy or in judicial proceedings, generates a base matter. Furthermore, we are not in the case of a diffuse interest, which is diluted in society, because in this case it is possible to clearly identify the religious groups that advocate for this exemption, and that are precisely those that, for the reasons put forward by the plaintiff, would not be constituted by those persons who profess the Catholic religion, and even by those who profess no worship or religion whatsoever. Consequently, in accordance with the aforementioned case-law precedents, this Chamber considers that the plaintiff lacks direct standing to file this action in defense of diffuse interests.
Now, regarding the defense of collective interests, this Chamber has stated the following:
“(…) III.- Regarding corporate interests. As a second ground for standing, the plaintiff alleges the defense of collective interests, a situation contemplated in the second paragraph of Article 75 of the Law of Constitutional Jurisdiction. The norm provides: “…[It] will not be necessary to have a prior case pending resolution when by the nature of the matter there is no individual and direct injury, or it involves the defense of diffuse interests, or those that concern the community as a whole…”. In this regard, it is opportune to point out that the Chamber has specified that through the expression \"interests that concern the community as a whole\", the legislator intended to refer to the standing held by a corporate entity, when it acts through its representatives in defense of the rights and interests of the persons that make up its associative base, and provided that it involves the challenge of norms or provisions that affect that nucleus of rights or interests that constitutes the reason for being and the unifying factor of the group. As of judgment 2006-9170 at sixteen hours thirty-six minutes on June twenty-eighth, two thousand six, this Tribunal returned to a prior criterion, according to which corporate entities are authorized to directly request the declaration of unconstitutionality of a norm, when it directly affects the sphere of action of the entity and its members, without it being relevant that the norm may directly affect the rights of the members. In this case, however, this thesis does not apply, because the plaintiff does not appear on behalf of an organization that, by its nature or purposes, or whose associates, may be affected by the challenged Agreement. On the other hand, the plaintiff cannot unilaterally assume the de facto representation of any person or professional organization.” (Vote n° 2014-020446 of 09:30 hours on December 17, 2014).
Based on the aforementioned criterion, the plaintiff is also not legitimized to file this action in defense of the collective interests of specific religious organizations or of a determined group of persons who are part of a group, given that the actor does not appear on behalf of any formally organized and identified community, whose legal representation he holds, and is therefore unable to act in defense of corporate interests. By reason of the foregoing, the plaintiff lacks standing in the cases invoked in this process. Hence, the action is inadmissible and its summary rejection is appropriate.
III.- NOTE BY JUSTICE CRUZ CASTRO. In other cases, I have considered that the possibility of having a base matter does not necessarily exclude having standing for diffuse interests. However, this case is different because I consider that a tax exemption is not a matter of diffuse interest. In this regard, I agree with the majority that what is appropriate in this case is a summary rejection.
IV.- DISSENTING VOTE BY JUSTICE RUEDA LEAL. I depart from the criterion of the majority of this Tribunal and dissent in this matter, considering that the decision to reject this action of unconstitutionality is premature. It is unquestionable that the action of unconstitutionality is a process, “established for the purpose of guaranteeing the supremacy of the Political Constitution against norms or other provisions of a general nature and that for that same reason a set of formalities must be complied with, so that the Chamber can validly hear the merits of the challenge,” as has been indicated in this Chamber's extensive case law. However, it is precisely the law itself that orders the treatment that must be given to the different formalities and their eventual non-compliance, as extracted from the text of Article 80 of the Law of Constitutional Jurisdiction, which states:
“Article 80.- If the formalities referred to in the two previous articles are not fulfilled, the President of the Chamber shall indicate by resolution which are the omitted requirements and order them to be fulfilled within three days (…)” In this matter, among other requirements, an adequate and sufficient substantiation of standing is lacking, as required by Article 78 of the Law of Constitutional Jurisdiction, therefore the prevention to the plaintiff to remedy the detected omission is of unquestionable application. Likewise, it is not at all superfluous to state on the record that –in my opinion- the interpretation of Articles 78 and 79 as well as of Article 80 itself of the Law that governs this jurisdiction, must be broad in benefit of those who come to this Chamber, so that access to constitutional justice is not unnecessarily limited.
V.- Documentation provided to the case file. The parties are warned that, if they have provided any paper document, as well as objects or evidence contained in any additional electronic, computer, magnetic, optical, telematic device or device produced by new technologies, these must be withdrawn from the office within a maximum period of 30 business days counted from the notification of this judgment. Otherwise, all material not withdrawn within this period will be destroyed, pursuant to the provisions of the \"Regulation on the Electronic Case File before the Judicial Branch\", approved by the Full Court in session N° 27-11 of August 22, 2011, Article XXVI and published in the Judicial Bulletin number 19 of January 26, 2012, as well as the agreement approved by the Superior Council of the Judicial Branch, in session N° 43-12 held on May 3, 2012, Article LXXXI.
Therefore:
The action is summarily rejected. Justice Cruz Castro notes a note. Justice Rueda Leal dissents and orders the prevention of Article 80 of the Law of Constitutional Jurisdiction to be made.
Fernando Castillo V.
President Fernando Cruz C.
Paul Rueda L.
Luis Fdo. Salazar A.
Jorge Araya G.
Ingrid Hess H.
Fernando Lara G.
CASE FILE N° 34-033458-0007-CO Telephones: 2549-1500 / 800-SALA-4TA (800-7252-482). Fax: 2258-4157 / 2549-1633. Email: www.poder-judicial.go.cr/salaconstitucional. Address: (Sabana Sur, Calle Morenos, 100 mts. South of the Iglesia del Perpetuo Socorro). Reception of matters from vulnerable groups: Edificio Corte Suprema de Justicia, San José, distrito Catedral, Barrio González Lahmann, calles 19 and 21, avenidas 8 and 6 Classification prepared by SALA CONSTITUCIONAL of the Judicial Branch.
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Sala Constitucional Clase de asunto: Acción de inconstitucionalidad Analizado por: SALA CONSTITUCIONAL Sentencia con Voto Salvado Sentencia con nota separada Sentencia con datos protegidos, de conformidad con la normativa vigente Contenido de Interés:
Temas Estrategicos: Ley de la jurisdicción constitucional Tipo de contenido: Voto de mayoría Rama del Derecho: 3. ASUNTOS DE CONTROL DE CONSTITUCIONALIDAD Tema: TRIBUTARIO Subtemas:
NO APLICA.
Descriptor: TRIBUTARIO. BIENES INMUEBLES NO AFECTADOS POR EL IMPUESTO (IGLESIAS Y ORGANIZACIONES RELIGIOSAS) Sentencia: 036953-24 del 11 de diciembre del 2024 Tipo de asunto: Acción de inconstitucionalidad Norma impugnada: Reglamento a la Ley de Impuestos sobre Bienes Inmuebles artículo 2 inciso 13 sobre el Reglamento a la Ley sobre el Impuesto de Bienes Inmuebles.
Parte dispositiva: Se rechaza de plano la acción. El magistrado Cruz Castro consigna nota. El magistrado Rueda Leal salva el voto y ordena hacer la prevención del artículo 80 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional.
VCG02/2025 ... Ver más Sentencias Relacionadas Contenido de Interés:
Tipo de contenido: Voto de mayoría Rama del Derecho: 6. LEY DE LA JURISDICCIÓN CONSTITUCIONAL ANOTADA CON JURISPRUDENCIA Tema: 075- Asunto previo en vía judicial o administrativa pendiente de resolución Subtemas:
NO APLICA.
ARTÍCULO 75 DE LA LEY DE LA JURISDICCIÓN CONSTITUCIONAL “(…) I.- Sobre los presupuestos formales de admisibilidad de la acción. La acción de inconstitucionalidad es un proceso con determinadas formalidades, que deben ser satisfechas a los efectos de que la Sala pueda válidamente conocer el fondo de la impugnación. En ese sentido, el artículo 75 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional, establece los presupuestos de admisibilidad de la acción de inconstitucionalidad. En primer término, se exige la existencia de un asunto previo pendiente de resolver, sea en vía judicial, o bien, en el procedimiento para agotar la vía administrativa, en que se haya invocado la inconstitucionalidad como medio razonable para amparar el derecho o interés que se considera lesionado. En el párrafo segundo y tercero, la ley establece de manera excepcional, presupuestos en los que no se exige el asunto previo, cuando por la naturaleza del asunto, no exista una lesión individual y directa, o se trate de la defensa de intereses difusos o colectivos, o bien cuando es formulada en forma directa por el Contralor General de la República, el Procurador General de la República, el Fiscal General de la República y el Defensor de los Habitantes.
II.- Sobre el incumplimiento de los requisitos de admisibilidad en esta acción de inconstitucionalidad. En el sub examine la accionante justificó su legitimación básicamente en todos los supuestos de legitimación directa del párrafo segundo del artículo 75 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional, al concluir lo siguiente: “no será necesario el caso previo pendiente de resolución cuando por la naturaleza del asunto no exista lesión individual y directa, o se trate de la defensa de intereses difusos, o que atañen a la colectividad en su conjunto”. Refirió que, con base en los artículos 73 y 75 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional, cualquier ciudadano o colectivo afectado de Costa Rica por una norma de carácter general que infrinja derechos fundamentales, puede presentar una acción de inconstitucionalidad. Además, señala que permiten actuar en defensa de intereses difusos o colectivos como en la norma en cuestión, “cuando la naturaleza del caso así lo requiera, como en este asunto donde el artículo 2, inciso 13 del Reglamento a la Ley de Impuestos sobre Bienes Inmuebles afecta derechos fundamentales garantizados por la Constitución Política”. Destaca que el artículo impugnado introduce restricciones que limitan el alcance de la exoneración tributaria de bienes inmuebles destinados a actividades religiosas, afectando de manera indirecta no solo a organizaciones religiosas específicas, sino también a la colectividad, al restringir su derecho de acceso a espacios e infraestructura que forman parte integral de su práctica religiosa. Aduce que esta afectación a la colectividad justifica que cualquier ciudadano actúe en defensa de estos derechos fundamentales, pues el Reglamento a la Ley de Impuestos sobre Bienes Inmuebles, particularmente en su artículo 2, inciso 13, limita el concepto de "culto", lo cual genera dos tipos de afectaciones que a continuación detalla: a. Vulneración directa a organizaciones religiosas que deben asumir cargas tributarias adicionales injustificadas, debido a la interpretación restrictiva del concepto de culto. b. Vulneración indirecta a los ciudadanos que se benefician de la infraestructura y servicios conexos ofrecidos por dichas organizaciones. Esta doble afectación, en su criterio, refuerza la legitimación de cualquier ciudadano costarricense para interponer esta acción en defensa del interés general. Indica que la definición reglamentaria restringe injustificadamente la exoneración tributaria únicamente a inmuebles utilizados exclusivamente para actos litúrgicos, excluyendo actividades conexas esenciales como educación religiosa y labores pastorales. Dicha limitación, en su criterio, provoca una carga tributaria adicional para organizaciones religiosas, vulnerando su derecho a un trato igualitario y afectando indirectamente a los ciudadanos que se benefician de estos servicios. Afirma, literalmente lo siguiente: “En el presente caso, la normativa reglamentaria afecta directamente a organizaciones religiosas al imponer cargas tributarias adicionales sobre inmuebles que cumplen funciones esenciales para la práctica religiosa. Estas cargas ya están siendo aplicadas por diversas municipalidades, como consta en múltiples resoluciones administrativas. La afectación no es hipotética, sino real y actual, puesto que los ciudadanos que forman parte de estas comunidades ven limitado su acceso a servicios religiosos y conexos, debido a esta interpretación restrictiva que podría conllevar al cierre de instalaciones en las que brindan otro tipo de ayuda social, como cursos matrimoniales, asesorías psicológicas, actividades navideñas para familias en riesgo social, etc. Queda, entonces claro, que hay una afectación real y tangible en el cobro de estas cargas. Esto deja claro que un ciudadano común se ve directamente afectado porque el reglamento introduce un trato desigual en la exoneración tributaria de inmuebles religiosos. Esto se traduce en una reducción de recursos disponibles para actividades de beneficio comunitario, como educación y asistencia social, que muchas organizaciones religiosas proveen a la colectividad. Esta carga económica adicional repercute en todos los beneficiarios de dichos servicios, evidenciando que el impacto excede a los directamente involucrados y alcanza a la sociedad en general”. Vistos los argumentos del accionante, resulta pertinente citar lo que este Tribunal ha señalado en relación con este tipo de legitimación directa invocada por el accionante:
“(…) II.- Sobre los intereses difusos y la legitimación de los accionantes en el caso bajo estudio. Las accionantes señalan que su legitimación proviene de la defensa de los intereses difusos respecto de la protección al derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. Al respecto, cabe indicar que, como ya se mencionó, los supuestos del párrafo segundo del artículo 75 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional constituyen excepciones a la regla contenida en el párrafo primero del mismo artículo, que deben ser analizados cuidadosamente en cada caso concreto. El interés difuso ha sido entendido como aquel interés relacionado con un derecho o situación jurídica de naturaleza especial y particular, que puede ser compartido por otras personas, formando todos los interesados un grupo o categoría determinada. Así, la vulneración de ese derecho puede afectar a todos en general o a cada uno en particular, de ahí que cualquier miembro de la colectividad puede interponer la acción para proteger el derecho que se estima lesionado. Sobre el particular, la reiterada jurisprudencia de la Sala indica que:
"Se ha señalado que se trata un tipo especial de interés, cuya manifestación es menos concreta e individualizable que la del colectivo recién definido en el considerando anterior, pero que no puede llegar a ser tan amplio y genérico que se confunda con el reconocido a todos los miembros de la sociedad de velar por la legalidad constitucional, ya que éste último -como se ha dicho reiteradamente- está excluido del actual sistema de revisión constitucional. Se trata pues de un interés distribuido en cada uno de los administrados, mediato si se quiere, y diluido, pero no por ello menos constatable, para la defensa, en esta Sala, de ciertos derechos constitucionales de una singular relevancia para el adecuado y armónico desarrollo de la sociedad. Son las especiales características de éstos derechos por sí mismas y no la particular situación frente a ellos de los sujetos que puedan ostentarlos, la clave para la distinción y determinación de la presencia de los llamados intereses difusos tal y como se manifestado en distintas resoluciones como la 03705-93 de las quince horas del treinta de julio para el derecho al ambiente, la número 05753-93 de las catorce horas cuarenta y cinco del nueve de noviembre de ese mismo año para la defensa del patrimonio histórico y la número 00980-91 de las trece y treinta del veinticuatro de mayo de mil novecientos noventa y uno para la materia electoral." –ver sentencia número 360-90- De esta definición es posible estimar que el interés difuso está conformado por un elemento eminentemente subjetivo, relativo a su pertenencia o titularidad del interés, y otro objetivo, relacionado con la incidencia del bien en la sociedad, que lo distingue de otras situaciones jurídicas. En relación con el primero -el subjetivo-, es claro que la misma se encuentra difuminada en un grupo humano no individualizado, que coparticipa en el disfrute del bien jurídico objeto del interés, pero cuya conformación no resulta de un conjunto de sujetos identificable, abarcable y de contornos relativamente nítidos, como sí ocurre en el interés colectivo. Y desde la perspectiva objetiva, debe aclararse que no todo interés "difuminado" adquiere la categoría jurídica de "interés difuso", sino únicamente aquellos impregnados de una profunda relevancia social, cuya valoración resulta de las circunstancias de cada caso –ver, entre otras, sentencias números 2006-15960 y 2014-4904-. En este sentido, así como se ha dicho que ese interés no puede ser tan amplio y genérico que se confunda con el derecho a velar por la legalidad constitucional -lo que supondría la instauración tácita de una acción popular no contemplada por la Ley de la Jurisdicción Constitucional-, tampoco puede ser tan concreto que permita el reclamo individual, pues en tal caso, la legitimación derivaría de ese reclamo –ver, entre otras, sentencias números 2008-13442, 2009-300 y 2009-9201-. Así, ejemplos de tales intereses son el derecho a un ambiente sano y armonioso, la defensa del patrimonio histórico, la materia electoral, la defensa del derecho a la salud y la fiscalización de los fondos públicos. De tal forma, en el caso bajo estudio, donde las accionantes refieren su legitimación respecto de la defensa de intereses difusos en materia de protección a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, lo que corresponde es pronunciarse conforme se indica en los considerandos siguientes.
(…)
En la acción que ahora se conoce, los mismos accionantes cuestionan las mismas normas de los artículos 50 y 51 del Reglamento en cuestión, así como el artículo 52 del mismo instrumento, y si bien, más allá de la sostenibilidad de los zoocriaderos, en esta acción se centran sobre temas de conservación ex situ y educación ambiental -que también fue señalado en aquella acción-, lo cierto es que la misma definición de esta Sala sobre la legitimación, tal como se dispuso en la sentencia de cita, resulta de plena aplicación en esta nueva acción. Nótese que, ciertamente, tal como lo señala claramente la Procuraduría General de la República y de manera enfática lo refiere el Ministro de Ambiente y Energía, la normativa que se cuestiona sí es totalmente susceptible de aplicación individual y de incidir directamente en la esfera jurídica de personas singulares e identificables, que ejercen una determinada actividad, sujeta a la regulación señalada en la Ley de Conservación de la Vida Silvestre y su reglamento. De tal manera, es claro que contrario a la aducida defensa de intereses difusos, lo que se encuentra de por medio es algún grado de inconformidad con la sujeción a que deben someterse para la regulación de la actividad que ejercen o pretenden ejercer; véase que como bien refiere el informe del Ministro de Ambiente y Energía, los accionantes se encuentran directamente relacionados como fundadores, gerentes o servidores de diversas empresas relacionadas con la exhibición de fauna silvestre o su promoción turística. Así, resulta inviable aducir presuntos problemas de conservación y de educación ambiental, para utilizar la figura de los intereses difusos y promover con ello una acción de inconstitucionalidad directa obviando los estrictos requisitos de admisibilidad señalados en la Ley de la Jurisdicción Constitucional, tal como se indicó en los considerandos II y III de esta resolución.
Bajo esta inteligencia, y tomando en consideración la identidad de accionantes y de la normativa cuestionada, es claro que el precedente de la sentencia 2018-18563 resulta plenamente aplicable a esta acción que ahora se conoce, de donde debe necesariamente concluirse que al igual que en aquella anterior ocasión, los accionantes carecen de legitimación para la interposición de este proceso, por lo que resulta improcedente conocer y pronunciarse sobre los aspectos planteados. De tal manera, lo procedente es declarar sin lugar esta acción” (el subrayado no corresponde al original). (Sentencia nro. 2021-002185 de las 12:51 horas del 3 de febrero de 2021) En similar sentido, en la sentencia nro. 2021-011994 de las 16:30 horas del 26 de mayo de 2021, esta Sala dispuso que:
“(…) Se reitera que el interés difuso no puede ser tan amplio y genérico que se confunda con el derecho a velar por la legalidad constitucional (lo que supondría la instauración tácita de acción popular no contemplada por la Ley de la Jurisdicción Constitucional); pero tampoco puede ser tan concreto que permita el reclamo individual, pues, en tal caso, la legitimación derivaría de ese reclamo (…)”.
Con base en las anteriores consideraciones, observa este Tribunal que el artículo 2 inciso 13 del Reglamento a la Ley del Impuesto sobre Bienes Inmuebles, aquí impugnado, dispone lo siguiente:
“ARTÍCULO 2.- De las definiciones. Para todos los efectos, cuando la Ley o este Reglamento utilicen los siguientes términos, deben entenderse como a continuación se indica:
(…)
A partir de lo anterior, es evidente que esa disposición es susceptible de aplicación individual y de incidir directamente en la esfera jurídica de personas plenamente identificables, sea, en este caso, aquellas organizaciones religiosas o particulares que destinan determinados bienes inmuebles al culto, y que pretendan una exoneración tributaria por motivos religiosos. El propio accionante reconoce que, al no ser exonerados, esas cargas tributarias “ya están siendo aplicadas por diversas municipalidades, como consta en múltiples resoluciones administrativas”, de modo que esas actuaciones pueden ser impugnadas y generar un reclamo administrativo que, en fase de agotamiento de la vía administrativa o en vía judicial, genere un asunto base. De otro lado, no estamos ante el supuesto de un interés difuso, que se encuentre diluido en la sociedad, porque en este caso es posible identificar claramente los grupos religiosos que aboguen por esta exoneración, y que son precisamente aquellos que, por las razones esgrimidas por el accionante, no estarían constituidos por aquellas personas que profesan la religión católica, e incluso por aquellos que no profesan culto o religión alguna. En consecuencia, conforme a los antecedentes jurisprudenciales precitados, esta Sala estima que el accionante carece de legitimación directa para plantear esta acción en defensa de intereses difusos.
Ahora bien, en cuanto a la defensa de intereses colectivos, esta Sala ha señalado lo siguiente:
“(…) III.- Sobre los intereses corporativos. Cómo segundo motivo de legitimación, el accionante aduce la defensa de intereses colectivos, situación contemplada en el párrafo segundo del artículo 75 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional. La norma dispone: “…[N]o será necesario el caso previo pendiente de resolución cuando por la naturaleza del asunto no exista lesión individual y directa, o se trate de la defensa de intereses difusos, o que atañen a la colectividad en su conjunto…”. Al respecto, es oportuno señalar que la Sala ha precisado que a través de la expresión "intereses que atañen a la colectividad en su conjunto", el legislador quiso referirse a la legitimación que ostenta una entidad corporativa, cuando actúa por intermedio de sus representantes en defensa de los derechos e intereses de las personas que conforman su base asociativa y siempre y cuando se trate del cuestionamiento de normas o disposiciones que incidan en aquel núcleo de derechos o intereses que constituye la razón de ser y el factor aglutinante de la agrupación. A partir de la sentencia 2006-9170 de las dieciséis horas treinta y seis minutos del veintiocho de junio del dos mil seis, este Tribunal retomó un criterio anterior, según el cual los entes corporativos están autorizados para solicitar en forma directa la declaratoria de inconstitucionalidad de una norma, cuando ésta afecte directamente la esfera de acción del ente y de sus integrantes, sin que tenga relevancia que la norma sea susceptible de afectar en forma directa los derechos de los agremiados. En este caso, sin embargo, esta tesis no es de aplicación, porque el accionante no acude en representación de una organización que por su naturaleza o fines, o cuyos asociados, puedan verse afectados por el Acuerdo cuestionado. Por otra parte, el accionante no puede arrogarse sin más la representación de hecho de ninguna persona u organización profesional”. (Voto n° 2014-020446 de las 09:30 horas del 17 de diciembre de 2014).
Con base en el criterio precitado, el accionante tampoco se encuentra legitimado para interponer esta acción en defensa de intereses colectivos de determinadas organizaciones religiosas o de un grupo determinado de personas que forman parte de una agrupación, dado que que el actor no acude en representación de alguna colectividad formalmente organizada e identificada, de la cual ostente la representación legal, por lo que se encuentra imposibilitado para actuar en defensa de intereses corporativos. En razón de lo expuesto, el accionante carece de legitimación en los supuestos invocados en este proceso. De ahí que la acción sea inadmisible y procede su rechazo de plano. (…)” VCG02/2025 ... Ver más Contenido de Interés:
Tipo de contenido: Nota separada Rama del Derecho: 3. ASUNTOS DE CONTROL DE CONSTITUCIONALIDAD Tema: TRIBUTARIO Subtemas:
NO APLICA.
III.- NOTA DEL MAGISTRADO CRUZ CASTRO. En otros casos he considerado que la posibilidad de tener un asunto base no excluye necesariamente contar con legitimación por intereses difusos. Sin embargo, este caso es diferente por cuanto considero que una exoneración tributaria no es un tema de interés difuso. En este sentido coincido con la mayoría en que lo que procede en este caso es un rechazo de plano.
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Tipo de contenido: Voto salvado Rama del Derecho: 3. ASUNTOS DE CONTROL DE CONSTITUCIONALIDAD Tema: TRIBUTARIO Subtemas:
NO APLICA.
IV.- VOTO SALVADO DEL MAGISTRADO RUEDA LEAL. Me separo del criterio de la mayoría de este Tribunal y salvo el voto en este asunto, por considerar que la decisión de rechazar esta acción de inconstitucionalidad es prematura. Es incuestionable que la acción de inconstitucionalidad es un proceso, “instaurado con el propósito de garantizar la supremacía de la Constitución Política frente a normas u otras disposiciones de carácter general y que por esa misma razón deben cumplirse un conjunto de formalidades, a efecto de que la Sala pueda válidamente conocer el fondo de la impugnación” como se ha señalado en la amplia jurisprudencia de esta Sala. Sin embargo, es precisamente la propia ley la que ordena el tratamiento que debe darse a las distintas formalidades y a su eventual incumplimiento, como se extrae del texto del artículo 80 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional que señala:
“Artículo 80.- Si no se llenaren las formalidades a que se refieren los dos artículos anteriores, el Presidente de la Sala señalará por resolución, cuáles son los requisitos omitidos y ordenará cumplirlos dentro de tercero día (…)” En este asunto, entre otros requisitos, se echa de menos una fundamentación adecuada y suficiente de la legitimación, tal y como lo exige el artículo 78 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional, por lo que resulta de incuestionable aplicación la prevención al accionante para que remedie la omisión detectada. De igual forma, no sobra en absoluto dejar sentado que –en mi criterio- tanto la interpretación de los artículos 78 y 79 como la del propio 80 de la Ley que rige esta jurisdicción, debe ser amplia en beneficio de quienes acuden a esta Sala, de modo que el acceso a la justicia constitucional no resulte innecesariamente limitado.
VCG02/2025 ... Ver más 1 Res. Nº 2024-036953 SALA CONSTITUCIONAL DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. San José, a las once horas veintiséis minutos del once de diciembre de dos mil veinticuatro.
Acción de inconstitucionalidad promovida por [Nombre 001], mayor, con cédula de identidad número [Valor 001], casado, vecino de Alajuela, contra el ordinal 2 inciso 13 del Reglamento a la Ley de impuestos sobre bienes inmuebles, decreto nro. 44414-H.
Resultando:
1.- Por escrito recibido en la Secretaría de la Sala el 27 de noviembre de 2024, se solicita que se declare inconstitucional el ordinal 2 inciso 13 del Reglamento a la Ley de impuestos sobre bienes inmuebles, decreto nro. 44414-H. Señala que fundamenta su legitimación en los artículos 73 y 75 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional. Estos artículos establecen que cualquier ciudadano o colectivo afectado de Costa Rica por una norma de carácter general que infrinja derechos fundamentales, puede presentar una acción de inconstitucionalidad. Además, permiten actuar en defensa de intereses difusos o colectivos como la norma en cuestión, especialmente cuando la naturaleza del caso así lo requiera, como en este asunto donde el artículo 2, inciso 13 del Reglamento a la Ley de Impuestos sobre Bienes Inmuebles afecta derechos fundamentales garantizados por la Constitución Política. Destaca que el artículo impugnado introduce restricciones que limitan el alcance de la exoneración tributaria de bienes inmuebles destinados a actividades religiosas, afectando de manera indirecta no solo a organizaciones religiosas específicas, sino también a la colectividad, al restringir su derecho de acceso a espacios e infraestructura que forman parte integral de su práctica religiosa. La afectación a la colectividad justifica que cualquier ciudadano actúe en defensa de estos derechos fundamentales. El Reglamento a la Ley de Impuestos sobre Bienes Inmuebles, particularmente en su artículo 2, inciso 13, limita el concepto de "culto", lo cual genera dos tipos de afectaciones que a continuación detalla: a. Vulneración directa a organizaciones religiosas que deben asumir cargas tributarias adicionales injustificadas, debido a la interpretación restrictiva del concepto de culto. b. Vulneración indirecta a los ciudadanos que se benefician de la infraestructura y servicios conexos ofrecidos por dichas organizaciones. Esta doble afectación refuerza la legitimación de cualquier ciudadano costarricense para interponer esta acción en defensa del interés general. El artículo 2, inciso 13 del Reglamento a la Ley de Impuestos sobre Bienes Inmuebles, introduce una definición restrictiva del concepto de "para rendir culto". Este acto reglamentario genera una afectación directa a derechos fundamentales protegidos por los artículos 33 y 75 de la Constitución Política, como la igualdad y la libertad de culto. La definición reglamentaria restringe injustificadamente la exoneración tributaria únicamente a inmuebles utilizados exclusivamente para actos litúrgicos, excluyendo actividades conexas esenciales como educación religiosa y labores pastorales. Dicha limitación provoca una carga tributaria adicional para organizaciones religiosas, vulnerando su derecho a un trato igualitario y afectando indirectamente a los ciudadanos que se benefician de estos servicios. El nexo causal radica en que la normativa reglamentaria excede los límites del principio de reserva de ley en materia tributaria, al alterar la interpretación del artículo 2 inciso 13 del Reglamento de Impuestos sobre Bienes Inmuebles, lo que incide directamente en la aplicación de la norma, generando discriminación y afectación a derechos colectivos. Además, es de vital importancia indicar que el principio ubi lex non distinguit nec nos distinguere debemus (donde la ley no distingue, nosotros no debemos distinguir) es crucial para esta argumentación. Aquí denota que el artículo 4 inciso g) de la Ley de Impuestos sobre Bienes Inmuebles establece que los inmuebles dedicados al culto están exonerados del impuesto sobre bienes inmuebles, sin hacer distinción alguna respecto a usos complementarios o conexos de estos inmuebles. Sin embargo, el artículo antes mencionado introduce una restricción no contemplada por el legislador al limitar la exoneración únicamente al espacio físico destinado exclusivamente a actos de culto, excluyendo actividades que son esenciales para el ejercicio pleno de las funciones del inmueble, tales como oficinas administrativas o áreas de apoyo. Esta distinción arbitraria contraviene directamente la norma legal que pretende reglamentar. La norma legal no hace diferencia entre partes del inmueble o entre actividades conexas y actividades centrales, por lo que el reglamento no puede hacerlo. Introducir restricciones mediante un acto reglamentario equivale a legislar, función que corresponde exclusivamente a los diputados. Este exceso de potestad reglamentaria no solo es inconstitucional, sino que también pone en riesgo la seguridad jurídica y la correcta aplicación de la norma, como ha ocurrido en ocasiones pasadas. En síntesis, el principio ubi lex non distinguit nec nos distinguere debemus establece que no es admisible introducir distinciones donde la norma legal no lo hace. Contextualiza lo que indica el artículo 4 inciso g) de la Ley 7509 que exime de impuestos a inmuebles destinados al culto sin diferenciar entre sus usos conexos o complementarios. Sin embargo, el artículo e inciso impugnado en el reglamento restringe la exoneración, limitándola únicamente a espacios utilizados exclusivamente para actos litúrgicos. Considera que esta interpretación crea una diferenciación injustificada y contraria al texto legal. Al hacerlo, el reglamento invade la potestad legislativa, excediendo los límites de la potestad reglamentaria. Este exceso ha sido señalado repetidamente por la Sala Constitucional como incompatible con el artículo 121 inciso 13 de la Constitución Política, que reserva al legislador la regulación de elementos esenciales en materia tributaria. Refiere que la Sala Constitucional también ha reconocido en diversos pronunciamientos que las normas que afectan derechos fundamentales no solo pueden ser cuestionadas por aquellos directamente perjudicados, sino también por terceros que actúan en defensa de intereses colectivos. Plantea esta pregunta ¿cómo afecta esto a un ciudadano común y corriente ya sea un albañil, un periodista o un pensionado? Es claro que la jurisprudencia de la Sala Constitucional exige que las afectaciones alegadas en una acción de inconstitucionalidad sean concretas y actuales. En el presente caso, la normativa reglamentaria afecta directamente a organizaciones religiosas al imponer cargas tributarias adicionales sobre inmuebles que cumplen funciones esenciales para la práctica religiosa. Estas cargas ya están siendo aplicadas por diversas municipalidades, como consta en múltiples resoluciones administrativas. La afectación no es hipotética, sino real y actual, puesto que los ciudadanos que forman parte de estas comunidades ven limitado su acceso a servicios religiosos y conexos, debido a esta interpretación restrictiva que podría conllevar al cierre de instalaciones en las que brindan otro tipo de ayuda social, como cursos matrimoniales, asesorías psicológicas, actividades navideñas para familias en riesgo social, etc. Advierte que hay una afectación real y tangible en el cobro de estas cargas, lo que, en su criterio, deja claro que un ciudadano común se ve directamente afectado porque el reglamento introduce un trato desigual en la exoneración tributaria de inmuebles religiosos. Esto se traduce en una reducción de recursos disponibles para actividades de beneficio comunitario, como educación y asistencia social, que muchas organizaciones religiosas proveen a la colectividad. Esta carga económica adicional repercute en todos los beneficiarios de dichos servicios, evidenciando que el impacto excede a los directamente involucrados y alcanza a la sociedad en general. Concluye su argumento respecto de la legitimación, indicando que no será necesario el caso previo pendiente de resolución cuando por la naturaleza del asunto no exista lesión individual y directa, o se trate de la defensa de intereses difusos, o que atañen a la colectividad en su conjunto. Para contextualizar la inconstitucionalidad alegada, refiere que el artículo 4 inciso g) de la Ley 7509 establece un tratamiento diferenciado entre las propiedades de la Iglesia Católica y las de otras confesiones religiosas, favoreciendo injustificadamente a la primera. Mientras las propiedades de la Iglesia Católica, incluidas las destinadas a actividades administrativas, gozan de exoneración tributaria, las propiedades de otras confesiones solo se exoneran si están exclusivamente dedicadas al culto. Esto lo que concluye es que el artículo y el inciso del reglamento antes mencionado, vulnera el principio de igualdad consagrado en los artículos 33 y 75 de la Constitución Política, que garantizan un trato igualitario entre las religiones y la libertad de culto. Además, se contravienen normas internacionales como el artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el artículo 12 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que prohíben cualquier forma de discriminación religiosa. Cita un extracto de la sentencia nro. 00133 - 2022 de las 08:35 horas del 30 de marzo de 2022 del Tribunal Contencioso Administrativo. Aduce que en esta situación específica la interpretación dada a la palabra culto es literal a las definiciones antes dadas, las cuales venían causando un perjuicio económico a un grupo de ciudadanos, ya que el pago del impuesto de marras es aplicado de una manera inexacta porque no le define claramente a la administración pública lo que puede exonerar del impuesto o no dejando prácticamente a discrecionalidad de la institución la aplicación del impuesto sobre bienes inmuebles. En este caso específico señala que se puede notar que, aplicar este impuesto de la manera en que en algunas situaciones se aplica, puede llegar a ser discriminatorio, situación que encuentra su prohibición en el artículo 33 constitucional. Esto también lo lleva a mencionar la sentencia 1994-633 sobre igualdad tributaria. Advierte que se nota claramente el cambio de criterio del Tribunal Contencioso Administrativo en esta resolución, donde da la razón al recurrente de que la interpretación que la recurrida estaba dando al artículo 2 inciso 13) del Reglamentos sobre la ley de Bienes Inmuebles era erróneo y que venía aplicando un impuesto ilegal a la recurrida, que a la vez es discriminatorio, ya que a otros grupos de iguales sí se les exoneraba sus propiedades en un cien por ciento, sin importar si dichas propiedades eran utilizadas en su totalidad al culto o no. Considera lesionado el principio de reserva de ley en materia tributaria (artículo 121 inciso 13 de la Constitución Política). Indica que el principio de reserva de ley dispone que únicamente la Asamblea Legislativa tiene competencia para regular los elementos esenciales de los tributos, tales como el sujeto pasivo, la base imponible, el hecho generador y las exoneraciones. La interpretación restrictiva del reglamento introduce un trato desigual entre distintas organizaciones religiosas, al condicionar la exoneración únicamente a los inmuebles dedicados exclusivamente a actividades litúrgicas, sin considerar que actividades conexas (como educación religiosa, formación espiritual o labores pastorales) son parte integral del ejercicio del culto. Esto genera discriminación injustificada y rompe el principio de igualdad en condiciones equivalentes. Refiere también una afectación a la libertad de culto (artículo 75 de la Constitución Política). La definición restrictiva del concepto de "culto" limita el ejercicio pleno de este derecho fundamental, al excluir inmuebles que, aunque no se utilicen exclusivamente para actos litúrgicos, son esenciales para la vida religiosa de las comunidades. Considera que se da una inseguridad jurídica y discrecionalidad administrativa (artículo 18 de la Constitución Política). La ambigüedad y restrictividad del reglamento genera inseguridad jurídica, permitiendo que las municipalidades apliquen criterios subjetivos o dispares al determinar qué inmuebles califican como lugares de culto. Esto pone en riesgo el cumplimiento uniforme de la normativa, ya que el artículo 18 de la Constitución Política establece que los costarricenses deben contribuir para los gastos públicos, algo que debe ser equitativo para todos. Como argumento central indica que el artículo 2, inciso 13, del Reglamento introduce una distinción que no está contemplada en la ley, violando el principio ubi lex non distinguit nec nos distinguere debemus. La ley no diferencia entre áreas específicas dentro de los inmuebles destinados al culto, ni excluye usos conexos como oficinas o espacios de formación religiosa. Por lo tanto, el reglamento no puede imponer restricciones que el legislador no previó, ya que esto excede su potestad reglamentaria y genera un trato desigual y arbitrario. El espíritu del legislador es claro al proteger los inmuebles destinados al culto, incluyendo sus funciones conexas esenciales. Cualquier interpretación restrictiva afecta la aplicación uniforme de la norma y menoscaba derechos fundamentales garantizados por la Constitución. 2.- El artículo 9 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional faculta a la Sala a rechazar de plano o por el fondo, en cualquier momento, incluso desde su presentación, cualquier gestión que se presente a su conocimiento que resulte ser manifiestamente improcedente, o cuando considere que existen elementos de juicio suficientes para rechazarla, o que se trata de la simple reiteración o reproducción de una gestión anterior igual o similar rechazada.
Redacta el magistrado Castillo Víquez; y,
Considerando:
I.- Sobre los presupuestos formales de admisibilidad de la acción. La acción de inconstitucionalidad es un proceso con determinadas formalidades, que deben ser satisfechas a los efectos de que la Sala pueda válidamente conocer el fondo de la impugnación. En ese sentido, el artículo 75 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional, establece los presupuestos de admisibilidad de la acción de inconstitucionalidad. En primer término, se exige la existencia de un asunto previo pendiente de resolver, sea en vía judicial, o bien, en el procedimiento para agotar la vía administrativa, en que se haya invocado la inconstitucionalidad como medio razonable para amparar el derecho o interés que se considera lesionado. En el párrafo segundo y tercero, la ley establece de manera excepcional, presupuestos en los que no se exige el asunto previo, cuando por la naturaleza del asunto, no exista una lesión individual y directa, o se trate de la defensa de intereses difusos o colectivos, o bien cuando es formulada en forma directa por el Contralor General de la República, el Procurador General de la República, el Fiscal General de la República y el Defensor de los Habitantes.
II.- Sobre el incumplimiento de los requisitos de admisibilidad en esta acción de inconstitucionalidad. En el sub examine la accionante justificó su legitimación básicamente en todos los supuestos de legitimación directa del párrafo segundo del artículo 75 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional, al concluir lo siguiente: “no será necesario el caso previo pendiente de resolución cuando por la naturaleza del asunto no exista lesión individual y directa, o se trate de la defensa de intereses difusos, o que atañen a la colectividad en su conjunto”. Refirió que, con base en los artículos 73 y 75 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional, cualquier ciudadano o colectivo afectado de Costa Rica por una norma de carácter general que infrinja derechos fundamentales, puede presentar una acción de inconstitucionalidad. Además, señala que permiten actuar en defensa de intereses difusos o colectivos como en la norma en cuestión, “cuando la naturaleza del caso así lo requiera, como en este asunto donde el artículo 2, inciso 13 del Reglamento a la Ley de Impuestos sobre Bienes Inmuebles afecta derechos fundamentales garantizados por la Constitución Política”. Destaca que el artículo impugnado introduce restricciones que limitan el alcance de la exoneración tributaria de bienes inmuebles destinados a actividades religiosas, afectando de manera indirecta no solo a organizaciones religiosas específicas, sino también a la colectividad, al restringir su derecho de acceso a espacios e infraestructura que forman parte integral de su práctica religiosa. Aduce que esta afectación a la colectividad justifica que cualquier ciudadano actúe en defensa de estos derechos fundamentales, pues el Reglamento a la Ley de Impuestos sobre Bienes Inmuebles, particularmente en su artículo 2, inciso 13, limita el concepto de "culto", lo cual genera dos tipos de afectaciones que a continuación detalla: a. Vulneración directa a organizaciones religiosas que deben asumir cargas tributarias adicionales injustificadas, debido a la interpretación restrictiva del concepto de culto. b. Vulneración indirecta a los ciudadanos que se benefician de la infraestructura y servicios conexos ofrecidos por dichas organizaciones. Esta doble afectación, en su criterio, refuerza la legitimación de cualquier ciudadano costarricense para interponer esta acción en defensa del interés general. Indica que la definición reglamentaria restringe injustificadamente la exoneración tributaria únicamente a inmuebles utilizados exclusivamente para actos litúrgicos, excluyendo actividades conexas esenciales como educación religiosa y labores pastorales. Dicha limitación, en su criterio, provoca una carga tributaria adicional para organizaciones religiosas, vulnerando su derecho a un trato igualitario y afectando indirectamente a los ciudadanos que se benefician de estos servicios. Afirma, literalmente lo siguiente: “En el presente caso, la normativa reglamentaria afecta directamente a organizaciones religiosas al imponer cargas tributarias adicionales sobre inmuebles que cumplen funciones esenciales para la práctica religiosa. Estas cargas ya están siendo aplicadas por diversas municipalidades, como consta en múltiples resoluciones administrativas. La afectación no es hipotética, sino real y actual, puesto que los ciudadanos que forman parte de estas comunidades ven limitado su acceso a servicios religiosos y conexos, debido a esta interpretación restrictiva que podría conllevar al cierre de instalaciones en las que brindan otro tipo de ayuda social, como cursos matrimoniales, asesorías psicológicas, actividades navideñas para familias en riesgo social, etc. Queda, entonces claro, que hay una afectación real y tangible en el cobro de estas cargas. Esto deja claro que un ciudadano común se ve directamente afectado porque el reglamento introduce un trato desigual en la exoneración tributaria de inmuebles religiosos. Esto se traduce en una reducción de recursos disponibles para actividades de beneficio comunitario, como educación y asistencia social, que muchas organizaciones religiosas proveen a la colectividad. Esta carga económica adicional repercute en todos los beneficiarios de dichos servicios, evidenciando que el impacto excede a los directamente involucrados y alcanza a la sociedad en general”. Vistos los argumentos del accionante, resulta pertinente citar lo que este Tribunal ha señalado en relación con este tipo de legitimación directa invocada por el accionante:
“(…) II.- Sobre los intereses difusos y la legitimación de los accionantes en el caso bajo estudio. Las accionantes señalan que su legitimación proviene de la defensa de los intereses difusos respecto de la protección al derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. Al respecto, cabe indicar que, como ya se mencionó, los supuestos del párrafo segundo del artículo 75 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional constituyen excepciones a la regla contenida en el párrafo primero del mismo artículo, que deben ser analizados cuidadosamente en cada caso concreto. El interés difuso ha sido entendido como aquel interés relacionado con un derecho o situación jurídica de naturaleza especial y particular, que puede ser compartido por otras personas, formando todos los interesados un grupo o categoría determinada. Así, la vulneración de ese derecho puede afectar a todos en general o a cada uno en particular, de ahí que cualquier miembro de la colectividad puede interponer la acción para proteger el derecho que se estima lesionado. Sobre el particular, la reiterada jurisprudencia de la Sala indica que:
"Se ha señalado que se trata un tipo especial de interés, cuya manifestación es menos concreta e individualizable que la del colectivo recién definido en el considerando anterior, pero que no puede llegar a ser tan amplio y genérico que se confunda con el reconocido a todos los miembros de la sociedad de velar por la legalidad constitucional, ya que éste último -como se ha dicho reiteradamente- está excluido del actual sistema de revisión constitucional. Se trata pues de un interés distribuido en cada uno de los administrados, mediato si se quiere, y diluido, pero no por ello menos constatable, para la defensa, en esta Sala, de ciertos derechos constitucionales de una singular relevancia para el adecuado y armónico desarrollo de la sociedad. Son las especiales características de éstos derechos por sí mismas y no la particular situación frente a ellos de los sujetos que puedan ostentarlos, la clave para la distinción y determinación de la presencia de los llamados intereses difusos tal y como se manifestado en distintas resoluciones como la 03705-93 de las quince horas del treinta de julio para el derecho al ambiente, la número 05753-93 de las catorce horas cuarenta y cinco del nueve de noviembre de ese mismo año para la defensa del patrimonio histórico y la número 00980-91 de las trece y treinta del veinticuatro de mayo de mil novecientos noventa y uno para la materia electoral." –ver sentencia número 360-90- De esta definición es posible estimar que el interés difuso está conformado por un elemento eminentemente subjetivo, relativo a su pertenencia o titularidad del interés, y otro objetivo, relacionado con la incidencia del bien en la sociedad, que lo distingue de otras situaciones jurídicas. En relación con el primero -el subjetivo-, es claro que la misma se encuentra difuminada en un grupo humano no individualizado, que coparticipa en el disfrute del bien jurídico objeto del interés, pero cuya conformación no resulta de un conjunto de sujetos identificable, abarcable y de contornos relativamente nítidos, como sí ocurre en el interés colectivo. Y desde la perspectiva objetiva, debe aclararse que no todo interés "difuminado" adquiere la categoría jurídica de "interés difuso", sino únicamente aquellos impregnados de una profunda relevancia social, cuya valoración resulta de las circunstancias de cada caso –ver, entre otras, sentencias números 2006-15960 y 2014-4904-. En este sentido, así como se ha dicho que ese interés no puede ser tan amplio y genérico que se confunda con el derecho a velar por la legalidad constitucional -lo que supondría la instauración tácita de una acción popular no contemplada por la Ley de la Jurisdicción Constitucional-, tampoco puede ser tan concreto que permita el reclamo individual, pues en tal caso, la legitimación derivaría de ese reclamo –ver, entre otras, sentencias números 2008-13442, 2009-300 y 2009-9201-. Así, ejemplos de tales intereses son el derecho a un ambiente sano y armonioso, la defensa del patrimonio histórico, la materia electoral, la defensa del derecho a la salud y la fiscalización de los fondos públicos. De tal forma, en el caso bajo estudio, donde las accionantes refieren su legitimación respecto de la defensa de intereses difusos en materia de protección a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, lo que corresponde es pronunciarse conforme se indica en los considerandos siguientes.
(…)
En la acción que ahora se conoce, los mismos accionantes cuestionan las mismas normas de los artículos 50 y 51 del Reglamento en cuestión, así como el artículo 52 del mismo instrumento, y si bien, más allá de la sostenibilidad de los zoocriaderos, en esta acción se centran sobre temas de conservación ex situ y educación ambiental -que también fue señalado en aquella acción-, lo cierto es que la misma definición de esta Sala sobre la legitimación, tal como se dispuso en la sentencia de cita, resulta de plena aplicación en esta nueva acción. Nótese que, ciertamente, tal como lo señala claramente la Procuraduría General de la República y de manera enfática lo refiere el Ministro de Ambiente y Energía, la normativa que se cuestiona sí es totalmente susceptible de aplicación individual y de incidir directamente en la esfera jurídica de personas singulares e identificables, que ejercen una determinada actividad, sujeta a la regulación señalada en la Ley de Conservación de la Vida Silvestre y su reglamento. De tal manera, es claro que contrario a la aducida defensa de intereses difusos, lo que se encuentra de por medio es algún grado de inconformidad con la sujeción a que deben someterse para la regulación de la actividad que ejercen o pretenden ejercer; véase que como bien refiere el informe del Ministro de Ambiente y Energía, los accionantes se encuentran directamente relacionados como fundadores, gerentes o servidores de diversas empresas relacionadas con la exhibición de fauna silvestre o su promoción turística. Así, resulta inviable aducir presuntos problemas de conservación y de educación ambiental, para utilizar la figura de los intereses difusos y promover con ello una acción de inconstitucionalidad directa obviando los estrictos requisitos de admisibilidad señalados en la Ley de la Jurisdicción Constitucional, tal como se indicó en los considerandos II y III de esta resolución.
Bajo esta inteligencia, y tomando en consideración la identidad de accionantes y de la normativa cuestionada, es claro que el precedente de la sentencia 2018-18563 resulta plenamente aplicable a esta acción que ahora se conoce, de donde debe necesariamente concluirse que al igual que en aquella anterior ocasión, los accionantes carecen de legitimación para la interposición de este proceso, por lo que resulta improcedente conocer y pronunciarse sobre los aspectos planteados. De tal manera, lo procedente es declarar sin lugar esta acción” (el subrayado no corresponde al original). (Sentencia nro. 2021-002185 de las 12:51 horas del 3 de febrero de 2021) En similar sentido, en la sentencia nro. 2021-011994 de las 16:30 horas del 26 de mayo de 2021, esta Sala dispuso que:
“(…) Se reitera que el interés difuso no puede ser tan amplio y genérico que se confunda con el derecho a velar por la legalidad constitucional (lo que supondría la instauración tácita de acción popular no contemplada por la Ley de la Jurisdicción Constitucional); pero tampoco puede ser tan concreto que permita el reclamo individual, pues, en tal caso, la legitimación derivaría de ese reclamo (…)”.
Con base en las anteriores consideraciones, observa este Tribunal que el artículo 2 inciso 13 del Reglamento a la Ley del Impuesto sobre Bienes Inmuebles, aquí impugnado, dispone lo siguiente:
“ARTÍCULO 2.- De las definiciones. Para todos los efectos, cuando la Ley o este Reglamento utilicen los siguientes términos, deben entenderse como a continuación se indica:
(…)
A partir de lo anterior, es evidente que esa disposición es susceptible de aplicación individual y de incidir directamente en la esfera jurídica de personas plenamente identificables, sea, en este caso, aquellas organizaciones religiosas o particulares que destinan determinados bienes inmuebles al culto, y que pretendan una exoneración tributaria por motivos religiosos. El propio accionante reconoce que, al no ser exonerados, esas cargas tributarias “ya están siendo aplicadas por diversas municipalidades, como consta en múltiples resoluciones administrativas”, de modo que esas actuaciones pueden ser impugnadas y generar un reclamo administrativo que, en fase de agotamiento de la vía administrativa o en vía judicial, genere un asunto base. De otro lado, no estamos ante el supuesto de un interés difuso, que se encuentre diluido en la sociedad, porque en este caso es posible identificar claramente los grupos religiosos que aboguen por esta exoneración, y que son precisamente aquellos que, por las razones esgrimidas por el accionante, no estarían constituidos por aquellas personas que profesan la religión católica, e incluso por aquellos que no profesan culto o religión alguna. En consecuencia, conforme a los antecedentes jurisprudenciales precitados, esta Sala estima que el accionante carece de legitimación directa para plantear esta acción en defensa de intereses difusos.
Ahora bien, en cuanto a la defensa de intereses colectivos, esta Sala ha señalado lo siguiente:
“(…) III.- Sobre los intereses corporativos. Cómo segundo motivo de legitimación, el accionante aduce la defensa de intereses colectivos, situación contemplada en el párrafo segundo del artículo 75 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional. La norma dispone: “…[N]o será necesario el caso previo pendiente de resolución cuando por la naturaleza del asunto no exista lesión individual y directa, o se trate de la defensa de intereses difusos, o que atañen a la colectividad en su conjunto…”. Al respecto, es oportuno señalar que la Sala ha precisado que a través de la expresión "intereses que atañen a la colectividad en su conjunto", el legislador quiso referirse a la legitimación que ostenta una entidad corporativa, cuando actúa por intermedio de sus representantes en defensa de los derechos e intereses de las personas que conforman su base asociativa y siempre y cuando se trate del cuestionamiento de normas o disposiciones que incidan en aquel núcleo de derechos o intereses que constituye la razón de ser y el factor aglutinante de la agrupación. A partir de la sentencia 2006-9170 de las dieciséis horas treinta y seis minutos del veintiocho de junio del dos mil seis, este Tribunal retomó un criterio anterior, según el cual los entes corporativos están autorizados para solicitar en forma directa la declaratoria de inconstitucionalidad de una norma, cuando ésta afecte directamente la esfera de acción del ente y de sus integrantes, sin que tenga relevancia que la norma sea susceptible de afectar en forma directa los derechos de los agremiados. En este caso, sin embargo, esta tesis no es de aplicación, porque el accionante no acude en representación de una organización que por su naturaleza o fines, o cuyos asociados, puedan verse afectados por el Acuerdo cuestionado. Por otra parte, el accionante no puede arrogarse sin más la representación de hecho de ninguna persona u organización profesional”. (Voto n° 2014-020446 de las 09:30 horas del 17 de diciembre de 2014).
Con base en el criterio precitado, el accionante tampoco se encuentra legitimado para interponer esta acción en defensa de intereses colectivos de determinadas organizaciones religiosas o de un grupo determinado de personas que forman parte de una agrupación, dado que que el actor no acude en representación de alguna colectividad formalmente organizada e identificada, de la cual ostente la representación legal, por lo que se encuentra imposibilitado para actuar en defensa de intereses corporativos. En razón de lo expuesto, el accionante carece de legitimación en los supuestos invocados en este proceso. De ahí que la acción sea inadmisible y procede su rechazo de plano.
III.- NOTA DEL MAGISTRADO CRUZ CASTRO. En otros casos he considerado que la posibilidad de tener un asunto base no excluye necesariamente contar con legitimación por intereses difusos. Sin embargo, este caso es diferente por cuanto considero que una exoneración tributaria no es un tema de interés difuso. En este sentido coincido con la mayoría en que lo que procede en este caso es un rechazo de plano.
IV.- VOTO SALVADO DEL MAGISTRADO RUEDA LEAL. Me separo del criterio de la mayoría de este Tribunal y salvo el voto en este asunto, por considerar que la decisión de rechazar esta acción de inconstitucionalidad es prematura. Es incuestionable que la acción de inconstitucionalidad es un proceso, “instaurado con el propósito de garantizar la supremacía de la Constitución Política frente a normas u otras disposiciones de carácter general y que por esa misma razón deben cumplirse un conjunto de formalidades, a efecto de que la Sala pueda válidamente conocer el fondo de la impugnación” como se ha señalado en la amplia jurisprudencia de esta Sala. Sin embargo, es precisamente la propia ley la que ordena el tratamiento que debe darse a las distintas formalidades y a su eventual incumplimiento, como se extrae del texto del artículo 80 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional que señala:
“Artículo 80.- Si no se llenaren las formalidades a que se refieren los dos artículos anteriores, el Presidente de la Sala señalará por resolución, cuáles son los requisitos omitidos y ordenará cumplirlos dentro de tercero día (…)” En este asunto, entre otros requisitos, se echa de menos una fundamentación adecuada y suficiente de la legitimación, tal y como lo exige el artículo 78 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional, por lo que resulta de incuestionable aplicación la prevención al accionante para que remedie la omisión detectada. De igual forma, no sobra en absoluto dejar sentado que –en mi criterio- tanto la interpretación de los artículos 78 y 79 como la del propio 80 de la Ley que rige esta jurisdicción, debe ser amplia en beneficio de quienes acuden a esta Sala, de modo que el acceso a la justicia constitucional no resulte innecesariamente limitado.
V.- Documentación aportada al expediente. Se previene a las partes que, de haber aportado algún documento en papel, así como objetos o pruebas contenidas en algún dispositivo adicional de carácter electrónico, informático, magnético, óptico, telemático o producido por nuevas tecnologías, estos deberán ser retirados del despacho en un plazo máximo de 30 días hábiles contados a partir de la notificación de esta sentencia. De lo contrario, será destruido todo aquel material que no sea retirado dentro de este plazo, según lo dispuesto en el "Reglamento sobre Expediente Electrónico ante el Poder Judicial", aprobado por la Corte Plena en sesión N° 27-11 del 22 de agosto del 2011, artículo XXVI y publicado en el Boletín Judicial número 19 del 26 de enero del 2012, así como en el acuerdo aprobado por el Consejo Superior del Poder Judicial, en la sesión N° 43-12 celebrada el 3 de mayo del 2012, artículo LXXXI.
Por tanto:
Se rechaza de plano la acción. El magistrado Cruz Castro consigna nota. El magistrado Rueda Leal salva el voto y ordena hacer la prevención del artículo 80 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional.
Fernando Castillo V.
Fernando Cruz C.
Paul Rueda L.
Luis Fdo. Salazar A.
Jorge Araya G.
Ingrid Hess H.
Fernando Lara G.
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