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Res. 01514-2026 Sala Primera de la Corte · Sala Primera de la Corte · 09/10/2026

Compensation Requires Counterclaim and Costs Are WaivedIndemnización exige contrademanda y exoneración de costas

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OutcomeResultado

Partially grantedParcialmente con lugar

The Chamber quashed only the award of both sets of costs and waived them for the defendant, while leaving intact the annulment and cancellation of the title over the maritime-terrestrial zone and declining to decide any possible compensation because it had not been sought through a counterclaim.La Sala casó únicamente la condenatoria en ambas costas y exoneró de ellas a la demandada, pero mantuvo la nulidad y cancelación registral del título sobre la zona marítimo terrestre y no resolvió una eventual indemnización porque no fue reclamada mediante contrademanda.

SummaryResumen

The First Chamber partially granted the cassation application filed by Desarrollos Turísticos Isla de Damas (DTI) S.A. against the judgment annulling and ordering cancellation of the registration and cadastral plan for land located entirely within the maritime-terrestrial zone. It held that Articles 155 and 182 of the Ley General de la Administración Pública were inapplicable because the State had not revoked an administrative act; it brought judicial proceedings to cancel a private title over public-domain property. Any compensation arising from State conduct that allegedly created an appearance of legitimacy does not follow automatically or necessarily from cancellation of the registration. It had to be claimed through a counterclaim so that administrative liability could be examined and the State could defend itself. The Chamber did not decide whether a right to compensation exists. It nevertheless removed the award of both sets of costs because the company held a preexisting registered title, no fraud was attributed to it, and it had sufficient reason to litigate. The remainder of the judgment was left undisturbed.La Sala Primera declaró parcialmente con lugar el recurso de casación de Desarrollos Turísticos Isla de Damas (DTI) S.A. contra la sentencia que anuló y ordenó cancelar la matrícula y el plano de una finca comprendida íntegramente en la zona marítimo terrestre. Confirmó que los artículos 155 y 182 de la Ley General de la Administración Pública no eran aplicables, porque el Estado no revocó un acto administrativo: promovió un proceso judicial para cancelar un título privado sobre un bien demanial. La eventual indemnización por actuaciones estatales que hubieran creado una apariencia de legitimidad no surge automática ni necesariamente de la cancelación registral; debía reclamarse mediante contrademanda para permitir el análisis de la responsabilidad administrativa y la defensa del Estado. La Sala no resolvió si existe un derecho resarcitorio. Sin embargo, eliminó la condenatoria en ambas costas porque la sociedad, titular de una inscripción preexistente y sin fraude atribuible, tenía motivo bastante para litigar. En todo lo demás, mantuvo incólume la sentencia.

Key excerptExtracto clave

In this matter, the Administration did not revoke any administrative act, nor is the purpose of the proceedings to review the exercise of a power of that nature. What the State brought was a judicial action seeking a declaration of nullity and the resulting cancellation of the registration of a property title over public-domain property, a status that, it bears noting, is not disputed by the cassation applicant. The two situations therefore cannot be equated. It must be clarified that the foregoing does not constitute any ruling on whether the defendant company has a right to compensation. The only determination made here is that this issue could not be heard or granted in these proceedings because it was not introduced into the dispute through the proper procedural channel.En este asunto, la Administración no revocó acto administrativo alguno ni el objeto del proceso consiste en fiscalizar el ejercicio de una potestad de esa naturaleza. Lo que el Estado promovió fue una demanda judicial dirigida a obtener la declaratoria de nulidad y consecuente cancelación registral de un título de propiedad que recae sobre un bien de naturaleza demanial, condición que, valga señalar, no es controvertida por el casacionista. De ahí que no resulte viable equiparar ambos escenarios. Ahora bien, precisa aclarar que, lo dicho hasta ahora no comporta pronunciamiento alguno sobre la procedencia o improcedencia de un eventual derecho resarcitorio a favor de la sociedad demandada. Lo que aquí se ha determinado es, únicamente, que ese extremo no podía ser conocido ni concedido dentro de este proceso al no haber sido incorporado al debate mediante el cauce procesal debido.

Pull quotesCitas destacadas

  • "El resarcimiento pretendido, valga aclarar, no constituye una consecuencia necesaria ni automática de la cancelación del título de propiedad de la accionada (pretensión principal de la demanda)."

    "The compensation sought, it must be clarified, is neither a necessary nor an automatic consequence of cancelling the defendant's property title, which was the principal claim in the action."

    Considerando VI

  • "El resarcimiento pretendido, valga aclarar, no constituye una consecuencia necesaria ni automática de la cancelación del título de propiedad de la accionada (pretensión principal de la demanda)."

    Considerando VI

  • "Para esto último resulta necesaria la reconvención, pues es mediante esta que el demandado introduce una pretensión propia frente al actor y amplía, correlativamente, el objeto sobre el cual habrá de recaer la decisión jurisdiccional."

    "For that purpose, a counterclaim is required, because it is through a counterclaim that the defendant asserts its own claim against the claimant and correspondingly expands the subject matter on which the judicial decision must rule."

    Considerando VI

  • "Para esto último resulta necesaria la reconvención, pues es mediante esta que el demandado introduce una pretensión propia frente al actor y amplía, correlativamente, el objeto sobre el cual habrá de recaer la decisión jurisdiccional."

    Considerando VI

  • "Este particular contexto evidencia que su postura no puede calificarse como carente de fundamento, sino como el ejercicio razonable del derecho de defensa frente a una pretensión que incidía directamente sobre la titularidad registral que ostentaba."

    "This particular context shows that its position cannot be characterized as unfounded, but rather as a reasonable exercise of the right of defense against a claim that directly affected the registered ownership it held."

    Considerando VIII

  • "Este particular contexto evidencia que su postura no puede calificarse como carente de fundamento, sino como el ejercicio razonable del derecho de defensa frente a una pretensión que incidía directamente sobre la titularidad registral que ostentaba."

    Considerando VIII

  • "Se declara parcialmente con lugar el recurso de casación interpuesto por la parte demandada y, en consecuencia, se casa el fallo recurrido, únicamente en cuanto se impusieron ambas costas a cargo de dicha parte."

    "The cassation application filed by the defendant is partially granted and, consequently, the challenged judgment is quashed solely insofar as it imposed both sets of costs on that party."

    Por tanto

  • "Se declara parcialmente con lugar el recurso de casación interpuesto por la parte demandada y, en consecuencia, se casa el fallo recurrido, únicamente en cuanto se impusieron ambas costas a cargo de dicha parte."

    Por tanto

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Sections

Procedural marks

EV Template Generation: D:\Gestion-Judicial\Servidor de Archivos\MODELOS\S1SENT005.dpj Res. 001514-F-S1-2026 FIRST CHAMBER OF THE SUPREME COURT OF JUSTICE. San José, at 10:18 a.m. on 9 October 2026.

In the proceedings on the merits, brought by the STATE, represented initially by State Attorney Susana Fallas Cubero and currently by Heilyn Sáenz Calderón, against DESARROLLOS TURÍSTICOS ISLA DE DAMAS (DTI) S.A., represented by its general attorney-in-fact without monetary limitation, Jorge Paniagua Salazar, as well as by its former special judicial attorney-in-fact Henry Arroyo Villegas and currently by its special judicial attorney-in-fact Sergio Villalobos Campos; the defendant filed a cassation appeal against judgment No. 2026002236 issued at 9:05 p.m. on 9 April 2026 by the Administrative-Litigation and Civil Court of the Treasury (Tribunal Contencioso Administrativo y Civil de Hacienda), composed of judges Elías Baltodano Gómez, Judith Reyes Castillo, and Iván Salas Leitón.

Opinion drafted by Justice Zamora Campos REASONS

I.According to the facts found proven at the preceding instance and not disputed by the cassation appellant, the property in the Puntarenas registry district, recorded under real-property folio number 42095-000 and cadastral plan P-387860-1980, is registered to Desarrollos Turísticos Isla de Damas (DTI) S.A. Registration of that property originated in possessory-title proceedings (proceso de información posesoria), pursuant to the decision issued at 9:00 a.m. on 28 October 1981 by the Juzgado Civil de Puriscal. Technical report No. DIG-TOT-INF-028-2020 dated 22 April 2020, prepared by Giovanni Oconitrillo Chaves, an analyst with the Territorial Classification Subprocess of the Department of Topography and Territorial Observation, Instituto Geográfico Nacional-Registro Nacional, entitled “Photointerpretive study to determine whether the land identified by cadastral plan P-387860-80, located in the Paquita de Quepos sector, is affected by the maritime-terrestrial zone,” concluded: “Analysis of the land identified by cadastral plan P-387860-80, located in the Paquita de Quepos sector, using aerial photographs from 1945, 1981, and 2016 as inputs, makes it possible to identify that most of the land is covered by mangrove, except for its southeastern end (approximately 13000 m2), a sector that is not mangrove but is located within the Restricted Zone of the Maritime-Terrestrial Zone associated with the mangrove and the Damas estuary. Consequently, the entire area corresponding to cadastral plan P-387860-80 affects the Maritime-Terrestrial Zone.”

II.

The State’s representatives brought these proceedings on the merits against Desarrollos Turísticos Isla de Damas (DTI) S.A., requesting: “1) Declare null and order the cancellation of Puntarenas registry entry 42095-000 and plan P-387860-1980 because they encompass, in their entirety, land within the publicly owned maritime-terrestrial zone, declaring that the powers of administration and administrative self-protection of public property (autotutela demanial) entrusted to the competent active Administration shall apply there. 2) Order the defendant to vacate the land described in plan P-387860-1980 within eight business days after the judgment becomes final. Otherwise, its removal shall be ordered by SINAC personnel with assistance from the Fuerza Pública. 3) In the event of opposition, impose both categories of costs and interest thereon upon the defendant.” The defendant opposed the complaint. By judgment No. 2026002236 issued at 9:05 p.m. on 9 April 2026 by the Tribunal Contencioso Administrativo y Civil de Hacienda, composed of judges Elías Baltodano Gómez, Judith Reyes Castillo, and Iván Salas Leitón, the complaint was granted and, consequently, the following was ordered: “1) Puntarenas registry entry 42095-000 and cadastral plan P-387860-1980 are declared null, and the Registro Inmobiliario is hereby ordered to cancel them accordingly.

  • 2)Because they encompass, in their entirety, land within the maritime-terrestrial zone—public property—the powers of administration and administrative self-protection of public property entrusted to the competent active Administration shall apply there.
  • 3)The defendant company is ordered to vacate the land described in cadastral plan P-387860-1980, for which it is granted 15 business days after this judgment becomes final. Otherwise, it shall be evicted by SINAC personnel with assistance from the Fuerza Pública.
  • 4)The defendant company is ordered to pay both categories of costs in these proceedings. Their amount shall be determined during the Judgment-Enforcement Phase at the State’s request. The defendant shall pay the corresponding statutory interest on any amounts finally determined as costs, calculated from the date the judgment becomes final until actual payment.” Dissatisfied with the ruling, the claimant filed a cassation appeal before this Chamber, which was admitted.

III.To provide better order in considering and deciding the alleged errors, the first, second, and fourth objections will be analyzed jointly because they concern the same issue. The third objection, relating to the award of costs, will then be addressed only if the preceding objections are not granted.

IV.Before setting out the objections, the appellant states that the Court adequately determined that the property is public property (bien demanial), that its title is invalid, and that it cannot be acquired by prescription. It cautions, however, that the lower court’s error was its failure to distinguish between the invalidity of the title—which was correctly declared—and the State’s liability. Its disagreement centers on the latter issue, which it contends was completely omitted. It asserts that annulment of the title gives rise to the State’s duty to incur pecuniary liability because it was the Administration itself that, over a prolonged period, created an appearance of legality that reasonably induced good-faith third parties to invest in the property. In its first ground, it alleges failure to apply Article 155 of the Ley General de la Administración Pública (LGAP). It explains that the challenged judgment proceeded from the incorrect premise that the arguments concerning State liability could not be considered because no counterclaim had been filed.

It notes that the cited provision establishes that, when an act declaring subjective rights is revoked, the Administration must simultaneously recognize and, insofar as possible, calculate full compensation for the loss and damage caused, under penalty of absolute nullity. In its view, this provision admits neither restrictive interpretations nor procedural conditions because it imposes a legal duty triggered merely upon verification of the factual circumstances contemplated by the rule, which is a matter of public policy. It emphasizes that the provision for compensation does not depend on the parties’ initiative or on the assertion of specific claims; rather, it is an obligation that the Administration must observe on its own initiative and that, by extension, must be observed by the judicial body examining the legality of its actions. It stresses that this case concerns an event that extinguishes a previously consolidated legal situation, directly affecting the rights of the person subject to the Administration (administrado).

It insists that if the rule provides that corresponding compensation must be contemplated when subjective rights are affected, and if that precise circumstance arose in this case, then the legal consequence is recognition and eventual quantification of the loss, which necessarily should have formed part of the analysis. It asks the Chamber to consider that the rule itself provides that failure to award compensation renders the act absolutely null, meaning that this is an essential requirement whose noncompliance fundamentally vitiates the administrative action. For these reasons, it considers the Court’s reasoning regarding the absence of a counterclaim erroneous because the obligation to compensate does not arise from a party’s claim but from the law itself. It therefore contends that the Court should have ordered the Administration to recognize and calculate the loss or made the act’s validity conditional upon inclusion of that provision for compensation.

It underscores that absolute nullity, unlike other defects, does not depend on a party raising it, but may and must be declared on the court’s own initiative when the judicial body identifies it. Along these lines, it states that failure to provide for compensation is not a minor defect but an omission that deprives the administrative act of legality by disregarding the administrado’s right to full compensation. It asserts that the Court’s passivity indirectly validated an invalid act, which is incompatible with its duty to review legality. It alleges violation of the principle of legality and the principle that an administrado’s assets may not be impaired. It maintains that the ruling permitted an outcome contrary to the legal system: State action affecting rights without the State assuming the corresponding duty to compensate. In its second objection, it alleges failure to apply Articles 155(2) and 182 of the LGAP.

It notes that the latter provision authorizes and, in certain circumstances, requires the judge to declare an act invalid on the judge’s own initiative when substantial violations concerning its essential elements are established. It cautions that, under this reasoning, if the legal system establishes compensation as an inherent element of an act revoking subjective rights, its omission necessarily constitutes a substantial violation that the judge was required to identify and correct on the judge’s own initiative. It objects that, in this case, the Court omitted that analysis because it declared the property title invalid without examining whether the administrative act that gave rise to that situation satisfied the compensation requirement, much less ordering the corresponding reparation. In its fourth objection, it argues that the constitutional principle against impairment of property under Article 45 of the Constitution was violated.

It maintains that the lower court disregarded the content of that provision, which enshrines the inviolability of private property and establishes a clear rule: no one may be deprived of property without a legally established public interest and prior payment of the corresponding compensation. It considers compensation neither an ancillary element nor one that may be deferred, but a condition for the legitimacy of the impairment of property. It states that validating an outcome that deprives an administrado of property without compensation breaches the principle against impairment of property and creates a situation comparable to a de facto expropriation lacking the minimum safeguards required by the legal system. It adds that, had the provision in question been applied in harmony with the applicable legal framework set forth in Article 190 et seq. of the LGAP, the production of annulment effects without compensation would have been prevented, or the effectiveness of the decision would have been made conditional upon prior recognition and payment of the corresponding compensation, or, at minimum, the existence of the duty to compensate would have been expressly noted and the affected party advised of the procedural mechanisms available to pursue it effectively.

V.In the challenged judgment, the Court held that the technical evidence submitted left no doubt that the disputed land was public property and was therefore inalienable, immune from attachment, and not subject to prescription. Regarding the disputed issue, however, it expressly stated: “[…] although the defendant company—as noted above—makes a series of statements concerning State liability and, on that basis, asserts claims seeking a declaration of such liability, the fact remains that this matter was already addressed and decided by the Case-Management Judge, who concluded—with sound legal reasoning, in our view—that because no counterclaim existed, those requests had to be rejected, as she indeed ordered in the decision issued at 4:58 p.m. on 1 September 2020. (Images 76 to 78 of the judicial case file). Accordingly, because this matter has been decided and is procedurally foreclosed, this panel refrains from ruling on it.”

VI.Upon reviewing the alleged errors against the decision at the preceding instance, this Chamber finds no grounds for reaching a different resolution. First, the provisions invoked by the appellant, specifically Articles 155 and 182 of the LGAP, do not apply to the case under review because the circumstances they govern do not correspond to the factual and legal setting at issue in this litigation. The first cited provision expressly states: “1. Revocation of an act declaring subjective rights shall be carried out by the head of the respective entity, following a favorable opinion from the Contraloría General de la República. / 2. It shall simultaneously contain recognition and, if possible, calculation of full compensation for the loss and damage caused, under penalty of absolute nullity. / 3. In all cases, the loss and damage shall be assessed by the Administration within one month after the administrado submits a request or application containing the assessment sought.” The second provides: “1.

The Judge may not declare an act invalid on the Judge’s own initiative, except in the case of substantial violations relating to the actor, procedure, or form, in which cases the Judge must do so. / 2. For purposes of this Article, the actor shall be understood as an element encompassing the entity’s existence and capacity, the body’s existence and competence, the requirements necessary for the exercise of that competence, and the public servant’s regular appointment. / 3. The Judge may review on the Judge’s own initiative the existence of all the foregoing aspects relating to the actor responsible for the act, subject to the exception contained in the following paragraph. / 4. Relative lack of competence may not be declared or raised on the court’s own initiative.” As their content demonstrates, the cited provisions presuppose the existence of an administrative act with respect to which the power of revocation is exercised or whose invalidity is asserted.

That prerequisite is absent here. In this matter, the Administration did not revoke any administrative act, nor is the purpose of these proceedings to review the exercise of a power of that kind. What the State brought was a judicial action seeking a declaration of nullity and the resulting cancellation from the Registry of a property title covering public property, a status that, it bears noting, the cassation appellant does not dispute. The two situations therefore cannot properly be equated. It is one thing for the Administration, in exercising an administrative power, to revoke an act under the circumstances authorized by the legal system and subject to the requirements established for doing so; it is another, substantially different matter for it to seek from the administrative-litigation jurisdiction the nullity and cancellation from the Registry of a title covering public-domain property that, precisely because of that status, could not be privately appropriated.

The latter circumstance is the one presented in the case under review. Therefore, because the prerequisite underlying the provisions allegedly left unapplied is absent, the legal consequences that the appellant seeks to derive from them likewise cannot be extended to this matter. In particular, those provisions cannot give rise to a duty of the judicial body to award compensation on its own initiative as a consequence of the ordered cancellation from the Registry. If the defendant company believes that certain State actions created an appearance of legitimacy that led it to acquire the property at issue or make investments in it and, based on those circumstances, considers that the requirements for administrative liability and an infringement of its property right under Article 45 of the Constitution have been established, thereby giving rise to a right to compensation in its favor, it necessarily should have presented that potential factual basis and requested relief through a counterclaim.

It bears clarification that the reparation sought is not a necessary or automatic consequence of the cancellation of the defendant’s property title, which is the complaint’s principal claim. Such a contention requires determining whether the requirements for administrative liability are met, an analysis that the Court in this case would have been required to undertake only if the defendant had brought the corresponding declaratory action. It is important to clarify at this point that when a defendant merely opposes a complaint, it assumes an exclusively defensive role because its position is confined to opposing the claims asserted against it and seeking their dismissal. It cannot thereby obtain a declaration of an independent right in its favor or a judgment against the party that brought the proceedings. A counterclaim is required for the latter because it is through a counterclaim that the defendant introduces its own claim against the claimant and correspondingly expands the subject matter upon which the judicial decision must rule.

For this reason, the counterclaim is formally served on the claimant so that the claimant may answer it and fully exercise its right of defense, since it introduces a new claim into the proceedings, this time directed against the claimant, who must be guaranteed the opportunity to present any arguments deemed relevant and offer corresponding evidence. In other words, through a counterclaim the defendant ceases to occupy an exclusively defensive position regarding the action brought against it and, in turn, assumes the status of claimant against the original claimant, thereby expanding the subject matter of the litigation. A claim of that nature therefore cannot permissibly be introduced through mere allegations in the answer to the complaint, nor may the judicial body cure the absence of a counterclaim and, on its own initiative, recognize a right that was not introduced into the subject matter of the dispute through the appropriate procedural channel.

Thus, because the defendant company did not assert its compensation claim through a counterclaim in this case, the Court correctly refrained from ruling on that issue. A contrary decision would have entailed ruling on a claim that was not part of the subject matter of the proceedings and regarding which the State had no opportunity to defend itself as a counterclaim defendant, thereby impairing the principles of congruence, adversarial process, and due process. It must be kept in mind that any award of compensation requires not only that the party seeking it assert the existence of loss and the corresponding causal link, but also that the opposing party have an opportunity to dispute the underlying facts, whether the requirements for administrative liability are met, the existence and extent of the alleged loss, and any grounds for exemption from liability. None of that occurred here, precisely because the defendant’s allegations were not pursued through a counterclaim, as required.

It must now be clarified that the foregoing does not constitute any ruling on whether the defendant company may or may not have an eventual right to reparation. The sole determination made here is that this issue could not be considered or granted within these proceedings because it was not introduced into the dispute through the proper procedural channel. Accordingly, in light of all the foregoing and because the error attributed to the judges at the preceding instance is not established, the asserted challenges must be rejected.

VII.The third alleged error asserts violation of Article 193 of the LGAP in connection with the award of costs. The appellant considers the sequence of events decisive to understanding why the award was improper. It notes that registration of the land originated in possessory-title proceedings, that is, through a mechanism recognized by the legal system itself. The defendant company subsequently acquired the property in legitimate reliance on the public records, with no allegation that it acted unlawfully, irregularly, or negligently. It therefore concludes that it is a good-faith purchaser that acted under the protection of the legal certainty provided by the Registry. Nevertheless, it notes, the Administration itself brought proceedings seeking to annul the titles, implicitly—and expressly in these proceedings—acknowledging that errors occurred in establishing the legal status reflected in the Registry.

Faced with this situation, it asserts, the defendant’s position has been consistent and responsible: it did not present reckless or obstructive opposition but merely maintained that, if annulment were granted, compensation should be recognized for the loss caused. In other words, it emphasizes, its procedural conduct was reasonable, proportionate, and consistent with the legal framework itself, particularly Article 155 of the LGAP. It therefore considers the grounds for exemption established in Article 193 of the Código Procesal Civil to be present. First, it explains, the nature of the issues disputed provided more than sufficient grounds to litigate. It adds that this is neither a trivial dispute nor a capricious objection, but a case involving the impairment of rights acquired on the basis of the public faith of the Registry and the State’s potential liability for its own errors. Requiring a party in this situation to acquiesce without raising the need for compensation would disregard elementary principles of justice and protection of property.

Second, it underscores that the proceedings demonstrate that the dispute arose precisely from circumstances beyond the defendant’s control and attributable to State action. It maintains that the award of costs ultimately imposed an economic penalty upon a party that did not cause the litigation, did not act improperly, and instead merely exercised its right of defense legitimately and sought the compensation that the legal system itself recognizes in circumstances such as these. It asserts that the purpose of the provision allegedly infringed is to prevent costs from being imposed automatically on a party that litigated reasonably and with justification. In addition, it states, account must be taken of the fact that the Court found the property at issue to be located in a protected zone on the basis of official letter IG-TOT-129-2020 and report IG-TOT-INF-028-2020, both dated 22 April 2020, which postdate the defendant’s acquisition of the property.

It insists that the acquisition was made in legitimate reliance on the Registry information in effect at the time of purchase. Thus, that evidence is a technical input that did not exist when the defendant purchased the property. It considers that this establishes the circumstance contemplated in subsection (a) of the cited Article 193. It emphasizes that the defendant did not challenge the truthfulness of that evidence, meaning that its conduct during the proceedings was candid, cooperative, and reasonable. In its view, imposing costs on a party that did not cause the litigation, engaged in no unlawful or otherwise reprehensible conduct, acted under an appearance of legality created by the State itself, and, after proceedings began, acted candidly and reasonably, produces an outcome that distorts the purpose of the costs regime. It concludes that this institution was not designed to penalize the legitimate exercise of the right of defense or shift to an administrado the cost of litigation brought by the State to correct its own errors.

VIII.Although the appellant identified the infringed provision first as belonging to the LGAP and later to the Código Procesal Civil, the content of its argument—an award of costs—makes clear that it was referring to Article 193 of the Código Procesal Contencioso Administrativo (CPCA), and that is therefore the provision that will be assessed. Under that provision, the general rule is that the costs of the proceedings must be borne by the unsuccessful party, which may be exempted from payment only by exception. The same provision establishes the following grounds for exemption: a) The judgment is issued on the basis of evidence whose existence the opposing party plausibly did not know of, and that party’s opposition was consequently justified. b) In the Court’s judgment, the nature of the disputed issues provided sufficient grounds to litigate. In this case, the Court applied the general rule and therefore imposed both categories of costs upon the defendant.

Dissatisfied with that decision, the defendant argues that the foregoing grounds for exemption were not applied. In this Chamber’s view, the objection is well-founded. Although the defendant company was unsuccessful in the proceedings, particular circumstances support finding that the exception established in Article 193(b) of the CPCA applies because it had sufficient grounds to litigate. The defendant appeared in the proceedings as the registered owner of the property whose registration the State sought to have declared null and cancelled, a right it had acquired under a preexisting Registry entry. Moreover, there is no indication that its acquisition of the property resulted from fraudulent or unlawful conduct attributable to it. On the contrary, the dispute arose from the existence of a title registered as private property, despite covering land later determined to be within the maritime-terrestrial zone.

Thus, when faced with a complaint specifically seeking to deprive the registered title from which its right derived of legal effect, it had sufficient grounds to appear in the proceedings and defend itself. It must also be considered that determining that the property lies within the maritime-terrestrial zone and is therefore subject to the public-property regime required technical evidence establishing its characteristics and location. Although that evidence ultimately supported granting the State’s claim, it does not alter the fact that, when the proceedings were brought, the defendant held a formally registered title whose cancellation could be obtained only through the corresponding judicial declaration. This particular context demonstrates that its position cannot be characterized as unfounded, but instead constituted a reasonable exercise of the right of defense against a claim directly affecting its registered ownership.

Consistent with all the foregoing, the appellant is correct in challenging the award in question; the alleged error must therefore be sustained, and the defendant company must be exempted from paying both categories of costs.

IX.In view of the foregoing, the cassation appeal filed by the defendant will be partially granted and, consequently, the challenged judgment will be quashed solely insofar as it imposed both categories of costs upon that party. In its place, ruling on the merits pursuant to Article 150.2 of the CPCA, the matter will be resolved without a special award of costs. The judgment will remain undisturbed in all other respects.

THEREFORE

The cassation appeal filed by the defendant is partially granted and, consequently, the challenged judgment is quashed solely insofar as it imposed both categories of costs upon that party. In its place, ruling on the merits, the matter is resolved without a special award of costs. The judgment remains undisturbed in all other respects. ERAMIREZCA Luis Guillermo Rivas Loaiciga Rocío Rojas Morales Damaris Vargas Vásquez Jorge Leiva Poveda Carlos Guillermo Zamora Campos 1

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EV Generación de Machote: D:\Gestion-Judicial\Servidor de Archivos\MODELOS\S1SENT005.dpj Res. 001514-F-S1-2026 SALA PRIMERA DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. San José, a las diez horas dieciocho minutos del nueve de octubre de dos mil veintiseis .

En el proceso de conocimiento, interpuesto por el ESTADO, representado inicialmente por la procuradora Susana Fallas Cubero y, en la actualidad, por Heilyn Sáenz Calderón, contra DESARROLLOS TURÍSTICOS ISLA DE DAMAS (DTI) S.A., representada por su apoderado generalísimo sin límite de suma, Jorge Paniagua Salazar, así como por su otrora apoderado especial judicial Henry Arroyo Villegas y, actualmente, por su apoderado especial judicial Sergio Villalobos Campos; la parte demandada plantea recurso de casación contra la sentencia No. 2026002236 de las 21 horas 5 minutos del 9 de abril de 2026, dictada por el Tribunal Contencioso Administrativo y Civil de Hacienda, integrado por los juzgadores Elías Baltodano Gómez, Judith Reyes Castillo e Iván Salas Leitón.

Redacta el Magistrado Zamora Campos

CONSIDERANDO

I.Conforme los hechos tenidos por demostrados en la instancia precedente y no controvertidos por el casacionista, el inmueble del partido de Puntarenas, inscrito bajo la matrícula de folio real 42095-000, plano catastrado P-387860-1980, se encuentra a nombre de la compañía Desarrollos Turísticos Isla de Damas (DTI) S.A. La inscripción del citado inmueble se originó en el proceso de información posesoria mediante la resolución de las 9 horas del 28 de octubre de 1981, emitida por el Juzgado Civil de Puriscal. En el informe técnico No. DIG-TOT-INF-028-2020 de fecha 22 de abril de 2020, elaborado por el señor Giovanni Oconitrillo Chaves, quien es analista del Subproceso de Clasificación Territorial del Departamento Topográfico y Observación del Territorio, Instituto Geográfico Nacional-Registro Nacional, titulado: Estudio fotointerpretativo para determinar si el terreno con plano catastrado P-387860-80 ubicado en el sector de Paquita de Quepos está afectado por la zona marítimo terrestre, se concluyó: ““El análisis del terreno con plano catastrado P-387860-80, ubicado en el sector de Paquita de Quepos, utilizando como insumos las fotografías aéreas de los años 1945, 1981 y 2016, permite identificar que la mayor parte del terreno se encuentra cubierto por manglar, a excepción del extremo sureste del terreno (aproximadamente 13000 m2), sector que no es manglar, pero se ubica dentro de la Zona Restringida de la Zona Marítimo Terrestre asociada al manglar y al estero Damas. En consecuencia toda el área correspondiente al plano catastrado P-387860-80 afecta la Zona Marítimo Terrestre”.

II.

La representación del Estado interpuso el presente proceso de conocimiento contra Desarrollos Turísticos Isla de Damas (DTI) S.A., solicitando: “1) Declarar la nulidad y ordenar la cancelación de la matrícula del Partido de Puntarenas 42095-000 y del plano P-387860-1980, por comprender en su totalidad terrenos de la zona marítimo terrestre de dominio público, declarando que allí regirán las potestades de administración y autotutela demanial a cargo de la Administración activa competente. 2) Ordenar a la demandada desocupar el terreno descrito en el plano P- 387860-1980 en el plazo de ocho días hábiles posterior a la firmeza de la sentencia. Caso contrario, se ordenará su retiro mediante personal del SINAC y con auxilio de la Fuerza Pública. 3) En caso de oposición, imponer ambas costas y sus intereses a cargo de la accionada”. La demandada contestó negativamente la demanda. Mediante la sentencia No. 2026002236 de las 21 horas 5 minutos del 9 de abril de 2026, dictada por el Tribunal Contencioso Administrativo y Civil de Hacienda, con la integración de los juzgadores Elías Baltodano Gómez, Judith Reyes Castillo e Iván Salas Leitón, se declaró con lugar la demanda y, en consecuencia, se dispuso: “1) Se declara la nulidad, ordenándose en este acto al registro Inmobiliario su respectiva cancelación, de la matrícula del Partido de Puntarenas 42095-000 y del plano catastrado P-387860-1980.

  • 2)Por comprender en su totalidad terrenos de la zona marítimo terrestre -dominio público-, allí regirán las potestades de administración y autotutela demanial a cargo de la Administración activa competente.
  • 3)Se ordena a la sociedad accionada, desalojar el terreno descrito en el plano catastrado P- 387860-1980, para lo cual se le otorga el plazo de 15 días hábiles, posteriores a la firmeza de la presente sentencia. Caso contrario, se ejecutará su desalojo mediante personal del SINAC con auxilio de la Fuerza Pública.
  • 4)Se condena a la sociedad demandada al pago de ambas costas del presente Proceso. Quantum de las mismas que se determinará en la Fase de Ejecución de Sentencia a instancia del Estado. Sobre las sumas que en firme llegare a determinarse por concepto de costas, deberá la accionada cancelar los intereses legales correspondientes, contados desde la firmeza dicha hasta su efectivo pago”. Inconforme la actora con lo resuelto, incoó recurso de casación ante esta Sala, el cual fue admitido.

III.Para un mejor orden en el conocimiento y resolución de los agravios formulados, las censuras primera, segunda y cuarta serán analizadas de manera conjunta, por versar sobre un mismo tema. Posteriormente, se abordará el tercer reproche, relativo a la condenatoria en costas, únicamente en caso de que los anteriores no sean acogidos.

IV.De previo a la exposición de los reproches, el recurrente indica que el Tribunal abordó adecuadamente la determinación de que el bien es de naturaleza demanial, que su título carece de validez y que no es susceptible de prescripción. Sin embargo, advierte que el error del A quo fue que no distinguió entre la invalidez del título (lo que fue correctamente declarado) y la responsabilidad del Estado. En relación con esto último gravita su disconformidad, pues arguye una total omisión sobre ese tema. Asegura que con la anulación del título surge el deber del Estado de responder patrimonialmente, en la medida que fue la propia Administración la que generó durante un periodo prolongado una apariencia de legalidad que razonablemente indujo a terceros de buena fe a realizar inversiones sobre el bien. En el primer cargo, acusa la desaplicación del artículo 155 de la Ley General de la Administración Pública (LGAP).

Explica, en el fallo recurrido se partió de una premisa incorrecta, sea que las manifestaciones relativas a la responsabilidad del Estado no podían ser atendidas al no presentar una contrademanda. Anota, el canon citado establece que cuando se está ante una revocación de un acto declaratorio de derechos subjetivos, la Administración debe de manera simultánea reconocer y, en la medida de lo posible, calcular la indemnización completa de los daños y perjuicios causados, bajo pena de nulidad absoluta. A su parecer, se trata de una disposición que no admite interpretaciones restrictivas ni condicionamientos procesales, en tanto impone un deber legal que se activa por la sola verificación del supuesto de hecho previsto en la norma, la cual es de orden público. Resalta, la previsión indemnizatoria no depende de la iniciativa de las partes ni de la formulación de pretensiones específicas, sino que constituye una obligación que debe ser observada de oficio por la Administración y, por extensión, por el órgano jurisdiccional que examina la juridicidad de su actuación.

En este caso, destaca, se está ante un evento que deja sin efecto una situación jurídica previamente consolidada, con incidencia directa en la esfera de derechos del administrado. Insiste, si la norma dispone que, ante la afectación de derechos subjetivos debe preverse la indemnización correspondiente y, si en el caso concreto se configuró precisamente ese supuesto, entonces la consecuencia jurídica es el reconocimiento y eventual cuantificación de los daños, por lo que ello debía necesariamente formar parte del análisis. Pide tomar en consideración que en la propia norma se establece que, si no se procede con la indemnización, el acto se torna nulo absolutamente, de modo que se trata de un requisito esencial cuya inobservancia vicia radicalmente la actuación administrativa. Por lo expuesto, estima errada la consideración del Tribunal sobre la falta de contrademanda, pues la obligación indemnizatoria no nace de una pretensión de parte, sino de la propia Ley.

Así, apunta, lo que debió hacer el Tribunal era: ordenar a la Administración que procediera a reconocer y calcular los daños, o bien, condicionar la validez del acto a que dicha previsión indemnizatoria fuera incorporada. Subraya, la nulidad absoluta, a diferencia de otros vicios, no depende de alegación de parte, sino que puede y debe ser declarada de oficio cuando el órgano jurisdiccional advierte su configuración. En esa línea, acota, la falta de previsión de la indemnización no es un defecto menor, sino una omisión que vacía de legalidad el acto administrativo, al desconocer el derecho del administrado a ser íntegramente resarcido. Asegura que la pasividad del Tribunal se traduce en una convalidación indirecta de un acto inválido, lo cual es incompatible con el deber de control de legalidad que le corresponde. Acusa la vulneración del principio de legalidad, así como el de intangibilidad del patrimonio del administrado.

Considera que, con lo resuelto, se habilitó un resultado contrario al sistema: una actuación estatal que afecta derechos sin haber asumido el deber correlativo de indemnizar. En el segundo reproche, aduce la desaplicación de los numerales 155, inciso 2) y 182 de la LGAP. Anota, la última norma en mención habilita y, en ciertos supuestos, obliga al juez a declarar de oficio la invalidez del acto cuando se verifiquen infracciones sustanciales relativas a sus elementos esenciales. En esa lógica, advierte, si el ordenamiento establece que la indemnización es un elemento consustancial al acto de revocación de derechos subjetivos, su omisión configura necesariamente una infracción sustancial que el juez debía advertir y corregir de oficio. En este caso, reprocha, el Tribunal omitió ese análisis, pues declaró la invalidez del título de propiedad sin examinar si el acto administrativo que dio lugar a dicha situación cumplía con el requisito indemnizatorio, ni mucho menos ordenó la reparación correspondiente.

En el cuarto reparo, arguye la violación del principio constitucional de intangibilidad patrimonial conforme el precepto 45 de la Carta Magna. Sostiene, el A quo desconoció el contenido de la citada norma, la cual consagra el principio de la inviolabilidad de la propiedad privada que establece una regla clara: nadie puede ser privado de su propiedad sin que medie interés público legalmente comprobado y sin el pago previo de la correspondiente indemnización. Considera que la indemnización no es un elemento accesorio ni diferible, sino una condición de legitimidad de la afectación patrimonial. Apunta, al validarse un resultado que despoja al administrado de su propiedad sin compensación, incurre en una ruptura del principio de intangibilidad del patrimonio, generando una situación equiparable a una expropiación de hecho carente de las garantías mínimas exigidas por el ordenamiento. Añade, de haberse aplicado la norma en cuestión, en armonía con el régimen legal aplicable previsto en el ordinal 190 y siguientes de la LGAP, se habría dispuesto impedir la producción de efectos anulatorios sin compensación o condicionar la eficacia de la decisión al reconocimiento y pago previo de la indemnización correspondiente, o cuando menos, advertir expresamente la existencia del deber indemnizatorio y orientar a la parte afectada sobre los mecanismos procesales disponibles para su reclamación efectiva.

V.En la sentencia cuestionada, el Tribunal consideró que con la prueba técnica ofrecida no quedaba duda que el terreno en disputa se trataba de un bien demanial y de ahí su inalienabilidad, inembargabilidad e imprescriptibilidad. Ahora bien, con respecto al tema en controversia, indicó expresamente: “[…] si bien la sociedad accionada -como se adelantó- realiza una serie de manifestaciones relacionadas con la responsabilidad del Estado y con ocasión de ello esgrime pretensiones dirigidas a que se declare tal responsabilidad, es lo cierto que ese tema ya fue abordado y resuelto por la Juzgadora de Trámite, al estimar, con buen criterio jurídico -consideramos-, que en tanto no existe contrademanda, tales pedimentos debían ser rechazados, como en efecto lo dispuso mediante resolución dieciséis horas y cincuenta y ocho minutos del uno de setiembre de dos mil veinte. (Imágenes 76 a 78 del expediente judicial). De ahí que, por tratarse de una situación resuelta y precluida, este órgano colegiado omite manifestarse”.

VI.De la revisión de los agravios, en cotejo con lo resuelto en la instancia precedente, esta Sala no encuentra mérito para arribar a una solución distinta de la fallada. En primer término, las normas invocadas por el recurrente, concretamente los cardinales 155 y 182 de la LGAP, no resultan aplicables al subexamine, pues los supuestos que regulan no guardan correspondencia con el escenario fáctico y jurídico objeto de este litigio. Nótese, la primera norma citada expresamente estatuye: “1. La revocación de un acto declaratorio de derechos subjetivos deberá hacerse por el jerarca del ente respectivo, previo dictamen favorable de la Contraloría General de la República. / 2. Simultáneamente deberá contener el reconocimiento y si es posible el cálculo de la indemnización completa de los daños y perjuicios causados, so pena de nulidad absoluta. / 3. En todo caso los daños y perjuicios deberán ser liquidados por la Administración dentro del mes posterior a la solicitud o recurso del administrado que contenga la liquidación pretendida por éste”.

La segunda dispone: “1. El Juez no podrá declarar de oficio la invalidez del acto, salvo que se trate de infracciones sustanciales relativas al sujeto, al procedimiento o a la forma, casos en los cuales deberá hacerlo. / 2. Para efectos de este artículo el sujeto se entenderá como elemento comprensivo de la existencia del ente y su capacidad, de la existencia del órgano y su competencia, de los requisitos necesarios para el ejercicio de ésta y de la regular investidura del servidor público. / 3. El Juez podrá controlar de oficio la existencia de todos los extremos dichos en relación con el sujeto del acto, con la excepción contenida en el párrafo siguiente. / 4. La incompetencia relativa no podrá ser declarada ni hecha valer de oficio”. Como se desprende de su contenido, las disposiciones invocadas presuponen la existencia de un acto administrativo respecto del cual se ejerce la potestad de revocación o se plantea su invalidez.

Ese presupuesto no concurre en la especie. En este asunto, la Administración no revocó acto administrativo alguno ni el objeto del proceso consiste en fiscalizar el ejercicio de una potestad de esa naturaleza. Lo que el Estado promovió fue una demanda judicial dirigida a obtener la declaratoria de nulidad y consecuente cancelación registral de un título de propiedad que recae sobre un bien de naturaleza demanial, condición que, valga señalar, no es controvertida por el casacionista. De ahí que no resulte viable equiparar ambos escenarios. Una cosa es que la Administración, en ejercicio de una potestad administrativa, revoque un acto en los supuestos autorizados por el ordenamiento y con sujeción a las exigencias previstas para ello y; otra, sustancialmente distinta, que acuda ante la jurisdicción contenciosa-administrativa a solicitar la nulidad y cancelación registral de un título que recae sobre un bien de dominio público y que, precisamente por esa condición, no podía ser objeto de apropiación privada.

Es este último supuesto el que se presenta en el subexamine. Por ende, al no configurarse el presupuesto sobre el cual descansan las normas cuya desaplicación se acusa, tampoco cabe trasladar a este asunto las consecuencias jurídicas que el recurrente pretende extraer de ellas. En particular, no es posible derivar de esos preceptos un deber del órgano jurisdiccional de reconocer de oficio una indemnización como consecuencia de la cancelación registral ordenada. Ahora bien, si la sociedad demandada estima que determinadas actuaciones estatales generaron una apariencia de legitimidad que la condujo a adquirir el inmueble de marras o a efectuar inversiones sobre este y que, a partir de tales circunstancias, considera configurados los presupuestos de la responsabilidad administrativa y la infracción de su derecho de propiedad conforme el canon 45 constitucional y, por ende, la configuración de un derecho indemnizatorio a su favor; en tal caso, ese eventual esquema fáctico y petitorio lo debió plantear necesariamente a través de una contrademanda.

El resarcimiento pretendido, valga aclarar, no constituye una consecuencia necesaria ni automática de la cancelación del título de propiedad de la accionada (pretensión principal de la demanda). Tal planteamiento exige determinar la concurrencia de los presupuestos propios de la responsabilidad administrativa, análisis que, en este caso, el Tribunal habría estado obligado a efectuar solo si la accionada hubiera gestionado la respectiva acción declarativa. En este punto, resulta importante esclarecer que, cuando la parte demandada se limita a contestar negativamente la demanda asume un rol únicamente de defensa, pues su postura se circunscribe a oponerse a las pretensiones deducidas en su contra y procurar su rechazo. Con ello no puede obtener a su favor la declaración de un derecho autónomo ni una condena contra quien promovió el proceso. Para esto último resulta necesaria la reconvención, pues es mediante esta que el demandado introduce una pretensión propia frente al actor y amplía, correlativamente, el objeto sobre el cual habrá de recaer la decisión jurisdiccional.

Por eso, incluso, de la contrademanda se confiere el respectivo traslado al actor para que pueda contestarla y ejercer plenamente su derecho de defensa, pues con esta se incorpora al proceso una nueva pretensión, esta vez dirigida en su contra, respecto de la cual debe garantizársele la posibilidad de formular las alegaciones que estime pertinentes y ofrecer la prueba correspondiente. En otras palabras, mediante la reconvención el demandado deja de ocupar una posición exclusivamente defensiva respecto de la acción promovida en su contra y asume, a su vez, la condición de accionante frente al actor, con la consecuente ampliación del objeto litigioso. De ahí que no resulte admisible que una pretensión de esa naturaleza sea introducida mediante simples alegaciones contenidas en la contestación de la demanda, ni que el órgano jurisdiccional pueda suplir la ausencia de reconvención y reconocer, de oficio, un derecho que no fue incorporado al objeto de debate a través de la vía procesal pertinente.

Así, como en este caso la sociedad demandada no formuló su pretensión indemnizatoria a través de una contrademanda, hizo bien el Tribunal al omitir pronunciarse sobre ese extremo. Resolver en sentido contrario habría supuesto decidir sobre una pretensión que no integraba el objeto del proceso y respecto de la cual el Estado no tuvo la oportunidad de ejercer su defensa en condición de reconvenido, con la consecuente afectación de los principios de congruencia, contradicción y debido proceso. No puede perderse de vista que una eventual condena indemnizatoria exige no solo que quien la pretende afirme la existencia de un daño y el nexo causal correspondiente, sino también que la contraparte tenga oportunidad de controvertir los hechos en que se sustenta, la concurrencia de los presupuestos de la responsabilidad administrativa, la existencia y extensión del daño alegado y eventuales eximentes de responsabilidad.

Nada de ello ha ocurrido en la especie, precisamente porque lo alegado por el demandado no se gestionó a través de una contrademanda, como correspondía. Ahora bien, precisa aclarar que, lo dicho hasta ahora no comporta pronunciamiento alguno sobre la procedencia o improcedencia de un eventual derecho resarcitorio a favor de la sociedad demandada. Lo que aquí se ha determinado es, únicamente, que ese extremo no podía ser conocido ni concedido dentro de este proceso al no haber sido incorporado al debate mediante el cauce procesal debido. Pues bien, en apegado a todo lo expuesto y al no apreciarse el yerro que se atribuye a los juzgadores de instancia, habrán de rechazarse los embates formulados.

VII.En el tercer agravio, se acusa el quebranto del numeral 193 de la LGAP, en relación con la condenatoria en costas. Considera que la secuencia de hechos es determinante para comprender la improcedencia de la condena. Anota, la inscripción del terreno tiene su origen en un proceso de información posesoria, es decir, en un mecanismo reconocido por el propio ordenamiento jurídico. Posteriormente, la sociedad accionada adquirió el bien confiando legítimamente en la publicidad registral, sin que exista señalamiento alguno de actuación ilícita, irregular o negligente de su parte. Así, concluye, se trata de un adquirente de buena fe que actuó amparado en la seguridad jurídica que brinca el Registro. A pesar de ello, acota, es la propia Administración la que inicia un proceso orientado a anular los títulos, reconociendo implícitamente -y en este proceso de manera expresa- que existieron errores en la conformación de la situación jurídica registral.

Frente a ese escenario, advierte, la posición de la demandada ha sido consistente y responsable en el sentido de no plantear oposición temeraria ni obstructiva, sino que se ha limitado a sostener que, de prosperar la anulación, corresponde el reconocimiento de una indemnización por los daños ocasionados. Es decir, resalta, su actuación procesal ha sido razonable, proporcional y alineada con el propio marco normativo, particularmente con lo dispuesto en el artículo 155 de la LGAP. Debido a lo anterior, estima que concurren las causales de exoneración previstas en el canon 193 del Código Procesal Civil. En primer lugar, explica, porque por la naturaleza de las cuestiones debatidas existía sobrado motivo para litigar. Añade, no se trata de un conflicto trivial ni de una oposición caprichosa, sino de un caso en el que se discute la afectación de derechos adquiridos con base en la fe pública registral y la eventual responsabilidad del Estado por sus propios errores.

Pretender que, en esta situación, una parte se allane sin plantear la necesidad de indemnización, implicaría desconocer principios elementales de justicia y de protección patrimonial. En segundo lugar, subraya, el proceso evidencia que la controversia surge precisamente de circunstancias que escapan del control de la demandada y que son atribuibles a la actuación estatal. Considera que con la condenatoria en costas se terminó sancionando económicamente a una parte que no provocó el litigio, que no actuó de manera indebida y que, por el contrario, se limitó a ejercer legítimamente su derecho de defensa y a reclamar la indemnización que el propio ordenamiento reconoce en supuestos como el presente. Asegura que la norma que acusa infringida tiene como fin evitar que las costas recaigan de forma automática en quien litigó de forma justificada y razonable. Aunado a lo anterior, agrega, se debe tomar en cuenta que el Tribunal tuvo por acreditado que el inmueble objeto del litigio se ubica en una zona de protección con base en el oficio IG-TOT-129-2020 y el informe IG-TOT-INF-028-2020, ambos de fecha 22 de abril de 2020, documentos que son posteriores a la fecha de adquisición del bien por parte de la accionada.

Insiste, dicha adquisición se hizo confiando legítimamente en la publicidad registral vigente al momento de la compra. Así, esa probanza es un insumo técnico que no existía al momento en que la demandada compró la finca. Con ello, estima, se configura el supuesto previsto en el inciso a) del numeral 193 citado. Resalta, la demandada no cuestionó la veracidad de la citada probanza, por lo que su actuación fue leal, colaborativa y razonable dentro del proceso. A su parecer, sancionar en costas a quien no provocó el litigio, no incurrió en conducta ilícita o reprochable alguna, quien actuó bajo la apariencia de legalidad creada por el propio Estado y quien, una vez iniciado el proceso, actuó con lealtad y razonabilidad, constituye un resultado que desnaturaliza la finalidad del régimen de costas. Concluye, dicho instituyo no fue diseñado para penalizar el ejercicio legítimo del derecho de defensa, ni para trasladar al administrado el costo del litigio que el Estado promovió para enmendar sus propios errores.

VIII.Aunque el recurrente identificó la norma infringida como perteneciente a la LGAP y luego al Código Procesal Civil, lo cierto es que por el contenido de lo expuesto (condenatoria en costas), es claro que se refería al ordinal 193 del Código Procesal Contencioso Administrativo (CPCA) y, por ende, será dicha norma la que se valorará. De esa suerte, conforme a dicho precepto, por regla general las costas del proceso deben ser asumidas por la parte que resultó vencida y, solo por excepción, se le podrá exonerar de ese pago. Como supuestos de dispensa, en ese mismo canon se fijan los siguientes: a) La sentencia se dicte en virtud de pruebas cuya existencia verosímilmente no haya conocido la contraria y, por causa de ello, se haya ajustado la oposición de la parte. b) Por la naturaleza de las cuestiones debatidas haya existido, a juicio del Tribunal, motivo bastante para litigar. En este caso, el Tribunal aplicó la regla general y, por ende, impuso ambas costas a cargo de la demandada.

Inconforme esta última con tal decisión, arguye la inaplicación de los supuestos de exoneración señalados supra. A juicio de esta Sala, el reproche resulta atendible. Si bien la sociedad demandada resultó vencida en el proceso, concurren circunstancias particulares que permiten estimar configurada la excepción prevista en el inciso b) del ordinal 193 del CPCA, al tener motivo bastante para litigar. Nótese, la accionada compareció al proceso como titular registral del inmueble cuya nulidad y cancelación pretendía el Estado, derecho que había adquirido al amparo de una inscripción registral preexistente. A ello se suma que no se observa que la adquisición del inmueble obedeciera a una actuación fraudulenta o contraria a derecho que le fuera atribuible. Por el contrario, la controversia se origina en la existencia de un título que se inscribió en el Registro como propiedad privada, pese a recaer sobre un terreno que posteriormente se determinó comprendido dentro de la zona marítimo terrestre.

Así, frente a una demanda dirigida, precisamente, a privar de efectos al título registral del que derivaba su derecho, existía motivo suficiente para comparecer al proceso y ejercer su defensa. Además, debe tomarse en consideración que, la determinación de que el inmueble se encuentra comprendido dentro de la zona marítimo terrestre y, por ende, sometido al régimen demanial, requirió de elementos técnicos dirigidos a establecer sus características y ubicación. Aunque tales probanzas permitieron finalmente acoger la pretensión del Estado, ello no desvirtúa que la demandada ostentaba, al momento de promoverse el proceso, un título formalmente inscrito cuya cancelación únicamente podía obtenerse mediante la correspondiente declaración jurisdiccional. Este particular contexto evidencia que su postura no puede calificarse como carente de fundamento, sino como el ejercicio razonable del derecho de defensa frente a una pretensión que incidía directamente sobre la titularidad registral que ostentaba. A tono con todo lo expuesto, lleva razón el recurrente al cuestionar la condenatoria en cuestión, por lo que el agravio deberá acogerse y eximirse a la sociedad demandada del pago de ambas costas.

IX.En mérito de lo expuesto, se declarará parcialmente con lugar el recurso de casación interpuesto por la parte demandada y, en consecuencia, se casará el fallo recurrido, únicamente en cuanto se impusieron ambas costas a cargo de dicha parte. En su lugar, fallando por el fondo de conformidad con el canon 150.2 del CPCA, se resolverá el asunto sin especial condenatoria en costas. En lo demás se mantendrá incólume.

POR TANTO

Se declara parcialmente con lugar el recurso de casación interpuesto por la parte demandada y, en consecuencia, se casa el fallo recurrido, únicamente en cuanto se impusieron ambas costas a cargo de dicha parte. En su lugar, fallando por el fondo, se resuelve el asunto sin especial condenatoria en costas. En lo demás se mantiene incólume. ERAMIREZCA Luis Guillermo Rivas Loaiciga Rocío Rojas Morales Damaris Vargas Vásquez Jorge Leiva Poveda Carlos Guillermo Zamora Campos 1

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