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Res. 02758-2020 Sala Primera de la Corte · Sala Primera de la Corte · 19/11/2020

Disclosure Duties and Liability in Securities InvestmentsDeber de información y responsabilidad en inversiones bursátiles

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OutcomeResultado

Appeals deniedRecursos rechazados

The Chamber denied both cassation appeals, leaving IFC’s partial liability as trustee undisturbed and holding that securities disclosure duties remain applicable even to a sophisticated investor, although liability is fault-based and governed by securities-market legislation.La Sala rechazó ambos recursos de casación, manteniendo la condena parcial de IFC como fiduciaria y estableciendo que el deber bursátil de informar subsiste incluso frente a un inversionista sofisticado, aunque la responsabilidad aplicable es subjetiva y se rige por la legislación del mercado de valores.

SummaryResumen

The First Chamber rejected the cassation appeals filed by both the investor and Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A. in litigation arising from the loss of USD 150,000 invested through a bill of exchange linked to the Península Project trust, a real-estate development in Playa Langosta. The Chamber held that securities-market transactions and contracts are governed by the Securities Market Regulatory Law rather than the general regime under Law 7472. Although both systems require clear, truthful, sufficient, and timely information, securities liability is not strict: under Article 59 of the securities legislation, liability requires intentional or negligent conduct. An investor’s classification as a “sophisticated investor” does not eliminate the duty to disclose investment risks, conflicts, and other relevant circumstances, particularly for high-risk products. Nevertheless, the asserted grounds relied on provisions that were inapplicable to the case, so both appeals were denied and the partial judgment against IFC remained undisturbed.La Sala Primera rechazó los recursos de casación interpuestos por el inversionista y por Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A. en un litigio originado por la pérdida de USD 150.000 invertidos mediante una letra de cambio vinculada al fideicomiso del Proyecto Península, un desarrollo inmobiliario en Playa Langosta. La Sala determinó que las operaciones y contratos del mercado de valores se rigen por la Ley Reguladora del Mercado de Valores y no por el régimen general de la Ley 7472. Aunque ambos sistemas exigen información clara, veraz, suficiente y oportuna, la responsabilidad bursátil no es objetiva: conforme al artículo 59 de la legislación bursátil, requiere actuaciones dolosas o culposas. La condición de “inversionista sofisticado” no elimina el deber de informar sobre los riesgos, conflictos y circunstancias relevantes de la inversión, especialmente tratándose de productos de alto riesgo. Sin embargo, los agravios planteados invocaron normas que no resultaban aplicables, por lo que ambos recursos fueron denegados y permaneció la condena parcial contra IFC.

Key excerptExtracto clave

It is clear that the provisions of Law 7472 do not apply to securities matters, since the Securities Market Law (hereinafter LMV) contains its own set of provisions requiring investors to receive timely and truthful information about the financial products offered to them. Thus, although the securities regime imposes an unavoidable duty to provide investors with complete, adequate, and truthful information—as also occurs in relations between economic agents and consumers—and this places the burden of proof on the party subject to the disclosure duty, the liability regime governing securities transactions does not establish strict liability because, under Article 59 thereof, liability arises from intentional or negligent conduct characteristic of fault-based liability. Both appeals are rejected.Ahora bien, es claro que las disposiciones de la Ley 7472 no aplican en materia bursátil, toda vez que la Ley del Mercado de Valores (en lo sucesivo LMV), posee su propio elenco de disposiciones que obligan a entregar a los inversionistas información oportuna y veraz sobre los productos financieros que ofrecen. Es decir, que si bien en el régimen bursátil existe un deber insoslayable de brindar información completa, adecuada y veraz a los inversionistas, -tanto como ocurre en las relaciones entre agentes económicos y consumidores-, lo cual a su vez acarrea la carga de la prueba para quien tenga el deber de informar, el régimen de responsabilidad dispuesto para las negociaciones bursátiles no implica la existencia de responsabilidad objetiva, toda vez que, acorde al canon 59 ibidem, esta deriva de actuaciones dolosas o culposas, propias de la responsabilidad subjetiva. Se rechazan ambos recursos.

Pull quotesCitas destacadas

  • "De esa suerte, acorde a dichos mandatos, el agente económico debe informar en forma suficiente al consumidor, de manera clara y veraz, acerca de los elementos que incidan en forma directa sobre su decisión de consumo."

    "Accordingly, under those provisions, the economic agent must provide the consumer with sufficient, clear, and truthful information about the elements that directly affect the consumption decision."

    Considerando VI

  • "De esa suerte, acorde a dichos mandatos, el agente económico debe informar en forma suficiente al consumidor, de manera clara y veraz, acerca de los elementos que incidan en forma directa sobre su decisión de consumo."

    Considerando VI

  • "Sólo se libera quien demuestre que ha sido ajeno al daño."

    "Only a person who proves that they were unrelated to the harm is released from liability."

    Considerando VI, exposición del régimen de la Ley 7472

  • "Sólo se libera quien demuestre que ha sido ajeno al daño."

    Considerando VI, exposición del régimen de la Ley 7472

  • "Tampoco que sea por el hecho de haber suscrito el actor documento en el cual declara ser un “inversionista sofisticado”, -con lo cual tuvo acceso a inversiones no susceptibles de oferta pública-, que se haya eximido a los oferentes del deber innegable que tenía de brindar información veraz y adecuada de todo lo relativo a dicha inversión, pues una cosa es que no aplique en el caso el régimen de la Ley 7472, y, otra muy distinta, que no exista deber de informar adecuadamente a los inversores, pues ello como se ha indicado, deriva igualmente de la LMV."

    "Nor did the claimant’s execution of a document declaring himself a “sophisticated investor”—which gave him access to investments not eligible for public offering—release the offerors from their undeniable duty to provide truthful and adequate information about every aspect of the investment; the inapplicability of Law 7472 is one thing, while the absence of a duty to inform investors adequately is quite another, since that duty also arises from the LMV."

    Considerando VI

  • "Tampoco que sea por el hecho de haber suscrito el actor documento en el cual declara ser un “inversionista sofisticado”, -con lo cual tuvo acceso a inversiones no susceptibles de oferta pública-, que se haya eximido a los oferentes del deber innegable que tenía de brindar información veraz y adecuada de todo lo relativo a dicha inversión, pues una cosa es que no aplique en el caso el régimen de la Ley 7472, y, otra muy distinta, que no exista deber de informar adecuadamente a los inversores, pues ello como se ha indicado, deriva igualmente de la LMV."

    Considerando VI

  • "En efecto, siempre ha tenido derecho como en efecto reclama el actor, a que se verificaran sus reclamos en cuanto a la existencia o no de mala fe y desinformación por parte del Puesto de Bolsa, lo cual es inherente a sus funciones bursátiles."

    "The claimant has always been entitled, as he maintains, to have his allegations concerning possible bad faith and nondisclosure by the brokerage firm examined, because that inquiry is inherent in its securities-market functions."

    Considerando VI

  • "En efecto, siempre ha tenido derecho como en efecto reclama el actor, a que se verificaran sus reclamos en cuanto a la existencia o no de mala fe y desinformación por parte del Puesto de Bolsa, lo cual es inherente a sus funciones bursátiles."

    Considerando VI

Full documentDocumento completo

Sections

Procedural marks

PJEDITOR Document Decision No. 002758-F-S1-2020 FIRST CHAMBER OF THE SUPREME COURT OF JUSTICE. San José, at fifteen hours and forty minutes on the nineteenth of November, two thousand twenty.

Ordinary civil proceeding brought by PEDRO GERARDO GARCÍA DELGADO, of legal age, single, businessman, resident of Pozos de Santa Ana, San José, against DANIEL CASAFONT FLORES, of legal age, resident of San José, in his personal capacity, and against INTERBOLSA FINANZAS CORPORATIVAS IFC SOCIEDAD ANÓNIMA, represented by the latter in his capacity as general attorney-in-fact (apoderado generalísimo) without limitation as to amount; CARLOS MELÉNDEZ MONGE, of legal age, in his personal capacity and as manager, vested with the powers of a general attorney-in-fact without limitation as to amount, of PUESTO DE BOLSA INTERBOLSA SOCIEDAD ANÓNIMA, currently named SOLUCIONES INTEGRALES SOFISA SOCIEDAD ANÓNIMA; and PAUL CASTRO CÁRDENAS, of legal age, stockbroker, resident of San José. Appearing as special litigation attorneys-in-fact (apoderados especiales judiciales) are Manuel Emilio Ramírez Castro for the plaintiff, and Dagoberto Venegas Durán, Álvaro Emilio Castro Garnier, and Gabriela Porras Arias for the co-defendants, all of legal age and attorneys-at-law.

Opinion drafted by Justice Vargas Vazquez

WHEREAS

I.Pedro García Delgado filed suit against Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A. (hereinafter IFC), Daniel Casafont Flores, Puesto de Bolsa Interbolsa S.A. (PBI), Carlos Meléndez Monge, and Paul Castro Cárdenas. He stated that, in August 2008, as a result of the sale of real property, he had financial resources amounting to ȼ425.000,00, which he disclosed to Mr. Castro Cárdenas, his friend and a broker with Puesto de Bolsa Interbolsa S.A. He indicated that, for that reason, he received a call from that gentleman offering him investment options and suggesting that he invest in the development of a condominium project in Playa Langosta, Guanacaste, called “Proyecto Península,” in which a Grupo Interbolsa company—IFC—would be the best investment option because of its superior return. In its capacity as trustee (fiduciaria) under a trust agreement (contrato de fideicomiso), that company undertook the construction and administration of a project for which it was raising funds by issuing notes from INC, a company domiciled in Panamá, which transferred in trust ownership of the shares of Costa Rican corporations that, in turn, owned the subsidiary properties (fincas filiales) to be developed; that is, they owned the subsidiary properties constituting the entire condominium.

For that reason, he stated, on 27 August 2008 he invested USD $ 275.000,00 in funds payable on demand through the stock exchange and USD $ 150.000,00 in the purchase of a security (título valor) issued by IFC as trustee of the Fideicomiso de Administración del Proyecto Península. He recounted that the security is an unnumbered bill of exchange (letra de cambio), signed by Mr. Carlos Luis Meléndez Monge, attorney-in-fact for the trustee, maturing on 1º de marzo de 2010 and bearing annual interest at 13,04%, payable semiannually in arrears, of which only two semiannual installments were paid to him, and then only with great difficulty because they were always late and insufficiently diligent in that regard; he therefore believes that the project was already experiencing financial problems at that point. He disclosed that the security remains unpaid and that interest has been owed to him since August 2009.

He asserted that the trust estate (patrimonio del fiduciario) subject to enforcement consists of ownership rights over corporate shares in companies that own subsidiary properties which do not exist in reality, where one portion was completed and sold, and the agreement of 100% of the condominium owners would be required to dispose of it partially. This makes that possibility illusory because they do not even have unrestricted power of disposition over it; technically, the land does not even exist as registered real property, since it would have to be “created” by withdrawing it from the condominium ownership regime (régimen de propiedad horizontal) through an assembly over which they have no control, and it is not a tangible asset, which prevents its attachment. He asserted that he was not informed that there were no independent developers because the settlor company (sociedad fideicomitente) consisted of those same persons, and they are therefore liable.

He noted that, on 7 May 2010, he received an email from Danilo Montero Rodríguez, an employee of the defendants, showing that when they offered him the investment, they already knew of certain problems and adverse circumstances affecting the project, namely: that the settlor was owned by the administrators; that the shares were not recorded in the Shareholders’ Registry books in the trustee’s name; and that proceedings were pending before the Sala Constitucional, the ruling in which could affect the validity and propriety of the building permits, as well as the project’s continuation and development, which would lead to its financial collapse because of the unanticipated costs of suspending it. He emphasized that, when the investment was offered to him, the project was already behind schedule and had an uncertain completion date, thereby creating uncertainty as to the recovery of his security.

The failure to disclose those circumstances constituted bad faith, as well as a risk inconsistent with the nature of the investment, which he would not have made had that risk been disclosed to him. He stated that the project collapsed financially and “judicially” only three months after his investment. Additionally, he explained, it matters little whether they knew or whether they acted in bad faith because, given their status as offerors subject to the Ley de Promoción de la Competencia y Defensa Efectiva del Consumidor (hereinafter Ley 7472), they assume the risk created by their lack of knowledge, since they are strictly liable (responsables objetivamente). He commented that the email ironically informed him that the persons who pursued him to induce him to make that investment were not contractually responsible for promoting among investors the sale of commercial paper (efectos de comercio) intended to secure the resources needed to provide adequate financing for the project’s full development, which they claimed was 80% secured.

He added that the investment offer reveals a concealed intention to leave a documentary trail disclaiming any responsibility as a brokerage firm (puesto de bolsa) for the investment made, yet that very intention is evidence of the contrary, since he would never have invested had a securities corporation not been involved. Nevertheless, he observed, they did so while placing 30 years of market presence at risk, believing they could abandon him to his fate. He requests that the judgment declare as follows: Principal Relief Sought:

  • 1)Puesto de Bolsa Interbolsa S.A. and Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A. are jointly and severally liable, without distinction, for the damages suffered as a result of the failure to recover the investment made in the real-estate development called Proyecto Península, created and governed by a trust agreement signed on 15 May 2008, under which co-defendant Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A. is the trustee and Sunvalley Inc is the settlor. They shall be held liable for having acted as joint investment managers in a project of common interest, in violation of the consumer-protection provisions contained in Ley 7472, by inducing error through the concealment and simulation of information, thereby creating an unforeseeable risk inherent in the financial market.
  • 2)Because the transaction is governed by the aforementioned Law, Mr. Paul Castro Cárdenas, in his capacity as business agent (factor del negocio), and Messrs. Casafont Flores and Meléndez Monge, whose particulars have already been stated, each in his capacity as a representative jointly and severally liable as of the date of the events, are also jointly and severally liable for the obligation to compensate the damages caused.
  • 3)The co-defendants shall compensate the pecuniary damage (daño patrimonial) consisting of the amount of the capital invested and not recovered, namely USD $ 150.000,00, plus consequential damages (perjuicios) consisting of the loss of the financial returns on that capital, represented by interest at an annual rate of 13.04 % from 27 August 2009, which as of that date he calculates at USD $ 58.680,00 and which the judgment shall determine will continue to accrue until actual payment during enforcement of the judgment (ejecución de sentencia). In the alternative with respect to this point, he requests that, if such relief is not granted, the statutory rate be awarded.
  • 4)The defendants shall be jointly and severally liable for payment of non-pecuniary damages (daño moral), to be determined during enforcement of the judgment.
  • 5)All defendants are jointly and severally liable for the obligation to pay the amounts awarded, as well as costs. Alternative Relief Sought. In the event that the legal regime governing the transaction under review is not that of Ley 7472, he requests that the following relief be granted:
  • 1)Puesto de Bolsa Interbolsa S.A. shall be ordered to pay the damages caused by the failure to recover the investment made in Proyecto Península, because it misled him as to the soundness of the investment by purporting to act as a brokerage firm when, in fact, it acted outside the framework authorized by the Ley Reguladora del Mercado de Valores and for the benefit of an economic interest group to which its corporate ownership belongs; he requests that this order also apply to Paul Castro Cárdenas, whose particulars have been stated.
  • 2)Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A. shall likewise be ordered, whether jointly or otherwise and whether jointly and severally or otherwise, to pay the bill of exchange it executed in its capacity as trustee and debtor appearing on the face of the instrument, also as compensation for damage caused to his assets as a defaulting debtor under the obligation.
  • 3)They shall also be ordered to compensate the pecuniary damage consisting of the amount of the capital invested and not recovered, namely USD $ 150.000,00, plus the consequential damages consisting of the financial returns on that capital, represented by interest at 13.04 % annually from 1 August 2009, which as of that date amounted to USD $ 58.680,00 and which shall continue to accrue until actual payment during enforcement of the judgment; in the alternative, if the requested return is not allowed, the rate prescribed by law shall apply.
  • 4)The defendants shall be jointly and severally liable for payment of the non-pecuniary damages caused, to be determined during enforcement of the judgment.
  • 5)All defendants are jointly and severally liable for the obligation to pay the amounts awarded herein and the costs. The co-defendants denied the allegations and raised defenses (excepciones) of lack of a legal right, lack of standing to sue, and lack of standing to be sued. With respect to the principal claim, the Court upheld the defense of lack of a legal right as to all defendants, as well as the defense of lack of standing to be sued as to co-defendants Meléndez Monge, Casafont Flores, and Castro Cárdenas, and dismissed the action. With respect to the alternative claim, it granted the defense of lack of standing to be sued raised by Puesto de Bolsa Interbolsa Sociedad Anónima (currently: Soluciones Integrales Sofisa Sociedad Anónima), Daniel Casafont Flores, Carlos Meléndez Monge, and Paul Castro Cárdenas, without ruling as to them on the other defenses asserted. It partially rejected the defense of lack of a legal right—upholding it only as to those items not awarded—asserted by Interbolsa Finanzas Corporativas IFC Sociedad Anónima, and rejected the defenses of lack of standing to sue and lack of standing to be sued raised by that entity. Consequently, it partially granted the action against Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A., which, in its capacity as trustee of the Fideicomiso de Administración de Proyecto Península, must pay the plaintiff USD $ 150.000,00 for material damage (daño material), plus interest at 13,04% from 27 September 2009 until actual payment, such amounts to be calculated during enforcement of the judgment, and dismissed the remainder of the action. As to the judgment of dismissal, the plaintiff was ordered to pay both categories of costs jointly and severally in relation to Puesto de Bolsa Interbolsa Sociedad Anónima (currently: Soluciones Integrales Sofisa S. A.), Daniel Casafont Flores, Carlos Meléndez Monge, and Paul Castro Cárdenas. Separately, co-defendant Interbolsa Finanzas Corporativas IFC Sociedad Anónima, in its capacity as trustee, was ordered to pay the plaintiff both categories of costs in the proceeding, with the amount to be fixed on the portion of the judgment entered against it. Both parties, being dissatisfied, filed appeals in cassation (casación).

Appeal by Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A.

II.The appellant in cassation (casacionista) raises a single procedural ground (cargo de naturaleza procesal). He alleges that the Tribunal rendered an incongruous judgment (incongruencia). He states that the operative part (parte dispositiva) of the challenged judgment indicated: “...consequently, the ordinary action brought by Pedro Gerardo García Delgado against lnterbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A. is hereby declared partially granted; the co-defendant, in its capacity as trustee of the Proyecto Península Administration Trust, must pay the plaintiff the sum of one hundred fifty thousand dollars for property damage (daño material)....” He alleges that the cited provisions—Articles 61.2 and 28.1 of the Code of Civil Procedure—were violated by the Tribunal because, in the complaint initiating his action (appearing at folios 56 and 57)—filed on 21 de junio del 2012—the plaintiff directed his action solely as follows: “...I institute ordinary proceedings to obtain a declaration of the obligations to compensate me for the damages and losses caused to me, against the following natural and legal persons: Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A., represented by its President, Daniel Casafont Flores, a company contractually bound to me; concurrently and in this same act, I also claim the joint and several liability (responsabilidad solidaria) of Puesto de Bolsa Interbolsa S.A., represented by the same Mr.

Casafont Flores, because the latter company acted, in light of the facts as will be shown, as the merchant-offeror and supplier as defined by Ley 7427, known as the Promotion of Competition and Effective Consumer Protection Law, hereinafter LDPCYDC.... Liability which, given its nature and the legal framework establishing it, is also borne jointly and severally by its legal representatives as of the date of the events, Article 35 of LPCYDC; I therefore proceed to sue, under passive joinder of parties (Litis consorcio pasivo), Daniel Casafont Flores, in his personal capacity because he served as President of both Corporations in agosto del 2008, and Carlos Meléndez Monge, likewise, but as Executive Vice President, both having the particulars stated in the attached certifications and being, for all legal purposes, jointly and severally liable, as I have already stated. In addition, pursuant to the joint and several liability established by the provision to be invoked, I sue Paul Castro Cárdenas, identity card 2-505-719, stockbroker.” According to the plaintiff’s statements, the defendants—or parties proceeded against—in this dispute (litis) would be: Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A., Puesto de Bolsa Interbolsa S.A., Daniel Casafont Flores, Paul Castro Cárdenas, Carlos Meléndez, and Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A. He points out that, in other words, the plaintiff never directed his action against the trust (fideicomiso), nor did he identify the trustee (fiduciario) so that it could be considered individually.

He then states that it must be borne in mind that a trust is a standard commercial contract under which one person transfers assets to a third party to administer them in accordance with the contractually defined fiduciary mandate (encargo fiduciario). He analyzes that Article 633 of the Commercial Code provides that, through a trust, the settlor or trustor (fideicomitente o fiduciante) transfers ownership of assets or rights to the trustee, who in turn is obligated to use them to accomplish lawful purposes predetermined in the trust instrument (acto constitutivo). He adds that the trust is administered for the benefit of the person designated in the contract and that the assets are transferred to the beneficiary (fideicomisario) upon expiration of the term established in the contract. He expands upon his argument concerning the trust. He states that Article 634 of the Commercial Code permits all types of assets or rights legally within the stream of commerce to be placed in trust; once incorporated into the trust estate (patrimonio fideicomitido), they may not be encumbered or pledged (numeral 652 of the Commercial Code) unless expressly authorized by the settlor.

He explains that, even without such consent, they may be encumbered when it is demonstrated before a Judge that an emergency exists making it indispensable. He states that commercial law requires the trustee to maintain this separation in its records so that the trust assets are not commingled with its own. He further asserts that, because of this autonomy, the law charges the trustee with the obligation to safeguard and protect this fiduciary estate (patrimonio fiduciario). He relies on foreign legal scholarship in support of his argument. He continues that ownership of the trust estate is neither absolute nor unrestricted because it is limited, first, by the purposes of the trust and by the maximum period established by Commercial Law. He asserts that, in other words, although the Trustee owns the trust assets (bienes fideicometidos), it may not dispose of them without limitation but must comply with the limits of the trust agreement and applicable laws.

He maintains that this estate autonomy is extremely important because assets already transferred into the Trustee’s name cannot be pursued for obligations of the Settlor, Beneficiary, or Trustee, but are liable only for the obligations of the Trust itself. He recounts that, should a third party attempt to disregard this rule, the Trustee has an essential obligation to take the necessary actions to defend those assets against any measure sought by a third party. He states that, in the case of assets subject to registration in the Registry, complications formerly arose because that entity did not always record that ownership of certain assets was held specifically in that capacity, and third parties therefore took action against those assets, but this has now been corrected. He specifies that he has explained the characteristics and nature of a trust and that the plaintiff sued Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A., but never in its capacity as Trustee of the Trust; therefore, although he directed his action against the Trustee, he did not sue the Trust in that capacity.

He emphasizes that this is where the Tribunal’s incongruity arose, as it disregarded Articles 28.1 and 61.2 of the CPC by granting the action against lnterbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A. and ordering the co-defendant, in its capacity as trustee of the Proyecto Península administration trust, to make payment. He stresses that incongruity exists because the Tribunal granted the plaintiff relief against a party that had not been sued in its capacity as trustee. He cites decisions of this Chamber in support of his argument. The Tribunal’s incongruity is such that it introduced a party to the proceedings (sujeto procesal) who had not been joined in the dispute by either the plaintiff or the other co-defendants. He explains that the party sued by the plaintiff was lnterbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A., with the dispute being framed against that company but not against the trustee. Nevertheless, he argues, the appealed judgment unlawfully joined that company in the dispute as representative of the trust. He observes that this error violates Articles 28.1 and 61 .2 of the CPC because the trust itself has been confused with the trustee that administers it, which is not legally permissible.

III.This Chamber has held that incongruity arises when there is a lack of harmony between the litigants’ claims and the ruling contained in the operative part of the judgment; that is, when the judge decides issues not raised during the procedural stages established for that purpose, awards more than was requested, or fails to decide claims or defenses (excepciones), bearing in mind that, under the procedural legislation in force, the adjudicator may specify or clarify the claims outlined in the complaint. (In this regard, see, among others, judgments numbers 408 at 14 horas 30 minutos on 28 de junio del 2006; 41 at 9 horas on 26 de enero de 2007 and 478- 2008 at 8 horas 30 minutos on 18 de julio de 2008). Turning to the central issue, the appellant argues that the Tribunal rendered an incongruous judgment by granting the plaintiff relief against a party that had not been sued in its capacity as trustee, because the party he sued was lnterbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A., framing the dispute against that company but not in its capacity as trustee.

This Chamber finds that argument unpersuasive. Indeed, both the facts and the relief sought show that the cause of action (causa de pedir) was also directed against IFC as trustee of the Trust. In particular, the relief sought undeniably shows that the plaintiff requested that IFC be held liable as trustee and Sunvalley Inc as settlor. Likewise, in his alternative claim (pretensión subsidiaria), he expressly requested that IFC be ordered, “...whether jointly or otherwise, and whether jointly and severally or otherwise, to pay the bill of exchange signed by it in its capacity as trustee and as the party facially liable on the instrument....” Based on the foregoing, there is no doubt that the plaintiff also asserted claims against IFC in its capacity as trustee of the trust under examination; therefore, by holding it liable in that capacity, the Tribunal neither exceeded the cause of action nor, much less, committed the defect of incongruity. Accordingly, this objection must be rejected.

Appeal by Pedro Gerardo García Delgado

IV.The appellant in cassation raises two substantive grounds. In the first, he alleges an indirect violation of law due to an error of law regarding the nature of the contract, consisting of the judges’ erroneous assessment of the evidence. In this case, he argues, that error occurred in assessing the investment agreement and subscription of the bill of exchange, offered as a financial product, contrary to the rules of sound judicial assessment (sana crítica) contained in canon 41.5 of the Code of Civil Procedure (hereinafter CPC). As a result of that error, he explains, the transaction was characterized as a “securities contract” rather than a “consumer contract”; accordingly, he was regarded as an “investor” rather than a “consumer.” Consequently, he adds, he was excluded from the legal regime safeguarding the rights that protect the plaintiff, as a consumer, in that type of consumer relationship, pursuant to the Law for the Promotion of Competition and Effective Consumer Protection (hereinafter Ley 7472).

He believes that this resulted in the improper failure to apply the substantive rules set forth in sections 1, 2, 31, 32, 34, 35 and 71 thereof, and that, as a consequence of that failure, the burden of proof was also reversed to the detriment of the weaker party in the consumer relationship. He maintains that this reversal of the burden of proof is decisive in this particular case and that, therefore, the list of proven and unproven facts must be modified by eliminating the first fact deemed unproven, which states that the following was not established: “That he had not been informed or that information had been withheld from him regarding the investment risks in Proyecto Península,” and replacing it with an additional proven fact stating that the defendant failed to prove that the plaintiff: “had been informed by the defendant, INTERBOLSA FINANZAS CORPORATIVAS IFC SOCIEDAD ANÓNIMA, of the investment risks in Proyecto Península that were known to the plaintiff,” since the defendant bore the burden of proving this by reason of its strict liability (responsabilidad objetiva).

He alleges that the judgment thus commits an error of law by disregarding evidence—in violation of rule 41.5 of the CPC—and by failing to conduct a comprehensive assessment of all the evidence establishing that there was material information relevant to his consumer decision, which was known to the defendant before it made the consumer offer to him but was not disclosed to him so that he could make that decision, thereby also violating the substantive rules contained in sections 1, 2, 31, 32, 34, 35 and 71 of Ley 7472, as well as provision 21 of the Civil Code and provision 46 of the Political Constitution. By virtue of the foregoing, the alleged liability of the defendant and its attorneys-in-fact should instead be deemed proven, based on their breach of the following duties and obligations incumbent upon them as merchants in the consumer relationship: 1.- The plaintiff was not properly informed that the debtor’s liability was not guaranteed by the strength of the Economic Interest Group represented by the inclusion of a company that held a brokerage position on the Bolsa Nacional de Valores; on the contrary, they induced him to assume that it was, since, as a customer—the broad legal meaning of the term consumer—he was attracted to the investment by that commercial-image platform.

He adds that they also failed to inform him that the debtor under the instrument had no assets other than the intangible value that might be represented by the shares of companies owning undeveloped subsidiary properties. He emphasizes the content of the witness testimony of Rafael Ángel Mora Badilla and the statements made under examination of Paul Castro Cárdenas and the plaintiff himself, Pedro García Delgado, which were disregarded even though they are consistent in showing that no clarification was ever provided regarding the existing liability of the companies of GRUPO INTERBOLSA; instead, he was allowed to think in the manner in which he had been induced to do so. 2.- They also failed to inform him that, at the time the instrument was purchased, they did not even have those shares duly endorsed to them, as a result of a dispute with the party that had sold them the project they intended to sell and market.

He contends that, in doing so, they disregarded the evidence contained in the defendant’s letter emailed on 7 de mayo del 2010 to the holders of the bills of exchange. He argues that it is clear that, had that information been provided to him in a timely manner, as was their obligation, it would certainly have eliminated his willingness to purchase the financial product. 3.- They also failed to inform him at the time of purchase that, since 26 de abril del 2007, an amparo proceeding (recurso de amparo), expediente 07-005611-0007-CO, had been pending against Secretaría Técnica Nacional Ambiental (SETENA), challenging an alleged violation, to the detriment of the petitioners therein, of canon 50 of the Political Constitution, because several large residential complexes, cabins, and hotels were intended to be built within Parque Nacional Las Baulas and its buffer zones (zonas de amortiguamiento), without having been comprehensively subjected beforehand to an environmental impact assessment (evaluación de impacto ambiental) by SETENA to determine their viability; and that, because the development intended by the defendants was located within the buffer zone of Parque Nacional Las Baulas, it was subject to a judicial decision that might render it unviable, as subsequently occurred through judgment 2008-018529 of that Chamber, issued at 8 horas 58 minutos del 16 de diciembre del 2008.

He refers to the documentary evidence, which was not challenged by the defendants, consisting of a copy of an email dated 7 de mayo del 2010 sent by Mr. Danilo Montero Rodríguez, an employee of the defendant companies, which clearly shows that the proceeding was known to them. He notes that the certified records from Expediente 07-005611-0007-CO submitted as evidence were thus not assessed. 4.- They also failed to disclose that, as a result of those events, the project’s financial condition was precarious, to such an extent that, by the date on which the instrument or investment was offered to him, the project was already behind its construction schedule and had an uncertain completion date; indeed, they were in default on the only payments they made, which corresponded to the first six months of interest that should have accrued. 5.- He was not informed, as a consumer, that the settlor company (sociedad fideicomitente) was not formally owned by the same persons managing its development, meaning that they themselves were not the parties responsible for providing the financial resources needed for the successful completion of the Project.

He believes that this type of information was wholly decisive to the consumer decision, given the nature of the product acquired, as the defendant offeror knew; thus, the failure to disclose it may be regarded as a lack of good faith on its part, in breach of mandate 21 of the Civil Code. Accordingly, he contends, the information provided to him as a consumer was neither truthful nor adequate, as required by sections 42 of Ley 7472 and 46 of the Political Constitution; the Court’s judgment therefore violated those provisions by failing to hold the defendant liable for acts that caused economic harm to the plaintiff as a consumer. He cites a decision of this Chamber in support of his position. He quotes section 35 of Ley 7472 in order to establish his argument concerning strict liability, under which proof of fault is not required; it is sufficient to establish the harm and the causal nexus (nexo de causalidad).

He states that, in this case, liability is attributable to the defendant because it sold the financial product at issue without providing material information concerning the risks inherent in recovering the investment, which he, as a consumer, was therefore unable to ascertain and which ultimately prevented him from realizing the value of the instrument acquired. Consequently, he states, the harm consists of the value of that instrument, and the causal nexus is the lack of clear and truthful information concerning the inherent risks. This is so, he explains, because the issue is not whether consumers may claim ignorance, but whether they are fully warned of all the risks, limitations, and circumstances affecting the merits of the acquired product that may be decisive in their consumer decision—an aspect that, as stated, was neglected. He emphasizes that, according to the disregarded evidence cited as a ground for cassation and as an additional consequence of the alleged error of law, the items of evidence are consistent in showing that no clarification was ever provided concerning the absence of liability of the companies of GRUPO INTERBOLSA; instead, he was induced to believe that such liability existed.

He stresses that asserting that the documentary evidence referred to in proven facts two and three may be sufficient to establish the existence of a securities contract gives that evidence an erroneous legal scope; indeed, such an assertion is contradictory because the evidence received—see the testimony of witness Rafael Ángel Mora Badilla—made clear that the bill of exchange was not an “investment or acquisition” made through the stock exchange, and that fact alone precludes ipso iure its characterization as a securities contract. Therefore, he contends, if this was not a public offering of securities (oferta pública de valores), that also undermines the effects attributed to the signed document entitled “Sophisticated Investor Declaration” (“Declaración de Inversionista Sofisticado”), since its effects were conceived as a requirement under the regulations then in force specifically for public investment offerings—which this was not.

He asserts that rule 70 of Ley 7472 further provides: “In order to establish the actual truth, the Commission to Promote Competition, the National Consumer Commission, or the corresponding court may disregard the legal forms adopted by economic agents that do not correspond to the reality of the facts under investigation (sic)”; that document is one such form, since it is nothing more than a statement intended to evade the liability incumbent upon the defendant, in the public interest, as a commercial agent. He maintains that this provision is consistent with—and was also disregarded by the Court together with—the constitutional principle “IN DUBIO PRO CONSUMPTORE,” which requires that the facts and evidence be interpreted in favor of the consumer, the weaker party in the market relationship. He also alleges as an error of law the effect given to that document in the judgment, contrary to the rules of sound judicial assessment set forth in mandate 41.5 of the CPC, because the fact that a person may be highly knowledgeable about products to be acquired neither excludes nor deprives that person of consumer status, nor can it serve as an obstacle to releasing the merchant from its disclosure duties toward that person, so that, when making the “purchase decision,” the consumer has all the information that may affect that decision; this contravenes the substantive rules set forth in sections 1,2, 31, 32, 34, 35 and 70 of Ley 7472 and section 46 of the Political Constitution.

He highlights the logical contradiction (sic) inherent in the interpretation of the scope of the document entitled “Sophisticated Investor Declaration”: it is asserted that he is a sophisticated investor because he signed a document stating as much, while at the same time it is asserted that he signed the document because he is a sophisticated investor. He states that he could not determine from the judgment whether signing that document is what made him a sophisticated investor or whether he already was one before signing it. From that perspective, he explains, the document under review cannot constitute valid evidence of his status with respect to the transaction conducted; in any event, he denies that the status attributed to him by the judgment—without rationally assessed evidence—diminishes his status as a consumer.

Thus, he alleges that the relationship between IFC and him is a consumer relationship (relación de consumo) and must therefore be governed by the provisions of Ley 7472. For that reason, he maintains that all natural persons holding powers of attorney are jointly and severally liable (responsabilidad solidaria), pursuant to section 32 of the aforementioned Law. He further states that exemption from this liability is a matter for which the burden of proof (carga de la prueba) rests with the defendant, who is accused of omission and of breaching the duty to inform (deber de informar), as merchants, regarding the risks inherent in the project to be developed.

V.The Court considered the application of the legal regime established in Ley 7472 to be improper, in addition to finding an absence of a right and no joint and several liability (solidaridad) among the co-defendants. It stated that the plaintiff, in a somewhat “sui generis” manner, had attempted simply to import matters specific to securities law (derecho bursátil) into the sphere of consumer-law regulation (derecho del consumidor), disregarding the substantial differences between the two categories that merit special attention. It cited a decision of this Chamber in support of its position. It argued that the plaintiff had attempted, by analogy, to equate his status as an investor with that of a consumer; however, strictly speaking and under proper legal doctrine, such an equivalence is not entirely accurate because, according to the document dated 27 de agosto de 2008 (submitted as documentary evidence with the complaint itself), exercising his freedom of contract (autonomía de voluntad), the plaintiff signed an “acceptance of a private offering” in which he declared that he was “a sophisticated investor” and further accepted that “the placement agent does not guarantee the quality of the product.” The plaintiff did not seek to have this particular document declared null and void (nulidad), insofar as his substantive claims were concerned, because none of the six claims set out under the category of “principal relief sought” contains an express request to that effect.

It follows from the foregoing that the plaintiff occupies a position far removed from that of an ordinary consumer, because he instead declared and agreed that, at that time, he was to be regarded as an investor of the highest category, which would obviously lead him to seek a particular financial instrument offering attractive financial returns. It further stated that, logically, within the field of securities transactions, and particularly those intended for the category then known as sophisticated investors—popularly described as the “major leagues” of investors—the risk factor increases because the contemplated investments involve greater volatility, which justifies the availability of more attractive returns. It held that this makes clear that the plaintiff cannot lightly be characterized as a “defenseless consumer”; rather, of his own free will, he agreed that he was to be regarded at that time as a “sophisticated investor,” thereby giving concrete expression to his intent—which cannot be disavowed to the detriment of the opposing party in contradiction of his own acts—to execute the private-offering acceptance document pursuant to the requirement of then-effective section 13 of the Reglamento de Oferta Pública de Valores.

Consequently, his legal claim is not viable. It asserted that, in this regard and in support of the foregoing, there was also the testimony of Rafael Ángel Mora Badilla, who precisely explained the status accompanying a sophisticated investor by stating: “(...) the bills of exchange (letras de cambio) that were offered were investment instruments that were not publicly offered and therefore, pursuant to the Ley Reguladora del Mercado de Valores, were offered solely to sophisticated investors, meaning those who have assets exceeding one million dollars or sufficient knowledge of the securities market,” (Conf. Folio 1401 del expediente judicial). Therefore, although that Court, applying the principle that the court knows the law (iura novit curia), is aware that the regulatory provision referenced above was repealed by the Consejo Nacional de Supervisión del Sistema Financiero in article 11 of the minutes of session 1259-2016, that repeal naturally did not take effect until its publication in La Gaceta, Alcance Digital No. 100, on viernes 17 de junio del 2016.

It is therefore more than evident that, as of 27 de agosto del 2008, the regulations did permit the classification of sophisticated investors and, accordingly, señor García Delgado became subject to a legal regime different from consumer regulation, contrary to what he claims here. Consequently, the plaintiff’s status as a “sophisticated investor” bars him from invoking the framework applicable to a consumer relationship (relación de consumo), because his level of sophistication as an investor, profit motive, acceptance of attractive returns, and consequent assumption of the risks inherent in securities activity prevent him from falling within that legal classification. Nor is it appropriate in any respect to entertain his allegations of bad faith and lack of information on the part of Puesto de Bolsa, which, apart from not having been established by the evidence, are refuted by the plaintiff’s own voluntary decision to enter into that securities arrangement.

Accordingly, it stated—and consistently with the foregoing—that because this is not a consumer relationship, the strict civil liability (responsabilidad civil objetiva) prescribed in section 35 of Ley 7472 is inapplicable and, consequently, the plaintiff’s principal claim must be dismissed in its entirety. It added that an investor of the stature that the plaintiff declared himself to possess in the cited document is far from being a consumer. It reasoned that automatically equating those subjective statuses would excessively expand the risk theory (teoría del riesgo) arising from the strict-liability regime established in Ley 7472, because the rules specific to securities law have clearly defined principles of financial operation that are unrelated to the grounds for attributing civil liability (responsabilidad civil) contemplated in that provision. It stated that no consumer relationship exists with Puesto de Bolsa Interbolsa S.A., (currently Soluciones Integrales Sofisa S.A) and IFC, from which a clear lack of standing to be sued (falta de legitimación pasiva) on the part of the private co-defendants may be inferred, because no joint and several obligation may be asserted against them in connection with a relationship that, as stated, falls outside the legal regime governing consumer-law relationships. In the second ground, he alleges that the judgment

directly violates substantive law because, we assert, it misinterprets substantive law and thereby infringes sections 1, 2, 31, 32, 34, 35 and 70 of Ley 7472, as well as section 46 of the Constitución Política, sections 10 and 21 of the Código Civil, and the principle of “indubio pro consumptore,” by concluding from the evidence received that no consumer relationship exists and that the regulations invoked therefore do not apply. He contends that the violation of law consists of the judges’ erroneous interpretation of the cited provisions in determining that they do not apply to the investment contract and subscription of the bill of exchange offered as a financial product and, based on that erroneous application of the law, finding that a “securities contract” (contrato bursátil) existed while maintaining that it was not a “consumer contract” (contrato de consumo), thereby violating the law by excluding him from the legal regime protecting his rights as a consumer.

He further states that the burden of proof (carga de la prueba) was shifted to the detriment of the weaker party to the consumer relationship, which is decisive in this particular case, and that the list of proven and unproven facts must therefore be modified as previously stated. He argues that treating the evidence—the documentary evidence referenced in items 2 and 3 of the list of facts deemed proven—as sufficient to decline to apply the provisions protecting consumer relationships constitutes an improper application of the referenced provisions, particularly sections 2 and 42 of Ley 7472, by altering the scope that their proper interpretation requires under section 10 of the Código Civil, which he therefore also alleges was infringed together with the other provisions cited. He states that the judgment provides no legal justification as to why, because he was regarded as a knowledgeable or sophisticated person in this type of consumption of goods—and without prejudice to the error of law in interpreting the document through which that conclusion was reached—he could therefore be excluded from the protection afforded by the consumer provisions mandated by Ley 7472, which he alleges was violated, particularly in view of section 70 of Ley 7472, which provides that “To establish the actual truth, the Comisión para promover la competencia, the Comisión nacional del consumidor, or the corresponding court may disregard the legal forms adopted by economic agents when those forms do not correspond to the reality of the facts under investigation.” He adds that liability is attributable to the defendant because it sold the financial product at issue while failing to provide material information regarding the risks inherent in recovery, such that, as a consumer, he was unable to know them, which ultimately prevented him from realizing the value of the instrument purchased.

Consequently, he states that the damage consists of the value of this instrument and that the causal link (nexo causal) is the failure to provide clear and truthful information regarding the inherent risks. He notes this because the issue is not whether consumers may claim ignorance, but whether it must be proven that they were fully apprised of all the risks, limitations, and circumstances concerning the quality of the product purchased that might be decisive to their consumption decision, an aspect that, as stated, was disregarded.- Thus, the information provided to the consumer cannot be deemed truthful or adequate—because relevant circumstances were omitted, including those referenced in connection with the arguments raised in the preceding ground—as it was required to be under section 46 of the Constitución Política and article 42 of the Ley de Defensa del Consumidor; accordingly, the Court infringed those provisions through its judgment.

VI.To resolve the first and second grounds of appeal, it is relevant to transcribe the provisions of Ley 7472 that both the Tribunal and the appellant considered applicable to the specific case: “ARTICLE 32.- Consumer rights. Without prejudice to the provisions of treaties and international conventions to which Costa Rica is a party, ordinary domestic legislation, regulations, general principles of law, usages, and customs, the following are fundamental and inalienable consumer rights: a. Protection against risks that may affect their health, safety, and the environment. b. Protection of their legitimate economic and social interests. c. Access to truthful and timely information concerning the various goods and services, with correct specification of quantity, characteristics, composition, quality, and price. d. Education and dissemination of information regarding the proper consumption of goods or services, ensuring freedom of choice and equality in contracting. e. Administrative and judicial protection against misleading advertising, abusive practices and clauses, and unfair commercial methods or methods that restrict free choice. f. Effective mechanisms for access to the administrative and judicial protection of their rights and legitimate interests, leading to the proper prevention, punishment, and prompt redress of any infringement thereof, as appropriate. g. Receipt of State support for the formation of consumer groups and organizations, and the opportunity for their views to be heard in decision-making processes that affect them.” “ARTICLE 34.- Obligations of merchants.

Merchants and producers have the following obligations toward consumers: a. To comply with the terms of the contract. b. To provide consumers, in Spanish, with sufficient, clear, and truthful information concerning the elements that directly affect their consumption decisions. They must inform consumers of the nature, composition, contents, weight, where applicable, and characteristics of the goods and services, the cash price on the product’s wrapping, receptacle, container, or label, on the display gondola or shelf of the commercial establishment, and of any other material information. In accordance with the regulations to this Law, when the product sold or the service provided is paid for on credit, the term, annual interest rate on outstanding balances, basis, fees, and the individual or legal entity providing the financing, if a third party, must always be conspicuously indicated. (As amended by Article 10 of Ley 7623 de 11 de setiembre de 1996). c. To offer, promote, or advertise goods and services in accordance with Article 34 of this Law. d. To provide consumers with instructions for the proper use of products and to inform them of the risks posed to their health, safety, and the environment by their intended or reasonably foreseeable use. e. To inform consumers whether parts or replacement parts used in repairs are used.

If no warning is given in this regard, such goods shall be deemed new. f. To provide notice when technical repair services or replacement parts for a particular good are unavailable in the country. g. To guarantee every good or service offered to consumers, in accordance with Article 40 of this Law. h. To refrain from hoarding, speculation, tying sales to conditions, and discrimination in consumption. i. To terminate the contract at their own liability when they are obligated to repair the good and fail to do so within a reasonable time. j. To establish reasonable time limits for filing claims. k. In installment sales, to establish payment guarantees proportional to the terms of the transaction. l. To comply with Articles 35, 36, 37, 38, 39, 40, 41, and 41 bis of this Law. (As amended by Article 1º, subsection a), of ley No.7854 de 14 de diciembre de 1998) m. To comply with mandatory quality standards and technical regulations. n. To keep the weights, measures, cash registers, scales, and other measuring instruments used in their businesses in good working order and properly calibrated. o. To issue an invoice or proof of purchase clearly identifying the goods or services and the price actually charged.

In cases of mass sales, the Ministerio de Economía, Industria y Comercio is authorized to approve the establishment of other systems through which the purchase may be verified. p. To adhere to fairness, accepted commercial practices, and the law in their dealings with consumers. All information, advertising, or public offers of goods or services to be provided, transmitted by any medium or form of communication, shall be binding upon the producer who transmits, uses, or commissions it and shall form part of the contract. Failure to comply with any of the obligations listed in this Article entitles the interested party to apply to the Comisión nacional del consumidor created by this Law, or to the competent courts, to enforce their rights under the terms set forth in Article 43 of this Law.” (Its numbering was amended by Article 80 of ley N° 8343 de 27 de diciembre del 2002, Ley de Contingencia Fiscal, which renumbered it from 31 to 34) ARTICLE 35.- Liability regime (régimen de responsabilidad).

The producer, supplier, and merchant shall be concurrently liable regardless of fault if the consumer is harmed by the good or service, by inadequate or insufficient information concerning them, or by their use and risks. Only a person who proves that they had no connection to the harm shall be released from liability. The legal representatives of commercial establishments or, as applicable, the persons in charge of the business are liable for their own acts or conduct and for those of their employees or assistants. Technicians and those responsible for production and quality control shall be jointly and severally liable, where appropriate, for violations of this Law to the detriment of consumers. (Its numbering was amended by Article 80 of ley N° 8343 de 27 de diciembre del 2002, Ley de Contingencia Fiscal, which renumbered it from 32 to 35). As may be seen, the provisions alleged to have been violated establish a duty on the part of the economic operator to provide consumers with truthful and timely information concerning the various goods and services, as part of their right to administrative and judicial protection against misleading advertising, abusive practices and clauses, and unfair commercial methods that restrict free choice.

Accordingly, under those mandates, the economic operator must provide consumers with sufficient, clear, and truthful information concerning the elements that directly affect their consumption decisions. The operator must inform them of the characteristics of the goods and services, as well as the risks posed by their intended use. Likewise, all information, advertising, or public offers of goods or services to be provided, transmitted by any medium or form of communication, shall be binding upon the producer who transmits, uses, or commissions it and shall form part of the contract. For this reason, failure to comply with any of those obligations entitles the interested party to apply to the Comisión Nacional del Consumidor or to the competent courts to enforce their rights under the terms set forth in Article 43 of Ley 7472. That Law establishes a liability regime under which the producer, supplier, and merchant shall be concurrently liable regardless of fault if the consumer is harmed by the good or service, by inadequate or insufficient information concerning them, or by their use and risks.

Only a person who proves that they had no connection to the harm shall be released from liability. Likewise, the legal representatives of commercial establishments or, as applicable, the persons in charge of the business are liable for their own acts or conduct and for those of their employees or assistants. Similarly, technicians and those responsible for production and quality control shall be jointly and severally liable, where appropriate, for violations of this Law to the detriment of consumers. It is clear, however, that the provisions of Ley 7472 do not apply to securities-market matters because Ley del Mercado de Valores (hereinafter, LMV) contains its own set of provisions requiring investors to be provided with timely and truthful information concerning the financial products offered. Thus, under both regimes, economic operators have an obligation to provide adequate and reliable information—in one case to the consumer and, in the other, to the investor—which means that there is no difference between the two regimes regarding the obligation to provide investors or consumers with adequate information.

This is established in Section 109 of LMV, which provides: “Market participants who receive or execute orders, or advise clients regarding investments in securities, shall provide their clients with all available information whenever it may be relevant to their decision-making. Such information must be clear, accurate, precise, sufficient, and timely; it must also identify the risks involved, particularly in the case of high-risk financial products. Market participants shall likewise inform their clients of any economic or other relationships that could compromise their impartiality. The Superintendencia shall issue the regulations necessary to give effect to this provision” (Emphasis added). That provision clearly has a scope similar to that of Sections 32 and 34 of Ley 7472, insofar as they require truthful and timely information to be provided to consumers. Thus, it is clear that the case under review concerns acts and contracts arising from the securities market and governed entirely by LMV, insofar as it regulates the public offering of securities (oferta pública de valores), which, under Section 2 thereof, means: “...any express or implied offer proposing the issuance, placement, negotiation, or trading of securities among the investing public.” In light of the foregoing, it is beyond question that, although LMV and Ley 7472 form part of a system of safeguards requiring information to be provided to investors in accordance with rules derived from consumer protection law, which clearly extend to financial products that may be offered by brokerage firms or stockbrokers and govern the relationships among the individuals or legal entities that participate directly or indirectly in securities markets (Sala Primera, no. 120-2012, de las 9 horas 15 minutos del 9 de febrero de 2012), the provisions of Ley 7472 nevertheless do not apply to matters involving the securities market. It is beyond question that the regime established by LMV follows trading standards based on truthful and adequate information, as provided by Ley 7472.

Notwithstanding the foregoing, even though they are based on the obligation to provide truthful and timely information for the conduct of their transactions, the liability regime governing securities matters falls outside the objective parameters underpinning liability under Ley 7472, since the second paragraph of provision 59 of the LMV states: “(…) Brokerage firms (puestos de bolsa) shall likewise be liable for intentional or negligent acts (actuaciones dolosas o culposas) committed by their officers, employees, or stockbrokers in the performance of their duties or in connection therewith, when such acts are contrary to the legal system or the rules of sound administration and cause harm to the respective stock exchange or to third parties.” In other words, although the securities regime imposes an unavoidable duty to provide investors with complete, adequate, and truthful information—as also occurs in relationships between economic agents and consumers—which in turn places the burden of proof (carga de la prueba) on the party having the duty to disclose, the liability regime established for securities transactions does not entail strict liability (responsabilidad objetiva), since, pursuant to provision 59 ibidem, such liability arises from intentional or negligent acts, which are characteristic of fault-based liability (responsabilidad subjetiva).

It should be noted that this does not relieve the party subject to the general duty to disclose of the evidentiary burden. Accordingly, not only does the appellant err in alleging a violation of provisions specific to Ley 7472, to the detriment of those of the LMV, but the Tribunal also errs. However, this does not mean that, as correctly noted, the brokerage firm and its agents, administrators, and other auxiliaries did not have a duty to adequately inform the investor of the existing risks. Nor does the fact that the plaintiff signed a document declaring himself to be a “sophisticated investor”—thereby obtaining access to investments not eligible for public offering—relieve the offerors of their undeniable duty to provide truthful and adequate information concerning every aspect of that investment, since the inapplicability of the Ley 7472 regime to this case is one thing, while the absence of a duty to adequately inform investors is quite another, as that duty likewise arises from the LMV, as previously indicated.

Thus, even though the plaintiff fell within a category different from that of consumer relationships under Ley 7472, including with respect to the applicable liability regime, there was nevertheless a duty to inform him adequately and truthfully, an aspect on which the Tribunal’s analysis errs. Indeed, as the plaintiff asserts, he has always been entitled to have his claims examined regarding whether the Brokerage Firm acted in bad faith (mala fe) and withheld information, matters inherent in its securities functions; contrary to the Tribunal’s holding, those claims are not “negated by the plaintiff’s own volitional conduct in choosing to participate in that securities paradigm.” Nevertheless, that duty does not arise from the provisions whose violation is alleged by the appellant in cassation (casacionista), but from the numerous provisions of the LVM requiring investors to be adequately informed and heightening that duty in the case of higher-risk investments.

Accordingly, although the plaintiff alleges that he was not apprised of material information (información sensible) needed to make decisions concerning his investments—which, in his view, was known to the defendant before it made him the offer—the provisions he claims were breached are not applicable to this specific case; therefore, both claims must be rejected.

VII. In light of the foregoing, both appeals shall be denied

THEREFORE

Both appeals are dismissed.

Luis Guillermo Rivas Loáiciga Román Solís Zelaya Rocío Rojas Morales William Molinari Vílchez Damaris Vargas Vásquez cgzamora Telephone numbers: (506) 2295-3658 or 2295-3659, email address [email protected]

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Documento PJEDITOR Res. 002758-F-S1-2020 SALA PRIMERA DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. San José, a las quince horas cuarenta minutos del diecinueve de noviembre de dos mil veinte.

Proceso ordinario civil establecido por PEDRO GERARDO GARCÍA DELGADO, mayor, soltero, empresario, vecino de Pozos de Santa Ana, San José, contra; DANIEL CASAFONT FLORES, mayor, vecino de San José, en su carácter personal y contra, INTERBOLSA FINANZAS CORPORATIVAS IFC SOCIEDAD ANÓNIMA, representada por éste último en su carácter de apoderado generalísimo sin límite de suma, CARLOS MELÉNDEZ MONGE, mayor, en su carácter personal y como gerente con facultades de apoderado generalísimo sin límite de suma del PUESTO DE BOLSA INTERBOLSA SOCIEDAD ANÓNIMA, actualmente denominada SOLUCIONES INTEGRALES SOFISA SOCIEDAD ANÓNIMA, y PAUL CASTRO CÁRDENAS, mayor, corredor de bolsa, vecino de San José. Intervienen como apoderados especiales judiciales: de la parte actora, Manuel Emilio Ramírez Castro, y de las codemandadas, Dagoberto Venegas Durán, Álvaro Emilio Castro Garnier, y Gabriela Porras Arias, todos mayores, y abogados.

Redacta la magistrada Vargas Vazquez

CONSIDERANDO

I.Pedro García Delgado demandó a Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A.(en adelante IFC), Daniel Casafont Flores, Puesto de Bolsa Interbolsa S.A. (PBI), Carlos Meléndez Monge y Paul Castro Cárdenas. Dijo, en agosto de 2008, producto de la venta de un bien inmueble, dispuso de recursos financieros por ȼ425.000,00, de lo cual enteró al señor Castro Cárdenas, amigo suyo y corredor del Puesto de Bolsa Interbolsa S.A. Señaló, por esa razón recibió una llamada de dicho señor, ofreciéndole opciones de inversión, sugiriéndole invertir en el desarrollo de un proyecto de condominios en Playa Langosta, Guanacaste, denominado “Proyecto Península”, en el cual, una sociedad del Grupo Interbolsa; -IFC-, sería la mejor opción para invertir gracias a su rendimiento superior, donde en su condición de fiduciaria, de un contrato de fideicomiso, dicha empresa asumía la construcción y administración de un proyecto para lo cual estaba captando recursos mediante la emisión de letras de INC, sociedad radicada en Panamá, que entregó en propiedad fiduciaria las acciones de sociedades anónimas costarricenses, a su vez propietarias de las fincas filiales a desarrollar, es decir, eran las propietarias de fincas filiales que constituían la totalidad del condominio.

Por esa razón, esbozó, el 27 de agosto de 2008, invirtió USD $ 275.000,00 a la vista en bolsa, y, USD $ 150.000,00 en la compra de un título valor emitido por IFC como fiduciaria del Fideicomiso de Administración del Proyecto Península. Relató, dicho título es una letra de cambio sin numeración, firmada por el señor Carlos Luis Meléndez Monge, apoderado de la fiduciaria, con vencimiento al 1º de marzo de 2010, en la que se reconocen intereses anuales al 13,04%, pagaderos por semestres vencidos, de los cuales solo le fueron cancelados dos semestres, a duras penas pues siempre fueron impuntuales y poco diligentes en ese sentido, por lo que estima, a ese punto el proyecto ya estaba en problemas financieros. Reveló, dicho título se encuentra insoluto, adeudándosele intereses desde agosto de 2009. Aseguró, el patrimonio del fiduciario sujeto a apremio está constituido por derechos de propiedad sobre acciones sociales de corporaciones dueñas de fincas filiales inexistentes en la realidad, donde una parte se concluyó y se vendió, requiriéndose acuerdo del 100% de los condóminos para disponer de aquel en forma parcial, lo que hace de esa posibilidad una quimera pues, ni siquiera se tiene libre disposición sobre el, pues técnicamente ni siquiera existe la tierra como inmueble registralmente hablando, pues habría que “crearla” mediante la extracción del régimen de propiedad horizontal mediante asamblea sobre la cual no se tiene control, y, sin que sea activo tangible lo que impide sea embargado.

Afirmó, no se le informó que no existían los desarrolladores pues la sociedad fideicomitente son ellos mismos, por lo que son responsables. Apuntó, el 7 de mayo de 2010 le fue remitido correo por parte de Danilo Montero Rodríguez, funcionario de las demandadas, donde se evidencia que al ofrecerle la inversión ya conocían algunos inconvenientes y circunstancias negativas para el proyecto, a saber, que la fideicomitente era propiedad de los administradores, que las acciones no se encontraban registradas en los libros del Registro de Accionistas a nombre del fiduciario, que existía un proceso ante la Sala Constitucional, cuyo resolución podía afectar la idoneidad y procedencia de los permisos constructivos, su continuidad y desarrollo, lo que daría al traste financieramente dados los costos no estimados de su paralización. Subrayó, al ofrecerle la inversión ya el proyecto estaba desajustado en su cronograma y con fecha de conclusión incierta, trasladándose incertidumbre a la recuperación de su título, que al no haberle sido informadas constituyen mala fe, además de un riesgo impropio en la naturaleza de la inversión que de haberle sido informada no habría realizado.

Dijo, apenas a los tres meses de su inversión el proyecto colapsó financiera y “judicialmente”. Adicionalmente, explicó, poco importa si lo sabían o no o si actuaban o no de mala fe, porque dada su condición de oferentes ajustados a la Ley de Promoción de la Competencia y Defensa Efectiva del Consumidor (en lo subsecuente Ley 7472), asumen el riesgo que crean con su desconocimiento, pues son responsables objetivamente. Comentó, en dicho correo se le informa con ironía, que las personas que le persiguieron para que realizara esa inversión, no son los responsables contractualmente de promover entre inversores la venta de efectos de comercio, con los cuales procurar los recursos, que den contenido financiero al desarrollo cabal del proyecto, el cual decían tener asegurado en un 80%. Agregó, en la oferta de inversión se echa de ver que la intensión velada de dejar un rastro documental, de no tener responsabilidad como puesto de bolsa en la inversión realizada, más en la intención está la evidencia de lo contrario, pues jamás habría invertido de no haber estado de por medio una corporación bursátil. No obstante, valoró, lo hicieron arriesgando 30 años de existencia en el mercado, pensando que podrían abandonarle a su suerte. Solicita en sentencia se declare: Petitoria Principal:

  • 1)Las sociedades Puesto de Bolsa Interbolsa S.A. e Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A. son corresponsables indistintamente, y en forma solidaria de los daños y perjuicios sufridos en ocasión de la no recuperación de la inversión realizada en el desarrollo inmobiliario denominado Proyecto Península, creado y contenido en contrato de fideicomiso firmado el 15 de mayo de 2008, que tiene a la codemandada Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A, como fiduciario, y a la firma Sunvalley Inc como fideicomitente. Esta responsabilidad se les endilgará por haber actuado como cogestores de inversión en un proyecto de interés común, violando e infringiendo las normas de protección al consumidor contenidas en la Ley 7472, al inducir a error ocultando, y simulando información, creando así un riesgo no previsible propio del mercado financiero.
  • 2)En virtud de estar regidos por la referida Ley la contratación realizada, devienen solidariamente responsables de la obligación de resarcir los daños y perjuicios ocasionados, también, el señor Paul Castro Cárdenas en su condición de factor del negocio, y, los señores Casafont Flores y Meléndez Monge, de calidades ya dichas, cada uno en su condición de representantes solidariamente responsables a la data de los hechos.
  • 3)Los codemandados deberán resarcir el daño patrimonial consistente en el monto del capital invertido y no recuperado, sea la suma de USD $ 150.000,00; más los perjuicios consistentes en el no disfrute de los rendimientos financieros de ese capital, representado por los intereses al tipo del 13.04 % anual desde el 27 de agosto del 2009, que a esa data liquida en USD $ 58.680,00 que en sentencia se determinará que seguirán corriendo hasta su efectivo pago en ejecución de sentencia. Subsidiariamente en cuanto a este punto, solicita, de no ser otorgado, sea entonces el de ley.
  • 4)Los demandados quedan solidariamente obligados al pago de daño moral a determinar en ejecución de sentencia.
  • 5)Todos los demandados son solidariamente responsables de la obligación de pagar las sumas que se otorguen, además de las costas. Petitoria Subsidiaria. Para el caso de que el régimen jurídico, de la negociación de examen no fuese el de la Ley 7472, solicita se disponga acoger lo siguiente:
  • 1)Se condene al Puesto de Bolsa Interbolsa S.A. a pagar los daños y perjuicios ocasionados por la no recuperación de la inversión realizada en el Proyecto Península, por haberle inducido a error en la solidez de la inversión al aparentar actuar como puesto de bolsa, siendo que en realidad actuaba fuera de la normativa autorizada por la Ley Reguladora del Mercado de Valores, y, en beneficio de un grupo de interés económico al que pertenece su cuadro societario, condena que pide alcance a Paul Castro Cárdenas, de calidades referidas.
  • 2)Asimismo se condene a Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A., en forma conjunta o no, solidaria o no, al pago de la letra de cambio por ella suscrita en su condición de fiduciaria y deudor facial de documento, también a título de daño ocasionado a su patrimonio como deudor moroso de la obligación.
  • 3)Se les condene además a resarcir el daño patrimonial consistente en el monto del capital invertido, y no recuperado, sea USD $ 150.000,00 más los perjuicios consistentes en los rendimientos financieros de ese capital, representado por los intereses al 13.04 % anual desde el 1 de agosto del 2009, que a esa data alcanzaban USD $ 58.680,00, los cuales seguirán corriendo hasta su efectivo pago en ejecución de sentencia, los que, subsidiariamente, de no ser de recibo el rédito pedido, sea el que al efecto dispone la Ley.
  • 4)Los demandados quedan solidariamente obligados al pago por los daños morales causados, a determinar en ejecución de sentencia.
  • 5)Todos los demandados son solidariamente responsables de la obligación de pagar las sumas aquí otorgadas, y, las costas. Los codemandados contestaron en forma negativa, opusieron las excepciones de falta de: derecho, legitimación activa y pasiva. Tocante a la pretensión principal, el Tribunal acogió la falta de derecho en cuanto a todos los demandados, además la falta de legitimación pasiva en cuanto a los codemandados Meléndez Monge, Casafont Flores y Castro Cárdenas, declarando sin lugar la demanda. En lo concerniente a la pretensión subsidiaria, admitió la falta de legitimación pasiva interpuesta por Puesto de Bolsa Interbolsa Sociedad Anónima (actualmente: Soluciones Integrales Sofisa Sociedad Anónima), Daniel Casafont Flores, Carlos Meléndez Monge y Paul Castro Cárdenas, omitiéndose en cuanto a ellos decisión sobre las demás defensas planteadas. Rechazó parcialmente la excepción de falta de derecho, -admitida sólo en cuanto a aquellos rubros no concedidos-, que incoa Interbolsa Finanzas Corporativas IFC Sociedad Anónima y se rechazan la de falta de legitimación activa y pasiva formulada por esta entidad. En consecuencia, declaró parcialmente con lugar la demanda contra Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A., quien debe pagar en su carácter de fiduciaria del Fideicomiso de Administración de Proyecto Península a la actora, por daño material la suma de USD $ 150.000,00, más intereses al 13,04% desde el 27 de setiembre de 2009 y hasta su efectivo pago, montos a liquidar en ejecución de sentencia, rechazando en lo demás la demanda. Se condena sobre la absolutoria a la actora al pago solidario de ambas costas en relación con Puesto de Bolsa Interbolsa Sociedad Anónima (actualmente: Soluciones Integrales Sofisa S. A.), Daniel Casafont Flores, Carlos Meléndez Monge y Paul Castro Cárdenas, por otro lado, se condena a la codemandada Interbolsa Finanzas Corporativas IFC Sociedad Anónima en su carácter de fiduciaria a pagar a la parte actora ambas costas del proceso, fijándose el importe sobre la condenatoria. Inconformes ambas partes acuden en casación.

Recurso de Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A.

II.El casacionista formula un único cargo de naturaleza procesal. Acusa, el Tribunal incurre en incongruencia. Refiere, la sentencia impugnada en su parte dispositiva señaló: "...en consecuencia se declara parcialmente con lugar la demanda ordinaria de Pedro Gerardo García Delgado contra lnterbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A., debe pagar la codemandada en su carácter de fiduciaria del Fideicomiso de Administración de Proyecto Península a la actora por daño material la suma de ciento cincuenta mil dólares… ". Alega, las normas citadas -artículos 61.2 y 28.1 del Código Procesal Civil - han sido violentadas por el Tribunal pues el actor en el escrito de interposición de su demanda (visible a folios 56 y 57) -presentado el 21 de junio del 2012- dirige su acción únicamente de la siguiente manera: "...interpongo proceso ordinario para exigir declaratoria de las obligaciones de resarcir los daños y perjuicios a mi ocasionados a cargo de las siguientes personas físicas y jurídicas: sociedad Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A., representada por su Presidente Daniel Casafont Flores sociedad contractualmente obligada conmigo, demandando al mismo tiempo en este acto y de manera concomitante, la responsabilidad solidaria del Puesto de Bolsa Interbolsa S.A. representada por el mismo señor Casafont Flores, por ser ésta última la sociedad que fungió, a la luz de los hechos conforme se verán, como comerciante-oferente y proveedor según lo define la Ley 7427 que se denomina de Promoción de la Competencia y Defensa Efectiva del Consumidor en adelante LDPCYDC, ....Responsabilidad que, dada su naturaleza y marco jurídico que la dispone, también tiene conjunta y solidariamente sus representantes legales a la fecha de los hechos, artículo 35 de LPCYDC, por lo que procedo a demandar en Litis consorcio pasivo, a los señores, Daniel Casafont Flores, en su carácter personal al fungir como Presidente de ambas Corporaciones en agosto del 2008, y Carlos Meléndez Monge, lo mismo, pero como Vicepresidente-Ejecutivo, los dos de calidades que constan en las certificaciones adjuntas, quienes para todos los efectos legales, resultan ser solidariamente responsables como ya dije.

Además demando y de conformidad con la responsabilidad solidaria establecida en la norma que se invocará a Paul Castro Cárdenas, cédula de identidad 2-505-719, corredor de Bolsa.” De acuerdo a lo expuesto por el actor, en esta demanda se tendría como parte de la litis en condición de accionados -o demandados- a: Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A., Puesto de Bolsa Interbolsa S.A., Daniel Casafont Flores, Paul Castro Cárdenas, Carlos Meléndez e Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A. Apunta, en otras palabras, el actor en ningún momento dirigió su demanda contra el Fideicomiso ni indicó al Fiduciario a fin que fuera individualmente considerado. Ahora bien, dice, debe tenerse presente que el fideicomiso es un contrato típico mercantil, en virtud del cual una persona traspasa bienes a un tercero para que los administre según el encargo fiduciario, contractualmente definido. Analiza, el numeral 633 del Código de Comercio señala que, por medio de un fideicomiso, el fideicomitente o fiduciante trasmite al fiduciario la propiedad de bienes o derechos, quien queda a su vez en la obligación de emplearlos para la realización de fines lícitos y que se encuentran predeterminados en el acto constitutivo.

Adiciona, el fideicomiso se ejerce en beneficio de quien se designa en el contrato, y, los bienes se trasmiten al fideicomisario al cumplirse el plazo establecido en el contrato. Amplía su tesis sobre el fideicomiso. Refiere, el mandato 634 del Código de Comercio, permite que puedan ser objeto de fideicomiso toda clase de bienes o derechos que legalmente se encuentren o ubiquen dentro del comercio de los hombres, los cuales al integrar un patrimonio fideicomitido no pueden ser gravados o pignorados, (numeral 652 del Código de Comercio) salvo que exista una autorización expresa del fideicomitente. Esboza, estos pueden ser gravados pese a no contar con dicha anuencia, cuando se compruebe ante un Juez, el que existe una situación de emergencia, que lo haga indispensable. Expresa, la ley mercantil obliga al fiduciario a mantener esta separación en sus registros, de manera que no se confundan los activos del fideicomiso con los propios.

Igualmente, afirma, por esta autonomía la ley encarga al fiduciario la obligación de vigilar y proteger este patrimonio fiduciario. Acude a doctrina extranjera en apoyo de su tesis. Ahora bien, continúa, la propiedad sobre el patrimonio del fideicomiso no es plena o irrestricta, porque se encuentra limitada primeramente a los propósitos del fideicomiso y al tiempo máximo que la Ley Mercantil establece. Asevera, en otras palabras, aunque el Fiduciario es propietario de los bienes fideicometidos, no puede disponer de ellos ilimitadamente, sino que respetara los límites del contrato de fideicomiso y de las leyes aplicables. Asegura, esta autonomía del patrimonio es sumamente importante, porque los bienes ya traspasados a nombre del Fiduciario, no pueden ser perseguidos por obligaciones del Fideicomitente, Fideicomisario ni del Fiduciario, sino que solo responden por las obligaciones del Fideicomiso mismo.

Relata, en caso de que un tercero pretendiera irrespetar esta regla, es obligación esencial del Fiduciario tomar las acciones necesarias para defender dichos bienes, de cualquier medida solicitada por un tercero. Revela, tratándose de bienes inscribibles en el Registro, solía ser una complicación el hecho de que no siempre esa entidad consignaba que la propiedad sobre ciertos bienes era ejercida precisamente en aquella condición, y por ello terceras personas tomaban acciones contra aquellos bienes, pero esto ya ha sido corregido. Precisa, ha expuesto acerca de las características y naturaleza de un fideicomiso, y, que la parte actora demandó a Interbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A. pero nunca en su condición de Fiduciario del Fideicomiso, por tanto, aunque enderezó su demanda contra el Fiduciario no lo hizo contra el Fideicomiso en esa condición. Resalta, es aquí donde surge la incongruencia por parte del Tribunal al irrespetar los artículos 28.1 y 61.2 del CPC, al declarar con lugar la demanda contra lnterbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A., condenándole a pagar a la codemandada en su carácter de fiduciaria del fideicomiso de administración de Proyecto Península.

Subraya, la incongruencia existe porque el Tribunal concede al actor un extremo contra una parte que no fue demandada en su condición de fiduciario. Cita fallos de esta Sala en apoyo de su tesis. La incongruencia del Tribunal es tal que introdujo un sujeto procesal que no había sido llamado a la litis por el actor ni por los otros codemandados. Explica, el actor a quien demandó fue a lnterbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A., formulando la litis contra esa empresa pero no contra el fiduciario. Pese a ello, valora, la sentencia recurrida incorpora ilegalmente a la litis a esa empresa como representante del fideicomiso. Comenta, dicho yerro violenta los artículos 28.1 y 61 .2 del CPC, pues se ha confundido el fideicomiso mismo con el fiduciario que lo administra, lo cual no es jurídico-legalmente viable.

III.Esta Sala ha estimado que la incongruencia, se presenta cuando existe desarmonía entre las pretensiones de los litigantes y lo resuelto en la parte dispositiva del fallo; esto es, cuando el juez decide sobre cuestiones no peticionadas en las etapas dispuestas para ello, otorga más de lo pedido u omite decidir las pretensiones o excepciones, tomando en cuenta, que conforme a la legislación procesal vigente, el juzgador puede precisar o aclarar las pretensiones esbozadas en la demanda. (Al respecto, se pueden consultar, entre otras, las sentencias números 408 de las 14 horas 30 minutos del 28 de junio del 2006; 41 de las 9 horas del 26 de enero de 2007 y 478- 2008 de las 8 horas 30 minutos del 18 de julio de 2008). Ahora bien, en lo medular, la recurrente arguye, el Tribunal incurre en incongruencia al conceder al actor un extremo contra una parte que no fue demandada en su condición de fiduciaria, pues a quien demandó fue a lnterbolsa Finanzas Corporativas IFC S.A., formulando la litis contra esa empresa, mas no en su carácter de fiduciario.

Lo anterior, estima esta Cámara, no es de recibo. En efecto, tanto de los hechos como de las pretensiones, se extrae, la causa de pedir está también dirigida contra IFC como fiduciaria del Fideicomiso. En particular, de lo expuesto en las pretensiones resulta innegable, el actor requirió se condenara a IFC como fiduciaria, y, a la firma Sunvalley Inc como fideicomitente. Igualmente, requirió en su pretensión subsidiaria, que se condenara expresamente a IFC “…en forma conjunta o no, solidaria o no, al pago de la letra de cambio por ella suscrita en su condición de fiduciaria y deudor facial de documento…”. De lo expuesto, no existe duda, el actor también planteó pretensiones en contra de IFC, las cuales fueron planteadas también en su carácter de fiduciaria del fideicomiso de examen, de ahí que al condenarle en ese carácter, el Tribunal no haya excedido la causa de pedir, ni menos aún incurrido en el vicio de incongruencia, razón por la cual, el reparo deberá rechazarse.

Recurso de Pedro Gerardo García Delgado

IV.El casacionista formula dos cargos de naturaleza sustantiva. En el primero reclama violación indirecta de ley, por error de derecho en la naturaleza del contrato, consistente en la errónea apreciación por los jueces de los elementos de prueba. En este caso, se acusa, dicho error se dio al apreciar el contrato de inversión y suscripción de la letra de cambio, ofrecida como producto financiero, contrariando a las reglas de la sana crítica contenidas en el canon 41.5 del Código Procesal Civil (en lo que sigue CPC). A partir de ese error, explica, se tuvo por configurado un “contrato bursátil” y no un “contrato de consumo”, de ese modo, se le tuvo como “inversionista”, y no como un “consumidor. Por ende, agrega, se le excluyó del régimen jurídico que tutela los derechos que, como consumidor, protegen al actor en juicio en ese tipo de relaciones de consumo, conforme a la Ley de Promoción de la Competencia y Defensa Efectiva del Consumidor (en adelante Ley 7472).

Opina, se consumó de esa forma la indebida desaplicación de esas normas sustantivas, en sus ordinales 1, 2, 31, 32, 34, 35 y 71, invirtiendo además como producto de esa desaplicación, la carga de la prueba en perjuicio de la parte más débil de la relación de consumo. Estima, dicha inversión de la carga probatoria resulta determinante en esta caso concreto, por lo cual, debe variarse el elenco de hechos probados y no probados, eliminando el primer hecho tenido por no probado, que afirma, no se acreditó: “Que no hubiera sido informado o se le haya ocultado información de los riesgos de inversión en el Proyecto Península” incorporando en su lugar un hecho probado adicional que disponga que la accionada no probó que el actor: “hubiese sido informado por parte de la demandada, INTERBOLSA FINANZAS CORPORATIVAS IFC SOCIEDAD ANÓNIMA de los riesgos de inversión en el Proyecto Península que le eran a la actora conocidos”, toda vez que era a esa parte a quien correspondía probarlo, en razón de la responsabilidad objetiva que le corresponde.

Acusa, el fallo incurre así en error de derecho al preterir, -con violación de la norma 41.5 del CPC-, y, no hacer valoración integral de toda la prueba que establece, existía información sensible para la toma de decisión de consumo de su parte, la cual era conocida por la demandada de previo a la oferta de consumo que le hizo, sin que fuera puesta en su conocimiento para tomar esa decisión, con lo que terminan violándose de ese modo también, las normas de fondo contenidas en los numerales 1, 2, 31, 32, 34, 35 y 71 de la Ley 7472, así como el precepto 21 del Código Civil, y la disposición 46 de la Constitución Política. En virtud de lo anterior, debe por el contrario tenerse por probada la responsabilidad pretendida de la demandada y sus apoderados, por la violación de los siguientes deberes y obligaciones que como comerciantes en la relación de consumo les correspondía, pues: 1.- No se informó correctamente al actor que la responsabilidad de la deudora no estaba garantizada por la solidez del Grupo de Interés Económico que representaba el incluir una sociedad que tenía un Puesto en la Bolsa Nacional de Valores, por el contrario, le indujeron a suponerlo, pues como cliente, que es el concepto jurídico amplio del término consumidor, fue atraído a la inversión con esa plataforma de imagen comercial.

Añade, tampoco le informaron que la deudora del título no tenía más patrimonio que el intangible que pudieran representar las acciones sociales de sociedades dueñas de fincas filiales sin construir. Resalta, el contenido de la declaración testimonial de Rafael Ángel Mora Badilla y declaraciones confesionales de Paul Castro Cárdenas y del propio actor Pedro García Delgado, preteridas aun y cuando son contestes e ns mostrar que nunca se hizo aclaración alguna de la responsabilidad existente de las empresas del GRUPO INTERBOLSA, sino que se dejó que pensase del modo en que se le indujo a hacerlo. 2.- Tampoco le informaron que al momento de la compra del título, ni siquiera tenían esas acciones debidamente endosadas en su poder, producto de un conflicto con quien les vendiera el proyecto que quisieron vender y comercializar. Valora, con ello pretirieron la prueba que consta en la carta de la demandada enviada por correo el 7 de mayo del 2010, a los tenedores de letras.

Esboza, es claro que se se le hubiese brindado esa información oportunamente como era su obligación habría sin más, con seguridad eliminado la voluntad de consumir el producto financiero de su parte. 3.- Tampoco le informaron al momento de la compra, que desde el 26 de abril del 2007, existía un recurso de amparo, expediente 07-005611-0007-CO contra la Secretaría Técnica Nacional Ambiental, (SETENA), que cuestionaba haberse violado, en perjuicio de los allá amparados, lo dispuesto en el canon 50 de la Constitución Política, ya que dentro del Parque Nacional Las Baulas y en sus zonas de amortiguamiento, se pretende la construcción de varios complejos residenciales y de cabinas y hoteles de grandes dimensiones, sin que hasta el momento hayan sido sometidos -en forma integral- previo a evaluación de impacto ambiental por parte de SETENA para establecer su viabilidad; y, que por estar el desarrollo pretendido por las demandadas dentro la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Las Baulas, estaba sujeto a una decisión judicial que eventualmente lo haría inviable, como efectivamente sucedió luego con sentencia de esa Sala 2008-018529 de las 8 horas 58 minutos del 16 de diciembre del 2008.

Sugiere ver prueba documental, no impugnada por los demandados, que es copia de correo de 7 de mayo del 2010 enviada por el señor Danilo Montero Rodríguez, funcionario de las sociedades demandadas, en donde se muestra de manera evidente que se conocía del recurso. Apunta, se omite así valorar las certificaciones del Expediente 07-005611-0007-CO que se aportaron como prueba. 4.- Tampoco informaron que el estado financiero del proyecto a raíz de esos hechos era precario, tanto que a la fecha de ofertarle el título o la inversión, ya el proyecto se encontraba desajustado a su cronograma de construcción, y, con fecha de conclusión incierta, al extremo de que para los únicos pagos que hicieron, y que correspondían al primer semestre de intereses que debía producirse estuvieron en mora. 5.- No se le informó como consumidor que la sociedad fideicomitente no era formalmente propiedad de los mismos administradores de su desarrollo con lo cual no eran ellos mismos los responsables que debían proveer los recursos financieros para el logro exitoso del Proyecto.

Opina, ese tipo de información era del todo determinante para la decisión de consumo, dada la naturaleza del producto adquirido, lo cual sabe el demandado oferente, por lo que dejar de informar es un acto que puede asumirse como ausencia de buena fe, de su parte, atentando contra el mandato 21 del Código Civil. De esa suerte, opina, la información brindada a su persona como consumidor no fue veraz ni adecuada, como debe serlo de conformidad con los ordinales 42 de la Ley 7472 y 46 de la Constitución Política, por lo que el Tribunal con su fallo conculco esas normas al no hacer derivar responsabilidad a la demanda por esos actos que produjeron daño económico al actor en tanto consumidor. Cita fallo de esta Sala en apoyo de su tesis. Transcribe el numeral 35 de la Ley 7472, a fin de establecer tesis referente a la responsabilidad objetiva, conforme al cual no se requiere la acreditación de culpabilidad, sino que basta se demuestre el daño y el nexo de causalidad.

Expone, en la especie la responsabilidad es achacable a la demandada, pues, realizaron la venta del producto financiero de examen, obviando brindar información trascendente respecto a los riesgos implícitos en la recuperación, de manera que, como consumidor no pudo conocer, lo que finalmente ha impedido hacer efectivo el valor del título adquirido. Consecuentemente, expresa, el daño lo constituye el valor del este título y el nexo causal la falta de información clara y veraz en los riesgos implícitos. Esto, revela, porque no se trata de que los consumidores puedan alegar desconocimiento, sino que estén plenamente apercibidos sobre todos los riesgos, limitaciones, y circunstancias que la bondad del producto adquirido tiene, y, que puedan ser determinantes en su decisión de consumo, aspecto que como se dijo, fue desatendido. Resalta, acorde a la prueba preterida, motivo de casación como una consecuencia adicional del error de derecho acusado, éstas son contestes en mostrar que nunca se hizo aclaración alguna de la ausencia responsabilidad de las empresas del GRUPO INTERBOLSA, sino que se le indujo a creer que así lo era.

Subraya, así al afirmar que de la prueba la documental referida en los hechos tenidos por probados dos y tres- pueda ser suficiente para comprobar la existencia de un contrato bursátil, es darle un alcance errado al que enderecho tiene esa prueba, pues incluso es contradictorio el afirmarlo así, pues quedó claro de la prueba recibida, -ver declaración del testigo Rafael Ángel Mora Badilla- que la letra no fue una “inversión o adquisición” hecha en bolsa, por lo que eso solo hecho impide ipso iure la posibilidad de ser considerado un contrato bursátil. Entones, considera, si no se trató de una oferta pública de valores, ello demerita también la de los efectos que se le atribuyen al documento suscrito denominado” Declaración de Inversionista Sofisticado”, toda vez que sus efectos eran concebidos como una exigencia del entonces vigente reglamento, precisamente para casos de oferta pública de inversión, -que en este caso no lo era-.

Asevera, dispone además la norma 70 de la Ley 7472 que: “Para establecer la verdad real, la Comisión para promover la competencia, la Comisión nacional del consumidor o el tribunal jurisdiccional correspondiente, podrá prescindir de las formas jurídicas adoptadas por los agentes económicos que no correspondan a la realidad de los hechos investigados (sic)” , ese documento es una de esas formas, pues no es más que una nota que pretende soslayar la responsabilidad que en aras del interés público le corresponde como agente de comercio. Estipula, dicha disposición es consecuente y también se acusa inobservada por el Tribunal, con el principio “IN DUBIO PRO CONSUMPTORE”, de rango constitucional, que impone un modo de interpretación obligado de los hechos y sus pruebas en beneficio del consumidor, parte débil de la relación de mercado. También acusa como error de derecho el efecto dado en la sentencia a ese documento, contrario a las reglas de la sana critica, previstas en el mandato 41.5 del CPC, pues el hecho de que una persona pueda ser muy conocedora de los productos a adquirir, no la excluye ni despoja de su condición de consumidora, ni puede ser óbice para liberar de los deberes de información del comerciante para con él, a fin de que éste a la hora de tomar la “decisión de compra” tenga a mano toda la información que puede afectar esa decisión, contrariando en ello las normas sustantivas dispuestas en los en los ordinales 1,2, 31, 32, 34, 35 y 70 Ley 7472, y el ordinal 46 de la Constitución Política.

Destaca la contracción (sic) lógica que encierra el modo de interpretar el alcance del documento:” Declaración de Inversionista Sofisticado”, pues se afirma que es un inversionista sofisticado porque firmó el documento que así lo dice, pero al mismo tiempo se dice que firmó el documento porque es un inversionista sofisticado. Refiere, no supo de lo dicho en la sentencia, si el haber firmado ese documento es lo que lo convierte en inversionista sofisticado, o ya lo era antes de firmarlo. Desde esa óptica, detalla, el documento de análisis no puede ser prueba válida de su condición respecto al negocio realizado, en todo caso, niega que esa condición que le atribuye la sentencia – sin prueba racionalmente apreciada- le demerite su condición de consumidor. Así, alega, la relación entre IFC y su persona es de consumo, por lo que debe sujetarse a las reglas de la Ley 7472. Por esa razón sostiene la responsabilidad solidaria de todas las personas físicas apoderadas, según el numeral 32 de la Ley ibidem.

Continúa, el descargo de esta responsabilidad es un tema sobre el que la carga de la prueba corresponde al demandado, de quien se acusa omisión y el incumplimiento del deber de informar como comerciantes sobre los riesgos inherentes en el proyecto a desarrollarse.

V.El Tribunal consideró improcedente la aplicación del régimen jurídico previsto en la Ley 7472, además de la ausencia de derecho e inexistencia de solidaridad entre los codemandados. Indicó, la parte actora de forma un tanto “sui generis”, ha pretendido llevar sin más, aspectos propios del derecho bursátil al ámbito de la regulación del derecho del consumidor, obviando que entre una y otra categoría, median sendas diferencias que merecen especial atención. Citó fallo de esta Sala en apoyo de su tesis. Alegó, la parte actora ha pretendido equipar a modo de símil, su condición de inversionista a consumidor, sin embargo en rigor y correcta técnica jurídica, tal equiparación no resulta del todo certera, por cuanto, según documento del 27 de agosto de 2008 (aportado como prueba documental desde la propia demanda), la parte actora firmó bajo la égida de su autonomía de voluntad, una: "aceptación de oferta privada" en el cual manifestó ser: "un inversionista sofisticado" y además aceptó que: "el colocador no garantiza la bondad del producto"; luego, de este documento en particular, la parte accionante -en lo que a sus pretensiones materiales se refiere- no solicitó su nulidad, pues en las seis pretensiones expuestas dentro de la categoría de: "petitoria principal", no se advierte una solicitud expresa en tal sentido.

De lo anterior, deriva, el demandante se encuentra en una posición que dista de la de un simple consumidor, pues más bien manifestó y aceptó ser tenido en aquel momento como un inversionista de la más alta categoría, lo que obviamente le generaría aspirar a un instrumento financiero particular, que ofertaba atractivos rendimientos económicos a su favor. Además, dijo, lógicamente, dentro del ámbito de las operaciones bursátiles y más aquellas destinadas a la categoría conocida en aquel momento como inversionistas sofisticados -calificados popularmente: como las "grandes ligas" de los inversionistas- el factor riesgo se acrecienta, pues existe un ámbito de mayor volatibilidad en las inversiones proyectadas lo que justifica la presencia de rendimientos más atractivos. Estipuló, de esta manera queda claro, el actor no puede ser catalogado de forma ligera como un "indefenso consumidor" sino que por su propia voluntad aceptó ser tenido en aquel momento como un: "inversionista sofisticado" de suerte tal, que concretizó su voluntad expresa -que no pueda ser desconocida en perjuicio de la contraparte, contrariando sus propios actos- de suscribir el documento de aceptación de oferta privada al tenor de la exigencia del entonces vigente numeral 13 del Reglamento de Oferta Pública de Valores, lo cual genera consecuentemente que su planteamiento jurídico carezca de viabilidad.

Acusó, en tal sentido y respaldo de lo recién indicado, se cuenta además con la ponencia del testigo Rafael Ángel Mora Badilla quién de forma precisa rindió noción del status que acompaña a un inversionista sofisticado al indicar: "(...) las letras de cambio que se ofrecieron eran instrumentos de inversión que no eran de oferta pública y por lo tanto, de acuerdo con la Ley Reguladora del Mercado de Valores, se ofrecían únicamente a inversionistas sofisticados, que son aquellos que tengan un patrimonio de más de un millón de dólares o que tengan conocimientos suficientes del mercado de valores", (Conf. Folio 1401 del expediente judicial); ergo, si bien ese Tribunal en aplicación del iura novit curia tiene conocimiento que la disposición reglamentaria aludida líneas arriba, fue derogada por el Consejo Nacional de Supervisión del Sistema Financiero en el artículo 11 del acta de la sesión 1259-2016, tal derogatoria naturalmente, empezó a regir hasta su publicación en La Gaceta, el Alcance Digital No. 100 del día viernes 17 de junio del 2016, por lo cual resulta más que evidente, que para la fecha del 27 de agosto del 2008, la regulación sí permitía la categorización de inversionistas sofisticados y por ende, el señor García Delgado quedó sujeto a un régimen jurídico diverso al de una regulación de consumo, como aquí pretende.

En consecuencia, el ser tenido el actor como: "inversionista sofisticado" le veda acceder al marco propio de una relación de consumo, pues su grado de inversor, afán de lucro, aceptabilidad de atractivos rendimientos y por ende: asunción de riesgos inmersos en la actividad bursátil, le impide ingresar a tal configuración jurídica, sin que sea dable en modo alguno, atender sus reclamaciones en torno a una alegada mala fe y falta de información del Puesto de Bolsa, que amén de no estar acreditadas probatoriamente, quedan desvirtuadas por la propia voluntad que el actor desplegó al acceder a tal paradigma bursátil. Así las cosas, esbozó, -y a tono con lo expuesto-, al no encontrarnos frente a una relación de consumo, el ámbito objetivo de responsabilidad civil preceptuado en el numeral 35 de la Ley 7472 deviene en inaplicable, y, en consecuencia, la pretensión principal de la actora deberá ser declarada sin lugar en todos sus extremos.

Añade, un inversionista de tal dimensión, como manifestó ser el actor en el citado documento, dista mucho de ser un consumidor. Valora, equipar de forma automática tales condiciones subjetivas llevaría a desbordar la teoría del riesgo derivada del régimen de responsabilidad objetiva recogida en la Ley 7472, pues las regulaciones propias del Derecho Bursátil tienen marcadas reglas de proyección económica que resultan ajenas a los factores de atribución de la responsabilidad civil contemplados en tal disposición. Revela, no existe relación de consumo contra Puesto de Bolsa Interbolsa S.A., (actualmente Soluciones Integrales Sofisa S.A) e IFC, de donde se colige una clara falta de legitimación pasiva respecto de los codemandados privados, pues no existe marco obligacional de carácter solidario que les pueda ser opuesto, frente a una relación, que como se dijo, escapa al ámbito del régimen jurídico de las relaciones del derecho del consumidor. En el segundo motivo acusa, el fallo es

violatorio en forma directa de la ley sustantiva, esto porque afirmamos que interpreta mal la ley sustantiva y con ello se conculca con el fallo, los ordinales 1, 2, 31, 32, 34, 35 y 70 de la Ley 7472 así como la norma 46 de la Constitución Política, los cánones 10 y 21 del Código Civil, y el principio de “indubio pro consumptore”, al concluir que de la prueba recibida, no se está en presencia de una relación de consumo y por ende sujeto a la normativa de predica. Opina, la violación del derecho, consiste en haber sido interpretado erradamente por los jueces las normas citadas, al disponer que éstas no se le aplican al contrato de inversión y suscripción de la letra de cambio, que se ofreciera como producto financiero, y, partir de ese errada aplicación de la ley, tener por configurado un “contrato bursátil” sosteniendo que no es un contrato de “consumo”, violando la ley al excluir del régimen jurídico que tutela sus derechos como consumidor.

Además, esboza, se invierte la carga de la prueba en perjuicio de la parte más débil de la relación de consumo, lo cual resulta determinante en este caso concreto, por lo que debe variarse el elenco de hechos probados y no probados, como anteriormente se indicara. Sostiene, al afirmar que de la prueba- la documental referida en el elenco de hechos tenidos por probados 2 y 3-, se pueda tener como suficiente para desaplicar las normas que tutelan las relaciones de consumo, es una aplicación indebida de las normas referidas, y, en especial al precepto 2 y 42 de la Ley 7472 al mutarle los alcances a que la interpretación debida de las mismas obliga el ordinal 10 del Código Civil, el que por ello se acusa también entonces conculcado junto con los demás referidos. Expone, la sentencia no justifica jurídicamente el porqué, al considerarle una persona conocedora o sofisticadacom en este tipo de consumo de bienes – y sin perjuicio del error de derecho en la interpretación del documento mediante al cual arriba a tal conclusión–, pueda por ello ser excluida la tutela de las normas de consumo a que las normas de la Ley 7472 obligan, que acusa violada máxime en presencia de la norma 70 de la Ley 7472 que dispone que “Para establecer la verdad real, la Comisión para promover la competencia, la Comisión nacional del consumidor o el tribunal jurisdiccional correspondiente, podrá prescindir de las formas jurídicas adoptadas por los agentes económicos que no correspondan a la realidad de los hechos investigados”.

Adiciona, la responsabilidad es achacable a la demandada, pues, realizaron la venta del producto financiero de estudio, obviando brindar información trascendente respecto a los riesgos implícitos en la recuperación, de manera que como consumidor no pudo conocer, lo que finalmente ha impedido hacer efectivo el valor del título adquirido. Consecuentemente, apunta, el daño lo constituye el valor del este título y el nexo causal la falta de información clara y veraz en los riesgos implícitos. Esto señala, porque no se trata de que los consumidores puedan alegar desconocimiento, sino que debe probarse que estaban plenamente apercibidos sobre todos los riesgos, limitaciones, y circunstancias que la bondad del producto adquirido tiene, y que puedan ser determinantes en su decisión de consumo, aspecto que como se dijo, fue desatendido.- Así, la información dada al consumidor no puede ser considerada veraz ni adecuada - por las omisiones de circunstancias relevantes, entre ellas, las referidas con ocasión a lo argüido en el motivo anterior - como debió serlo de conformidad con la norma 46 de la Constitución Política y el artículo 42 de la Ley de Defensa del Consumidor, por lo que el Tribunal con su fallo conculco esas normas.

VI.Para resolver los agravios primero y segundo, interesa transcribir las normas de la Ley 7472, las cuales valoró, tanto el Tribunal como el recurrente, como aplicables al caso concreto: “ARTÍCULO 32.- Derechos del consumidor. Sin perjuicio de lo establecido en tratados, convenciones internacionales de las que Costa Rica sea parte, legislación interna ordinaria, reglamentos, principios generales de derecho, usos y costumbres, son derechos fundamentales e irrenunciables del consumidor, los siguientes: a. La protección contra los riesgos que puedan afectar su salud, su seguridad y el medio ambiente. b. La protección de sus legítimos intereses económicos y sociales. c. El acceso a una información, veraz y oportuna, sobre los diferentes bienes y servicios, con especificación correcta de cantidad, características, composición, calidad y precio. d. La educación y la divulgación sobre el consumo adecuado de bienes o servicios, que aseguren la libertad de escogencia y la igualdad en la contratación. e. La protección administrativa y judicial contra la publicidad engañosa, las prácticas y las cláusulas abusivas, así como los métodos comerciales desleales o que restrinjan la libre elección. f. Mecanismos efectivos de acceso para la tutela administrativa y judicial de sus derechos e intereses legítimos, que conduzcan a prevenir adecuadamente, sancionar y reparar con prontitud la lesión de estos, según corresponda. g. Recibir el apoyo del Estado para formar grupos y organizaciones de consumidores y la oportunidad de que sus opiniones sean escuchadas en los procesos de decisión que les afecten.” “ARTÍCULO 34.- Obligaciones del comerciante.

Son obligaciones del comerciante y el productor, con el consumidor, las siguientes: a. Respetar las condiciones de la contratación. b. Informar suficientemente al consumidor, en español, de manera clara y veraz, acerca de los elementos que incidan en forma directa sobre su decisión de consumo. Debe enterarlo de la naturaleza, la composición, el contenido, el peso, cuando corresponda, las características de los bienes y servicios, el precio de contado en el empaque, el recipiente, el envase o la etiqueta del producto, la góndola o el anaquel del establecimiento comercial y de cualquier otro dato determinante. De acuerdo con lo dispuesto en el reglamento de la presente ley, cuando el producto que se vende o el servicio que se presta se pague al crédito, deben indicarse, siempre en forma visible, el plazo, la tasa de interés anual sobre saldos, la base, las comisiones y la persona, física o jurídica, que brinda el financiamiento, si es un tercero.

(Así modificado por el artículo 10 de la Ley 7623 de 11 de setiembre de 1996). c. Ofrecer, promocionar o publicitar los bienes y servicios de acuerdo con lo establecido en el artículo 34 de esta Ley. d. Suministrar, a los consumidores, las instrucciones para utilizar adecuadamente los artículos e informar sobre los riesgos que entrañe el uso al que se destinan o el normalmente previsible para su salud, su seguridad y el medio ambiente. e. Informar al consumidor si las partes o los repuestos utilizados en reparaciones son usados. Si no existe advertencia sobre el particular, tales bienes se consideran nuevos. f. Informar cuando no existan en el país servicios técnicos de reparación o repuestos para un bien determinado. g. Garantizar todo bien o servicio que se ofrezca al consumidor, de conformidad con el artículo 40 de esta Ley. h. Abstenerse de acaparar, especular, condicionar la venta y discriminar el consumo. i. Resolver el contrato bajo su responsabilidad, cuando tenga la obligación de reparar el bien y no la satisfaga en un tiempo razonable. j. Fijar plazos prudenciales para formular reclamos. k. Establecer, en las ventas a plazos, garantías de pago proporcionales a las condiciones de la transacción. l. Cumplir con los artículos 35, 36, 37, 38, 39, 40, 41 y 41 bis de esta ley.

(Así reformado por el artículo 1º, inciso a), de la ley No.7854 de 14 de diciembre de 1998) m. Cumplir con lo dispuesto en las normas de calidad y las reglamentaciones técnicas de acatamiento obligatorio. n. Mantener en buenas condiciones de funcionamiento y debidamente calibradas las pesas, las medidas, las registradoras, las básculas y los demás instrumentos de medición, que utilicen en sus negocios. o. Extender la factura o el comprobante de compra, donde conste, en forma clara, la identificación de los bienes o servicios, así como el precio efectivamente cobrado. En los casos de ventas masivas, se faculta al Ministerio de Economía, Industria y Comercio para autorizar el establecimiento de otros sistemas mediante los cuales se compruebe la compra. p. Apegarse a la equidad, los buenos usos mercantiles y a la ley, en su trato con los consumidores. Toda información, publicidad u oferta al público de bienes ofrecidos o servicios por prestar, transmitida por cualquier medio o forma de comunicación, vincula al productor que la transmite, la utiliza o la ordena y forma parte del contrato.

El incumplimiento de alguna de las obligaciones enumeradas en este artículo, faculta al interesado para acudir a la Comisión nacional del consumidor creada en esta Ley, o a los órganos jurisdiccionales competentes y para hacer valer sus derechos, en los términos que señala el artículo 43 de la presente Ley”. (Así modificada su numeración por el artículo 80 de la ley N° 8343 de 27 de diciembre del 2002, Ley de Contingencia Fiscal, que lo pasó del 31 al 34) ARTÍCULO 35.- Régimen de responsabilidad. El productor, el proveedor y el comerciante deben responder concurrente e independientemente de la existencia de culpa, si el consumidor resulta perjudicado por razón del bien o el servicio, de informaciones inadecuadas o insuficientes sobre ellos o de su utilización y riesgos. Sólo se libera quien demuestre que ha sido ajeno al daño. Los representantes legales de los establecimientos mercantiles o, en su caso, los encargados del negocio son responsables por los actos o los hechos propios o por los de sus dependientes o auxiliares.

Los técnicos, los encargados de la elaboración y el control responden solidariamente, cuando así corresponda, por las violaciones a esta Ley en perjuicio del consumidor. (Así modificada su numeración por el artículo 80 de la ley N° 8343 de 27 de diciembre del 2002, Ley de Contingencia Fiscal, que lo pasó del 32 al 35). Como se observa, de las disposiciones cuya infracción se arguye, se extrae un deber del agente económico de brindar al consumidor información veraz y oportuna, sobre los diferentes bienes y servicios, lo anterior como parte de su derecho a la protección administrativa y judicial contra la publicidad engañosa, las prácticas y las cláusulas abusivas, y, métodos comerciales desleales que restrinjan la libre elección. De esa suerte, acorde a dichos mandatos, el agente económico debe informar en forma suficiente al consumidor, de manera clara y veraz, acerca de los elementos que incidan en forma directa sobre su decisión de consumo.

Debe enterarle de las características de los bienes y servicios, así como de los riesgos que entrañe el uso al que se destinan. De igual modo, toda información, publicidad u oferta al público de bienes ofrecidos o servicios por prestar, transmitida por cualquier medio o forma de comunicación, vincula al productor que la transmite, la utiliza o la ordena y forma parte del contrato. Por esta razón, el incumplimiento de alguna de esas obligaciones faculta al interesado para acudir a la Comisión Nacional del Consumidor, o a los órganos jurisdiccionales competentes y para hacer valer sus derechos, en los términos que señala el artículo 43 de la presente Ley 7472. Dicha Ley crea un régimen de responsabilidad, acorde al cual el productor, el proveedor y el comerciante deben responder concurrente e independientemente de la existencia de culpa, si el consumidor resulta perjudicado por razón del bien o el servicio, de informaciones inadecuadas o insuficientes sobre ellos o de su utilización y riesgos.

Sólo se libera quien demuestre que ha sido ajeno al daño. Asimismo, los representantes legales de los establecimientos mercantiles o, en su caso, los encargados del negocio son responsables por los actos o los hechos propios o por los de sus dependientes o auxiliares. De igual forma, los técnicos, los encargados de la elaboración y el control responden solidariamente, cuando así corresponda, por las violaciones a esta Ley en perjuicio del consumidor. Ahora bien, es claro que las disposiciones de la Ley 7472 no aplican en materia bursátil, toda vez que la Ley del Mercado de Valores (en lo sucesivo LMV), posee su propio elenco de disposiciones que obligan a entregar a los inversionistas información oportuna y veraz sobre los productos financieros que ofrecen. De esa suerte, en ambos regímenes existe una obligación de los agentes económicos de entregar información adecuada y fidedigna, en un caso al consumidor, y, en otro, al inversionista, es decir, que no existe diferencia en ambos regímenes en cuanto a la obligación de informar adecuadamente a los inversionistas o consumidores.

Así se encuentra dispuesto en el cardinal 109 de la LMV, según el cual: “Los participantes en el mercado que reciban órdenes, las ejecuten o asesoren a clientes respecto de inversiones en valores, suministrarán a sus clientes toda la información disponible, cuando pueda ser relevante para que adopten las decisiones. Dicha información deberá ser clara, correcta, precisa, suficiente y oportuna; además, deberá indicar los riesgos involucrados, especialmente cuando se trate de productos financieros de alto riesgo. Igualmente, los participantes en el mercado deberán informar a sus clientes sobre sus vinculaciones, económicas o de cualquier otra índole, que puedan comprometer su imparcialidad. La Superintendencia deberá dictarlas normas para hacer efectiva esta disposición” (Se suple el énfasis). Tal disposición, evidentemente reviste alcances similares a los contenidos en los numerales 32 y 34 de la Ley 7472, en tanto obligan a brindar información veraz y oportuna al consumidor.

De esa suerte, es claro, en el caso de examen, se está ante un supuesto de actos y contratos derivados del mercado de valores, regidos en un todo por la LMV, en tanto regula, la oferta pública de valores, la cual conforme a su precepto 2, constituye: ”…todo ofrecimiento, expreso o implícito, que se proponga emitir, colocar, negociar o comerciar valores entre el público inversionista”. Dicho lo anterior, resulta incuestionable, aunque la LMV y la Ley 7472 forman parte de un sistema de garantía, que obliga a entregar información al inversionista conforme a reglas propias del derecho de protección al consumidor, que evidentemente alcanzan los productos financieros que puedan ser ofrecidos por puestos o agentes de bolsa, ordenando las relaciones existentes entre las personas físicas o jurídicas que directa o indirectamente intervengan en los mercados de valores (Sala Primera, no. 120-2012, de las 9 horas 15 minutos del 9 de febrero de 2012); no son sin embargo las disposiciones de la Ley 7472 las que aplican a supuestos del mercado bursátil.

Resulta incuestionable, el régimen dispuesto por la LMV sigue los parámetros de negociación basados en información veraz y adecuada, tal y como lo dispone la Ley 7472. No obstante lo anterior, aún y cuando se sustentan en la obligación de brindar información veraz y oportuna para la realización de sus transacciones, el régimen de responsabilidad en materia bursátil, escapa a los parámetros objetivos que sustentan la responsabilidad que deriva de la Ley 7472, toda vez que del párrafo segundo del mandato 59 de la LMV, se extrae que: “(…) Los puestos de bolsa serán igualmente responsables por las actuaciones dolosas o culposas, de sus funcionarios, empleados o agentes de bolsa, durante el ejercicio de sus funciones o con ocasión de él, cuando sus actuaciones sean contrarias al ordenamiento jurídico o las normas de la sana administración y perjudiquen a la respectiva bolsa o a terceros”. Es decir, que si bien en el régimen bursátil existe un deber insoslayable de brindar información completa, adecuada y veraz a los inversionistas, -tanto como ocurre en las relaciones entre agentes económicos y consumidores-, lo cual a su vez acarrea la carga de la prueba para quien tenga el deber de informar, el régimen de responsabilidad dispuesto para las negociaciones bursátiles no implica la existencia de responsabilidad objetiva, toda vez que, acorde al canon 59 ibidem, esta deriva de actuaciones dolosas o culposas, propias de la responsabilidad subjetiva.

Nótese bien, sin que ello obste la carga probatoria para aquel en quien recae el deber genérico de informar. De esa suerte, no solo yerra el recurrente al apuntar la violación de disposiciones propias de la Ley 7472 (en demérito de las de la LMV), sino también el Tribunal. Ahora bien, ello no implica que no existiese, como bien se ha apuntado, un deber del puesto de bolsa y sus agentes, administradores y demás auxiliares, de informar adecuadamente al inversionista sobre los riesgos existentes. Tampoco que sea por el hecho de haber suscrito el actor documento en el cual declara ser un “inversionista sofisticado”, -con lo cual tuvo acceso a inversiones no susceptibles de oferta pública-, que se haya eximido a los oferentes del deber innegable que tenía de brindar información veraz y adecuada de todo lo relativo a dicha inversión, pues una cosa es que no aplique en el caso el régimen de la Ley 7472, y, otra muy distinta, que no exista deber de informar adecuadamente a los inversores, pues ello como se ha indicado, deriva igualmente de la LMV.

Así, aún y cuando el actor se hubiese encontrado en una categoría diversa a la de las relaciones de consumo de la Ley 7472, asimismo, en cuanto al régimen de responsabilidad aplicable, existía un deber de informarle adecuada y verazmente, aspecto sobre el cual yerra el análisis del Tribunal. En efecto, siempre ha tenido derecho como en efecto reclama el actor, a que se verificaran sus reclamos en cuanto a la existencia o no de mala fe y desinformación por parte del Puesto de Bolsa, lo cual es inherente a sus funciones bursátiles, pretensiones que, a diferencia de lo expuesto por el Tribunal, no quedan “desvirtuadas por la propia voluntad que el actor desplegó al acceder a tal paradigma bursátil”. No obstante, tal deber no deriva de las disposiciones cuya violación alega el casacionista, sino de las numerosas normas de la LVM que obligan a informar adecuadamente a los inversionistas, potenciando ese deber en el caso de las inversiones con mayor riesgo.

Así las cosas, aunque el demandante alega no se puso en su conocimiento información sensible para la toma de decisión sobre sus inversiones, la cual en su opinión era conocida por la demandada de previo a la oferta que le hizo, las disposiciones cuyo quebranto reclama no son atinentes al caso concreto, de ahí que ambos reclamos deban ser rechazados.

VII. En mérito de lo expuesto, se denegarán ambos recursos

POR TANTO

Se rechazan ambos recursos.

Luis Guillermo Rivas Loáiciga Román Solís Zelaya Rocío Rojas Morales William Molinari Vílchez Damaris Vargas Vásquez cgzamora

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      • Ley 7472 Law for the Promotion of Competition and Effective Consumer Protection
      • Ley 7732 Securities Market Regulatory Law

      Este documento cita

      • Ley 7472 Ley de Promoción de la Competencia y Defensa Efectiva del Consumidor
      • Ley 7732 Ley Reguladora del Mercado de Valores

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